jueves, 20 de julio de 2017

Mandela y Puigdemont



La coordinadora general del PDECAT (antigua casa Convergència) , Marta Pascal, ha comparado el presidente de la Generalitat con el primer presidente de la República de Sudáfrica, Nelson Mandela. Así las cosas, tengo que reprimirme para no soltar una insolencia en do mayor. A buen seguro que muchos independentistas les habrá entrado un cólico miserere ante tamaño disparate. Pero, de igual manera, en esos alrededores  habrá almas de cántaro que lo hayan dado por bueno. En mi caso, sostengo que lo dicho por esta Marta podría ser una consecuencia de la poquedad que preside la dirección del partido heredero de la vieja Convergència. Y, digámoslo todo, se explica por la acuciante necesidad de ese partido de fabricar artificiosamente líderes con un sobrevenido pedigrí. Ignoran, según parece, que lo que la naturaleza no da— dispensen la licencia-- no lo resta Mollerusa. En suma, es una comparación tan disparatada que enlaza con la reconstrucción historiográfica de Cataluña a golpe de mitos, también como una burda respuesta administrativa al potente libro del profesor Joan Lluis Marfany   ‘Nacionalisme espanyol i catalanitat. Cap a una revisió de la Renaixença´ (Edicions 62) que no dejó títere con cabeza. En todo caso, lo nuevo es que la fabricación del mito ya no se hace sobre personajes del pasado, sino –al menos en este caso--  sobre políticos de nuestros días.

Lo que hace Marta Pascal, estableciendo tan grotesca comparación, es una estafa. Comoquiera que Mandela es suficientemente conocido en todo el mundo, no es cosa de molestarse en argumentar la falacia de esta responsable del PDECAT. Me limitaré a dar, solamente, un dato: Mandela unió a todo su pueblo (incluso enfrentándose a una parte de los dirigentes de su partido), Puigdemunt divide a queriendas y sabiendas al pueblo de Cataluña.


En fin, los escribas sentados deberían procurar que sus dirigentes hicieran menos el ridículo, y de esa manera ganarse el sueldo que cobran. 

Morir en el trabajo



Escriben Carlos Aristu y Eduardo Saborido


La noche del pasado jueves en el término municipal de Morón de la Frontera fallecía un trabajador de 54 años mientras participaba de las labores de asfaltado de la carretera A-406 junto a otros compañeros. Rafael Luque trabajaba para una empresa del sector, MAYGAR, habitual contratista de diferentes administraciones para obras públicas, infraestructuras y mantenimiento de carreteras. Su muerte se produjo en torno a las 21 horas, en un área geográfica cuyas temperaturas superaron ese día los  43º bajo el sol.

Se le doblaron las piernas primero, después comenzó a decir frases inconexas,  los compañeros se asustaron, llamaron a urgencias y murió en la ambulancia.   La Consejería de Salud confirmó tras practicarse la autopsia, que la muerte se produjo a causa de un golpe de calor.

El convenio colectivo provincial del sector de la construcción y obras públicas de Sevilla establece una jornada intensiva, cuya concreción se decide junto al calendario anual por acuerdo de la comisión paritaria. En este caso, el pasado 20 de diciembre se acordó una duración de 44 días hábiles –entre el 3 de julio y el 1 de septiembre- siendo la jornada de trabajo de 7 horas efectivas de lunes a viernes, con un horario desde las 07:30 hasta las 14:30, incluyéndose los quince minutos de bocadillo.

Comisiones Obreras, como viene siendo habitual desde hace años, realizó una campaña pública de difusión de la jornada intensiva con carácter previo a su arranque, con rueda de prensa de notable seguimiento por los medios locales y difusión presencial de la misma en los tajos y a través de redes sociales. De igual forma, se organizaron en el mes de junio dos seminarios formativos sobre estrés térmico, en los que participaron representantes sindicales y delegados de prevención de unas 80 empresas de sectores especialmente afectados por esta problemática por su trabajo en el exterior (construcción, jardinería, postal, hostelería, ocio educativo, recogida de residuos y limpieza viaria, seguridad, etc). En una provincia como Sevilla, con altas temperaturas varios meses al año y durante una amplia franja horaria, es prioritario afrontar esta cuestión desde el sindicato.

El sindicato ha estimado en un 80% el porcentaje de empleo destruido en el sector de la construcción sevillano durante la época de crisis. Apenas resistieron algunas grandes empresas –con notable reducción de plantillas- y cierta economía irregular. En este contexto, el sindicato sobrevivió allí donde ha habido actividad, lo que supuso una reducción considerable de representantes sindicales y afiliación en el sindicato de esta rama.  Así,  apenas se comienza a percibir cierto incremento de la actividad en sectores como el de mantenimiento de carreteras o la rehabilitación de edificios públicos, la actividad es muy estacional y ajustada a trabajos de escasa duración, lo que dificulta la búsqueda de referentes  en el tajo y la consiguiente candidatura electoral. En cualquier caso, la empresa dónde trabajaba Rafael Luque fue siempre conocida por su carácter antisindical y las dificultades y trabas impuestas es histórica.

Cuando el sindicato recibe la llamada que anunciaba la muerte de Rafael Luquese personó en el lugar para hablar con los compañeros e informarse en detalle de lo ocurrido. Así, se pudo lanzar un comunicado a  los medios de comunicación donde ya se denunciaba que la muerte se produjo fuera de horario y tras un alargamiento de la jornada desmedida y bajo circunstancias térmicas inasumibles para el asfaltado –con vertido de materiales -que alcanzan los 170º de temperatura-.

El relato de los hechos de cómo se produjo el fallecimiento de Rafael fue lo suficientemente descriptivo como para confirmar que se trató de un golpe de calor, fuera de jornada  y tras varias jornadas ampliadas de manera continuada durante varios de los días más calurosos del año..

