domingo, 10 de diciembre de 2017

«Soberanía alimentaria», dice la CUP



Es bueno leerse los programas electorales de los partidos que concurren a las elecciones autonómicas de Cataluña el próximo día 21 de diciembre. Por lo tanto, también es bueno leer el programa de la CUP.

Se dice que el papel lo aguanta todo. Incluso, diríamos nosotros, la fantasía. Desde luego, la ensoñación de los fraticelli es inconmensurable. He aquí tres pespuntes del programa electoral de la CUP.

La CUP dedica un apartado a “soberanía alimentaria y recuperación del sector primario”, en la que se leen numerosas propuestas, entre ellas conseguir que Cataluña no dependa de productos de fuera de su territorio para alimentar a su población.
En el programa electoral se puede leer: “Es imprescindible una ruptura constituyente que garantice la alimentación como derecho real”.
 Es necesario que la República catalana ejerza la soberanía alimentaria, priorizando los productos catalanes e implantando aranceles a la entrada de alimentos exteriores que pueden ser cultivados en los Países Catalanes”.
La «soberanía alimentaria». ¿Hay quien ofrezca más? Atención al vínculo que se establece entre «ruptura constituyente», «alimentación como derecho real» y la «república catalana».  
Un analista grosero afirmaría que estamos ante un caso de manifiesta diarrea mental. Un servidor, más educado, diría que esa y otras formulaciones son fruto de cabezas llenas de pájaros. En todo caso, se supone que es un programa elaborado colectivamente, lo que incluiría al plantel de sus intelectuales orgánicos.  Con tales profesores empiezo a entender mejor el llamado fracaso escolar. Y también algunas de las patologías políticas de la sociedad. Patologías de campanario. Lo extraño es que se hayan olvidado de la soberanía meteorológica. Tiempo al tiempo.
Apostilla.— En el mundo de la globalización la CUP está proponiendo la autarquía y que Cataluña pueda dar de comer a los frailes del convento con los productos de la huertecilla del convento.



Miquel Iceta bailando como Fred Astaire




Marta Rovira, la dama triste de ERC, ha echado en cara a Miquel Iceta que bailara mientras estaban en la cárcel algunos dirigentes políticos catalanes. Sancta simplicitas!  El tito Wyoming dio en la tecla: «Señora, esto es una campaña electoral no un  funeral».

Todavía no me explico por qué no se puede bailar en esas circunstancias. Y no entiendo por qué Iceta no puede darle alegría a su cuerpo, incluso si Junqueras y sus amistades permanecen, desgraciadamente, en prisión. A menos que no se vea la diferencia entre un velatorio y un litigio electoral.

Esto me lleva a recordar una anécdota de cuando celebrábamos el Tercer Congreso del PSUC en Lisieux (Normandía) a finales de 1972. Los camaradas franceses nos prepararon una magnífica cena de Nochevieja. En una mesa departíamos alegremente Gregorio López Raimundo, Josep Serradell (Roman), Miguel Núñez, un camarada de Mataró (al que llamaré AV) y un servidor. A media cena me dice AV cuchicheando: «Oye, ¿no te parece poco serio que os estéis atracando de ostras mientras los yanquis sueltan toneladas de bombas en Vietnam?». Pegué un puñetazo en la mesa y granadinamente le dije a AV: «Oye, malafollá, cada domingo te atracas de ostras en can Dimas y ¿ahora me dices eso a mí, que en mi puñetera vida he comido ostras?». Gregorio, que ya estaba un poquito sordo, no oyó nada. Y siguió a lo suyo. AV olvidó lo de las bombas y casi nos deja marisco a los demás comensales. Toda una sensata aplicación del materialismo dialéctico.  

En resumidas cuentas, también en el gran PSUC había algunos chuchurríos. Y es que la malafollá siempre estuvo –de hecho lo sigue estando--   desigualmente repartida. Y es que hay quien se empeña en acumularla. Cosas de los tristes.

Apostilla. Mientras la dama triste se mete con Fred Astaire, el hombre de Bruselas le va soplando el cogote a Esquerra. Coste de oportunidad.






sábado, 9 de diciembre de 2017

Miquel Iceta, el carpintero que necesita Catalunya

Escribe Joaquím González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL



Ha empezado la campaña para las elecciones del 21D, así que cada candidato o candidata ha centrado su mensaje y sus promesas respondiendo, por supuesto, a su ideología. Pero, además, dadas las particulares circunstancias que durante estos últimos años estamos viviendo en Catalunya, el eje electoral lo marcan especialmente las diferencias    de dónde encuentra y explica cada cual las razones del conflicto que  estamos viviendo, así como sus soluciones. 

Unos entienden que el conflicto es entre territorios, entre un Estado reprensor y un territorio ocupado y oprimido. Otros lo explican por el caduco, dicen, Régimen del 78. Otros afirman que la solución, tan pronto se derrote electoralmente a los partidos independentistas, vendrá sola.

Pero hay un candidato,  por suerte, que  huye de la simplificación y nos advierte que no es suficiente con derrotar electoralmente a los partidos independentistas. Que además, insiste, es preciso derrotar al sectarismo que habita entre nosotros y que cada día se extiende y recrudece más. Que entiende que es preciso y urgente restaurar la fraternidad y la normal convivencia social hoy muy arañada. Que es urgente construir puentes y derribar esos muros, cada día más altos, que dividen a la sociedad catalana. Que la solución no vendrá de la mano ni de héroes, ni de mártires, ni tampoco de magos llenos de supuesta buena voluntad que piensan que por la sola negación del problema éste desaparecerá. 

El problema social que tenemos es tan grave y complejo que precisa de la mano de  un buen operario para cerrar de una vez este largo ciclo de rauxa y entrar de lleno, ya es hora, en el ciclo del seny. Como explicaba el maestro de historiadores Jaume Vicens Vives (1910-1960) en su libro NOTICIAS DE CATALUNYA, escrito en 1953, esos dos resortes sicológicos colectivos han estado presentes a lo largo de nuestra historia. Y han provocado que tras la rauxa que ha impulsado las numerosas revueltas y revoluciones fracasadas, vividas a lo largo de la historia de Catalunya, la reacción de esta sociedad ha sido siempre recuperar “el seny”, y con ello, nos dice Vicens Vives: “dejar y cambiar el arma de la causa perdida por la herramienta del trabajo de cada día para construir el reagrupamiento del país hacia su refugio esencial que es el trabajo, el que, de verdad, entierra decepciones y despierta nuevas esperanzas”.

