sábado, 24 de febrero de 2018

El insólito comportamiento de algunos diputados socialistas



Cuesta mucho trabajo recoger 700.000 firmas. Lo saben perfectamente los sindicalistas que durante meses han ido recabando el consenso de la gente para que la ILP diera luz verde a la discusión parlamentaria de la renta básica. Ese esfuerzo ha acabado en agua de borrajas.

Si el grupo parlamentario socialista hubiera votado en bloque la propuesta hubiera salido adelante. Pero ¡ca! cinco diputados estaban ausentes en el momento de la votación y uno de los presentes votó en contra. Cinco estaban de viaje. Unos haciendo gestiones en Nueva York; otros estaban de chicoleos en otros lugares. Posiblemente pensaron que el trámite de la renta básica era una quisicosa, un capricho de los sindicatos que siempre están dando la murga. Lucir el palmito en la ciudad de los rascacielos tiene un aire más glamuroso y postinero, que ocuparse del mundo del sufrimiento.

José Enrique Serrano votó en contra. Este caballero ha sido siempre el Merlín de los acuerdos del PSOE con las fuerzas políticas en los tiempos de Zapatero y con Ciudadanos cuando la investidura de Pedro Sánchez. Hombre sagaz, que no se equivoca ni cuando calcula el logaritmo neperiano del producto interior bruto. Un caballero que tiene la Administración en su cabeza. No es creíble que Serrano se haya equivocado. De la misma manera que tampoco tiene credibilidad que se hayan dado tantas anomalías en torno a la votación que comentamos. A menos que se dé como excusa argumental que la renta básica es un asunto menor. Es entonces cuando nos vemos las caras y se incrementa el reproche.

Una cosa es clara: se ha ofendido gravemente a los destinatarios de la renta básica, y a quienes han estado en abnegada militancia recogiendo firmas de la ILP. Al grupo socialista parlamentario le corresponde decir si se siente ofendido. De momento Doña Margarita Robles, siempre dicharachera, no ha dicho ni mú.  Pedro Sánchez tampoco. 

Les aseguro que un servidor tardará mucho tiempo en olvidar lo ocurrido. Porque en este caso no es verdad lo que decía la vieja copla: «que la mancha de la mora con otra verde se quita.»

viernes, 23 de febrero de 2018

Los pensionistas toman la palabra y las calles




Centenares de miles de jubilados y pensionistas de toda España se han movilizado este jueves pasado. Plazas y calles atestadas. Es preciso destacar el gran número de ciudades y pueblos que han participado en las manifestaciones más importantes de la historia de este colectivo. Toda una masiva desautorización de la política del Gobierno sobre las pensiones. El sindicalismo confederal y las Mareas han sido las organizaciones que lo ha puesto en marcha. «En marcha», decimos, porque esa presión ha venido para quedarse. A menos que las cosas se sigan haciendo bien.

Ayer pudimos ver una formidable unidad social de masas en torno a la denuncia del raquitismo de las pensiones y de las organizaciones convocantes: los sindicatos confederales (CC.OO y UGT), la Marea y otros colectivos.

Una sugerencia, que es el objetivo central de este artículo: para que esa movilización se fortalezca y amplíe se necesita, a mi juicio, la mayor unidad de acción de las organizaciones convocantes. Lo que comporta evitar toda tentación de hegemonismo y apropiación exclusiva de lo que será probablemente una movilización sostenida. 

jueves, 22 de febrero de 2018

Homenaje a Forges






En tiempos no tan antiguos se recurría a san Honorato cuando alguien perdía una cosa y necesitaba encontrarla. Se hacía un lazo con alguna tela y se recitaba: "San Honorato, san Honorato / hasta que no lo encuentre / los cojones te ato".  Pero hay otras versiones que defienden que la invocación era a san Donato, y para mayor abundamiento no faltan quienes defienden que el destinatario de la jaculatoria era san Cucufato. Cosas del fervor popular que, como se ve, es plural. En todo caso, la sabiduría refranera no ha aclarado todavía la relación existente entre perder una cosa y la mediación de los testículos de estos santos varones para encontrarla. Hemos escarbado en la teología antropológica para aproximarnos a su conocimiento y tampoco hemos tenido respuesta. Es más, incluso ha aparecido alguna referencia a un ideolecto de uso común en tierras de regadío: ¡por mis santos cojones!, del que tampoco se explica su origen ni el por qué de su ubicación en el (simbólico) santoral.

En todo caso, hemos de aclarar que, según informaciones fidedignas, la cosa perdida debía ser un objeto físico y por más señas casero. Así pues, el poder de cualquiera de estos tres santos no es ilimitado. Por ejemplo, ninguno de los tres respondería a la llamada de alguien que, es un suponer, pediría encontrar la fe en tal o cual político. Separación de poderes, se diría.

Tampoco estaría en el arsenal de los remedios de estos santos varones que Marta Sánchez encontrara la inspiración perdida como excelsa letrista. Honorato, Donato y Cucufato están para otros menesteres más decisivos: encontrar el teléfono móvil, las llaves del buzón de correos o los alicates que sabe Dios dónde están. Con lo que Marta Sánchez, si no pone de su parte, está condenada a la fabricación estajanovista de ripios al por mayor. De ripios aproximadamente subvencionados.

