martes, 27 de junio de 2017

Marlon Brando con Marcelino Camacho



En múltiples ocasiones Jaime Sartorius ha explicado que se organizó –estamos hablando de 1973— un viaje a los Estados Unidos para recabar solidaridad con los presos políticos españoles y la amnistía, y ya muy en concreto por la libertad de los detenidos del famoso proceso 1001. Jaime se entrevistó con personalidades y organizaciones a lo largo y ancho de aquel gran país. Alguien le puso en contacto nada menos que con Marlon Brando. Este artistazo dijo: “Mire usted, me avisan con un mes de antelación, me presento en Madrid y acudiré al juicio de Marcelino Camacho. Y haré lo que ustedes me pidan. Tiene que ser con ese tiempo porque estoy muy liado en este asunto de la defensa de los indios… “.


¿Por qué no pudo venir el gran Marlon Brando al juicio? Porque el Tribunal de Orden Público fijó la fecha con sólo cinco días de antelación. En todo caso, ahí queda el detalle.

La sombra de Dalton Trumbo era alargada.


Jeremy Corbyn, la estrella del festival de Gladstonbury




Escribe Walter Maldonado 


Querido José Luis, lo nunca visto en un festival de música este fin de semana pasado en Gladstonbury. Decenas de miles de jóvenes aplaudiendo y gritando «Oh, Jeremy Corbyn», el estribillo de Seven Nation Army, de White Sripes cuando apareció el “joven” Corbyn. Ya te puedes imaginar que Claire y yo éramos las personas más maduras de tan importante concierto. No recuerdo otra situación parecida en toda mi vida. Hablando con mi mujer nos acordamos de aquella anécdota que nos contaste en Pineda de Marx. La ovación que recibió Palmiro Togliatti en aquel recital de Rita Pavone cuando ésta se sentó en el regazo del viejo dirigente comunista y, micrófono en mano, cantando aquello de   Datemi un martello.

 

No me consta que aquel recibimiento estuviera previsto. Aquello fue una emoción instantánea de alto voltaje. Y, desde luego, tiene mucho que ver con la «conexión sentimental con la gente», que dijera Antonio Gramsci. Toda una novedad con un viejo político, Corbyn, a quien las vacas sagradas del Labour calificaron groseramente de vejestorio y hoy corren a lustrarle los zapatos. Aquellos jóvenes incluso le obligaron a subir al escenario y dirigir unas palabras al auditorio. Insisto, lo nunca visto.

 

Podría decirse, querido amigo, que esos son los nuevos mimbres que dispone Corbyn para darle un baldeo al Reino Unido. Empezando, claro está, por el Labour. 

 

Los jóvenes parecían decir que Corbyn «es uno de los nuestros». ¿Qué dirigente político europeo puede contar con esa potente simpatía?  Vale la pena recordar una obviedad: la explosión de afecto hacia el viejo Corbyn no se ha producido en un acto político, de partido. Se ha dado en uno de los recitales de música más significados del mundo en Glastonbury, llamado afectuosamente Glasto. 

 

Podría ser, tómatelo como una suposición, que ese masivo cántico, Oh, Jeremy Corbyn, haya sido la venganza de una juventud harta de que sus padres votaran a Tony Blair y sus hijuelas. Sea como fuere, me cabe la alegría de haber estado en Glasto y de poder contártelo.




lunes, 26 de junio de 2017

Cuatro jóvenes trabajadores muertos por la desregulación laboral en Perú en el incendio de Lima

Carlos Mejía A.
Asesor CGTP (Perú)

El pasado 22 de junio se registró un incendio en la Galería Nicolini en la zona de Las Malvinas, en el centro de la ciudad de Lima, capital del Perú. Hasta este momento están desaparecidos cuatro trabajadores de dicha galería comercial. Entre ellos están identificados Jovi Herrera Alania de 20 años y Jorge Luis Huamán Villalobos de 19 años y Luis Guzmán Taipe de tan solo 15 años. Hay un cuarto trabajador que aún no ha sido identificado.

Todos ellos se desempeñaban como trabajadores de la empresa JPEG SAC laborando en un contenedor metálico acondicionado de manera irregular como taller, en donde remarcaban tubos de neón para ser vendidos en dicha Galería. Ellos laboraban sin contratos de trabajo, de lunes a sábado en jornadas de más de 11 horas pues ingresaban a las 7.00 am. y terminaban aproximadamente a las 6.30 de la tarde, cuando anochecía pues el contenedor no contaba con luz propia. Por una semana de trabajo recibían 100 soles, que equivalen a poco más de 30 dólares. No disponían de baños, y solamente unos tragaluces superiores iluminaban algo el reducido espacio. 