Tras el primer día de notable repercusión mediática, el sindicato ha impulsado varias acciones: ha iniciado los trámites para personarse como acusación popular ante el Juzgado nº 1 de Morón del Frontera –como hace con cada accidente laboral de resultado mortal-, de cara a proseguir por la vía penal la defensa de la salud de los trabajadores y exigir la virtual imputación del tipo penal correspondiente. De igual forma, ha seguido recibiendo denuncias telefónicas de trabajadores que alertaban de situaciones parecidas en sus tajos y de la negativa de sus empresas a respetar la jornada intensiva, lo que aa movilizado a varios piquetes informativos del sector que se han venido desplegando por la provincia para resolver estas situaciones in situ. Por último, el sindicato ha exigido la convocatoria urgente por parte de la Autoridad Laboral de una reunión con participación de sindicatos, todos los dispositivos públicos competentes y la patronal sectorial, que padece de mutismo desde el día del accidente y sin remedio aparente a corto plazo

De los hechos acaecidos, se desprende que el calor en aquel tajo debíó ser infernal pues si a los 45 grados del sol irradiando desde arriba, se le suma los 170 irradiando desde abajo, ¿a que temperatura real estaba trabajando Rafael Luque ...? Que calculen los expertos.

Sí, es urgente, como dice CCOO que se reunan, la autoridad laboral, los sindicatos y  la patronal ( que por cierto hasta ahora ha hecho mutis por el foro, incluida la propia empresa infractora), y que la primera medida que se tome sea parar y controlar e ilegalizar estas prácticas criminales. El paro masivo, los bajos salarios y los contratos precarios, no pueden terminar en la muerte del trabajador.

 A última hora de ayer, la Junta ha comunicado a CCOO, la apertura de un dispositivo especial de la Inspección de Trabajo que actuará de forma urgente ante cualquier denuncia por nuestra parte. Esperemos que la escasez de medios que hace que una denuncia  al uso tarde 6 meses en ser atendida, por ese organismo, se solucione de una vez. Pensamos que la agilidad y meticulosidad conque CC.OO. está actuando, en este asunto, dará sus frutos y el fallecimiento laboral de Rafael Luque no sea en vano. Con todo, tras lo sucedido cobra mayor importancia la preocupación por las condiciones de trabajo y su control. Esta es una tarea –o debería ser--  de la mayor importancia.




miércoles, 19 de julio de 2017

Los españoles olemos mal: a pescado

El Dómine Cebra

Parece que han quedado atrás los tiempos en que los independentistas catalanes intentaban argumentar los motivos de la ruptura con España. Intentar, he dicho. Aunque fuera con argumentos truculentos, al menos era algo. También quedan lejanas aquellas aseveraciones tendentes a demostrar que el apoyo internacional a la causa del secesionismo era un hecho. Todo eso tuvo escasísimo recorrido. Fracaso diplomático y despilfarro de dineros empleados en dicha labor.

Ahora se ha entrado en una fase que, dicho escuetamente, podemos caracterizar de esta manera: agotados los argumentos y fracasados los castillos en el aire, el intento de argumento ha dado paso a la invectiva y al insulto a todo un pueblo. «Los españoles me dan pena», dice el nuevo director general de los Mossos de l´Esquadra. O los «españoles me dan asco por su olor a pescado», según explica doña Pilar Rahola. Ambos en twitter. De lo que infiero que se trata de crear un batallón de agitación y propaganda como substituto del fracaso del razonamiento político.

Naturalmente es irrelevante que los españoles le den pena al capataz de los Mossos. Pero es mucho decir que los españoles apestamos a pescado. (Rahola: de te fabula narratur). Lo que es rematadamente falso. Aunque ciertamente la gente de la mar –de todas las latitudes--  mientras dura la labor apestan a pescado; después se duchan y a otra cosa, mariposa. Ahora bien, qué relación hay entre dicho olor de los españoles y  el procés catalán. Es algo que esa potente intelectual de Rahola no ha aclarado. Pero ahí queda dicho para admiración de sus propios y como arma argumental a falta de razonamientos convincentes. En todo caso, la novedad ya no es el ataque a las autoridades españolas, sino a todo un pueblo sin excepción. Con lo que podemos convenir que el discurso secesionista está agotado, quién sabe si definitivamente.

Hace mal Rahola. Porque no pocos españoles huelen a chotuno y a bragueta incontinente. Lo que es igualmente compartido por determinados sectores catalanes. Por ejemplo, me da que en estos momentos huelen –y no a ámbar— de la misma manera Ángel María Villar y Sandro Rosell. Por no decir, Oriol Pujol Ferrusola  e Ignacio González.

Ahora bien, ¿qué sentido tiene ese estilo del capataz de los Mossos y el de la musa Rahola? Oído cocina: comoquiera que el procés acabará en derrota se trataría de impedir las bases de una relación positiva entre los «catalanes» y los «españoles», vale decir, que la llama del enfrentamiento no decaiga. Que es cosa que se alienta desde los fondos de reptiles de las covachuelas de Madrid y Barcelona. O sea, mantener la bronca por otros medios.


Por lo demás yo también «acepto sin pestañear todos los calificativos envenenados que se nos dediquen desde los suburbios de un poder vicario», según escribe Paco Rodríguez de Lecea (a quien califico de dottore Sutile) en No soy unionista

martes, 18 de julio de 2017

¿Nuevo clima en las izquierdas españolas?

Dos delegaciones de alto nivel –PSOE y Podemos--  se han sentado y, cara a cara, intentan cambiar el clima hosco que, de un tiempo a esta parte, caracterizaba las relaciones de las izquierdas españolas. Así que, hartas de decirse el nombre del perro --tal vez por cansancio o quizá por intuir que de esa manera no se va a ninguna parte--  hablan e intentan sacar unas conclusiones que sean de provecho para la ciudadanía. De momento han cambiado los lenguajes de ambas formaciones, y ahí están la cortesía y los buenos modales.

Moderen sus arrebatos quienes piensen que las cosas deberían ir con más rapidez; y, de igual manera, estimen los escépticos que sería injusto desdeñar los intangibles de ese encuentro en la cumbre. Lo que se ha indiciado en ella no es cosa baladí. A saber, un posible paquete de medidas parlamentarias donde la cuestión social está presente junto a otras de naturaleza política.

Habrá que tener paciencia y no exigir más celeridad que la debida. Porque las principales enemistades de este nuevo clima están en la interior de ambas formaciones. En un sector de Podemos, los autodenominados anticapitalistas,  que se empeña en que el asalto a los cielos debe hacerse en solitario y en que cada generación debe tener su propia derrota. Y en un sector del PSOE, las viejas glorias, que reincide en abominar de las malas compañías. Son poderosas interferencias que se esfuerzan por mantener viva la viejuna expresión de «tu muerte es mi vida». Olvidan, así, la antigua sentencia de Platón: el objetivo de la Medicina no son los médicos, sino la salud de los ciudadanos. Que, por analogía, debería decir: el objetivo de la política no son los políticos, sino las personas.


