sábado, 30 de mayo de 2015

Dejémonos de pollas: un requerimiento a las candidaturas del cambio

1.-- Dejémonos de pollas en o sin vinagre. Dejémonos de postureos sospechosamente ridículos. Dejémonos, peor todavía, de fantasmadas. Es la hora de ir concretando.

Comprendo que los partidos y coaliciones que han ganado las recientes elecciones se tomen su tiempo, y con el necesario rigor negocien y, en su caso, acuerden programas y equipos de gobierno. Ciertamente, no conviene precipitarse. Sin embargo, no echen en saco roto esta advertencia: no se confundan de momento, pues ya han pasado las elecciones. Se me dirá que sigue pendiente otro proceso electoral, el de las generales. Ahora bien, el mandato ciudadano reciente se ha dado para las municipales y las autonómicas, no para las generales, de manera que resérvense para éstas el almacén de postureos y filigranas.

Por otra parte, se sabe de sobras que siguen pendientes los viejos y nuevos problemas, las viejas y nuevas patologías sociales, que deben abordarse de inmediato. De inmediato quiere decir ahora mismo, sin esperar a las elecciones generales. Rotundamente, compórtense según el mandato electoral que han recibido el domingo, no como el que esperen obtener en los futuros comicios. Ahora, tanto tienes tanto vales; después, ya veremos.

Los elegidos en las candidaturas de cambio tienen esta urgencia: limpiar la pocilga, abordar los problemas sociales y gestionar limpiamente la herencia empozoñada. Ninguno de ellos admite espera. Así, pues, no se tomen con cachaza el tiempo de que disponen. Cada día que pasa enturbia más el asunto: la ultraderecha, las derechas de secano y las derechas asilvestradas, cada una con su diverso carné de identidad siguen emitiendo mensajes preelectorales como si la contienda todavía estuviera pendiente de celebrarse. O, en otros casos, graznando contra lo que, según ellos, pasará ineluctablemente: «monjas violadas y quema de conventos», por no hablar de ese fantasmagórico accesis de locura de la vinculación entre Ada Colau con el Estado Islámico y el Al Alándalus de los Omeyas. Que es una violenta negativa a aceptar las consecuencias democráticas del hecho democrático de votar.

2.-- Ahora es el momento de engrosar el vínculo con la sociedad civil. El vínculo entre los programas diversos con el acuerdo entre las diversas organizaciones que han concurrido en los comicios; el vínculo de todo ello con la ciudadanía para que ésta participe, activa e inteligentemente, en el trayecto de ese programa refundido entre los que aspiran a gobernar. Todo retraso gratuito repercutirá en el costo de oportunidad. 

Inviertan, pues, en itinerarios de unidad de acción, en caminos compartidos de utilidad social, en la defensa de lo que necesaria y con urgencia deben consensuar. Y sepan que frente a todo ello se ha puesto en marcha una potente interferencia: la que ha propuesto descaradamente Joan Rosell el  presidente de los empresarios organizados en la CEOE. Este caballero ha dicho al día siguiente de las elecciones: «los elegidos deben olvidarse de las propuestas que han hecho» (1). Lo que, digámoslo sin perifollos, es también una forma de deconstruir los resultados de las elecciones celebradas. Y de creer que el hecho de votar es un ejercicio meramente estético que sirve como distracción del populacho. Sí, estamos hablando del mismo personaje que, tras veinticuatro horas de la firma del acuerdo sobre salarios y otras materias, inició una confusa relectura de aquel pacto en una parecida intención: los firmantes deben olvidarse de lo que acordamos ayer.

Así pues, aceleren la marcha, déjense de frases que han repetido hasta la saciedad, hablen a calzón quitado y lleguen a acuerdos.   




jueves, 28 de mayo de 2015

Alberto Garzón lo ha dicho al revés


Advertencia: disculpen esta involuntaria exhibición de de mayúsculas. Es cosa de este ordenador que es un cabezota y se resiste a corregirse. 


"Las elecciones nos mandan un mensaje: hay que reconstruir IU", ha declarado Alberto Garzón tras el resultado de las recientes elecciones (1).  A mi juicio se trata de una inversión –o una confusión--  de planos. Antes de entrar en harina quiero decir que deseo lo mejor para Izquierda Unida, algo que sólo depende de ella. 