En todo caso, queda sobreentendido que quien no tuvo la cosa no puede dirigirse a ninguno de los tres santicos para recuperarla. Sería algo fuera de la lógica. Los tres son milagreros pero se acogen a ciertos convencionalismos de la lógica formal. Nadie puede pedir encontrar lo que nunca tuvo. Por ejemplo, el oremus. Lo que vale tanto para el hombre de Pontevedra como para el de Bruselas.

Pero si queremos recuperar la sonrisa perdida tampoco es cosa de molestar a los tres santos padres. Basta con mirar las viñetas de don Antonio Fraguas, llamado artísticamente Forges,  que ha muerto con los pinceles puestos. Unos pinceles de denuncia, siempre en pie de paz durante cincuenta años. Que ha muerto cuando los jubilados y pensionistas españoles, masivamente, han tomado la voz, la palabra y la calle.



miércoles, 21 de febrero de 2018

EL CONVENIO DEL METAL ALEMÁN, LA FUERZA DE LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA


Joaquím González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL


Hace unas semanas que un convenio colectivo está ocupando portadas en los medios de comunicación. Me refiero al que han firmado la patronal y el sindicato IG Metal para el  sector metalúrgico y electrónico de Baden-Wurtemberg, un Estado del suroeste de Alemania. En principio este convenio afecta a unos 900.000 trabajadores. Sin embargo, pronto su contenido se extenderá al resto de los 3,9 millones de trabajadores y trabajadoras metalúrgicas del país.

La noticia relevante, la que ha merecido más atención y comentarios, no ha sido el incremento salarial firmado para el año 2018 y 2019 que, aunque importante, está en consonancia con la evidente bonanza económica de que disfruta Alemania, con los niveles de desempleo más bajos de los últimos treinta años y con los fuertes incrementos de productividad que en estos últimos años están viviendo las empresas y sectores a los que afecta este convenio.

La noticia más valorada, como también resaltan los propios líderes de la patronal y del sindicato firmantes, es el novedoso capítulo de flexibilidad de jornada al que han coincidido en calificar como “una base sólida para el sistema de horarios de trabajo flexible para el siglo XXI”. Ha incorporado un nuevo concepto de flexibilidad laboral por el que el sindicato ha aceptado incrementar la cuota de trabajadores que pueden incrementar la jornada laboral semanal de 35 horas hasta 40 horas por necesidades de la producción. Por otra parte la empresa  acepta que los trabajadores puedan reducir sus horas de trabajo hasta 28 horas por semana por un mínimo de 6 y un máximo de 24 meses. 

Se trata de una nueva flexibilidad pensada para atender las necesidades de los trabajadores y trabajadoras, para avanzar en la autogestión de la jornada laboral y poder compaginar y conciliar el trabajo con el derecho a cuidar de sus hijos, atender a sus mayores, estudiar, o simplemente trabajar menos.  Ha representado un importante paso que puede ayudar a responder a las nuevas exigencias sociales que demanda el envejecimiento de la población, la necesidad de incorporar más mujeres en los sectores industriales o para mejorar la conciliación familiar y laboral, una exigencia hoy prioritaria de las nuevas generaciones. 

El convenio ha abierto una nueva puerta para que los trabajadores puedan compartir las fuertes mejora de productividad que en Alemania ya está representando la implantación de la digitalización y  la Industria 4.0. Con el objetivo también, como han repetido los líderes sindicales de IG Metal durante el proceso de negociación del convenio, de “evitar que los beneficios de la innovación tecnológica representen la concentración de la riqueza en los bolsillos de unos pocos y se agrave el riesgo, cada día mayor, de la brecha social.”

Nos demuestra  una vez más que cuando las políticas sindicales cuentan con iniciativa, innovación y la mayoría de los trabajadores están sindicalizados, como en Alemania, la negociación colectiva se convierte en la mejor herramienta, la más transformadora y más útil para regular las condiciones de trabajo, para afrontar los retos que plantea el futuro del trabajo ante los cambios que para el mundo del trabajo representan la robotización, la digitalización o la Industria 4.0.

Nos recuerda además la enorme distancia que nos separa de Alemania y de los Países Nórdicos en relación con el papel y fortaleza de los convenios colectivos y su importancia en la regulación de las condiciones de trabajo. Nos reitera la necesidad de reformar y reforzar nuestra estructura de negociación colectiva y llenarla de contenido, de incorporar nuevos instrumentos que garanticen una equilibrada correspondencia entre flexibilidad y estabilidad. Precisamos reformar la negociación colectiva para que sea capaz de ir más allá del porcentaje de incremento salarial e incorpore también la justa relación entre los salarios y la participación de los trabajadores en el resultado de la marcha de la empresa. Para que incorpore nuevos derechos e instrumentos de información y participación de los trabajadores y sus representantes. Para que promueva y facilite la formación permanente. Que impida la discriminación salarial y promueva la igualdad de oportunidades profesionales de las mujeres.

Este convenio del metal de Alemania sirve también para desmentir a tantos sabios que vienen sentenciando el fin de la acción sindical en las empresas y los sectores. Que vienen afirmando que hoy el lugar de los sindicatos ya no está en los centros de trabajo, ni en los convenios colectivos sino en las redes sociales, en las calles y plazas, en la batalla ideológica. 