Una sugerencia: hagan balance de lo no conseguido hasta ahora y de algún fracaso sonado, y actúen en consecuencia. Por lo tanto, no sigan las advertencias de quienes exhiben las derrotas como escuela y magisterio de las nuevas generaciones; tampoco de quienes desde el Olimpo insisten en que cualquier tiempo pasado fue mejor. 


lunes, 17 de julio de 2017

Mejor unidos, como siempre




Escriben Nicolás SartoriusEduardo Saborido y José Luis López Bulla*


En memoria de Cipriano García Ángel Rozas

I- Si algo ha demostrado la historia es que las derrotas de los trabajadores siempre han venido por la división o cuando se han dejado arrastrar por proyectos insolidarios. Los que firmamos este artículo somos personas que, en momentos difíciles, hemos dirigido las luchas de los trabajadores por la democracia y el bienestar social. Ahora vemos, con gran preocupación, que se nos quiere separar. Se pretende poner por encima de nuestros valores y compromisos solidarios unos proyectos identitarios, con el objetivo de dividir un Estado democrático que los trabajadores, más que nadie, fueron capaces de conquistar. Este problema se ha agravado por la crisis económica, por una sentencia del Tribunal Constitucional que modificó el nuevo Estatuto de Cataluña y por la política de los nacionalistas de encubrir sus medidas antisociales y la corrupción bajo la bandera de la separación.

Pero no olvidemos que las libertades y los derechos sociales conquistados —hoy en peligro— son el producto de las luchas de todos los españoles. Porque en todos los lugares hay hombres y mujeres que se levantan contra las injusticias, sabiendo que formamos parte de un proyecto común de avance social y que si nos va mal a unos les irá mal a todos.

II- Luchamos juntos contra la dictadura, fuimos represaliados, muchos perdieron la vida y otros conocimos la cárcel. Nuestros represores pertenecían a todos los territorios de España. Así se forjó el movimiento obrero de nuestro país, que fue decisivo en la conquista de las libertades. En las movilizaciones por la libertad sindical, la amnistía y los estatutos de autonomía, los trabajadores estuvieron a la cabeza, mientras los que hoy se presentan como adalides de confusas liberaciones nacionales, o no se enfrentaron a la dictadura con igual decisión o ni siquiera lo intentaron.
III- Se defendieron todas las causas justas sin pensar a qué territorios afectaban. Y si hoy existen notables diferencias de desarrollo entre distintas autonomías, no se debe a que unos seamos más listos o laboriosos que otros sino a que la desigualdad es una constante en el desarrollo del capitalismo y a que los diversos sectores de ese capital siempre han pactado repartirse las zonas de influencia. Eso explica, históricamente, las grandes corrientes migratorias en el interior de España, de las zonas más pobres a las más ricas. Pero también es indiscutible la contribución de esos emigrantes al desarrollo económico y a la conquista de las libertades en Cataluña. Nos interesa recordar que ya en junio de 1967, la Primera Asamblea Nacional de CC OO reconocía las reivindicaciones nacionales del País Vasco, Cataluña o Galicia "sin anteponerse a las de tipo social o sindical ni a la unidad de acción de todos los trabajadores españoles".

IV- Hoy la crisis económica se aborda provocando millones de desempleos, reduciendo salarios y pensiones, desahuciando a los más pobres, reduciendo las inversiones en educación y sanidad, facilitando el despido. Todo ello en el contexto de la corrupción más vergonzosa jamás conocida en el periodo democrático. Medidas antisociales y corrupción que afectan sobre todo a PP y a CiU, por mucho que este último se envuelva en la "independencia" con el fin de ocultar sus vergüenzas y sus políticas antisociales.

V- Siempre se han defendido, desde el mundo del trabajo, los derechos democráticos que han sido la expresión de su fuerza unitaria. Todo quebranto de dicha unidad conduciría a la debilidad del movimiento de los trabajadores, y de la izquierda. Es más, en la época de la globalización, en una UE que decide cada vez más sobre nuestros asuntos, las opciones de ruptura y división nos debilitarían hasta hacernos irrelevantes. No deberíamos olvidar nunca que la solidaridad es la esencia del sindicalismo y no hay acto más insolidario que desgajar una parte del conjunto cuando, como en este caso, es una de las más ricas. El que haya afiliados a favor de la independencia no debe ser obstáculo para que las organizaciones sindicales tengan una posición clara ante lo que supone un atentado contra los intereses de los trabajadores. Desde luego, no estamos por el inmovilismo actual. Apostamos por una reforma de la Constitución que amplíe los derechos sociales, que mejore nuestra convivencia democrática y el encaje de todos en una España mejor. Por eso los que luchamos juntos queremos seguir unidos dentro de una España y una Europa federales, garantía de que podremos avanzar en las conquistas sociales y democráticas.


 * Este artículo se publicó el 23 de setiembre de 2015

domingo, 16 de julio de 2017

El referéndum improbable


Autor: Pedro López Provencio


Comí hace poco con unos amigos y mantuvimos una larga sobremesa. Casi todos ellos estaban convencidos de que la independencia es lo mejor que nos puede suceder a los catalanes. Es decir a los españoles que tenemos fijada nuestra vecindad administrativa en Cataluña. Y manifestaban que la secesión se produciría algún día posterior al 1 de octubre. Día del referéndum anunciado por el Gobierno de la Generalitat. Que aún no ha sido convocado formalmente.

Hablamos largo y tendido sobre los pros y los contras. Con argumentos que se acompasaban más a las virtudes teologales, de la fe y de la esperanza, que a realidades objetivables. Sobre la de la caridad no me parece que se remase en la misma dirección. Casi todo fueron buenos deseos y mejores propósitos. A alguno, eso, le parecían certezas inmutables. Preguntados por si aún pudiese haber margen de negociación me dijeron que solo la considerarían aceptable si incluía el derecho de autodeterminación.

Como quiera que yo mostrase un claro escepticismo y una casi seguridad en que ese referéndum no se celebraría, casi me conminaron a que concretase y argumentase de qué forma se podría impedir. Aunque esa exigencia me pareció extravagante, pues la carga de la prueba recae habitualmente sobre quien afirma que algo sucederá y no sobre quien duda de que suceda, les di mis opiniones al respecto. Que les invito a compartirlas de forma resumida.