Entiendo que el electorado no ha enviado mensaje alguno a IU para que se reconstruya, aunque comprendo que lo que acabo de decir hiera la sensibilidad de sus militantes y simpatizantes, de sus dirigentes periféricos y centrales. Pero a las amistades, aunque sean lejanas, hay que decirles las cosas con claridad y, por supuesto, cortesía. El electorado ha enviado un mensaje entrelazado: que se limpie la pocilga de la corrupción; una enérgica protesta por las medidas económicas y políticas que ha liderado el Partido Popular y llevadas a cabo por su Gobierno; la regeneración de la vida política y de las instituciones. Cierto, habrá que convenir que en todo ello se ha basado la biografía, pasada y reciente, de Izquierda Unida. Y que su compromiso en ello ha sido tesonero. Pero, dicho lo cual, hay que añadir que el electorado no ha valorado, por unas u otras razones, esa biografía y ese tesón.

Es, por tanto, al revés de lo que dice Alberto Garzón. Es Izquierda Unida quien debe mandar  «el mensaje» a los electores. No se trata de un travieso juego de conceptos, sino saber quién manda los mensajes y qué naturaleza tienen éstos. En caso contrario no habría ni siquiera una áspera travesía del desierto, pues otro batacazo la llevaría a la definitiva desaparición política, y otros ocuparían –de hecho ya está pasando--  su particular espacio. El problema, además, es que no parece que IU esté en condiciones  de lanzar el «mensaje»: lo impiden las graves acusaciones entre sus dirigentes acerca de quiénes son los responsables, de un lado, y el tosco academicismo del debate interno –o movimientismo o partido convencional--, de otro lado, se han convertido en las metáforas desafinadas de su, todavía, impotencia. Una impotencia que la puede llevar a formar parte de la gloriosa cofradía de los últimos mohicanos.

Izquierda Unida se encuentra, a mi entender ante esta tesitura: o se realquila en unas u otras agrupaciones para los procesos electorales o mantiene su actual personalidad. Si se realquila corre el riesgo de difuminarse gradualmente de la misma manera que el PCE, realquilado en IU, está ausente en el debate público; si, por el contrario, opta por mantenerse como sujeto político autónomo necesita algo más que una mano de pintura.    

 


(1)                                             http://www.eldiario.es/politica/Alberto-Garzon-elecciones-reconstruir-IU_0_391961830.html

miércoles, 27 de mayo de 2015

La unidad de acción de las izquierdas políticas




Nota editorial.— Se nos ha muerto Manuel Ramón Alarcón. Sus colegas, los juristas Antonio Baylos y Edfuardo Rojo, han dejado escrito dos cariñosos recuerdos. Lo suscribimos. Léase atentamente en los dos blogs: http://baylos.blogspot.com.es/2015/05/manuel-ramon-alarcon.html y http://www.eduardorojotorrecilla.es/2015/05/el-betis-en-el-cielo-manuel-ramon.html. Al jurista y al amigo le dedicamos esta modesta entrada. Va por ti, Manuel Ramón, que como dijo el poeta de Fuente Vaqueros, fuiste también «un andaluz tan claro, tan lleno de inteligencia».  



Si un amplio sector de las izquierdas entiende la necesidad de entenderse –digámoslo con claridad, de pactar--  como una necesidad política, y no como una patología, podría abrirse un nuevo itinerario (no sé si un ciclo) nuevo en nuestro país. Ello implicaría aceptar que los intereses de cada fuerza política deberían estar orientados a la gradual solución de los problemas, viejos y nuevos, de la ciudadanía. Si, no obstante, las izquierdas se orientaran a desvincular sus intereses de lo que conviene a la gente, volverá a reproducirse la geometría de las líneas paralelas. Las izquierdas deben pactar con un primer objetivo: limpiar la pocilga en los cerca de quinientos ayuntamientos  y en las autonomías que ha perdido el Partido Popular. Para ello está el zotal y otros productos a convenir, también de manera pactada. La valenciana Mónica Oltra, otra gran protagonista del reciente proceso electoral, ha dado en la tecla: las líneas rojas no están en las personas sino en el qué. Y en ese «qué» hacer está la madre del cordero; a partir de ello está el «quién». O lo que es lo mismo: qué proyecto factible se pacta y quiénes lo llevan a la práctica en un trayecto razonable.