Lo contrario, precisamente, de lo que nos ha venido demostrado en estos últimos meses el sindicalismo alemán, de lo que resulta de la encuesta, en el proceso de preparación de  la plataforma, a los 680.000 empleados que expresaron al sindicato que el tiempo de trabajo ocupa un lugar destacado en su agenda de prioridades, de las huelgas en defensa del convenio en los centros de trabajo y sus resultados en la mejora de las condiciones de vida y trabajo.Esta exitosa estrategia sindical es la que está posibilitando al sindicalismo alemán incrementar la afiliación de jóvenes e incorporarlos a la militancia sindical.


Puigdemont mantenido




Siguen cayendo chuzos como puntas así en Barcelona como en Bruselas. Carles Puigdemont sigue exhibiendo su particular almacén de excentricidades. A destacar que tiene una feligresía devota que le sigue a pies juntillas. Las reacciones en su contra –especialmente las de Esquerra Republicana--  ni son lo convenientemente claras ni lo suficientemente contundentes. Todavía los de Junqueras están al albur de las veleidades de la Tarara sí, la Tarara no. Hamlet y Yorick en tono menor. De ahí que la situación sea –como ha dejado escrito Joan Coscubiela--  la de estar empantanados. Un pantano en tiempos de sequía.

Novedades: voces amigas de chicoleos y de que todo se sepa, me informan de la última propuesta del hombre de Bruselas. «Dilo tú y así yo no me mojo», me dice una fuente que está en el all i oli de este zafarrancho. Es un independentista nicodemita. Sea.

La propuesta de Puigdemont es: que se le nombre president de la Generalitat, rodeado de un Consejo de la República catalana, y con los poderes de nombrar gobierno y potestad para convocar elecciones; estaría instalado en su residencia de Waterloo convertida en Casa de la República.

Le pregunto a mi interlocutor que quién correría con los gastos de todo ello. El nicodemita pone los ojos como acentos circunflejos y, como la cosa más natural del mundo, me responde: «Los presupuestos de la Generalitat».

Así, pues, el patio del colegio sigue haciendo diabluras. Pero comoquiera que eso no tiene visos de colar, me barrunto que la cosa puede acabar de esta manera: visita ad limina de los diputados independentistas en Bruselas y designación de Puigdemont como presidente de la república catalana. Simbólicamente, ¿eh?, no vayamos a pollas que el agua está muy fría.

De vez en cuando habría cónclaves en Waterloo. Hay que amortizar la casona. ¿Qué cómo se financiaría la pipirrana? A través de las aportaciones patrióticas de la feligresía. En todo caso, la casona sería el lugar del mantenimiento de la llama sagrada del legitimismo, el Saint Martin Le Beau Chico.  El nacimiento de un nuevo mito. 

Lo que me recuerda, salvando todas las distancias que se quiera, la célebre anécdota de aquella tertulia apasionada entre un grupo de exiliados españoles en un café mexicano. Años 40.

«-- ¡Yo, a América, he venido a discutir! -suelta un diputado republicano, resistiéndose a dar por terminada una discusión que había dejado agotados a sus contrincantes.

-- ¡Coño, cuántos kilómetros inútiles! -le replicó León Felipe». Según explica el filósofo de Ocata en http://elcafedeocata.blogspot.com.es/2018/02/a-discutir.html



martes, 20 de febrero de 2018

El chivatazo de Marta Rovira




Ayer hubo nuevo desfile en la pasarela que conduce al Tribunal Supremo. Rovira y Pascal –ahora llamadas las dos Martas, de Esquerra la primera y neo convergente la segunda--  acudieron disciplinadamente a la llamada del juez Llarena. Digamos, así la cosa, que aquel llamamiento a la desobediencia fue naturalmente simbólico. Ciertamente, si yo hubiera tenido tan mala cabeza como ellas también hubiera acudido a la cita.

Lo más destacable y, sobre todo, novedoso nos lo proporciona una parte de la declaración de Rovira. Se trata de una novedad que dará mucho que hablar a partir de ahora. Mejor dicho, que ha corrido como la pólvora así en Barcelona como en Bruselas. Rovira ha señalado con nombre y apellidos a Puigdemont. Un fragmento de la canción de gesta que permanecía inédito. Afirma la primera Marta que le dijo a Puigdemont que parase las votaciones al ver la reacción de las fuerzas policiales agrediendo a los que acudían a las urnas.

Pongámonos en la lógica del independentismo: ¿era necesaria esa parte de la declaración ante el juez? En realidad no aporta nada consistente, excepto una invitación a ser tratada con mejor consideración por parte de Llarena.

Ahora bien, se mire por donde se mire es técnicamente un chivatazo. Oiga, señor juez, que fue Él. Y, por ende, la Rovira aparece como una acusica. Una novedad, decimos, no irrelevante. Más acumulación de agravios dentro del independentismo. Y, sobre todo, la constatación de que, tras la derrota, lo que impera es el viejo sálvese quien pueda.

El resto de las declaraciones de las dos Martas es la repetición de la nueva fábula: aquello fue simbólico, sin efectos jurídicos, dicen. O sea que la canción de gesta era, en el mejor de los casos, una mentirijilla. En todo caso, todavía no han caído en la cuenta de que los efectos de aquel simbolismo no han sido, ni son, simbólicos. Y, de no rectificar, lo que te rondaré, morena.