Teóricamente se podrían contemplar tres escenarios. Dependiendo de quién ostente el poder de impedirlo. En este caso la Administración General del Estado, con el Gobierno en su cúspide.

El primero es imposible en la España actual. Sucedería si mandase alguien parecido a quien ordenó reprimir la insurrección obrera ocurrida en Asturias en el mes de octubre de 1934. Se sofocaría la “sublevación” con la intervención del ejército y la participación de  legionarios y regulares. La figura correspondiente al imaginario sería ver a los tanques entrando por la Diagonal.

El segundo es también altamente improbable. Ocurriría si hubiese instalado en el país un régimen parecido al policial. O con un PP ultramontano con mayoría absoluta. Posiblemente intentarían impedir el acto material de la votación mediante la intervención de las fuerzas de orden público. Se podría imaginar a un policía intentando arrancar las urnas de las manos de unos heroicos ciudadanos que tratarían de impedirlo.

El tercer escenario es el que seguramente está sucediendo. Al parecer ostentan la dirección los Abogados del Estado. Mientras no se produzcan actos definitivos no hacen nada. Mientras haya anuncios y propaganda hacen caso omiso. Pero emiten “avisos a navegantes”. En caso de que se adopte alguna decisión legislativa o administrativa, que se estime contraria a la Constitución, la recurrirán ante la Jurisdicción competente. Cuando se gasten, paguen o usen recursos públicos en algo que no se acomode a la legalidad declarada vigente por los Tribunales, se les exigirá la reparación patrimonial pertinente a los responsables concretos. Las acciones u omisiones contrarias a la Constitución y las leyes pueden ser objeto de las querellas que estime pertinentes el Ministerio Fiscal. En su momento y en su caso se emitirían las Sentencias correspondientes. La imaginación nos puede llevar a ver a los agentes de la autoridad entregando, a los posibles presidentes y miembros de las mesas electorales, una notificación en la que se les advierta de las responsabilidades en que pudieren incurrir si firman las actas de constitución, las de escrutinio y los otros documentos correspondientes a un acto que se estima ilegal.

La mayor parte de los comensales consideraron bastante verosímiles mis conjeturas. Y bastante improbable la celebración de un referéndum que merezca tal denominación.

14 de julio de 2017 


sábado, 15 de julio de 2017

El secreto de Comisiones Obreras de Albacete

Una de las organizaciones más eficaces del sindicalismo español es Comisiones Obreras de Albacete. Su eficacia se explica, a mi entender, por una relación virtuosa entre el proyecto y la organización de dicho proyecto. O, por mejor decir: proyecto y organización fusionados en un quehacer de acción colectiva periódicamente verificados. A los sindicalistas albaceteños les caracteriza un estilo sobrio que les viene desde sus primeros andares a mediados de los años sesenta del pasado siglo. Gente muy formal, sin perifollos de ningún tipo, que siempre me impresionaron con sus intervenciones en los consejos confederales.

Hace días uno de los padres de la organización albaceteña, Antonio Navarro, (en la foto) escribía en este mismo blog sobre la problemática de los trabajadores del campo inmigrantes (1). De sus condiciones de vida y de la miseria de jornal que les pagaban. Hoy, el mismo Navarro, informa –es decir, verifica--  el resultado de aquella denuncia que sus protagonistas hicieron ante los medios de comunicación. Nos lo detalla de manera austera y, de paso, señala en qué ha quedado la acción colectiva de los braceros inmigrantes y de su relación con la Unión de Sindicatos de Albacete. De paso, nos propone una serie de reflexiones –tan sobrias como eficaces--  de lo que es, con toda naturalidad, la tutela y representación del sindicalismo.  

Dice Antonio Navarro: «Si hace unos días denunciamos las condiciones de esclavitud en las que trabajaban un grupo de trabajadores del campo, hoy podemos anunciar que su denuncia ha tenido éxito. CCOO y la empresa han firmado un acuerdo por el cual se les abonará 2000 € a cada uno de los trabajadores en concepto de atrasos por los días no trabajados así como la incorporación a la empresa en las condiciones fijadas en el Convenio colectivo del sector. Al parecer, según la empresa, han sido los intermediarios los responsables de esta situación. En el campo como en otros sectores, los intermediarios parasitan entre el productor y el consumidor obteniendo unos beneficios sin correr riesgo alguno. Pero este es un asunto del que hablar en otra ocasión.

»El éxito de este conflicto ha venido motivado por lo que en CCOO calificamos como "sindicalismo de proximidad", es decir, la presencia permanente en las empresas y en los centros de trabajo. En algunas ocasiones más enunciado que practicado. No descubro nada nuevo si digo que uno de los mayores males internos que afectan al sindicalismo es el del burocratismo, la existencia de estructuras inermes que pesan como una losa en la vida sindical. Hasta el punto de distraer más tiempo y esfuerzos en el mantenimiento de estas estructuras que a la acción sindical. Suele ser común en las grandes organizaciones, se mueven como los elefantes, inmersas en dinámicas internas que hacen del mantenimiento de su supervivencia en el mayor motivo de su existencia. Riesgos de los que no estamos exentos las gentes de CCOO. Sin embargo, casos como el que nos ocupa nos abre una ventana de oportunidad para reivindicar la utilidad del sindicato, la necesidad de su existencia. Homenajear a los y las sindicalistas de a pie quienes, desde dentro y desde fuera de los centros de trabajo construyen sindicato. Felicidades a las CCOO de Albacete».

En resumidas cuentas, ha hablado un maestro. Sin aspavientos. Antonio Navarro o la expresión del sindicalismo castellano-manchego.


viernes, 14 de julio de 2017

La pela es la pela en el Gobierno catalán

Antes morir que pecar enseñaban los curas de tiempos antiguos. De esta manera aplicaban aquello de consejos vendo que para mí no tengo. Naturalmente nosotros seguíamos pecando sin remordimiento de conciencia. ¿Cómo íbamos a perdernos la película Gilda o no ir al Teatro circo Chino de Manolita Chen? Pecábamos y después nos confesábamos con don Luis El Dormío que, según se decía en la Vega de Granada, no se enteraba de nada de lo que nos acusábamos.