Para abrir este necesario nuevo periodo, para provocar este cambio en la sociedad catalana, necesitamos un buen operario. Necesitamos un buen carpintero que construya esos puentes imprescindibles para recuperar el pulso de una sociedad normal y moderna. Necesitamos puentes para enterrar de una vez los pitidos dedicados al que piensa contrario y guardar las banderas. Necesitamos que  vuelvan a la primera página de los periódicos los problemas graves que tenemos en la enseñanza y también los éxitos que cosechamos en el campo de la investigación sanitaria. Necesitamos que vuelvan a ser noticia las luchas sindicales por la mejora de las condiciones de trabajo, y la de los vecinos por unos barrios y ciudades más limpias, sanas y habitables. Necesitamos estremecernos y reaccionar ante la noticia de que  cientos de personas mueren semanalmente ahogadas en el Mediterráneo, etc. 
  
Necesitamos puentes para que mi amigo Canals vuelva hablarse con su nuera, para que a mi amiga Noemi le vuelva apetecer ir a cenar con sus amigas del alma porque el tema de conversación vuelva a ser el de sus hijos, sus suegras, el trabajo o las vacaciones. 

Necesitamos puentes para recuperar la afección mutua entre las sociedades catalana y del resto de España, que en otros periodos nuestra historia común ha sido profunda y fraternal. Y que ahora estamos en riesgo de perder.


Por esto necesitamos buenos operarios de la política, para que el día después del 21 de diciembre se pongan a “construir puentes y no trincheras ni fronteras” en frase textual de Miquel Iceta.  Quien, por lo que ha venido demostrando en estos años en el Parlament y defiende en su programa de gobierno, bien podría ser el mejor operario carpintero que hoy necesita Catalunya para que dejemos de recordar jornadas históricas que no lo fueron, y de esperar nuevas derrotas que no se deberían volver a repetir.

viernes, 8 de diciembre de 2017

La manifestación de Bruselas

En esta ocasión los Comunes han sido meridianamente claros: «No hemos estado en Bruselas porque eso era un acto electoral». Y efectivamente no fueron. Diana de los Comunes

Pues sí. Bruselas ha sido el escenario de una importante manifestación de apoyo a Puigdemont. La mayoría de los asistentes coreaban el nombre de este caballero en una mañana con un frio de perros muy bruselense. Quien ideara ese golpe de efecto sabía muy bien lo que hacía. Apoyo a la lista electoral de Puigdemont, pone en un brete a Esquerra Republicana y sabiendo que la CUP acudiría perinde ac cadaver ya que se apunta a cualquier bombardeo. En definitiva, capitalizando el ´exilio´  de su primer espada, mientras que los de Junqueras no acaban de rentabilizar el encarcelamiento de su líder.

Un buen golpe de efecto, todo sea dicho. Lo que demuestra que la lista de Puigdemont se mueve con más versatilidad que la de Esquerra, que va apareciendo como ni chicha ni limoná. Que observa hasta qué punto se recorta su distancia en las encuestas con los del hombre de Bruselas. Esquerra Republicana que todavía no ha salido del estupor que provocó Marta Rovira, desconocedora del número de parados de Cataluña en la conversación con Inés Arrimadas, que tampoco aparecía informada sobre el particular. Todavía más, Esquerra que presta sus teloneros en Bruselas (Antoni Comín, de te fabula narratur)  a la mayor gloria de Puigdemunt.

Un golpe maestro de los de Puigdemont. Y una advertencia en toda regla a la posibilidad –tanto si es real como si se trata de un infundio-- de que haya pacto, tras las elecciones, entre ERC, Miquel Iceta y los Comunes.

Y mientras todo ello ocurre, saltamos de alegría: los trabajadores de Valeo y Comisiones Obreras han conseguido tras su lucha, en el Vallés Oriental y no en Bruselas, una victoria: https://www.pressreader.com/spain/la-vanguardia-1%C2%AA-edici%C3%B3n/20171208/282870846154696.  Ahí, ahí. Por ahí.




jueves, 7 de diciembre de 2017

Historia de los movimientos de emancipación



La historia de los movimientos emancipatorios es fascinante. Mejor dicho, las historias. Hay muchos estudios sobre ese particular. Un servidor había estudiado todo el periodo que va desde el siglo XVII hasta nuestros días en las siguientes obras: “La hidra de la revolución, marineros, esclavos y campesinos en la historia oculta del Atlántico” (Peter LinebaughMarcus Rediker) y las investigaciones de Beatrice y Sideney Webb (“Historia del sindicalismo”) que van desde finales del XVII hasta mediados del siglo XX. Ni qué decir tiene que hay otros estudios importantes. Cito estos por considerarlos los más emblemáticos de dichos periodos. Ahora, en los últimos meses, he ampliado la lectura y me he ido más atrás. Se trata de En pos del milenio, Revolucionarios milenaristas y anarquistas místicos de la Edad Media(Daniel Cohn). Con este título tiene ya el lector una idea aproximada de qué va el libro.

¿Se trata de un prurito por saber? No sólo ni principalmente. Lo que deseaba conocer era los hilos conductores de la historia de los movimientos de emancipación, sus constantes, sus discontinuidades. En definitiva, un itinerario fascinante, estudiado por historiadores solventes.


Hay que leer estos libros. Mejor dicho, hay que estudiarlos concienzudamente. Con los codos encima de la mesa, papel y lápiz para tomar apuntes. Y, comoquiera que vienen tiempos de regalos, mi sugerencia es: regálese usted uno de estos libros. Y, en todo caso, ahí está la biblioteca municipal para sacarlo y ponerse manos a la obra. Que luego no se diga. 