Lo más trágico, es que el empleador habitualmente cerraba el contenedor  con un candado para impedir que los trabajadores salgan antes de tiempo. Los cuatro trabajadores mueren pues cuando se inicia el incendio, el empleador desaparece dejándolos encerrados.

El rol del Estado y la fiscalización laboral

En el Perú la Superintendencia Nacional de Fiscalización Laboral cuenta a nivel nacional con 18 supervisores inspectores, 98 inspectores de trabajo y 275 inspectores auxiliares. No existe ni un solo inspector de trabajo en Loreto, Tumbes, Tacna, Ayacucho, Ica, Lambayeque, Apurímac, Puno, Moquegua, Amazonas, Pasco, Huancavelica, Madre de Dios y San Martín.

Mediante la Resolución de Superintendencia N° 131-2015-SUNAFIL se establece el Plan del Cuadrante Inspectivo que se basa en la sectorización por manzanas del ámbito distrital, sobre la base de la información suministrada por el Instituto Nacional de Estadística e Informática. En mayo del 2015, SUNAFIL inicia un plan piloto en el distrito de La Victoria para fiscalizar puerta por puerta los centros informales. De esta manera, se inspeccionaba galería por galería, piso por piso. Para fines del 2015 ya estaba aprobada la implementación de este plan de fiscalización laboral.

Sin embargo, en febrero del 2016, asume Sylvia Cáceres como superintendenta, (a pesar de la oposición de la CGTP) y una de sus primeras acciones fue desactivar el Plan del Cuadrante Inspectivo. El Sindicato Nacional de Inspectores Laborales señala que con esta decisión se ha desarticulado el grupo de inspectores encargado exclusivamente de fiscalizar la informalidad y se ha despedido a la persona que estaba a cargo.

Por su parte, el  Gobierno ha dictado el DS N° 007-2017-TR del 31 de mayo del presente año que modifica el Reglamento de la Ley General de Inspección de Trabajo en tres aspectos importantes: limita a una inspección al año respecto de una misma empresa por un mismo caso. Es decir, ya no se puede hacer seguimiento de las infracciones. En segundo lugar; cuando una empresa comete varias infracciones, solamente se aplicará la multa más alta de manera que las otras infracciones menores no serán multadas. En tercer lugar, se reducen los montos de las multas en general.

Para rematar el actual gobierno plantea un Proyecto de Ley N° 1437/2016-PE que impide las inspecciones laborales cuando existen procesos judiciales sobre el caso denunciado. Es decir, si una empresa es enjuiciada por una infracción laboral, mientras dure el proceso (que puede ser varios años), no recibirá multas ni inspecciones.


Ahora bien, debe recordarse que legalmente el Ministerio de Trabajo y SUNAFIL tienen la “obligación” de fiscalizar de oficio los centros que se presume están infringiendo las normas laborales.

Por otro lado, descargar la responsabilidad en los trabajadores por no denunciar su situación, es absurdo. ¿Trabajadores que por su precariedad económica se ven obligados a aceptar condiciones inhumanas de trato van a estar en condiciones de ir al Ministerio de Trabajo y poner una denuncia laboral arriesgándose a perder el trabajo y ser marcados por todas las empresas de ese conglomerado?

¿Quiénes son responsables?

Hay muchos responsables, ciertamente. La muerte de los cuatro trabajadores es consecuencia del proceso de desregulación laboral que se viene implementado en el país desde fines de los años 80s y con mayor fuerza durante la dictadura de Alberto Fujimori.

Actualmente las relaciones laborales en el Perú se caracterizan por su precariedad. Predominan los contratos temporales, cuando existen. Se trata de un mercado laboral ampliamente desregulado, con varios regímenes laborales que en diversos sectores y por diferentes razones han eliminado derechos laborales importantes. Los trabajadores textiles y de agroexportación por ejemplo, pueden estar con contratos temporales a lo largo de toda su vida productiva. Los trabajadores de PYMES sólo gozan de 15 días de vacaciones y de media gratificación.

En general, la desregulación desincentiva la afiliación sindical que actualmente se encuentra en alrededor del 6% de la PEA Asalariada. La fórmula del crecimiento económico en el país tiene entre sus ingredientes un Estado que no desea fiscalizar a las empresas y más bien promueve el debilitamiento de los sindicatos. Sin sindicatos fuertes, los pocos que logran desarrollarse enfrentan una dura oposición por parte de los empresarios, que dilatan los procesos de negociación colectiva o persiguen a los activistas sindicales.  Al final del anterior gobierno, la CGTP señalaba que había más de 500 dirigentes sindicales despedidos ilegalmente.