Pues bien, este es el mandato de la catequesis del procés catalán, todavía en manos del presidente Carles Puigdemont: antes cesar –si no dimiten antes—a quienes quieren pecar o pecan por su tibieza en torno a la consulta, disfrazada con las ropas de un referéndum. Primero despidió al consejero Jordi Baiget por haber hecho unas declaraciones en los medios que no se ajustan a la ortodoxia granítica del mencionado procés. Baiget declaró, sobre chispa más o menos, que él estaba dispuesto a ir a la cárcel, pero no a perder ni un pelo de su pecunio. O sea, su producto interior familiar (PIF). Para entendernos, era un compromiso a medias: todo por el espíritu, nada por la carne.

La doctrina Baiget llamó la atención de ciertos altos cargos de la Generalitat. Consideran que ese «todo por la Patria» es excesivo. Y se amplió el run run. Lo que se decía en las covachuelas del Palau fue recogido por los medios. Que no era un bulo queda demostrado porque el bueno de Puigdemont citó a los consejeros de su partido –PDeCAT, antigua Casa Convergència--  exigiéndoles antes morir que pecar. Hipótesis fiable: más de un consejero le dijo que no estaban dispuestos a perder la hacienda. Decimos que la hipótesis es fiable porque el mismo presidente ha puesto de patitas en la calle a tres consejeros. Sólo los que estén dispuestos a perder la vida –y no pecar--  podrán acceder a la poltrona. Lo que, bien mirado, me parece normal. No tengan reparo en calificarlo de purga con el sambenito de tibios ante el referéndum. En todo caso, los tres purgados siempre podrán decir con el santo labrador castellano aquello de «aré lo que pude». Con lo que se entra en la tercera fase de esta historia tan inquietante la que estamos viviendo  en Cataluña.

La primera fase o la de las sonrisas y corazones. La segunda o la aparición de actitudes iracundas y exaltación del patriotismo didascálico de Puigdemont. Y la tercera, la de las purgas en las covachuelas de la margen derecha de la Plaza de Sant Jaume.


De lo que prudentemente saco estas consideraciones. En las autoridades políticas del independentismo hay algunas porosidades que impugnan su apariencia granítica. El talón de Aquiles está en la billetera. Que indicaría que la oda a la patria es una variable independiente del pecunio personal de los que prefieren pecar a morir. De donde se infiere que el lema es el viejo constructo de «la péla es la péla», de profundas raíces fenicias.  Porque la oda a la patria siempre tiene estas interferencias pecuniarias. 

jueves, 13 de julio de 2017

La señora independentista maquilla su biografía





En la Rambla de Mataró. Mucho calor y humedad asfixiante. Hablo con un joven sobre la figura señera de Joan Peiró, el gran sindicalista de la CNT, que renovó el sindicalismo confederal en tiempos antiguos. Una señora de mi quinta se acerca a saludarme. Y sin más protocolo me pregunta si soy independentista. Le respondo con un inequívoco que «de ninguna de las maneras». Cara de estupor que seguramente ha aprendido de los emoticones de su ordenador. «Lástima –me dice emoticonadamente--  con lo que luchamos cuando éramos jóvenes». Me contengo para no perder la compostura y gestiono convenientemente mis malas pulgas. La dama sigue parloteando de aquellos tiempos hasta que llega un momento en que necesito acabar con su verborrea.

Le digo: «No te vi en la calle en aquellos tiempos. No pasa nada, pero es inadmisible que presumas de haber estado donde no estabas y, más todavía, que vincules aquellas luchas con la independencia de Cataluña. Es más, ni siquiera te atreviste a llevarme un paquete de celtas corto a la cárcel de Mataró».  La dama se pone roja como una amapola. Y se va por donde ha venido.

Mi joven amigo me dice que he hecho una exhibición gratuita. Que de mis palabras infiere que concedo más dimensión moral y ética a quienes luchamos contra la Dictadura y sufrimos represión. No tengo más remedio que contestarle sin perifollos. Le digo: «No tal. Me he limitado a señalarle que la autobiografía de la dama es más falsa que un duro sevillano. Que ni estuvo, ni quiso estar donde ha dicho que estuvo. Es más, nunca he exhibido mis detenciones ni mi tiempo en las cárceles de Mataró, Barcelona y Soria. Hice simplemente lo que me mandaba mi forma de ser. Si esta mujer quiere ser independentista con su pan se lo coma, pero eso no le da derecho a inventarse su pasado». 


Y seguimos hablando de Joan Peiró.  Sigue el calor y el bochorno.


miércoles, 12 de julio de 2017

¿Qué pasará tras el 1 de Octubre en Cataluña?



Cinco notas ásperas y sin matices

1.-- Quede claro: mi posición es contraria al planteamiento secesionista. Ahora bien, pase lo que pase el 1 de Octubre en Cataluña los independentistas creerán que han ganado mientras que sus contrarios, no habiendo triunfado, pensarán que han vencido. Mucho me temo que estaremos así durante mucho tiempo. A ese punto se ha llegado por el inmovilismo, cuando todavía era posible, por parte del Gobierno central y, también, por el planteamiento de las fuerzas políticas del Gobierno catalán. En la parte que les toque a unos y otros  tienen cada cual su cien por cien de responsabilidad.

2.--  El secesionismo tiene un proyecto para Catalunya. Desde luego, erróneo porque está desubicado del nuevo paradigma de la globalización. Cuenta con unas fuerzas políticas y un potente movimiento de masas que, con unos u otros matices, se puede considerar unitario. El llamado unionismo, sin embargo, lo representan partidos que no comparten objetivos; en este campo no existe movimiento de masas que se enfrente explícitamente al independentismo.

3.--  El papel de la izquierda política en todo este itinerario tiene una considerable responsabilidad. Hace años que, primero, desdibujó la cuestión social  y, después, la dejó de lado. Su campo de acción –dicho esquemáticamente--  fue darle un barniz progresista a las políticas nacionales de las fuerzas nacionalistas. Por lo que se desubicó del contexto de las grandes transformaciones y cambios de los procesos productivos y del conjunto de la economía. De ahí que sólo le quedó o bien el transformismo o bien la subalternidad. El profetismo de catequesis del independentismo no tuvo excesivos problemas en ganarle la batalla política a la izquierda.

