miércoles, 1 de marzo de 2017

Investigar el 3 por ciento no es un ataque contra Cataluña

Alfred Bosch no es un cualquiera en Esquerra Republicana de Catalunya. Fue presidente del grupo parlamentario de su partido en Madrid, ahora es el portavoz en el Ayuntamiento de Barcelona. Hombre templado que está muy lejos de tener los modales y aspavientos del político-jabalí. Simplemente no va con él. Ahora, en pleno fragor de las solidaridades –fingidas o no--  con los encausados por los escándalos del «3 por ciento» se ha desmarcado con claridad de quienes afirman que tales casos de corrupción son un cuento chino o, por mejor decir, una invención del Estado contra el pueblo de Cataluña (1). Esta es la tesis grotesca de Artur Mas y sus masoveros. Que viene de tiempos lejanísimos y está emparentada con el «enemigo exterior». Y que, también, hunde sus raíces en los regímenes autoritarios de toda laya. Atacar o actuar contra el Jefe y su partido es hacerlo contra toda la comunidad. Es como si el Jefe tuviera una inmunidad personal al margen de la ley, de los usos y de las costumbres. El Jefe no está sometido a ningún imperativo categórico.

Alfred Bosch no ha querido participar en esa enorme patraña. Y lo hace desde su inequívoca militancia en la causa del independentismo. Con lo que su opinión tiene, así las cosas, más importancia que la de quienes no somos independentistas. Porque Bosch le está diciendo a Artur Mas: oiga, apechugue usted con lo que ha hecho.

Ahora bien, comoquiera que estamos hablando de política vale la pena recordar que, en las palabras de Bosch, también hay política. Porque se inscriben en el contexto de una pugna sorda entre el partido de Mas y Esquerra republicana por el control y la dirección del proceso independentista. Entre los alocados ex convergentes y los en apariencia más templados. En apariencia, digo. Un proceso que ahora entra en una fase de crispación exponencial con la propuesta de la desconexión exprés que la mayoría parlamentaria catalana quiere llevar a cabo. Justamente como loca reacción contra la ciénaga financiera de la vieja Convergència. Que ahora acumulará más estiércol con la oferta de uno de los socios de Millet: pactar con la fiscalía una reducción de penas a cambio de desvelar los intríngulis del caso Palau. Donde Convergència robaba a Cataluña.