«La comida de la cárcel es mala»

«La comida de la prisión es flatulenta», dice un político catalán tras salir de la cárcel a un medio. Y otro le acompaña: «Todas las comidas eran grasientas, sabían a lo mismo». Dos políticos que, como los demás del mismo expediente, nunca deberían haber ingresado en la prisión. A lo largo de muchos años, ya en democracia, nunca he oído a ninguno de mis amigos y compañeros quejarse de la comida de la cárcel. Que, en aquellos tiempos, era muchísimo peor. Por supuesto, la de ahora es mala, especialmente para aquellos de gustos sofisticados. Debe ser tan mala la de Soto del Real como la de Can Brians, inaugurada por el Govern de la Generalitat el año 2007. La comida de Can Brians nunca ha sido comprobada por los recientemente excarcelados.


Que levante la mano quien haya oído a Marcos Ana referirse a la pitanza de la cárcel. O a Marcelino Camacho, Ángel Rozas, Cipriano García, Eduardo Saborido a cualquier otro. Los problemas de la cárcel eran otros. Por supuesto, hay que mejorarla. En fin, los ahora puestos en libertad han hecho otro descubrimiento.

miércoles, 6 de diciembre de 2017

«¡A por ellos!». Estampas electorales catalanas




Guerra de estadísticas

Una campaña electoral sin estadísticas es como un patio sin macetas.  Estamos en plena guerra de estadísticas. Dicho lo cual, me malicio que esta pugna no es inocente. Dicho de otro modo: las estadísticas son lucha electoral por otros medios. Pero podría ser que voy acumulando suspicacias por encima de mis posibilidades.

Todos saben que esos artificios expresan una parte de la realidad. Sin embargo, cuando aparecen y se ve que los nuestros, sean estos los que fueren, tienen un determinado resultado entran retortijones que ponen en un serio aprieto los intestinos de cada quisqui. Y fragor de cagalera en otros.

Es del Cromañón  y se llama Albiol

El primer acto electoral del Partido Popular terminó virilmente. Es decir, con los testículos en la garganta del candidato. Contundente retórica de hooligang diplomado: «¡A por ellos!». Un lema de antropofagia política. Tertulianos de garrafón han señalado que el regüeldo del orador iba dirigido a los independentistas. Pero voces más espabiladas me han indicado que realmente la cosa iba dirigida a Ciudadanos, que lo va a dejar sin patio de recreo ni postre. Lo que podría ser un aviso para toda España. Albiol o el Rajoy Chico. Hay que convenir que, afortunadamente, donde M punto Rajoy pone el ojo indica el fracaso del señalado. Al menos en Cataluña. De ello nos congratulamos.


Radio Parapanda.--  https://mechinales.blogspot.com.es/2017/12/soluciones-ahora-iceta.html, habla Manuel Gómez Acosta.


martes, 5 de diciembre de 2017

Preguntas incordiantes



Escribe El dómine Cebra*

Algunos conocidos no paran de preguntarse por qué se vota tanto al Partido Popular. Un servidor, cansado de tanta cantinela, les exhorta a cambiar de interrogante. Esto es, ¿por qué se vota tan poco a los nuestros? Esta es, según parece, una pregunta inquietante que, por lo visto, no sienta bien. Y, sin embargo, tal vez ahí esté la madre del cordero.

«Si no cabe ir de pié / iremos de cabeza», decía un coro, aparentemente jocoso, en el Fausto (de Goethe). Pues bien, no preguntándonos por qué nos pasa lo que nos pasa nos hace ir de cabeza. Iremos de cabeza si confundimos la fe con las convicciones. Porque es la fe la que impide que nos interroguemos a calzón quitado acerca de nosotros mismos. La fe no admite preguntas. Así que tirar la fe por la ventana es, a mi juicio, un primer paso para robustecer las convicciones y dar paso a las preguntas benefactoramente incordiantes. O sea, preguntas de regadío y no de secano.

Una sugerencia: hay que hacerse preguntas, incuso las que promuevan respuestas por encima de nuestras posibilidades. Es lo que hacemos los encofradores cuando las cosas no nos salen como habíamos pensado. 


      ·    El dómine Cebra es encofrador. Desde Dehesas Viejas (Montes Orientales). 




lunes, 4 de diciembre de 2017

Ese inquietante de Jordi Évole



"¿Saben cuál es la tasa de paro de Cataluña?

Inés Arrimadas: 19 o 20%.
Marta Rovira: Estoy de acuerdo.
Respuesta: Es del 12'5%"

"¿Cuántos refugiados acoge actualmente Catalunya?”

Inés Arrimadas: No se puede saber
Marta Rovira: Entorno a unos pocos centenares.
Respuesta: 1169 refugiados"

"¿Cuántas mujeres han sido asesinadas?

Inés Arrimadas: no lo sé
Marta Rovira: no..."

Las preguntas las ha formulado un inquietante Jordi Évole; las inquietadas son dos señoras que aspiran a regir los destinos de Cataluña a partir del día 22 de diciembre. 
Hay que disculpar a estas dos damas. El paro, la violencia de género y la inmigración son temas irrelevantes. Aquí lo de más tronío es el dulce encanto de la mesocracia y la reyerta por los trapos en forma de banderas. Lo demás, parece ser, es caca de la vaca. Eso sí, la culpa la tiene Jordi Évole que es un entrometido. 