Los gremios de empresarios, como la Confederación Nacional de Instituciones Empresariales Privadas (CONFIEP), junto con la Cámara de Comercio de Lima y la Sociedad Nacional de Industrias han defendido públicamente el modelo de libre mercado y desregulación laboral. Se habla de lobbys pro-empresa que inciden en las altas esferas del gobierno para mantener la actual legislación laboral y para impedir que se cambien por leyes a favor de los trabajadores que restablezcan por ejemplo la estabilidad laboral o impongan mayores niveles de regulación laboral.

En julio del 2014, el lobby logró que el gobierno modifique sustancialmente la Ley 29783 de Seguridad y Salud en el trabajo mediante la Ley 30222. Entre otras cosas se cambió el Articulo 168-A incluyendo nuevas condiciones para la responsabilidad penal del empleador en caso de accidente con lesiones graves o muerte del trabajador. Con la modificación debe demostrarse que la falta sea deliberada, reiterada, que la autoridad haya notificado de la misma y que el empleador pudo prever las mismas.

También el Alcalde de Lima tiene responsabilidad al permitir que se instalen contenedores como lugares de trabajo y si bien el edificio fue administrativamente clausurado, no se dio el seguimiento respectivo y los dueños del mismo seguían operando tranquilamente.

Esto es así, porque todos los actores tienen la certeza de su impunidad. Los empresarios pueden operar en edificios clausurados y encerrar con candados a los trabajadores porque saben que la autoridad municipal y ministerial no los va a molestar.

La desregulación laboral precariza el empleo, debilita los sindicatos y reduce la fiscalización laboral. El incendio y muerte de los trabajadores en la Galería Nicolini no fue un hecho fortuito o azaroso. Hay una responsabilidad directa de los empresarios que explotan y encierran trabajadores, pero también el Estado a través del Ministro de Trabajo y la Superintendenta de Fiscalización, así como el alcalde de Lima son responsables indirectos. También los gremios empresariales que siguen considerando que no deben existir obstáculos, -es decir, derechos laborales-, para acceder a mayores utilidades.


domingo, 25 de junio de 2017

Aquella detención de los Diez de Carabanchel y el cantante Luis Aguilé


Ayer hizo la friolera de cuarenta y cinco años (45) de la detención de la dirección de Comisiones Obreras (la Coordinadora General) con Marcelino Camacho a la cabeza. Sin duda fue una de las caídas más famosas en la lucha antifranquista. A los detenidos les llamamos Los Diez de Carabanchel. Los delegados catalanes nos escapamos por los pelos. Éramos Cipriano García, padre fundador de Comisiones Obreras, Armando Varo, dirigente de los trabajadores de Seat y un servidor.

Los antecedentes. El objetivo de aquella reunión era debatir un documento, Por la unidad del movimiento sindical,  que previamente teníamos los delegados. De hecho había sido publicado legalmente, semanas antes, en Cuadernos para el Diálogo con los eufemismos convenientes para burlar la censura. Lo firmaba N.S.A., que correspondía a Nicolás Sartorius Alvárez. Previamente nosotros, los catalanes, habíamos celebrado un importante encuentro de la CONC para llevar una opinión colectiva. Teníamos un matiz no irrelevante: nos parecía que, siendo justa la idea de discutir con UGT y USO la unidad del sindicalismo, no situaba con fuerza el papel de los trabajadores en los centros de trabajo y, muy en especial, el de sus representantes, los entonces enlaces sindicales y jurados de empresa. Esta era la novedad que queríamos aportar a la discusión. En los archivos de la CONC se encuentra un documento que elaboramos, que sirvió de base para nuestro debate.

Hicimos el viaje a Madrid en tren. Recuerdo que, asomados a la ventanilla, Cipriano señalaba las estrellas del firmamento y me decía sus nombres. Rememoraba naturalmente sus tiempos cuando, siendo niño, hacía de pastor en los campos de Ciudad Real.

Llegada a Madrid.  Cipriano conocía el lugar de la reunión: el convento de los Padres Oblatos, cerca de Pozuelo de Alarcón. Subimos al autobús. Vimos que el convento estaba tomado por los grises, la policía armada. Por lo que no nos bajamos y seguimos hasta el pueblo. La plaza estaba tomada también. Oímos a unos albañiles que comentaban que aquello se trataba de una redada para detener a unos traficantes de droga. Así es que, a la primera de cambio, tomamos el autobús rumbo a Madrid.

