jueves, 2 de febrero de 2017

Carolina Bescansa dimite



Carolina Bescansa ha dimitido de la dirección de Podemos; ha anunciado, además, que no formará parte de las listas que se presentarán en Vistalegre 2. Entiendo que tan importante decisión en puertas de la asamblea congresual es un rotundo desmentido de que en la organización hay algo más que un debate áspero. Es una manifestación del hartazgo que tiene Bescansa de los acontecimientos que se vienen sucediendo en Podemos de unos meses a esta parte. De los que se conocen y de aquellos que están en los trasteros y reboticas. Las de Iglesias y Errejón, como mínimo. Dicho gesto también constata su impotencia para mediar en la solución  del embrollo.  En resumidas cuentas, Bescansa desautoriza como mínimo a los dos máximos dirigentes. Y se va de la dirección. Así las cosas, es de cajón que las cosas están peor de lo que nos imaginábamos desde fuera. Al menos eso es lo que se desprende de la carta de dimisión de Bescansa.

Lo más sorprendente de esta situación es que Podemos ha reeditado los usos y costumbres de la política tradicional: el trampantojo de un debate en el que lo principal está centrado en las descalificaciones más iracundas y grotescas de los unos a los otros. Los adjetivos de traidores, vendidos, agentes de la burguesía, infiltrados del PSOE es la oscura moneda que se arrojan mutuamente. No hay discusión sino lucha de fracciones palaciegas en la Torre del Homenaje mientras los siervos parecen acogerse a la técnica westfaliana del «cuius Regio eius religio» (el Principe impone su religión a sus seguidores). Nada que envidiar a la zahúrda que se me traen entre manos las diversas cofradías socialistas. O lo que es lo mismo: la altanería de presumir de nueva política se ha convertido en hojalata.

Es posible que todo ese embrollo sea el resultado de la gestación de un partido fundado con criterios academicistas y no políticos. No sabiendo diferenciar la naturaleza de un movimiento (15 M) de una organización política, por muy nueva que pretenda ser. O por lo menos el resultado de una candidez, basada en que lo que surgía no podía estar contaminado por el exterior.


El aldabonazo de Bescansa debería servir de honda reflexión. Todo estará perdido si se mantiene la práctica palaciega. Pero Vistalegre 2 no augura nada bueno. O caja o faja, parece ser lo que se ventila en la convención. Y más en concreto: o Anás o Caifás. En resumidas cuentas, el más burdo y estéril maniqueísmo. Así es que o hay pacto de última hora o la palangana con el agua sucia y los dos niños se van a freír espárragos. Sean precavidos, pues. Sigan el consejo de la vieja Iglesia medieval, por boca de Adalberto de Bremen, a sus curas: «Nisi caste saltem caute». Mi viejo amigo Juan de Dios Calero lo tradujo así: «Si no sois castos, al menos sed cautos».