domingo, 3 de diciembre de 2017

Eduardo Saborido, uno de los padres nobles de la izquierda

Es una persona que está en los anales de la Historia de España, Andalucía y Sevilla. Eduardo Saborido, obrero metalúrgico, nacido hace 77 años, fue uno de los dirigentes políticos y sindicales más importantes en la clandestina lucha antifranquista. Militante desde 1960 en el Partido Comunista, cofundador en 1962 de Comisiones Obreras, sufrió detenciones incluso durante la Transición, bajo el Gobierno de Arias Navarro en 1976, tras la amnistía mediante la que el Rey Juan Carlos dictó su salida de la cárcel de Carabanchel mediante la anulación de la condena del ‘Proceso 1.001’, que lo mantenía preso desde 1972 junto a Marcelino Camacho, Nicolás Sartorius y buena parte de la cúpula del sindicato, incluidos compañeros sevillanos como Fernando Soto y Francisco Acosta, que también formaban parte de la plantilla de Construcciones Aeronáuticas (CASA) en su factoría de Tablada.
Ahora que coincide la conmemoración del 40 aniversario de las masivas manifestaciones del 4 de diciembre de 1977 en todas las ciudades andaluzas, que fue para muchos ciudadanos la primera experiencia en participar en una manifestación de carácter político. Y ahora que se debate sobre los logros y sobre las asignaturas pendientes de aquel periodo, en un contexto de fuerte tensión institucional por el desafío secesionistas desde Cataluña al orden constitucional que ha dotado a España del mayor grado de derechos y libertades de toda su Historia, resulta especialmente pertinente para personas de todas las generaciones conocer el testimonio de quien se jugó el tipo durante 15 años bajo la dictadura franquista, y después durante 15 años fue diputado (4 en el Congreso y 11 en el Parlamento andaluz). Un ciudadano que sí sabe lo que es ser preso político y cuya esposa, Carmen Ciria Ruiz, tuvo que criar a sus tres hijos durante muchos años haciendo labores de modista en casa mientras él estaba o perseguido o detenido o encarcelado.
¿Cuáles son sus orígenes familiares?
Mi padre era de Granada y mi madre de Badajoz. Él trabajaba de chapista en la Fundición Balbontín, en la calle Goles. Padecía del corazón y murió cuando yo tenía solo un año, fui su único hijo. Mi madre trabajaba en el servicio doméstico, se colocó en la Pirotecnia Militar, y volvió a casarse cuando yo tenía seis años. Mi padrastro era mecánico de reparación de aviones en la Maestranza Aérea y es el padre de mis tres hermanos. Mi madre dejó su empleo en la fábrica para centrarse en la crianza de todos nosotros y ganaba algo de dinero limpiando fuera de casa. Mi barrio de infancia y adolescencia fue la Puerta Real y el entorno de los Humeros, estudié en el Colegio San Laureano, hasta que a los 11 años me sacaron para entrar a trabajar de botones en un bufete de abogados y ayudar al sustento de la familia.
¿Qué recuerda de aquello?
Era un bufete donde mi madre iba a limpiar, y ella lo pidió. Me dedicaba a coger el teléfono, abrir la puerta, hacer mandados... Pagaban muy mal. Estuve seis años en el bufete. Era usual en muchas familias de entonces sacar a los niños del colegio para que ganaran un dinerillo. Como me quedé a medias en los estudios, eso me obligó años más tarde a hacer por libre el Bachillerato elemental.
¿Y su primer empleo con fundamento?
En 1957, a mis 17 años, vi un anuncio en el periódico y eché la solicitud para trabajar en la fábrica de aviones de Hispano Aviación, en Triana. Entré y fue para mí un gran salto. Salarialmente fue un avance muy grande. Empecé en el bufete ganando 100 pesetas al mes y cuando me fui eran 150. Mi primer sueldo en la Hispano ascendía a 725 pesetas. Para la época era una buena factoría, de clase obrera cualificada, tenía escuela de aprendices, y todo el personal estaba motivado para aprender y perfeccionarse con las continuas novedades que iban incorporándose a la aeronáutica. Quizás al ser un sector estratégico para el Gobierno, y un escaparate, el ambiente era menos represivo y bruto que en otras industrias. Como Hytasa, donde las condiciones se asemejaban a un campo de concentración, aunque eso no lo fui descubriendo hasta que años después empecé mi actividad sindical y política.
¿Cuándo fue la primera vez que toma conciencia para cuestionarse qué era aquella España?
A partir de 1957, cuando entré a trabajar en la factoría de Hispano Aviación, en Triana. Hasta entonces, yo era un muchacho que no había pensado nunca en que hubiese otro mundo distinto al que yo había vivido, en el que era habitual el dominio por parte de la Iglesia, el férreo orden establecido por el gobierno, la discriminación con las mujeres, etc. Aquella fábrica fue mi universidad de la vida. Cada trabajador veterano, sin darse cuenta, era como un profesor. En esas fábricas de más de mil trabajadores, se hablaba mucho en los corrillos en la puerta por la mañana, antes de sonar la sirena para entrar. También se aprendía mucho durante el horario del bocadillo. Fue para mí un contraste total respecto a mi ambiente fuera de la fábrica.
¿Qué comentaba de esos descubrimientos e inquietudes con su ambiente de familia, amigos de barrio,...?
Esos procesos de cambio de mentalidad eran muy lentos. No era una época en que los chavales discutiéramos mucho. Contarle a mis amigos las vivencias en la fábrica no era interesante para ellos. No había interés por la política, ni por la cultura,... Era una España bastante gris. Distinto fue cuando di el salto a la actividad política y sindical. En aquella época, todo un salto casi al vacío.
¿Hubo algún hecho que le impulsara a decidirse?
Sí, un día que me impactó y que me sacó de la ignorancia sobre muchas cosas. Era 1958. Como todas las mañanas, cogí en San Laureano el autobús para ir a trabajar a la fábrica. A diario llegaba de bote en bote, porque esa línea de bus pasaba por muchas factorías. Pero esa mañana, llegó vacío. Nos montamos tres chavales del barrio que coincidíamos a esa hora para ir a la Hispano. Estábamos sorprendidos. El mayor de los tres, más avispado, se bajó en Plaza de Armas y siguió el camino andando. Cuando los otros dos llegamos a nuestro destino, nuestro asombro aumentó. Había centenares de personas concentradas junto a la puerta de la fábrica. Empezamos a andar y nos hicieron un pasillo. Y nos llamaron esquiroles. Tenía 18 años y fue la primera vez que oí esa palabra, no sabía ni qué significaba.
¿Qué estaba sucediendo?