Una sugerencia: no se pierdan el artículo de Enric Juliana de hoy en La Vanguardia: Después del balcón. Las sombras de Lluis Companys y Joan Comorera revisitadas.  



lunes, 19 de febrero de 2018

Cataluña: la historia se repite


Nota.--  En facebook, estridente patio de vecindones, hay de todo. Como en botica. Destaco por su importancia las crónicas catalanas de Andreu Claret, uno de los periodistas más lúcidos de la piel de toro. Como muestra ahí está el botón que hoy publicamos Con cierta frecuencia Claret recibe algún estúpido cogotazo por parte de los hunos y también de los hotros. El periodista, con flema británica, o no responde o contesta educadamente. Tiene, pues, la palabra Andreu Claret.


Mini-Crónicas catalanas/72
LA HISTORIA SE REPITE.

No sé si como tragedia o como farsa, pero se repite. Asombra ver que vivimos episodios que parecen clonados de los años treinta. Con la misma desconfianza e incomprensión entre Catalunya y el Estado. Son infinitos los paralelismos entre lo que ocurre hoy y lo que sucedió hace 80 años. En los hechos y en el comportamiento de sus protagonistas.

Lean: ‘Ha llegado la hora de dar la batalla y de hacer la revolución. Es probable que Catalunya pierda y que algunos de nosotros perdamos la vida en ello; pero perdiendo, Catalunya ganará porqué necesita mártires que le aseguren la victoria definitiva el día de mañana’. Se lo dice Lluís Companys al político republicano Amadeu Hurtado, el 8 de junio del 34, con motivo de la tramitación de la Ley de Contratos de Cultivo (a la que se oponía el gobierno de la República). Hurtado lo anota en su dietario y comenta: ‘Catalunya no ha producido ni puede producir, por ahora, otro tipo de político que el agitador propenso a la protesta, como el pueblo, y diestro en aprovechar cualquier motivo sentimental para asustar al adversario mientras dure la llamarada’.

El diario tiene otros momentos pasmosos. Como cuando describe una concentración en apoyo a la ley, delante del Parlament, con emociones y frustraciones idénticos a los actuales. O cuando se refiere a sucesos de la política catalana de entonces tan surrealistas como los de ahora. O cuando Hurtado cuenta sus infructuosos viajes a Madrid (también se hospeda en el Palace!) para defender ante Samper y Alcalá Zamora lo que hoy llamamos la tercera vía.

Sus reflexiones sobre el desdén de los políticos catalanes por el populismo fascistizante que recorre Europa constituyen inquietantes analogías. Y reveladora resulta su distinción entre la Catalunya rabasaire soliviantada y Barcelona, que está en otra onda. Tremendas y significativas resultan sus palabras cuando alude a Companys como un político ‘que se anima y desanima, según van las cosas, sin conocer ni entender a fondo ninguno de los problemas del gobierno, aunque sí sabe captar lo que tienen de asequible para la multitud’. Y cuando retrata a un Azaña cercano a los republicanos catalanes mientras los necesita. A lo ZP. Eran otros tiempos, pero aún así las semejanzas que afloran en el dietario de Hurtado son patéticas. Como cuando vaticina que una sentencia desfavorable del Tribunal de Garantías (antecedente del actual Tribunal Constitucional) ‘nos partiría por la mitad’. Como ahora. Igual.

domingo, 18 de febrero de 2018

Llamazares crea otro partido





Éramos pocos y pario la abuela. La cosa viene a cuento por las noticias que difunden los mentideros, poco o mucho informados. A saber, Gaspar Llamazares y Baltasar Garzón se disponen a presentar Actúa, el nuevo partido que inspiran, en Sevilla.

Llamazares y Garzón tienen fama de personas juiciosas y ponderadas. Procuran razonar y evitar todo tipo de estridencia. En cierta medida son raras avis en el patio de colegio de la política española. Sin embargo, no veo con simpatía la decisión que van a tomar, que naturalmente respeto. Faltaría más. Es más, entiendo que la fecundidad sobrevenida de «la abuela» no tiene demasiado sentido.

La izquierda sociológica española está cubierta –evito decir representada— por las fuerzas políticas de dicha orientación. Cuestión diferente es si ello se traduce en eficacia y utilidad. Desde luego los sucesivos zafarranchos entre dichas fuerzas políticas, que parecen ser elementos constitutivos de sus personalidades, les impiden ejercer las responsabilidades que ufanamente proclaman en sus textos programáticos. Digámoslo claro: a mayor enrevesamiento de las diversas crisis españolas –económica, territorial, institucional y de valores--  se ha acompañado, por desgracia, la mayor debilidad de las izquierdas desde hace ya décadas. Con todo, lo más grave es que no se vislumbra, de momento, pista alguna para superar esa asimetría.

Yo entiendo, tal vez desbordado por el peso de los años –ochenta años no es una broma--  que la creación de un nuevo partido de la izquierda (en este caso Actúa tendría esa matriz) sería un elemento de mayor desagregación política. Y, por así decirlo, de mayor despilfarro de esfuerzos individuales y colectivos. No lo afirmo taxativamente, es una mera intuición. Como sin duda es intuición el hecho de que Llamazares y Garzón atribuyan a priori la utilidad política a  Actúa.