Nos dirigimos a casa del cuñado de Tranquilino Sánchez, dirigente de la Construcción. Creo recordar que se llamaba Sastrón y había estado en la cárcel de Burgos con Cipriano. Se presentó Tranqui y nos informó que Josefina Samper conocía ya la detención de su marido. Comimos. Sastrón nos llevó en su furgoneta a Guadalajara pues no era indicado que fuéramos a Atocha. Y vuelta a casa. Como Cipri conocía al dedillo todos los trenes regresamos a Barcelona dando más vueltas que un ventilador. Hicimos no sé cuántos trasbordos. En definitiva, burlamos a la policía.

Más tarde supinos que Vicente Llamazares, un destacado sindicalista de Artes Gráficas de Madrid, imprimía decenas de miles de octavillas (con Juana Muñoz Liceras) en el despacho del famoso cantante, denunciando las detenciones.  Luís Aguilé se hizo el longuis cuando vio lo que se estaba cocinando en su casa. Siempre se lo agradecí. Aguilé nunca presumió de ello.


Fue hace cuarenta y cinco años. El resto de la historia es suficientemente conocido. 

viernes, 23 de junio de 2017

Una meditación necesaria para el sindicato



Miquel A. Falguera Baró
Magistrado especialista del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña

1. Las sabias palabras de Eleuterio Quintanilla

En todos y cada uno de los ramos de trabajo se operan de continuo transmutaciones decisivas en vista del objetivo final que las distingue respectivamente. El movimiento obrero sigue como la sombra al cuerpo, a través de la historia, estos cambios de los modos de producción. El medio económico aparece así determinando inflexiblemente las características de la organización proletaria.

Las anteriores frases pueden parecer hoy desfasadas en su estilo. Pero situémoslas en su contexto: las dijo Eleuterio Quintanilla, uno de los personajes más fascinantes del movimiento obrero español; un anarquista “de toda la vida” (de cuando los anarquistas eran anarquistas) y un ejemplar pedagogo. Fueron pronunciadas en el Congreso de La Comedia en Madrid en 1919, abogando por las federaciones de industria –y no, los sindicatos de oficios-, como había ya hecho la CNT de Cataluña en el Congreso de Sants.

Y cabe recordar que sin este último es imposible explicar el éxito de la huelga de la Canadenca, una huelga general en Barcelona de varias semanas de duración y que finalizó con una asamblea en la plaza de toros de Las Arenas con más de veinte mil asistentes (porque, si alguien lo ha olvidado, la democracia participativa desde abajo tiene una larga tradición en nuestro país) y la fugaz consecución de la jornada de ocho horas diarias.  En el congreso de La Comedia Quintanilla propugnó también la unión orgánica con la UGT (y fue un firme defensor de la no integración en la III Internacional).

Hace casi cien años nuestro antiguo sindicalista abogaba, en unos momentos en los que el taylor-fordismo empezaba a implementarse en nuestro país en las grandes empresas –especialmente, textiles- por adaptar el sindicato a la nueva realidad productiva. Su argumento era simple y lógico (aunque cabe decir que también fue derrotado): es el sindicato quien se adecúa a la realidad de la empresa, y no al revés.

2. Cien años después… un libro

Pasado un siglo desde que nuestro viejo militante anarquista pronunciara la sentencia con que se inician estas reflexiones, José Luis López Bulla en el libro recientemente publicado “No tengáis miedo a lo nuevo” (Plataforma Editorial) se dirige al sindicato y le reclama con reiteración que “abandone el contagio del taylorismo”, que dé un salto adelante y sepa reorientarse ante el nuevo paradigma del trabajo, tanto en su discurso como en su organización.  Y lo hace acompañado de dos buenos amigos: Antonio Baylos, como prologuista, y Javier Tébar. Un jurista y un historiador del movimiento obrero. Obviamente no se trata de una coincidencia. Aunque a veces el sindicalismo no sea consciente de ello, su papel central en las sociedades modernas comporta una relación simbiótica con el mundo de los saberes. Y entre las disciplinas más cercanas se cuentan obviamente el iuslaboralismo y la historia del movimiento obrero

Antonio Baylos en su prólogo no se limita a glosar la figura de José Luís López Bulla y su relación personal, avanza los posteriores contenidos y, especialmente, propone una serie de reflexiones personales sobre la más reciente evolución del Derecho del Trabajo en un interesante diálogo con los autores. Por su parte, Javier Tébar plasma en la segunda parte del libro una profunda reflexión sobre el desarrollo de las sociedades capitalistas en los últimos decenios, tras el fin del “ciclo largo” (que en occidente se extendió desde el final de la Segunda Guerra Mundial hasta bien entrada la década de los setenta, aunque en España su duración ha sido mucha más corta), en una tendencia muy similar a la que recientemente ha venido siguiendo el maestro Josep Fontana (porque, como señala Javier, la finalidad del historiador es ayudar a leer el presente desde el pasado y no, como está tan de boga actualmente, reescribir el pasado en base al presente). El elemento más novedoso desde mi punto de vista de esta segunda parte del libro son las reflexiones que se contiene sobre la evolución del trabajo y el sindicato en el marco de la denominada “Tercera Revolución Industrial”, poniendo en evidencia el error conceptual de buena parte de los mantras neoliberales sobre el fin del trabajo y el de las organizaciones obreras.

