lunes, 6 de febrero de 2017

El choque de trenes está más cerca hoy



Dos trenes han partido de sus respectivas estaciones en dirección opuesta y en la misma vía. Los maquinistas no sólo no ponen el freno sino que, al grito de «más madera» pisan el acelerador. De momento no sabemos la distancia entre ambos trenos, pero ahora mismo la velocidad de las locomotoras ha aumentado. Lo peor del caso es que no hay guardagujas en las vías. Un maquinista habla de legitimidad; el otro habla de legalidad. Ninguno de los dos habla de política. La altanería y cabezonería compartidas nos han llevado a esta situación, que puede convertirse en choque. Los pasajeros serán principalmente las víctimas. Ese es el resultado de una legitimidad abstracta y retórica frente a la legalidad que se desprende del viejo «fiat iustitia et pereat mundus», es decir: hágase justicia y explote el mundo.

Ahora bien, todavía los trenes no han chocado. Y si reparamos un poco en la historia sabemos que, en momentos más convulsos, la política ha encontrado soluciones y se ha evitado el encontronazo. Séame permitido el ejemplo: Kennedy y Kruschef encontraron una solución a la crisis de los misiles. ¿Exagerado? Tal vez, pero real.

Porque, de no encontrarse una solución (al menos parcial) la cosa no pinta bien. Y si lo que se quiere realmente es que el Sol salga por Antequera, dígase que la política es la técnica de la catástrofe. Téngase en cuenta que, en esta ocasión, el choque no afectará sólo al tren más débil. Los dos serían pasto de la chatarrería. Hay que recordárselo a los dos, porque tal vez no lo sepan.