4.--  Pase lo que pase el día 1 de Octubre en Cataluña seguirá existiendo un equilibrio de debilidades. Los independentistas se sentirán reforzados sin haber ganado; los unionistas quedarán aliviados porque no ha habido referéndum. Los independentistas saben que han dado la batalla; los unionistas aliviados porque desde fuera les han sacado las castañas del fuego.

5.--  El día 2 de Octubre, pase lo que pase el día anterior, la cosa quedará en tablas. Y en tablas seguirá mientras la izquierda siga encerrada en su política de campanario, marginando la cuestión social, transformista y subalterna.  Naturalmente, es una hipótesis. 


martes, 11 de julio de 2017

Algunas sugerencias a la Ministra de Trabajo y Seguridad Social

AUTOR: MIQUEL ÀNGEL FALGUERA BARÓ
Magistrado especialista TSJ Cataluña


La pasada semana la señora Fátima Báñez declaró ante la prensa que “es el momento de que los salarios acompañen la recuperación del empleo”; para proseguir “la mejora del empleo tiene que ir acompañada de una ganancia de poder adquisitivo para los trabajadores”. Y todo como consejo al largo proceso de concertación entre agentes sociales a efectos de un posible pacto salarial. Sin embargo, no acabo de entender por qué fía el incremento de rentas salariales únicamente a los convenios colectivos, en forma tal que los poderes públicos sean una especie de observadores externos, sin competencias. Como si ese loable desiderátum no fuera con ella.

Habrá que celebrar, en primer lugar, esas declaraciones de la señora Ministra, porque significan un cambio de tendencia. Llevamos décadas asistiendo a constantes presiones de organismos económicos internacionales, de grupos de presión, de potentes thinks tanks económicos o de los sucesivos presidentes del Banco de España reclamando una reducción retributiva. Ha sido ésa una dinámica general a lo largo de la crisis (la denominada “devaluación interna”), pero paradójicamente también lo fue en la época previa de las “vacas gordas”. La moderación salarial ha sido la receta mágica que se ha postulado para el incremento de la competitividad y la productividad a lo largo de muchos años, en los buenos y en los malos tiempos. Parece que ya no es así, si creemos a la señora Ministra. Tal vez porque los datos estadísticos del crecimiento de la desigualdad en España, la baja calidad del empleo creado y el deterioro económico del sistema de Seguridad Social ponen en evidencia que detrás de la receta “moderativa“ neoliberal no existía más que una mera ideología que perseguía la distribución negativa de rentas. En otras palabras: la señora Ministra parece reconocer que esa política era errónea y ha tenido efectos catastróficos sobre una buena parte de la ciudanía.

Sin embargo, ya puestos, habrá que reclamarle que dé un paso más; esto es: que reconozca la necesidad de que el Estado intervenga en el mercado de trabajo a dichos fines y abandone la mera pasividad y el “laisser faire”. De hecho, ese intervencionismo ni constituye un anatema, ni es tan complicado: es lo que se ha venido haciendo en las sucesivas reformas laborales reduciendo derechos de las personas asalariadas o capitidisminuyendo las competencias de control en la empresa y en la negociación colectiva. O congelando o incrementado en forma ridícula el SMI (pese al mandato del artículo 35.1 de la Constitución); o mirando hacia otra parte ante el uso fraudulento de la contratación temporal y la externalización. Una cosa es la necesidad de flexibilizar y adaptar el marco contractual a las necesidades productivas –cosa que hoy nadie discute-; otras, muy distinta, favorecer la precarización.

El deterioro de las rentas salariales no obedece sólo al contenido de los convenios. La práctica iuslaboralista pone en evidencia como en buena medida se halla también en las condiciones de trabajo que derivan de la Ley y del ejercicio de las competencias del Estado. Por eso, no estaría de más que también el Estado interviniera en el mercado laboral a dichos efectos.  Ahí van varios ejemplos: un incremento significativo del SMI anual –y, de paso, del IPREM, congelado desde 2012 y que este año ha tenido un ridículo incremento del 1 por ciento-; y/o una ley de descentralización productiva que fije los límites de la externalización (entre otras: las denominadas empresas multiservicios), regule los contenidos contractuales y retributivos de las personas que prestan servicios en otras empresas y sancione los abusos ; y/o una nueva regulación de la contratación temporal que ponga fin al constante fraude de ley (por ejemplo: incrementando exponencialmente la indemnización por extinción en estos casos o regulando la forzosa readmisión), derogando el contrato indefinido de apoyo a los emprendedores; y/o la potenciación de la negociación colectiva, suprimiendo entre otros aspectos, la primacía aplicativa de los convenios colectivos de empresa y el régimen de ultractividad impuestos por la reforma laboral elaborada por el equipo de la señora Ministra; y/o el fortalecimiento del poder de los órganos de representación en la empresa y del sindicato; y/o dotando de medios a la Inspección de Trabajo y Seguridad Social para el control  del abuso en las condiciones de trabajo; y/o la ampliación del número de juzgados de lo social; y/o una nueva regulación clara –y “honrada”- del modelo de despido; y/o un incremento de la retribución de los empleados públicos, con efecto arrastre sobre el sector privado.

Habrá que indicar que el origen de los bajos salarios no reside únicamente en los convenios. También se halla en la compensación de poderes entre empresarios y trabajadores en la empresa y en la voluntad y capacidad de control por la Administración pública. El deterioro salarial se encuentra en gran medida en el aumento descompensado de las competencias decisorias sobre el contrato para una de las partes que han propiciado las varias reformas laborales –y no sólo, la del 2012-. De hecho, ha sido común a lo largo de muchos años oír eso de que “los trabajadores –y el sindicato- tenían demasiados derechos”, lo que se ponía en conexión directa con los salarios supuestamente demasiado elevados (sic). Pues bien, de la misma forma que se ha intervenido en forma continuada con dichos fines, habrá que reclamar una “contrarreforma” laboral, con el propósito contrario.

Aun siendo positivo que la señora Fátima parezca poner fin a la doctrina de la moderación salarial, hay que animarla a que dé un paso más. Por tanto, que como Ministra utilice sus atribuciones para incrementar la “ganancia de poder adquisitivo para los trabajadores”, como lo hizo previamente en sentido contrario. ¿O es que el intervencionismo del Estado sólo es malo cuando favorece a una de las partes?