3. Las reflexiones de José Luis López Bulla

Estoy seguro que no me indispondré con mis buenos amigos Antonio Baylos y Javier Tébar si dedico buena parte del análisis del libro recientemente publicado a la parte escrita por el ex secretario general de Comisiones Obreras de Cataluña. En todo caso, me parece evidente que es algo trascendente que quien tuvo altas responsabilidades en un sindicato se dirija a los sindicalistas actuales haciéndoles propuestas de futuro. Una propuestas que no son en puridad las de un outsider, sino de alguien que, estando medio fuera/medio dentro, intenta aconsejar como un amigo; y cabe recordar que un buen amigo no es aquel que cuando hacemos mal las cosas nos da la razón, sino quien intenta hacernos ver nuestro error. No se trata de sentencias de “jarrones chinos”, ni tampoco de admoniciones amargas de la vieja guardia (algo lamentablemente muy común en la izquierda de este país). Bien al contrario, desde su “retiro” físico en Pineda “de Marx” –o desde su residencia virtual en Parapanda- José Luis se dirige en una relación cuasi filial a los sindicalistas actuales, limitándose a hacer reflexiones personales. Sin imponer nada. Y, lo que es más importe: sin críticas de tipo alguno. Su consejo último da título al libro: no hay que temer a lo nuevo, sino adaptarse a ello desde los valores alternativos del sindicato. El espectro de Eleuterio Quintanilla ronda por ahí. Nada extraño, si se tienen en cuenta las conocidas influencias que sobre el autor del libro aquí glosado tuvieron en su momento los viejos militantes anarquistas.
Las reflexiones de José Luis sobre el futuro del sindicalismo–en buena parte, una especie de resumen de las que efectúa periódicamente en su blog Metiendo bulla– pivotan sobre varios ejes.  Así, después de revindicar –con lógico orgullo- el papel del sindicalismo en la conquista de la civilidad democrática moderna y caracterizar el nuevo paradigma, el autor fija su atención sobre una serie de hilos argumentales muy definidos.

En primer lugar, se parte de la evidencia de la nueva realidad del mundo del trabajo, donde el fordismo se está convirtiendo en herrumbre; aunque no así, el taylorismo que, según el autor, sigue muy vivo (en una afirmación reiterada que prometo discutir con él en el futuro, en tanto que creo debería ser matizada: el taylorismo está mutando). En ese marco se sitúa un cambio del modelo productivo en curso que va acompañado de otros fenómenos, como la globalización y la interdependencia de la economía, así como la eliminación de progresivos controles internos y externos, como ponen en evidencia las más recientes reformas laborales. Y en esa tesitura se constata que aunque el sindicato (y la izquierda) se ha opuesto al cambio de paradigma, ha sido incapaz de construir un discurso alternativo, más allá de la literatura congresual, sin plasmación efectiva en la negociación colectiva.
Tras dicha reflexión se formula la gran propuesta: el “pacto social por la innovación tecnológica”, lo que se plantea no tanto desde la perspectiva de la concertación social “cupular”, sino abierto a la sociedad. En consecuencia, un itinerario para el sindicato que le permita superar su mera posición de “receptor/moderador” de la organización del trabajo en la empresa, para pasar a construir una alternativa propia. Y ello a efectos de una posible codeterminación –que no, cogestión- en la empresa, con una relación permanente con los saberes, tanto en la esfera colectiva de la organización como en el ámbito individual de cada persona asalariada. Se trata, en definitiva, de “humanizar” el trabajo (por tanto, convertirlo en aquello que debe ser: la forma privilegiada de autoemancipación de los ciudadanos), en una idea con clara matriz “trentiniana”.