Entiendo que limpiar la pocilga y poner en marcha un proyecto con su debido trayecto no deberían ser vistos como algo de corto recorrido y vía estrecha. Porque los problemas –los pendientes y los que van apareciendo-- que deben irse solucionando son de una enorme envergadura; porque ninguna fuerza, por separado, puede abordarlos;  porque esas soluciones no pueden ser un zurcido de retales inconexos; porque las resistencias siguen siendo muy poderosas.

No entiendo que ese proyecto sea el resultado de un sincretismo para salir del paso, sino un instrumento para –por decirlo con Gramsci--  generar hegemonía in progress. También como justa correspondencia a un amplio sector de la ciudadanía que, como hemos dicho en otro lugar, le ha cogido gustillo al cambio. Para abordar algo de tanta relevancia como que «la democracia, que fue antaño fuerza de cambio, se ha convertido últimamente en fuerza de conservación e, incluso, de retroceso como signo evidente de su decadencia y vaciamiento», según afirma responsablemente mi amigo Riccardo Terzi (1).   

En resumidas cuentas, un proyecto que reconstruya a lo largo de ese trayecto un gran trabajo de mediación, capaz de rehacer los canales de comunicación entre el espacio social y la esfera institucional. Lo que obviamente tampoco puede hacerlo nadie por separado y menos todavía yendo a una greña que desmotiva y aleja a la ciudadanía. Por supuesto, no estamos refiriéndonos a una Arcadia feliz de la izquierda, porque todo ello generará conflictos entre las fuerzas de izquierda, entre ellas y la ciudadanía y en el interior de la misma sociedad civil. Pero tales problemas, incluso lo más ásperos, no deben ser el punto de llegada, sino el de partida. Es más, tales litigios deben ser observados como acicate estimulante, nunca como una patología definitiva.

Seamos claros: la unidad no es un fetiche, sino un instrumento. O, con más realismo: es una hipótesis de avance de las izquierdas frente a la certeza de que la dispersión confrontada siempre ha perjudicado a la sociedad y, muy en especial, al mundo del trabajo heterodirigido. ¿Es necesario poner ejemplos para ablandar la mollera de las enemistades de la unidad? De la unidad de acción de las izquierdas, porque hablamos de ello y no de la unidad orgánica de ellas.

Estamos hablando de una unidad no idílica sino probablemente conflictiva, ya se ha dicho. Pero esos conflictos no pueden partir de la exigencia de A para que B sea como A plantea, sino de qué manera, siendo cada cual como es, convengan qué proyecto con su trayecto pueda hacer avanzar a la  sociedad y a todas las fuerzas de izquierda. Lo que no excluye, naturalmente --¡faltaría más!--  que cada formación luche por su espacio y tesoneramente lo defienda y amplíe.  

En resumidas cuentas, existe una oportunidad de proponerse en los hechos concretos una regeneración institucional a través de esa unidad en la diversidad de las izquierdas en la vida local y autonómica. Y una irrupción vital de las energías vitales de la sociedad que, repetimos, le ha tomado gusto al cambio, no entendido como una mano de pintura, sino como una garlopa reformadora de las grandes patologías sociales e institucionales. Las izquierdas, mediante una emulación de cada cual frente a las otras, no puede desperdiciar esta oportunidad: los vuelos gallináceos no sólo no solucionarán anda sino que provocarán un enorme desperdicio. Una ocasión que fatalmente se ha perdido nuestro querido Manuel Ramón Alarcón. 


(1)  Intervención en el seminario del 30 de Enero de  2015 en Lecco promovido por la la Fondazione Pio Galli.



martes, 26 de mayo de 2015

Elecciones municipales y soberanismo en barbecho

Mi gozo en un pozo –o algo parecido--  es lo que parece que podría haber dicho cualquier alto exponente del soberanismo catalán tras conocer los resultados de las elecciones del domingo pasado.  El mismísimo alcalde de Barcelona (ahora en funciones), Xavier Trias, un sobrevenido soberanista, le dijo al presidente de la Generalitat en la noche electoral, tras conocer los resultados, «Lo siento por ti». Toda una frase que convendría que el maestro Umberto Eco nos ayudara a clarificar. En todo caso, debo reconocer la elegante intervención de Trías en la noche electoral, algo poco corriente en estos pagos.