Hay pesimistas al por mayor que no se cansan en repetir que la izquierda es irreformable. Mientras lo crean como suposición no tengo nada que objetar. Pero no lo comparto porque lo remachan en clave de certeza, en dogma. Prefiero ser pesimista al por menor. Al detall, que decían los antiguos tenderos. Por eso prefiero ver incluso las pequeñas señales que aparecen de vez en cuando en el seno de algunas formaciones. Por ejemplo, el debate serio –y, al parecer, sin aspavientos--  en el seno de Iniciativa per Catalunya—Verds, que intenta redefinirse en una situación tan confusa como la catalana y en el seno del complejo archipiélago que son los Comunes de Ada Colau.

Por ello soy del siguiente parecer: lo fundamental es la reforma y profunda renovación de los partidos de izquierdas. La creación de nuevas organizaciones es, disculpen mi insistencia, una pérdida de tiempo.   

Apostilla.--  Mi experiencia me dice lo siguiente: el electorado desconfía de aquellas formaciones que se crean a partir de una agrupación de agraviados. O de sus apariencias.



sábado, 17 de febrero de 2018

Calabazas a Guindos, de momento




Caras largas en Rajoy e islas adyacentes. El ministro Guindos ha recibido calabazas de la Comisión de Asuntos Económicos y Monetarios del Parlamento Europeo. El hombre de Lehman Brothers ha sido cateado. O sea, declarado no apto para la vicepresidencia del Banco Central Europeo. Pero el caballero, altaneramente, sabe que ese suspenso no es vinculante, y ha insinuado que los mandamases están con él. Pero el suspendido, aunque se vista de aprobado, cateado se queda.

La palabra definitiva, en efecto, la tienen las máximas autoridades de la Unión Europea. Ahora bien, si transformaran las calabazas en gardenias estarían desautorizando al Parlamento Europeo. Y darían a entender que les importa una higa el suspenso. O sea, los cooptados están por encima por encima de los que han sido votados, los eurodiputados. Es el altísimo funcionariado y valet de chambre de unos poderes que se auto legitiman a sí mismos. No se trata esencialmente de un déficit democrático sino de una rotunda distorsión democrática: la democracia al baño María.  

Pues bien, esa singularidad –poderes simbólicos del Parlamento Europeo y poderes reales de los cooptados— se traduce en la total discrecionalidad de las máximas autoridades de la Unión Europea.  

Guindos, el hombre de Lemann Brothers, será presumiblemente el nuevo vicepresidente del Banco Central Europeo. Pero la izquierda española tiene, también en ese caso, una determinada responsabilidad: ni siquiera ha intentado proponer un candidato propio. Ciego tú, tuerto yo.



viernes, 16 de febrero de 2018

¿Qué hacemos con Coscubiela?



Carmen Ortega ha publicado un sentido artículo en este mismo blog donde explica el homenaje que sus amigos mataroneses le hicieron a Joan Coscubiela (1). Lleno hasta la bandera que desbordó las expectativas de los organizadores. Este acto, en todo caso, merece algunas reflexiones.

La pregunta de «qué hacemos con Coscubiela» no es retórica. No tiene una respuesta fácil. Porque choca con la voluntad del propio Coscubiela que ha manifestado que se jubila de la actividad política. Pero, respetando lo dicho y la testarudez de quien lo dice, vale la pena escarbar en la interrogante. Nuestro hombre no puede quedarse en el almacén de los comentaristas, ni tampoco en la tarea de escribir libros importantes. Y, si se quiere, puede compaginar ambas actividades con la actividad pública –política partidaria en tono mayor, en primerísima línea de acción— para la que se encuentra capacitado de sobra. Al fin y al cabo Cataluña y España no están tan sobrados de personas capaces. Al contrario, están precarias de gentes con templanza y punto de vista fundamentado. De noble pasión política.

En este caso, entiendo que es razonable –es más, yo diría exigible— que se convenciera a nuestro hombre de que vuelva a la escena política. Respetar su decisión es obligado y loable. Pero quienes están convencidos de su valía no pueden quedarse en el necesario homenaje que se le tributa. Es más, el homenaje debería ser un punto de nuevo arranque.

Ahora bien, la pregunta inquietante --«qué hacemos con Coscubiela»--  debería interpelar a los dirigentes de la formación donde sigue militando nuestro hombre y a la coalición que ha representado de manera tan brillante. En concreto, a ICV y a los Comunes. Que tampoco están tan repletos de sabiduría política. Y que, hasta la presente –disculpen si me equivoco--  solo han tomado nota de la decisión. Un talante con escasa inteligencia. Y, tal vez, de voluntaria indolencia.

A Joan Coscubiela le avala su biografía. Y, sobre todo, la madurez alcanzada. No obligarle amablemente a seguir en la política es instalarse en el despilfarro. Justamente cuando los problemas de todo tipo requieren personas capaces y no saltimbanquis de grado medio.

Encuentro en Caludio Eliano (170 – 235) Historias curiosas, Libro Sétimo capítulo 3, una razón para convencer a Coscubiela de que debe seguir: «Yo no me he presentado ante vosotros para unirme a vuestro dolor, sino para ponerle fin», dijo Arístipo de Cirene, discípulo de Sócrates, a sus amigos. Pues bien, todavía queda mucho para poner fin a tantos dolores viejos y nuevos. Porque, al fin y al cabo, unirse –sin más-- al dolor lo sabe hacer cualquiera que tenga buena voluntad.



jueves, 15 de febrero de 2018

Coscubiela, homenajeado




Escribe Carmen Ortega Company

Un grupo de amigos-militantes de ICV de Mataró, que nos sentimos muy bien representados en la pasada Legislatura por Joan Coscubiela y los miembros afines del Grupo de Catalunya sí que es Pot, pensamos que había que hacerles  un reconocimiento público y de agradecimiento por su trabajo, pero sobre todo por la coherencia, dignidad y fidelidad a los valores democráticos y de izquierdas que ellos han representado. Y lo hicimos. 