Esa propuesta se vincula con la propia estructura del sindicato y su forma de representación. Aquí el autor constata   que el modelo “interno” del sindicato sigue siendo básicamente el mismo del que se auto dotó en los inicios de la Transición, lo que genera problemas de conexión con una población asalariada que ha mutado a lo largo del tiempo, afectando sensiblemente a la representatividad. Y al hilo de esa reflexión se aboga, además de reiterarse la vieja idea “lopezbulliana” de reforzar el sindicato en detrimento de los organismos unitarios, por una nueva forma de participación de los afiliados (caracterizándose como el “sindicato de los trabajadores”, en lugar del “sindicato para los trabajadores”) en el día, a través de las nuevas tecnologías.  Y, en el último tranco expositivo: se contienen las imprescindibles reflexiones sobre el ejercicio del conflicto en el nuevo paradigma tecnológico –otra de las grandes preocupaciones añejas del autor-.



jueves, 22 de junio de 2017

¿Sabe usted cómo arrancar votos?

 “Aunque a estas alturas de la vida, uno no sabe muy bien cómo coño conseguir votos“. Una frase rotunda y de desparpajada sinceridad. La ha pronunciado Lambán, presidente del Gobierno de Aragón (1).  Por lo que se ve, no le acompañan a este caballero los dioses menores del socialismo. Ahora bien, tanto desparpajo y tanta sinceridad no oculta su trágica impotencia. Hasta donde yo recuerdo no le la había oído decir a nadie. En todo caso, esta frase bien podría competir con la que nos recuerda Paco Rodríguez de Lecea, que pone en boca de Madame de Sévigné: «Racine pasará, como ha pasado el café.» Véase en Profecías descafeinadas en su blog de culto Punto y Contrapunto.

 

La de Lambán es una frase maciza. Que con ese «coño» intercalado le da, sobre todo, una contundencia castiza, muy apropiada para acompañar a los caldos de Cariñena.  Pero que también sugiere reflexiones. En primer lugar, Lambán se auto inhabilita para representar más a la ciudadanía aragonesa. Y, a continuación, en clara concordancia con lo anterior, debe sacar sus propias conclusiones. O lo que es lo mismo, la auto exigencia que acompañe a su dificultad manifiesta. Si no lo hace así, no puede ser exigente con los demás.   

 

Tengo para mí que Lambán --y unos cuantos más--  se encuentra paralizado, quizás inerme, ante tanto cambio sin saber no sólo qué hacer, sino con una serie de miedos encadenados para saber intervenir ante lo nuevo. De ahí que se enclaustre en lo definitivamente viejo esperando que escampe. Bruno Trentin solía decir educadamente que la izquierda está distraída ante los cambios y transformaciones. En el caso de Lambán –y también de otros muchos--  ya no es distracción sino desgraciadamente impotencia.

 

En esas circunstancias quizá sea útil leer el diálogo entre Fausto y Wagner en las Puertas de la ciudad. Goethe puso en boca del primero: «Lo que se necesita no se sabe, / lo que se sabe, no se puede usar», en la primorosa traducción de José María Valverde (RBA Editores). Pues bien, Lambán debería llevarle la contraria usando lo que «se sabe». O, por lo menos, lo que saben los que necesitan mayor representación, más votos.

 

 



Post scriptum. Veo que ha salido la revista Pasos a la Izquierda. Está en este kiosko: http://pasosalaizquierda.com/ El presidente Lambán podría echarle algo más que un vistazo. 

miércoles, 21 de junio de 2017

Sindicalistas, no tengáis miedo de lo nuevo

Joaquim González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL


“No tengáis miedo de lo nuevo”, este es el título del libro, dirigido al mundo sindical, escrito por José Luis López Bulla y Javier Tebar Hurtado, que acaba de editar Plataforma Editorial, prologado por el siempre brillante profesor Antonio Baylos. Es un hecho excepcional, y también una buena noticia para el mundo del trabajo, que se publique un libro sobre sindicalismo, en un país donde no hay prácticamente literatura  que vaya más allá de la historia de las organizaciones o de relatos de algunos conflictos, luchas, o biografías heroicas de sus líderes históricos.

En España se escribe poco, por no decir prácticamente nada, sobre las experiencias de la acción sindical en las empresas. Debido a lo mucho que cotidianamente produce con su acción, negociación y acuerdos en los centros de trabajo, como sucede en la mayoría de los países de nuestro entorno, nuestro sindicalismo merecería más estudio y publicación que ayude a  profundizar en la realidad del mundo del trabajo que es, por suerte, mucho más rico y va más allá de las leyes y sentencias de los tribunales. 

Con este libro, directo y provocador como es su dialéctica, José Luis López Bulla hace una útil aportación al debate sindical, tan necesario en estos tiempos llenos desafíos, cambios y transformaciones profundas en el trabajo y  las empresas. Un libro dirigido a las decenas de miles de personas comprometidas con representar el mundo del trabajo, y con la lucha diaria por su humanización.  En palabras del autor, el sindicalismo precisa una “profunda autoreforma” tanto en sus formas de organización y representación, como en sus formas de comunicar y movilizar. Sobre todo, una profunda actualización en sus propuestas y reivindicaciones para que respondan de verdad a la nueva realidad que se vive en la empresa global, flexible, digital, y al nuevo mercado de trabajo tan distinto al de hace escasos años.