Convergencia i Unió ha perdido las elecciones en la ciudad de Barcelona frente al hada Ada Colau. Y Esquerra Republicana de Catalunya no ha visto cumplirse las exageradas expectativas que se había autofabricado. Para los efectos que queremos situar, el resto de los datos es motivo de otra reflexión aparte.

Ese compungido «lo siento por ti» es revelador del disparate de vincular las elecciones municipales con el proceso soberanista de Cataluña. En poner todo el énfasis en un proyecto superestructural frente a los enormes problemas, nuevos y viejos, que tiene una ciudad como Barcelona. En resumidas cuentas, el gozo y el pozo son la expresión no sólo del error sino de la obsesión soberanista que había que introducirla con un calzador hasta en la sopa de las municipales; ha sido la expresión de la confusión entre propaganda subvencionada y política real.

Conclusión: las municipales no han sido la reválida de los soberanistas y, por lo tanto, no son el primer acto de ese extraño constructo de las llamadas «elecciones plebiscitarias», un concepto que chirría a todo meter en cualquier proceso electoral democrático.

Es posible que el puente de mando convergente intuyera algo parecido a estos resultados. El mismo Artur Mas dejó dicho en el mitin de clausura de la campaña una cosa tan significativa como esto: «Si Barcelona nos da la espalda no tiraremos adelante. No podemos perderla». Pues así ha sido, caballero: han perdido la joya de la corona. De ahí que un conspicuo publicista del soberanismo haya advertido, ayer en La Vanguardia, que el resultado de Barcelona significa una «complicación y una advertencia». Una complicación para el proyecto y una advertencia si el mundo soberanista no sabe interpretar los datos. Vale la pena afirmar que el mentado periodista deja sin aclarar de qué manera debe interpretarse dicho resultado.

Dicho lo cual, estimo que –aunque tocado--  el soberanismo catalán ahora, aproximadamente en barbecho, seguirá adelante. En política, la rectificación es un bien escaso y tiene poco predicamento. Pues lo que se traza en el cuaderno de derrota, de tanto sobarlo, acaba siendo una virtud teologal.

Permítanme salirme del guión: lo que sí parece obligado es llamar la atención a los socialistas catalanes, porque también estos resultados barceloneses les son una «complicación y una advertencia». No estamos diciendo –no somos nadie para ello--  que se transformen en algo parecido a la formación de Colau. Simplemente algo tan elemental como: observen la relación entre el equipo de esta señora y la ciudadanía, la manera con que se organizado a ras de tierra, el modo de ser. Tengan en cuenta, además, que una gran parte de la ciudadanía le está tomando gustillo al cambio. Por lo demás, no tengan empacho en garantizarle –sin dilaciones como las que ustedes sufren en Andalucía para formar gobierno--  la llave de la ciudad.  



jueves, 21 de mayo de 2015

La cuestión tecnológica, imbéciles


Sorprende el contumaz abandono a que está sometida en España la cuestión tecnológica.  Ni rastro de ella en los programas y discursos –en la plaza pública, en la prensa o en las tertulias televisivas— de las diversas candidaturas de este magmático proceso electoral en curso. Ni las derechas, ni las izquierdas, ni los centristas de chanel número 5 han planteado nada al respecto. ¿Siguen, pues, la sonada majadería del famoso rector de Salamanca: «que inventen ellos»?

Ninguna comunidad autónoma, excepto Euskadi, lo tiene en su agenda. Ninguna de ellas alcanza el aprobado en realizaciones concretas. El afamado rector puede estar medianamente satisfecho: algo ha conseguido. Conclusión provisional: estamos por debajo de países como Eslovenia, Eslovaquia, Estonia, Hungría y la República Checa.

España alcanzó, en 2008, una media del 1,35 % del producto interior bruto en I + D. Ahora hemos descendido al 1,24 % y nos alejamos del 2 % de la media de la Unión Europea. Somos el país donde el gasto público ha bajado más. Esta reducción se explica porque aquí se ha operado el recorte más drástico de la inversión pública en tecnología y desarrollo, alrededor de un 50 %. Y también porque la inversión privada está en la mitad de la europea. Unos y otros ponen el acento en los infrasalarios y en la precariedad. Conclusión: si en tiempos de Larra era llorar, investigar aquí es no parar de llorar. Séanme permitidos dos datos: un 14 por ciento de las personas sin techo son universitarios y el porcentaje de ciudadanos con estudios superiores en los albergues supera el 27 por ciento. Así lo afirman investigaciones de Pedro José Cabrera y Rosario Sánchez Morales. Por no hablar del éxodo de jóvenes investigadores al extranjero. 