Queríamos también mostrarle al compañero Coscubiela el orgullo y la emoción que sentimos ante su gran intervención del 7 de septiembre, recordando a su padre y defendiendo el derecho de las minorías y sobre todo el respeto a los procedimientos democráticos que se estaban conculcando, con el desprecio más absoluto de la Constitución y del Estatut de Catalunya.

Coscubiela y la autodenominada Patrulla Nipona (en alusión a los grupos de soldados japoneses que en la 2ª guerra mundial quedaron copados lejos de sus líneas, autoconvenciéndose´en vano de que tarde o temprano los suyos los vendrían a rescatar), durante esta desgraciada Legislatura pasada, se han tenido que mover y trabajar en medio de una situación muy difícil, totalmente polarizada por el "monotema" y con una parte de su propio grupo dividido.

Lo que creímos en principio que iba a ser una "cena de unos 20 o 30 amigos del Coscu", al final y debido a que la notícia corrió como la pólvora, se convirtió en un gran acto de solidaridad y reconocimiento, gracias a haberse adherido casi un centenar de personas en muy pocos días. Entre estas, además de gentes de Iniciativa, de otras sensibilidades políticas como el PSC, de personas sin partido, de militantes de CCOO, todos gentes de izquierdas.

En todas las intervenciones se reivindicó la vuelta a "la lucha de clases" como eje de las políticas que la izquierda ha de proponer, liberándonos del contagio de las derivas nacionalistas que han llevado a la división de los trabajadores y al callejón sin salida a la política catalana.

Ellos agradecieron el homenaje y, con sentido del humor, nos recordaron que, a pesar de las dificultades, de los improperios, las descalificaciones de algunos,  de todas las situaciones difíciles por las que habían tenido que pasar, habían aprendido muchísimo y también se lo habían pasado bien y hasta "se habían divertido".  Nos dieron ánimos, invitándonos a seguir y a no rendirnos "porque no había otra salida que la de seguir luchando". Creo que en el mismo sentido que ellos. La única representante que continúa en el grupo parlamentario Catalunya en Comú-Podem, Marta Ribas,  nos aseguró que esa es su apuesta y la que, seguro, es  la línea que van a seguir.

El Coscu, además, hizo alusión a su libro "Empantanados" que también presentará en Mataró el próximo 20 de marzo, organizado por la Fundació Nous Horitzonts.


miércoles, 14 de febrero de 2018

Bronca mayúscula en el independentismo


«ALGUNOS en lugar de ideología tienen mal humor», nos dice Gregorio Luri (Aforismos que nunca contaré a mis hijos. Editorial La isla de Siltolá, Sevilla, 2015). Es una retranca que sería recibida en Santa Fe, capital de la Vega de Granada, con gestos de aprobación. Una retranca ingeniosa que llamamos malafoyá.

Con muy mal humor han recibido los correligionarios de Carles Puigdemont las recientes declaraciones de Oriol Junqueras, que sigue preso en Estremera. Desde Bruselas, ha venido a decir, no se puede gobernar Cataluña. Lo que equivale a una rotunda negativa a la investidura telemática. Es a partir de ahí desde donde hay que llegar a un pacto, que no sea una pactomima del independentismo para disponer de un gobierno aproximadamente real. O, al menos, un gobierno con el menor mal humor posible.

A Junqueras parece que le cunde pensar. Tiene tiempo suficiente para ello. Posiblemente ha llegado a esta conclusión: mientras se exacerbe la pugna entre el Partido Popular y Ciudadanos no habrá posibilidad alguna de llegar a ningún apaño sobre la cuestión catalana. El mal humor neo convergente –y las prisas que comporta dicho estado de ánimo--  es una malísima consejera. Junqueras no tiene prisa, porque su puesta en libertad no depende de él. A Junqueras sólo le queda la paciencia. Y, también, la capacidad de observar hasta qué punto las actuales turbulencias del Brexit son una interferencia añadida a los planteamientos del independentismo. Los neo convergentes no han caído en ello.

En cierta medida lo que plantea Junqueras es la respuesta definitiva de Esquerra a la temeraria conducta del hombre de Bruselas. Y, tal vez, una manera de salir al paso de las declaraciones del eternamente versátil Toni Comín, que se ha mostrado partidario del gobierno en Bruselas y del gobierno-estafeta de Barcelona. Arlequín, servidor de dos señores, que diría Carlo Goldoni.  Decimos que es ´definitiva´ dicha respuesta aunque pueda ser ligeramente matizada. Y tal vez Junqueras piense que el hombre de Bruselas nada tiene que perder con sus ajetreos, porque su reino ya no está –al menos durante un largo tiempo--  en este mundo. Y porque Bruselas no existe; lo sé porque yo estuve allí.