Una huelga convocada para toda España por el Partido Comunista, propagada desde Radio España Independiente, conocida como ‘la Pirenaica’. El PCE, que era la única oposición significativa, pese a vivir múltiples penurias en la clandestinidad dentro y fuera de España, había decidido en 1956 pedir la reconciliación entre los españoles para superar la guerra civil y las divisiones que habían propiciado esa terrible contienda. Que la guerra no la habían perdido solo los rojos, sino todo el país ante una rebelión militar. Tan lento era todo en aquella España que tardaron dos años en articular una Jornada de Reconciliación Nacional, con un llamamiento a la población para hacerse notar, mediante huelgas, concentraciones y otras acciones simbólicas. No coger el autobús fue una de ellas. Era la menos comprometida, y fue llamativa. En cambio, cuando sonó la sirena de la Hispano, había mucho miedo. Algunas voces pedían no entrar a trabajar, pero faltó valor, y al segundo pitido de la sirena, la gente entró en masa a la factoría, fracasó el plante. Yo me llevé un mes preguntando en los corrillos qué era todo aquello, qué había pasado. Y por qué algunos se metían conmigo. Me costó tiempo asimilar aquel conflicto.
¿Quién le introdujo en el Partido Comunista?
Sobre todo una persona que tenía el alias de Garibaldi, y que resultó ser José Aguirre, un fresador en la Hispano Aviación. Ya había descubierto que en la fábrica, casi todos los días, entraba un policía destinado en Triana que iba a hablar con el jefe de personal, para intercambiar información con el fin de detectar opositores al régimen. En aquel ambiente de clandestinidad, el primer alias que me dieron fue Emilio. Y me encargaron crear las juventudes comunistas en Sevilla. La Policía no me detectaba e iba a hablar a grupos en Astilleros, en Abonos Sevilla, en la Alameda, en Alcalá de Guadaíra... Me lancé a todo ello muy ilusionado, y al no ser detenido rápidamente tuve tres años para madurar.
¿Cómo se atrevió a presentarse en 1963 a unas elecciones sindicales?
La importancia que tuvo en 1962 la huelga general de los mineros asturianos, durante tres meses, desbordó a los sindicatos verticales del régimen. Los mineros lograron formar comisiones para tener su propia representación y el ministro sindical, Solís Ruiz, llegó a desplazarse a Asturias y reunirse con ellos. Fue un hito y el Partido Comunista vio que había una oportunidad. Mandó desde el exilio en Francia instructores a todos los centros industriales de España donde tuviese alguna célula y empezó a formarnos para aprender a articular comisiones, asambleas, resoluciones, escritos, reivindicaciones, entrevistas, negociaciones... Y aprovechamos otra ventaja: quienes encarnaban el sindicalismo en las fábricas solían tener 60 años y apenas se movían, mientras que nosotros éramos muy jóvenes, y muy dinámicos. Empezamos a hacer muchas cosas nuevas, a consultar a la gente qué querían reivindicar. Y les caímos bien a muchos trabajadores, se convencieron de que íbamos por derecho. En la Hispano Aviación fue de las primeras fábricas donde ganamos las elecciones sindicales. Y después dimos el salto para lograr representación a nivel provincial en el sector metalúrgico. Fuimos tejiendo red en todos los sectores, y empezamos a hacer huelgas y manifestaciones. Cuando nos ilegalizaron, ya teníamos mucha fuerza.
Usted se movería en los años 60 por muchos barrios, tanto los antiguos como los de nueva construcción. ¿Cómo era la vida en aquella Sevilla?
En cada barrio del centro había presencia de todas las clases sociales y eran evidentes las diferencias. Junto al Palacio de la Duquesa de Osuna, en el Museo, estaba el Corral de las Mercedes, donde vivían hacinadas muchas familias, con habitaciones sin ventanas, con un solo váter para un montón de gente... Muchas veces se habían transformado cuadras de las familias aristocráticas en casas de vecinos. Por ejemplo, en la calle Bailén, había una casa que la convirtieron en El Parador, mezcla de fonda y de casa de vecinos, donde las sábanas hacían de puertas y donde las habitaciones eran la división de las antiguas cuadras.
¿Y en las barriadas que se construían tras la riada de 1961?
Al principio parecían guetos, poco a poco se fueron adecentando, como Los Pajaritos. Aquella gran riada que obligó a montar campamentos para alojar a miles de personas, y la tragedia del accidente aéreo en la Operación Clavel, evidenciaron a ojos de toda España que en Sevilla no se había hecho nada durante los 20 años posteriores a la guerra civil. La situación de la ciudad era tercermundista. Aquel follón cogió de gobernador civil a Hermenegildo Altozano Moraleda, que no era falangista, en realidad era monárquico y simpatizante de Don Juan de Borbón. Fue quien se atrevió a llevar a Franco al Vacie y meterlo en el lodazal. Lo quitaron pronto del cargo. Y nombraron a Pedro Gual Villalbí ministro sin cartera para enviarlo a Sevilla y dedicarse a la gran operación de construir viviendas durante toda la década de los sesenta. La población que fue alojada en esas barriadas fue pura clase obrera, iba creciendo una ciudad nueva donde empezaron a proliferar comisiones de vecinos, en paralelo a las comisiones de obreros que estábamos articulando en las fábricas.
Un momento emblemático de su labor en la Sevilla de los años 60.
Cuando me detuvieron a principios de 1967. Mis compañeros lograron reunir a más de 1.500 personas para protestar en las calles pidiendo mi libertad. Jamás había sucedido eso en Sevilla durante el franquismo. Yo estaba en el calazobo y no lo sabía. Pero comencé a notar que bajaba la presión de los policías hacia mí. Tras liberarme una semana después, a partir de ese momento, se empezó a normalizar que algunos policías se sintieran nerviosos ejerciendo la represión: porque tenían que obedecer a sus superiores pero se topaban con la normalización de una creciente contestación social.
De las mil y una vicisitudes que usted vivió dentro y fuera de la cárcel, elija al menos una como lección de vida que quiera compartir con las nuevas generaciones.
Una como homenaje al valor de mi esposa, Carmen Ciria Ruiz. Cuando en diciembre de 1970 se declara el estado de excepción para seis meses, se extendió una ola de detenciones y represión para atemorizar a la población. Si te pillaban, te podían tener los seis meses en el calabozo sin miramiento alguno. Me cogió fuera de casa. Contacté con mi mujer como hacía siempre, llamando a una lechería cercana a casa, para que no me detectaran. Y recibí el mensaje: “No vengas”. Fui buscando amigos no fichados para guarecerme en casa de alguno. Muchos se negaban, por miedo a que la Policía me descubriera y también encarcelara a toda su familia. Por fin encontré uno que me metió en su casa. Y allí pillé la gripe. A los dos días, ese amigo, muy nervioso, me presiona para echarme. Con fiebre alta, hago otra ronda de búsquedas, pero nadie acepta esconderme. No vi más opción que ir a casa de mis suegros, donde estaba mi esposa, pues nuestro domicilio estaba vigilado.
¿Qué sucedió?