Publicado por JpD Comisión Social  


lunes, 10 de julio de 2017

Ada Colau y el referéndum sobre Cataluña



El partido de Ada Colau está entre dos fuegos. En medio de los fuegos de Escila y las hogueras de Caribdis. El partido de Colau llamado coloquialmente los comunes. Entre el secesionismo y el unionismo. Por eso están recibiendo mamporros de ambas banderías.

Los últimos guantazos los están recibiendo desde el fin de semana. Su máximo grupo dirigente se reunió el sábado en Terrassa con la idea de fijar una postura de cara al referéndum anunciado (que no convocado) para el día 1 de Octubre. Debate animado –y cordial-- entre posiciones cristalizadas desde los inicios de esta formación política. Las posiciones son claramente divergentes: apoyo a la convocatoria del referéndum, apoyo crítico, negativa a participar, entre las más influyentes y llamativas. Ahora bien, al final hay que sacar conclusiones. Se requiere, pues, una síntesis, que sea capaz de representar tan diversos y contradictorios retales.

La posición que finalmente se adopta considera que el día 1 de Octubre «es una movilización en defensa del derecho a decidir y no un referéndum vinculante con validez jurídica sobre la independencia de Cataluña». Se aprueba: unos por cansancio, otros con resignación. Se considera que, a fin de cuentas, la unidad interna es fundamental.

Considero que la moción aprobada no es una síntesis, sino un artificio. Entendiendo «artificio» como procedimiento o medio ingenioso. Pero una síntesis es otra cosa. Un artificio, que es la consecuencia de un proyecto sobre Cataluña como agregación de elementos dispersos que, forzosamente, se expresa de manera no inteligible, porque las variables de ese polinomio no están vinculadas entre sí. Es más, da la impresión que cada una de ellas va por libre.

Nada sabemos acerca de lo fundamental: ¿los comunes están por la independencia de Cataluña? ¿O sólo por el derecho a decidir?; y si es así, en un referéndum vinculante, ¿qué posición se adopta? No vale decir que se da libertad de voto, pues para ese viaje no se necesitan tales alforjas. De no aclararse estas importantes cuestiones, la parábola ascendente de los comunes podría entrar en declive. Pero si se aclaran podría costarle a dicha formación la rotura de algunas de sus cuadernas. Por lo que, de momento, lo que se mantiene es la actitud del asno de Buridán.


¿Cómo salir de ese embrollo? Sugiero que se vaya en la línea de lo que plantea Manel García Biel: «Hay que dar la espalda a la convocatoria del 1-O y empezar a preparar ya para el 2-O una alternativa para impulsar una propuesta que se pueda defender en  todas partes, con el máximo de alianzas en defensa del carácter plurinacional que hace falta que tenga el Estado y donde se pueda hacer una propuesta de ensamblaje político de Cataluña». 

domingo, 9 de julio de 2017

¿Qué pasa con la reforma laboral?



No pocos de los que echaban incienso a la reforma laboral empiezan a pedir que se maquille un tantico. Se trata de editoriales de algunos rotativos, de comentaristas y otras congregaciones. Posiblemente algo pasará y, tal vez, se inicie sigilosamente una prudente operación cosmética, aunque sin romper el espinazo de dicha reforma. Que, quizá, será expuesta como si la gallina fuera un pavo real; lo que podría  ocurrir si el sindicalismo confederal no sitúa, ordenada y gradualmente, una estrategia convincente con la idea de trascender las medidas de enorme y negativo paquete de medidas.

Entiendo que el sindicalismo no puede estar a la espera de lo que las fuerzas políticas hagan sobre el particular. Tampoco debería aguardar que el PSOE cumpla su promesa de abolir la reforma laboral. Porque, en todo caso, lo haría –si es que lo hace— en un contexto de mayoría de las fuerzas de izquierda. En resumidas cuentas, el sindicalismo confederal necesita un proyecto autónomo (unitario, desde luego) para trascender la reforma. A mi juicio el reciente congreso de CC.OO. no ha despejado la indefinición. Se está por la labor, por supuesto, pero no se dice cómo. Y ese cómo es le madre del cordero. Por ejemplo, si vas de viaje a Parapanda debes plantearte de qué manera, no basta anunciarlo. Debes decir: voy en tren, por carretera, en avión, o en el coche de San Fernando. Es decir, con qué proyecto y en qué trayecto.

La primera tentación de los sindicalistas –también la de algunos profetas desarmados--  sería esperar a que la ley lo resuelva. Sin embargo, me atrevo a decir que por ese camino no se va a ninguna parte. La ley puede dar un ligero baldeo a la cubierta de algunos aspectos, sólo secundarios. No a las paredes maestras del edificio.

Así pues el punto de vista fundamentado sería el siguiente: poner en marcha un proceso contractual, dentro y fuera de los centros de trabajo, que trascienda dicha reforma. Un proceso sostenido con planteamientos cualitativos, que posteriormente, dado su condición de «fuente de derecho», iría generando gradualmente un nuevo estadio de relaciones laborales. Cierto, es el camino más lento, pero sin duda es el más macizo y eficaz.

Lo que se dice sin perifollos para abrir el apetito. En el debate, si es que lo hay, entraremos en detalles.


  

sábado, 8 de julio de 2017

Desembarco militar en la Costa Brava catalana




Son incontables las veces que la realidad supera con creces a la ficción. Lo que viene a continuación es una de ellas.

Se ha producido un desembarco militar en la Costa Brava concretamente en la cala Mateua de la famosa ciudad de L´Escala. El Ejército y la Guardia civil, con sus respectivos pertrechos bélicos, sorprende a los bañistas. Más de uno de estos ha declarado que lo primero que pensó fue en las declaraciones de Cospedal, Ministra de Defensa, exhibiendo que el Ejército podía intervenir en la cosa catalana. La noticia corre como reguero de pólvora: a los profetas desarmados del somatén ideológico independentista les pilla de sopetón y a los poetas armados de lo mismo les coge de improviso. El resto del personal se prepara a hacer selfis a diestro y siniestro pues la ocasión la pintan calva.