Duro enfrentamiento, pues. Que ya sobrepasa las siempre ásperas relaciones entre Esquerra y Junts per Puigdemont. Ahora los parlamentarios adictos al hombre de Bruselas han tildado a Roger Torrent, presidente del Parlament, de «arbitrario y unilateral» por no plegarse a sus exigencias. La crisis, así las cosas, sube de tono.

En resumidas cuentas, se ha abierto un enorme boquete dentro del independentismo. Esta situación se ha convertido en el principal factor de desestabilización institucional de Catalunya. Que sumada a todos los factores del enredo podrían dejar a Cataluña hecha un guiñapo. Más o menos como lo que relata Diógenes Laercio: «No sólo los mesenios, también los bueyes han muerto», que relata Claudio Eliano (170 – 235) en sus Historias curiosas, Libro Noveno, capítulo 28. Lo que se recuerda también a Oriol Junqueras, que es profesor de Historia.

Mientras tanto, el hombre de Pontevedra está sólo, fané y descangayado. 


martes, 13 de febrero de 2018

lunes, 12 de febrero de 2018

Elsa Artadi, ¿Presidenta de Cataluña?




El nombre de Elsa Artadi viene sonando desde hace semanas en los cuatro puntos cardinales de Catalunya. Tiene un copioso currículo académico con brillantes títulos en universidades europeas y americanas. Es la Enviada de Andreu Mas-Colell en la Tierra y alumna predilecta del profesor Xavier Sala i Martín, ambos de exuberante nombradía neoliberal. El cuerpo del Foro de Davos y la sangre de von Hayek. Artadi lo demostró con creces usando a discreción la motosierra de los recortes sin que le temblara el brazo. Cataluña será neoliberal o no será, debió pensar nuestra desparpajada académica.

Los adornos políticos de Artadi son las hechuras de Carles Puigdemont, el hombre de Bruselas. Convengamos, pues, con Billy Wilder que nadie es perfecto. Se puede tener un cursus honorum universitario de gran brillantez y estar, simultáneamente, en la guardería infantil de la política. Nada nuevo bajo el Sol.

Artadi ha sido una de las principales inspiradoras de las turbulencias del hombre de Bruselas. Mano de hierro en la economía, cabeza seca en política. Puigdemont –afirman ella y sus amigos--  debe gobernar, ser el presidente efectivo, no simbólico. Lo debe hacer desde Bruselas o desde donde apriete el botón de mando de twitter.

Por supuesto, la institución debe disfrazarse de noviembre para no infundir sospechas, según la propuesta de la feligresía neo convergente: en Barcelona habría una terminal burocrática para aplicar las decisiones que vienen de Bruselas. Es la presidencia-estafeta. En concreto, Puigdemont ejerciendo como presidente efectivo y Artadi obedeciendo en Barcelona.

Ahora bien, recapacitemos. Tan chocante dualidad no puede estar presente en la cabeza de Artadi. Esta dama no ha pisado los salones de grados de las universidades para acabar siendo la chica de los recados de Puigdemont. Así es que, de prosperar la tesis neoconvergente –Bruselas, bastón de mando; Barcelona, buzón de consignas--,  Artadi iría comiéndole el terreno a Carles Puigdemont. La dualidad entre este caballero y la rampante superwoman va en detrimento del primero. Porque la historia ha demostrado que, en no pocas ocasiones, las hechuras han acabado deglutiendo al que levantó el índice dejándole para el arrastre. Me abstengo de poner ejemplos así en política como en sus islas adyacentes. Digamos, pues, que la Dama del Paraguas se comerá crudo al niño meón de Bruselas.

domingo, 11 de febrero de 2018

VERDUGOS IMPUNES


El franquismo y la violación sistémica de los derechos humanos
de José Babiano, Gutmaro Gómez, Antonio Míguez y Javier Tébar, que llegará a las librerías el próximo 12 de febrero. Editorial Pasado & Presente

Esta es una magnífica exposición de la violencia del régimen franquista y un análisis riguroso de su forma de operar y de las estructuras que se crearon y se adaptaron para llevar a cabo una represión sistemática y una constante violación de los derechos humanos. Este libro surge de la petición de la Coordinadora de Apoyo a la Querella Argentina contra los Crímenes del franquismo (CEAQUA) a los cuatro autores para que elaboraran un informe pericial de contexto de cara a la presentación de nuevas querellas contra los delitos del franquismo que siguen impunes hoy día. 



«Sobre todos sus enemigos, Franco desplegó el terror con carácter masivo y sistemático durante la guerra y la larga postguerra. De manera que el terror fue un carácter fundacional del régimen. El franquismo fue un régimen antiliberal y antiobrero que, más allá de la retórica de las denominadas leyes fundamentales, eliminó los derechos políticos, civiles, sociales, económicos y culturales en una sistemática vulneración de los derechos humanos.»



sábado, 10 de febrero de 2018

Desvelando la conducta de Puigdemont. Elsa Artadi en la rebotica




1.-- Hace siglos que alguien alertó sobre ello. Pongamos que hablo de Nicolás Maquiavelo que, en su obra cumbre, Los discursos de la primera década de Tito Livio, prevenía sobre ciertos disparates de la política. Le damos la palabra:

«Es un mal ejemplo no observar una ley, sobre todo por parte del que la ha hecho; y renovar cada día nuevas injurias en la ciudad es peligrosísimo para el que la gobierna».