Entré, me acosté tiritando, y todos estaban asustados, llorando. Ella, que estaba embarazada de seis meses para tener a nuestro tercer hijo, sale de inmediato hacia la farmacia para comprar medicinas, y se topa con tres policías subiendo la escalera. Uno de ellos, de apellido Colina, era muy violento, me había detenido varias veces y ella le conocía. Le preguntan por mí y les dice que no estoy en Sevilla. No la creen. Y tuvo la sangre fría de responderles: “Ya le he dicho que mi marido no está, busca trabajo en Madrid. Si quieren ustedes, pasen. Yo estoy yendo a la farmacia porque mi abuela está muy grave, veremos a ver si no se muere del susto cuando usteden entren”. Ella siguió escaleras abajo, los policías siguieron sus pasos, hasta que entró en la farmacia, y se marcharon. Cuando regresó a casa, por poco se desmaya, le temblaban las piernas tras haber superado tan difícil situación. Lo contó todo, y la familia se puso aún más nerviosa [cinco días después falleció su abuela, y quince días después su abuelo]. Me tomé la medicación y le dije que buscara a alguien que me sacara de allí al día siguiente lo más temprano posible. Y lo logró, salí de tapadillo por otra puerta. Tuvo más valor y sangre fría que yo.
Hace 40 años participó en Sevilla en la emblemática manifestación del 4 de diciembre de 1977 para reivindicar el papel de Andalucía en la España democrática que se estaba conformando. Con la perspectiva que dan 40 años, a su juicio, ¿qué balance debe hacer Andalucía de su gobernanza y significación en la España autonómica?
El desarrollo del sistema democrático ha sido muy positivo tanto en derechos y libertades como en crecimiento económico y bienestar social. Hasta que la grave crisis de 2007 pone en cuestión algunas de sus bases. El sistema autonómico también ha sido positivo. Lo que no ha resuelto es algo que hace 40 años parecía que iba a solucionar: la igualdad entre todos los españoles. La desigualdad entre regiones, o en algunas de sus zonas, sigue siendo igual, o hasta peor. Andalucía sigue teniendo un altísimo porcentaje de paro. No es capaz de remediar el diferencial de desempleo en relación al conjunto de España. El régimen autonómico ha armonizado la marcha general del Estado, pero no ha resuelto las desigualdades económicas. Ahí se ha fallado de manera grave.
¿Por qué?
Se ha armonizado España territorialmente pero no socialmente. En los primeros veinte años del periodo democrático, nos empezó a llegar el modelo de Estado de Bienestar que se había impulsado en Europa tras la II Guerra Mundial, y sí hubo más reducción de las diferencias de renta entre los diversos sectores de población. Pero tras las crisis de 1993 y 2007, se evidencia hoy que persisten notables diferencias entre clases sociales. En Andalucía se notan más. Con la igualdad territorial no se ha conseguido la igualdad social. Ahora se enfatiza desde Andalucía que nos dan menos dinero en la financiación autonómica. Pues aunque hubiese una financiación mayor de la que hay, no arreglaría lo que está por resolver: las diferencias entre clases sociales. Siguen existiendo, y ni desde el Gobierno central ni desde el andaluz se ha reequilibrado esa correlación de fuerzas. En Andalucía, también se han ido de rositas los grandes capitales que han provocado esta crisis. En Andalucía continúa faltando sector industrial y seguimos teniendo un 25 o 30% de paro. Mientras tanto, las grandes fortunas desvían su dinero a paraísos fiscales.
¿Qué opina de la paulatina pérdida de protagonismo y reputación que han sufrido los sindicatos a lo largo de estos 40 años?
No creo que haya habido poco protagonismo. Sí han confluido varios factores. El avance del bienestar social, como nunca se había conocido en España. Los sindicatos le dimos paso a los partidos políticos para la construcción política de la democracia, pusimos esto como prioridad antes que los temas sindicales. Tanto, que los partidos organizaron cómo financiarse y no resolvieron la financiación de las organizaciones sindicales. Los sindicatos se fueron acomodando a apenas reivindicar, en un país que estaba mejorando. Pero cuando aparece una crisis económica, baja la afiliación, sindicatos como CCOO se encuentran con recortes tremendos en sus ingresos y con gran dificultad de movilizar a los trabajadores porque hay mucho paro. A pesar de eso, se han hecho 13 huelgas generales, tanto a gobiernos del PSOE como del PP, y siempre la principal reivindicación ha sido atajar el paro.
¿No deben hacer autocrítica?
La burbuja inmobiliaria dio una sensación de bienestar económico a mucha población, se redujo bastante el paro. Y eso adormeció a los partidos políticos, a los sindicatos, a la patronal y a todas las instituciones. Debo señalar que en España no funciona la presunción de inocencia y se tira a la cuneta el prestigio de cualquier persona mucho antes de que se demuestre si es inocente o culpable. Los sindicatos han tomado medidas para mejorar el control de su gestión. Y se están recuperando. A pesar de los pesares, son las organizaciones más importantes que existen en España. Los trabajadores las necesitan.
¿Imaginaba esta pérdida de protagonismo hace 40 años?
Durante la Transición, y en la Constitución, se fijaron conquistas que habíamos logrado con nuestra lucha durante décadas. Y en el artículo 7 del Título Preliminar de la Constitución se consagra, a la misma altura que los partidos políticos, y mejor que en otros países europeos, la importancia de los sindicatos en un Estado social y democrático. Esa relevancia constitucional sigue siendo un activo para hoy y para mañana.
La actividad empresarial y laboral ha cambiado muchísimo con la globalización basada en internet. Para bien y para mal. Antes no había ni teletrabajo, ni ‘call center’, ni franquicias, ni empresas ‘startups’ que nacen del talento y no del capital, ni comercio electrónico, etc. Parece que el sindicalismo sólo es significativo en las Administraciones Públicas y en sectores productivos como las fábricas de coches, las campañas de recolección agrícola, la hostelería,...
Sé que en CCOO están ocupados y preocupados para dar respuesta a los nuevos fenómenos del trabajo. Pero sin descuidar que el gran problema persiste en el paro y la precariedad que se sufre en sectores tradicionales. El sistema capitalista no deja de explotar en ellos a una ingente masa de personas. No va a ser fácil resolver las desigualdades en los ámbitos más modernos cuando seguimos cargando con las contradicciones de los más atrasados.
Muchos parados estiman que los sindicatos no les consideran la prioridad, y que defienden más los intereses del funcionariado.