Sobre todo, José Luis López Bulla, insiste en lo que ha sido una constante diaria  en su discurso desde su Blog Metiendo Bulla: “ el problema ….. no es el envejecimiento en las formas de representación del sindicato, especialmente en el centro de trabajo. La cuestión está en la afasia, de un  lado, entre los cambios en el centro de trabajo y el mantenimiento de las mismas formas de representación anteriores a tales mutaciones…… mientras las formas organizativas del sindicato - especialmente la representación - mantienen el carácter típico de los tiempos del fordismo en el Estado nacional”.

Advierte de  que más allá de los papeles aprobados en los congresos,  el sindicalismo confederal debe comprender que la victoria en el conflicto social depende tanto de la justicia de sus reivindicaciones, como de la capacidad de  afiliar y organizar a los trabajadores y trabajadoras que aspira a representar en los centros de trabajo, una condición que no es sustituible con la acción sociopolítica, también necesaria, en las calles y plazas.

Y por otra, este veterano, culto e impertinente sindicalista reitera lo que ha sido en su larga y rica historia de militancia sindical y política, su constante obsesión, la exigencia a todas las personas con responsabilidades sindicales, a todos los niveles, para que se formen y estudien permanentemente. Y que esta necesidad la entiendan como una obligación inexcusable, propia del ejercicio de su responsabilidad, que debería enterrar la vagancia intelectual aún presente en algunos rincones del sindicalismo. Es un buen libro, ameno y útil para la defensa de la utilidad del sindicalismo desde una reflexión sobre sus importantes desafíos.

La segunda parte, escrita por el profesor de historia contemporánea, Javier Tebar con el título “Volver al trabajo, volver al sindicato”  contiene poderosas preguntas como ¿Adiós a la clase obrera? ¿Qué final del trabajo? o ¿Condenados a vivir en el mundo que vivimos?  Son preguntas que nos ayudan a poder afirmar: Compañeros y compañeras, no tengamos miedo de lo nuevo. De nosotros depende.



martes, 20 de junio de 2017

Raimon, el PSUC y el Partido Comunista Italiano




Los responsables de la revista Pasos a la izquierda me pidieron un artículo sobre Raimon, el cantautor de Xàtiva, para el próximo número que está a punto de aparecer. Ya está mandado. En dicho trabajo me proponía introducir un testimonio personal, pero finalmente desistí porque no sabía cómo relacionarlo con el resto del artículo. Ahora, con la libertad que dan estos ejercicios de redacción, lo hago en este medio.


Corría el verano de 1975. Recibo un mandato de Gregorio López Raimundo: «A las 10 de la noche, te espero en Los 15». Rigurosa puntualidad y expectación por mi parte. Sigo a Gregorio a prudente distancia. Y veo que entra en un edificio. Me digo que es la casa de Raimon. Abre la puerta Annalisa. Entro en el comedor. Están Raimon, Gregorio, Miguel Núñez, una dama bellísima y un caballero elegante. La cara de la señora me suena de algo. Se hacen las presentaciones. Son Nilde Iotti y Renato Zangheri. O sea, la viuda de Palmiro Togliatti y el legendario alcalde comunista de Bolonia. Dos personalidades muy relevantes de la vida política italiana. Habían venido a Barcelona a recabar información «sobre la situación». No sólo del PSUC, sino también del conjunto de las fuerzas antifranquistas.  Y de eso platicamos durante la cena y la sobremesa.


Así era de generosa la familia Raimon – Annalisa (en la foto). Tal vez sorprenda a algún lector de hoy el uso de ese término, «generosa», en esta ocasión. Sépase que prestar la casa para una reunión anifranquista –y, más todavía, comunista--  implicaba duras condenas del tétrico Tribunal de Orden Público y años de cárcel. A nuestros amigos no le importó lo más mínimo. 


Los sesentones del PSOE



La edad media de los afiliados al PSOE es de sesenta años. Lo dice Enric Juliana en su artículo en La Vanguardia del lunes. Habrá que convenir que es una media un tanto elevada y, por lo pronto, un tantico preocupante. De no corregirse, el PSOE puede encontrarse con un problema no irrelevante, porque ese gremio inquietante de los demógrafos insiste en que cada año que pasa echamos en nuestras espaldas un bártulo de doce meses más. Primera consideración: el abrumador resultado de las primarias, que ha repuesto a Pedro Sánchez en la secretaría general, no ha sido la alocada decisión de una militancia inexperta. Segunda consideración: con todo, el PSOE debe prestar atención a la estructura de edad de sus militantes con la idea de invertir la tendencia.