Maquiavelo, que lee atentamente a Tito Livio, propone esa consideración a propósito del golpe que dio el cónsul romano Apio Claudio (451 a. de C.) instaurando el decenvirato y los desórdenes que provocó.

2.--  Carles Puigdemont propone eliminar las disposiciones que rigen de qué modo se debe investir al presidente de la Generalitat y, de esa manera, ser elegido para tal cargo, que ejercería con plenos poderes desde Bruselas o donde el viento le llevara. Su cofradía le sigue a pies juntillas; Esquerra Republicana de Catalunya  deshoja la margarita. Se encuentra entre la espada del hombre de Bruselas y el sonoro chillerío de quienes se han perfeccionado en la técnica de la rabia (rauxa).

Ahora bien, ¿ha perdido Puigdemont algunos tornillos de su cabeza? Hay quien lo piensa así. Yo creo que la recurrente mandanga del hombre de Bruselas tiene dos objetivos. Pero séame permitido, para aclararlo, un breve inciso. Primero, fracasado y auto fracasado  el procés, es necesario –debe pensar nuestro hombre— que se debe alimentar el rescoldo. Se trata de organizar un ciclo de acumulación de nuevos agravios: España no nos permite ser libres; los españoles siguen siendo intratables; no nos permiten auto gobernarnos. En otras palabras, los nuevos agravios llueven a cántaros sobre los viejos, los de toda la vida. Este es el primer objetivo: la tempestad de nuevos agravios. A partir de ahí, toda las consecuencias de ello recaerán genéricamente contra España.

El segundo objetivo es el mantenimiento de la llama sagrada. Se trata de impedir el olvido. Porque, de entrar en una fase de normalización institucional en Cataluña, el hombre de Bruselas desaparecería de las portadas de los telediarios y de las páginas de los periódicos. No estar en el candelero tiene un coste que este caballero no podría soportar. La conducta seguirá siendo leña al mono hasta que hablé inglés.

3.--  Supongamos ahora que se entra en una fase de normalización. Los mentideros barceloneses insisten en que Elsa Artadi podría tener muchas papeletas para ser investida a la presidencia de la Generalitat. Brillante tecnócrata educada en los pechos de Harvard y otras universidades de ringorrango. Hay quien afirma que Esquerra e incluso la CUP estarían dispuestos a ello si la propone Junts per Puigdemont. Un sapo de difícil digestión.

Elsa Artadi, ex asesora del Foro de Davos y del Banco Mundial, arquitecta de las políticas de recortes en Cataluña, discípula de Serra Martín, es una figura emergente del neoliberalismo. En fin, una biografía que debería inquietar a los dirigentes de Esquerra y, provocar alferecía, en los anticapitalistas de la CUP. Sin embargo, tal vez Esquerra y los cuperos estén gritando ahora, como aquel Ricardo famoso: «Un caballo, un caballo. Mi reino por un caballo». 



viernes, 9 de febrero de 2018

8 de Marzo no es una huelga (sólo) ´de mujeres´





Creo que la huelga de dos horas en cada turno del 8 de Marzo, Día internacional de la Mujer trabajadora, está bien situada. Las reivindicaciones planteadas y las personas convocadas son claras. No obstante, acabo de ser testigo de un sucedido que me ha llenado de cierta inquietud.

Estoy sentado en la taberna de costumbre. En la mesa de al lado desayunan dos parejas cuarentonas comentando la convocatoria. Según veo ellas están bien informadas, ellos o remolonean haciéndose el longuis o no acaban de entender el asunto. El razonamiento de uno de ellos es chocante: si es una huelga ´de mujeres´ a nosotros, los hombres, no nos afecta. En la taberna nos conocemos todos, se diría incluso que indirectamente tenemos las mesas reservadas para cada parroquiano. El cotidiano buenos días y que aproveche ha sellado una relación de años que permite meterte en la conversación sin ser tenido como impertinente. Por lo que enjareto esta intromisión en la mesa de al lado.

«Perdón. No es una huelga de mujeres. Es una huelga de todos, hombres y mujeres. Es una huelga general, limitada a dos horas en cada turno. Así lo dicen los carteles, las octavillas y los razonamientos de los sindicatos convocantes, Comisiones Obreras y UGT. El llamamiento está suficientemente claro. No hay nada que justifique que a igual trabajo se pague de manera discriminatoria a las mujeres. Por lo general con una brecha enorme. ¿Acaso no está claro que la camarera que nos trae los churros hace lo mismo que Paco, el camarero?». Las cuarentonas respiran; un viejo de ochenta años les ha dado la razón.

O sea, el agua clara y el chocolate espeso. Esa huelga no es de mujeres. Todo el mundo del trabajo está concernido. Cuestión distinta es que se busquen subterfugios o se piense a la remanguillé por parte de algunos. De algunos, así en masculino, mejor dicho, en macho. Porque, debemos constatar, que el vivero de pícaros es un tanto abundante. Ahora bien, …

… cabe la posibilidad (seguramente remota) de que determinados sectores de trabajadores entiendan que se trata de cosas de mujeres. Ese es el equívoco que conviene aclarar con paciencia. Eso es lo que se está haciendo en las asambleas de delegados y delegadas que se están realizando desde el cabo de Gata hasta Finisterre y desde Isla Cristina hasta el cabo de Creus.

Queda dicho como ´parte de incidencias´.