Ningún manifiesto reivindicativo de sindicatos como CCOO deja de decir que los parados son el principal problema que atender. En muchas huelgas, son los trabajadores quienes se movilizan, se solidarizan y ponen en juego su puesto para apoyar a los parados. Pero en la cotidianeidad muchas veces los parados parecen invisibles. Muchas veces me pregunto dónde están los parados. Se convoca a una manifestación y los parados no aparecen, están buscándose la vida porque necesitan ganarse unos euros aunque sea mediante un trabajo precario.
¿En qué van a cambiar los sindicatos para mejorar su ineficiencia en esta prioridad?
Se está hablando de crear el delegado de zona, o delegado de proximidad, en municipios y barrios de ciudades, para atender la disgregación de los problemas laborales. En los sindicatos faltan medios para lograr eso, pues la bajada de ingresos ha sido muy acusada, con la pérdida de afiliación, la mala imagen con los ERE y otros temas. Sigue como asignatura pendiente desde la Transición que se estructuren ingresos de los Presupuestos Generales del Estado para los sindicatos en función de los porcentajes de votos que obtienen en las elecciones sindicales. Igual que los partidos cuentan con ellos en función de sus resultados electorales. Los sindicatos ejercen un servicio al conjunto de la sociedad, no solo a sus afiliados.
Usted, que ya era partidario en 1958 de la reconciliación entre los españoles, y que sufrió condenas, destierros y años de prisión bajo la dictadura franquista, ¿qué piensa cuando hoy en día dirigentes políticos que son parlamentarios nacionales, alcaldes o gobernantes de una región aseguran que el Estado español es franquista y que existen presos políticos?
Es un gravísimo error. Ni es cierto ni es justo. Es antihistórico. Acuñar los conceptos ‘régimen del 78’, ‘las castas’ y meternos a todos en el mismo saco... Nada es perfecto, pero el cambio que logró España de la dictadura fascista a la democracia ha sido considerado modélico por expertos de todo el mundo. Así lo valoran infinidad de periodistas internacionales. Por algo será. ¿O es que todos son tontos? Y la Constitución de 1978 es de las más avanzadas del mundo.
¿Qué le diría usted a los secesionistas catalanes que dicen haber sido encarcelados por sus ideas?
Que no nos desprestigien a los presos políticos del franquismo. Que no nos falten al respeto. Yo les digo: Ustedes son políticos presos, porque se han saltado a la torera todas las leyes de la democracia. Las que conquistamos con lucha, con sangre. Ustedes no han incumplido leyes fascistas, ustedes han incumplido leyes democráticas porque ven dificilísimo reformar la Constitución para cambiar lo que establece sobre la unidad de España. Que forma parte de uno de los grandes pactos de la Transición, a la vez que se fijaron los derechos y libertades fundamentales.
¿Cómo sugiere mejorar la Constitución, 40 años después de su promulgación?
En primer lugar, conservando todo lo que la vertebra como una de las mejores del mundo. No arrojen por el sumidero los derechos fundamentales y libertades que están perfectamente protegidos. No cambien ahí ni una coma. Sugiero completar cosas que se quedaron en el tintero. Por ejemplo, el artículo 128 establece que toda la riqueza del país, pertenezca a quien pertenezca y sea de donde sea, está al servicio de la sociedad. Pero no se ha desarrollado una ley orgánica para hacer operativo ese principio en una época de crisis como la que padecemos, y devolver a la sociedad, mediante un impuesto especial, el enriquecimiento que ha provocado tanto paro.
¿Teme que en la actualización de la Carta Magna se logren mejoras a cambio de retrocesos?
En la búsqueda del consenso hay que tener las ideas muy claras para que eso no suceda. Insisto: la Constitución española tiene un contenido social muy fuerte, que se conquistó en las fábricas y en las calles antes de que se redactara, por la labor que hicimos desde el sindicalismo para sustituir la dictadura por la democracia. Nosotros no estábamos en la comisión que la redactó, pero influíamos. Por eso no solo están el derecho de asociación, de reunión, de expresión... sino también el derecho al trabajo, el derecho a la vivienda, el derecho a la huelga...
Desde 2004, tras la crispación política con la instrumentalización de los atentados en los trenes de cercanías en Madrid, ha desaparecido el consenso. ¿Falta cultura de negociación y acuerdo en los dirigentes actuales?
Se echa en falta la madurez que adquirieron los líderes políticos en la Transición. En lo que va de siglo, el liderazgo político no ha madurado con relación a lo que la sociedad ha ido cambiando. Los nuevos partidos querían cargarse las mayorías absolutas, lo han logrado, pero si no consiguen acuerdos no se hace nada. Y en todos los partidos se ha puesto de moda algo nefasto: distorsionar el lenguaje. A lo mejor la profundidad de la crisis ha dejado caótica a la sociedad española, y es más difícil precisar la definición auténtica de las cosas. Y ese caos ha coincidido con la eclosión de las redes sociales. Creo que esa coincidencia nos ha venido mal.
Andalucía es la única comunidad donde no ha habido alternancia en el gobierno autonómico. ¿Ocurrirá en los próximos años?
Ante las múltiples dificultades de la situación política actual, lo que impera a mi juicio es la incertidumbre. En Andalucía no veo aún una alternativa con claridad. Insisto: no se está abordando con suficiente intensidad la desigualdad entre clases sociales. Además, quienes se identifican como líderes surgidos de las movilizaciones del 15-M de 2011 dicen que hay que ir contra ‘la casta del 78’. Es decir, también contra mí. El 15-M era un movimiento esperanzador y yo me entusiasmé. No era eso.
¿Considera que Podemos representa realmente a toda la población que se movilizó en las plazas hace seis años o que simpatizó con sus protestas y propuestas?
Podemos ha patrimonializado todas las simpatías del 15-M. Pero corre el riesgo de perder buena parte del apoyo social que tuvo. Por ejemplo, cuando sus ideólogos dicen que hay que “romper los candados de la Transición”. Hace 40 años no decían eso en Andalucía ni Vicenç Navarro, ni Manuel Monereo ni Julio Anguita.
Como ciudadano de Sevilla, ¿qué opina sobre la evolución de la ciudad y de su sociedad?
La veo un poco estancada. Es muy difícil juzgar a una ciudad que se ha quedado estancada cuando tiene en paro entre el 25 y el 30% de la población activa. Es un peso muerto que hunde a la gente. La mayoría son jóvenes. Algunos son hasta de mi familia. ¿Cómo exigirle a la gente en paro que sea distinta, si no lo hacen quienes pueden cambiar cuestiones importantes? Las instituciones políticas deben ejercer en la ciudad su legitimidad democrática para acelerar los cambios estructurales y marcar la pauta a quienes tienen el poder del dinero.