No es posible, mi entender, un proyecto sin enmarcarlo en lo inmediato y en el futuro más o menos cercano. En ese trayecto la preocupación por el rejuvenecimiento de la organización parece decisiva, fundamental. Porque un partido de sesentones tiene muchos inconvenientes. Ya lo hemos dicho más arriba: los que se desprenden de las leyes que enseñan los demógrafos.


La pregunta es: ¿están al tanto de esas leyes el conjunto del asociacionismo español y europeo?


lunes, 19 de junio de 2017

Según Manuel Zaguirre



NO TENGÁIS MIEDO DE LO NUEVO, 
Trabajo y Sindicato en el capitalismo globalizado


Por Manuel Zaguirre*

Con ese título era obligado ir a la presentación que se celebró hace unos días en Barcelona. Había más alicientes, no obstante:

1)   Es coautor del libro José Luis López Bulla, al que trato amigablemente de “maestro”, que dirigió las potentes CCOO de Catalunya entre 1976 y 1995, uno de los eruditos del sindicalismo español equiparable a compañeros de tanto nivel como Sartorius o Zufiaur.

2) Todo lo que sea pensar, hablar, escribir, leer, escuchar, sobre el futuro del Trabajo y del Sindicalismo, con deliberada mayúscula, es hacerlo por y para garantizar un horizonte que merezca la alegría para la Humanidad. Bienvenida cualquier propuesta, especulación o provocación en esa dirección, pues generalmente hay un enorme déficit de ello en el Movimiento Sindical. Sin duda por eso, la OIT (Organización Internacional del Trabajo de la ONU), camino de su Centenario, ha abierto un debate de alcance universal sobre el futuro del Trabajo, impulsado por dos buenos amigos y excelentes sindicalistas: el británico Guy Ryder, director general, y el belga Luc Cortebeeck, presidente del consejo de administración.

2)   Volver a la sede de los antiguos sindicatos verticales del franquismo (hoy y desde hace mucho legítimamente ocupada por CCOO de Catalunya), exactamente cincuenta años después de que lo hiciera por primera vez como flamante miembro de un jurado de empresa legal, para asistir a la presentación de un libro sobre el futuro del trabajo y del sindicalismo … me parecía un aliciente añadido.

3)   El libro, muy legible por planteamiento, amenidad y extensión, sostiene que el sindicalismo “confederal y de clase” (“de clase y solidario” en la terminología de la USO), debe promover su propia autoreforma permanente, debe repensarse a sí mismo con una vocación histórica más de reconstrucción que de restauración. El debate y las políticas sindicales deben ir a las raíces y no limitarse a una mera mano de pintura a la fachada… López Bulla, como lo hacía yo, bebe y se baña sin pudor en las fuentes del sindicalismo italiano, de la CGIL más exactamente, uno de los más creativos y prospectivos, sino el que más, de Europa y del ancho mundo sindical. Un botón de muestra: hace ya más de treinta años yo participé en un congreso confederal de la CISL, la otra gran central italiana, bajo el lema “Capire il nuovo, guidare il cambiamento” …

Quisiera resaltar dos ideas-propuesta que me parecen de largo alcance: 1) El Pacto Social por la Innovación Tecnológica que, como bien insiste López Bulla, poco tiene que ver con la “concertación social” que hemos conocido, 2) En su larguísimo prólogo, Antonio Baylos, un emblema del Derecho del Trabajo en nuestro país, apuesta sin reservas por la Unidad del Sindicalismo Confederal, pues no será posible repensarlo y reconstruirlo en una refriega permanente de todos contra todos. Reproduzco literalmente lo esencial de la propuesta de López Bulla-Baylos: “La apuesta razonada del autor es la de superar la unidad de acción y avanzar hacia la unidad orgánica como “razón pragmática” del movimiento sindical… su propuesta no se detiene en la unidad entre UGT y CCOO, sino que se amplía a USO como sujeto concernido, al formar parte estas tres organizaciones confederales de las estructuras sindicales del sindicalismo europeo y mundial …”

López Bulla, por último, me dedicó el libro con una frase un tanto críptica cuyo significado dejo a criterio del avispado lector: “Al maestro Manolo Zaguirre, que tiene la piel de sindicalismo confederal”.

Léanlo, no importa bajo qué siglas deambulen o que lo hagan por libre …

*ExSecretario General de la USO. Militante PSC.
(Junio 2017)