¿Una maniobra militar de intimidación? ¿Una exhibición de fuerza de los picoletos y los milicos? Ni lo uno ni lo otro. Pero la Benemérita y el Ejército son reales, no hay trampantojo alguno. La cosa es más crematística. Resulta que el concejal de dicho Consistorio en representación del PDeCAT, Martí Guillem, es dueño del camping que está a la vera de la playa. Ya saben ustedes que ese partido es el heredero de la vieja Convergència. Pues bien, este empresario hotelero, que siempre –según manifestó reiteradamente--  manifestó enérgicamente que L ´Escala debía ser un territorio libre de maniobras militares organizó junto a las autoridades españolas dicho desembarco con el fin de que los clientes del camping disfrutaran de un espectáculo y, así, matar el aburrimiento. Picoletos y milicos se avinieron a ello con la condición de no cobrar ni un duro.

Profetas desarmados y poetas armados hacen mutis por el foro, aunque hay quien afirma que tuvieron un alivio. No era ni una invasión ni una exhibición. Era puro negocio de hostelería a favor de uno de los suyos, el militante convergente Guillem. Un caballero que con una mano denuncia a España y con la otra se aprovecha de sus aparatos militares.


Ni una versión de zarzuela bufa daría para tanto. Ni siquiera a Joan Capri se le hubiera ocurrido algo así. Pero, hoy, casi todo es posible en Cataluña. Por cierto, si no se lo creen demanden a La Vanguardia. Ahí tienen la noticia: http://www.lavanguardia.com/edicion-impresa/20170708/423958681975/un-desembarco-militar-en-la-costa-brava-sorprende-a-los-turistas.html 

Aquí lo mismo se fríe una corbata que se plancha un huevo.



viernes, 7 de julio de 2017

El compromiso ético y estético de Raimon

Sabíamos que era el último recital de Raimon, el adiós del cantautor de Xàtiva, pero preferimos pensar que era un hasta luego. No pasa nada: también La Divina Comedia tiene su última página.

Primer tranco

Raimon fue uno de los grandes emblemas de la lucha antifranquista. Lo sabemos las gentes de mi quinta, pero si me detengo en ello es porque no estoy seguro que esa parte de nuestra memoria y de nuestra historia sea conocida o suficientemente conocida por las nuevas generaciones. Raimon creó un compromiso sentimental con el movimiento organizado de los trabajadores y la ciudadanía democrática a través de algunas de sus canciones, auténticas arengas con punto de vista fundamentado. Manuel Sacristán, siempre tan austero y comedido en sus valoraciones, dijo de Raimon que es «como una especie de autobiografía colectiva». Y dijo bien. Una autobiografía colectiva de quienes, desde el andamio, el bidón y el pupitre, creaban fatigosamente espacios de libertad. De la misma manera que el cantautor hacía de sus inconfundibles recitales una tensión dialéctica con su circunstancia: trabajadores y estudiantes universitarios que empezaban a organizarse autónomamente, casi a pecho descubierto. Como quien dice con la cara al vent. Aquella circunstancia eran los represaliados por la Dictadura, aquellos «homes plens de raò» que atestaban las prisiones.

¿Tuvo razón Joan Fuster, amigo y mentor del cantautor, cuando percibió una «cierta metafísica» en el primerísimo Raimon? Hasta donde la memoria me permite alcanzar, puedo asegurar que mi generación intuyó que aquello era macizamente un mensaje directo de combate. Y, de esa forma, vimos que Raimon no era uno de los nuestros, era nosotros mismos. Pues tenía toda la pinta de ser un representante de la asamblea obrera o un delegado de curso. Un representante que no era sólo resistencia sino alternativa. Su Diguem no! era simultáneamente lo uno y lo otro. Resistencia a la luz pública, alternativa a pecho descubierto. Igual que la comisión obrera y el movimiento democrático de los estudiantes, las dos grandes emergencias de la época. O lo que es lo mismo: con la novedad de ambas acciones colectivas estaba la que aportaba Raimon con su ética y estética. En el bien entendido de que no eran «vidas paralelas» sino unidas ala misma biografía, cada una con su propia diversidad. Era la misma cuenca hidrográfica. En suma, Raimon era nosotros; el nosotros de los sueños, no el de las pesadillas.

Mi generación vivió en primera persona el compromiso solidario de Raimon. Son incontables los recitales, a lo largo de la geografía catalana, de Raimon para recoger fondos para ayuda a los presos y sus familias, para los huelguistas y para pagar las fianzas de los detenidos. Y lo que hiciera falta. De hecho visitar la casa de Raimon y Annalisa Corti, su compañera, era una constante peregrinación en busca de ayuda. Casi nos convertimos en una orden mendicante. Nunca recibimos ningún gesto de fatiga solidaria, siempre tuvimos la sonrisa mediterránea, que parecía decirnos que «para eso estamos». Sépase que aquello era un secreto a voces, tan a la intemperie como aquellas luchas obreras y estudiantiles.

Se ha hablado mucho de aquel Raimon agitador. Y muy relativamente poco del poeta sensible que siempre fue. Se ha hablado mucho del potente grito de aquel Diguem no! y también relativamente poco de la calidad de la letra de sus composiciones, de la música que compuso a los poemas de autores como Salvador Espriu y los medievales como AusiàsMarch, Turmeda, Timoneda y Roís de Corella. Es decir, aquel Raimon que difundía auténticos tesoros de la lengua catalana a través de una música exquisita, poniéndolos a disposición de un gran número de personas que nunca habían tenido acceso a la poesía. Raimon, pedagogo de multitudes.

Segundo tranco

¿Hace falta decir que Raimon es un clásico? Sí, hace falta. Porque los tiempos líquidos que corren exigen recordar las obviedades. Una, que el Diguem no! sigue siendo necesario; otra, que la difusión de la cultura lo es también. Se equivocan, pues, quienes quieran encerrar a nuestro músico y poeta en lo que él mismo llamaba con retranca el Museo de la Resistencia. Ya lo hemos dicho: Raimon es un clásico o, lo que es lo mismo, aquello que siempre tiene valor. El valor del compromiso solidario, el valor del arte. El valor de «la palabra cantada», en feliz expresión de Paco Rodríguez de Lecea. El valor de Raimon que no se deja encorsetar ni por el Lucero del Alba. El valor de expresar lo siguiente: «Yo no soy de los míos cuando los míos quieren que sea como ellos quisieran y no como saben que soy». Raimon, también libertario.

He publicado este artículo  inicialmente en http://pasosalaizquierda.com/?p=3062