Cataluña, 21 de diciembre: borrón y cuenta nueva

El independentismo no tiene claro qué es eso del 21 de diciembre. Portavoces oficiales de Esquerra dijeron que van a organizar un  recuento paralelo; ahora Elsa Artadi, directora de la campaña de Carles Puigdemont, suelta otra perla que viene a llenar de tizne las próximas elecciones autonómicas. La dama propone que «la democracia pasa por restablecer las instituciones catalanas, y, por lo tanto, nuestro candidato tiene que ser siempre el president Puigdemont». Falso, tan falso como los antiguos duros sevillanos. El día que explicaron qué era la democracia, la Artadi hizo novillos.

La dama está diciéndole a Esquerra Republicana que el candidato debe ser (tiene que ser) el hombre de Bruselas. Es una manera de presionar a los de Junqueras, que es previsiblemente el candidato numéricamente mejor situado dentro del bloque del pueblo santo. Sea como fuere las palabras de la Artadi denotan la defectuosa relación entre elecciones y democracia. Que es cosa que va de parejo con la peculiar idiosincrasia del hombre de Bruselas. Pero que también conecta con sentimientos y emociones del pueblo santo. Esquerra, una organización (aparentemente) más laica no lo ve de esa manera. Pero calla y aguarda el resultado del reparto de la túnica sagrada.

Tras las elecciones autonómicas el reparto de la túnica será lo que digan los retales de la prenda y de los acuerdos que se tomen.   Pero, en principio, nada hay que restablecer. Tras el 21 de diciembre: «bon vent i barca nova», que decían los pescadores del litoral. O, los frailes medievales: «borrón y cuenta nueva».


En todo caso, vale la pena considerar que tampoco la Altadi ha asumido el carácter de las próximas elecciones y, como han dicho no pocos de su correligionarios, el fracaso de la hoja de ruta del independentismo. Y, por lo pronto, no parece dispuesta a escuchar el consejo de Jordi Amat: «el procés ha de huir del relato y volver a la realidad». A lo que la dama podría responder desparpajadamente: «¿Para qué queremos la realidad si tenemos el relato?».

Radio Parapanda.--   http://mechinales.blogspot.com.es/2017/12/cataluna-unidad-de-destino-en-lo.html, dice Manuel Gómez Acosta. 


sábado, 2 de diciembre de 2017

Hay que colgarles



Al independentismo se le ha helado la sonrisa cuando ha comprobado que el Estado no es un convento de ursulinas. Ya lo dijeron Maquiavelo y Hegel, pero los grupos dirigentes del pueblo santo se hicieron el sordo. Peor todavía, a ciertos grupos les ha salido la sonrisa de hiena y sacado lo peor de sus adentros. Desde este mismo blog alertamos de la emergencia de una nueva pulsión: los gritos en demanda de auxilio a Terra Lliure de parte de grupo de manifestantes en la última manifestación barcelonesa. No bastaban, pues, las sonrisas, era preciso volver a las pistolas de Terra Lluire.

Lo que viene a cuento porque un grupo de alguna franquicia de asimilados a Terra Lliure, o esta misma organización, ha colgado en todo lo alto de un puente de la carretera de Tona a Vic unos monigotes que simulan ser ahorcados por votar a los partidos adversos al independentismo. No, de ninguna de las maneras; no son sonrisas todo lo que reluce en el independentismo. Ahora se ha pasado al linchamiento, que ya no está físicamente en las llamadas redes sociales. Está físicamente en la realidad como aviso macabro.


De momento ninguna formación política independentista ha dicho oxte ni moxte sobre los linchamientos. No hay que desanimar a nadie si se quiere hacer un pleno el día 21 de diciembre. Todo es válido para poner en tensión la escatología: desde las sonrisas de las ursulinas hasta la acción asesina de los escuadristas. Ahora bien, si alguna de estas fuerzas políticas agradecidas dijeran algo sobre el particular sería cosa de analizar bien lo que digan. Peligro de decadencia en Cataluña. De decadencia moral.