¿Cuándo los gobiernos –central y autonómicos, excepto el vaso— se han preocupado y ocupado de de la cuestión tecnológica?  ¿Cuándo la oposición ha dicho esta boca es mía? ¿Cuándo los llamados agentes sociales han situado en lo concreto –en las cosas concretas, no retóricamente— tan relevante problema? Dispensen el exabruto: estamos como estamos por la inacción, la miopía y la idiocia de todos ellos.

Así las cosas, reitero mi propuesta: necesitamos un pacto por la innovación tecnológica. Y situar en el centro de la actividad política la innovación y el desarrollo. De ello he hablado en muchas ocasiones y no es cuestión de marear a nadie con su contenido pormenorizado. Sin ir más lejos puede verse en La parábola del sindicato (1).

Resumiendo: o nos ponemos al día o nos convertimos, con relación a Europa, en una chatarrería de Pepe Gotera y Otilio, chapuzas a domicilio.  



(1)                                             http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html

martes, 19 de mayo de 2015

Sindicato: cada año que pasa es un año más viejo

1.-- Los demógrafos de las diversas corrientes académicas comparten una inquietante coincidencia: cada año que pasa somos un año más viejos; o, si se prefiere de una manera edulcorada, somos un año menos jóvenes.  Ahora bien, instalarse en esa evidencia empírica no conlleva sacar las oportunas conclusiones útiles para cualquier observador.

Enric Juliana, uno de los comentaristas políticos más perspicaces y temperados, en su crónica de hoy (La Vanguardia), pone de relieve una serie de datos de los comportamientos de los grupos de edad (juventud, madurez y senectud) en su orientación de voto para las próximas elecciones. Quien tenga interés en ello no tiene más que buscar la fuente.

2.--  No hace falta decir que el sindicalismo confederal tiene en su documentación anagráfica la estructura de los grupos etarios de sus dirigentes, representantes y afiliados. Pues bien, si partimos de que también a los sindicalistas les afecta esa inquietante ley de los demógrafos, convengamos fastidiosamente que cada año que pasa somos más veteranos. Hay una sonada excepción, la de mi amigo Luis Romero Huertes (en la foto) que desafía cualquier convencionalismo de los demógrafos. Cada vez que lo veo me parece que está hecho un chavalote. Luis Romero o la excepción de la regla.

¿Qué reflexiones provoca esta ley en la estructura de la edad en el sindicalismo confederal ya sea en sus diversos grupos dirigentes, en los representantes de centro de trabajo y en los afiliados? ¿Qué interpelación envía a la tan sobada (como necesaria y todavía no insinuada en sus formas concretas) refundación del sindicato? ¿Nos hemos instalado en la «eterna juventud» del que ya nos habló el viejo Heródoto? ¿O es que, tal vez, esa cofradía pendenciera de los sociólogos –hecha la salvedad de don Ramón Alós, el Enviado de Auguste Compte en la Tierra--  se ha sacado de la manga la ley del paso del tiempo? Por si las moscas, sugiero que se esté al tanto.   

lunes, 18 de mayo de 2015

Aceptaré la sanción que me imponga el sindicato

Esta mañana me he quedado de piedra. Me para un señor con pinta de sesentón por la calle. Me dice que tiene un problema con la Seguridad Social y me pide que le eche una mano. En un momento de la conversación me aclara que va a votar al Partido Popular en las elecciones municipales. A pesar de ello, me dice, que confía en un servidor  para que se arregle su contencioso. A continuación pongo mi cara más amable y, educadamente, le digo: «Verá, usted me ha tomado por san Francisco de Asís.  Me pide que le ayude y, a continuación, me informa que votará al Partido Popular. Hable con el maestro Armero o con Mariano Rajoy. Conmigo no cuente ni siquiera para mover el dedo meñique de mi mano izquierda». El sesentón se ofende e intenta teorizar que el sindicato está para ayudar a todos, voten lo que voten. Le respondo: hable usted con el sindicato y dé parte de mi falta de consideración. Y le di la espalda sin despedirme del sujeto de marras.


Lo curioso del caso es que no tengo mala conciencia por haber incumplido uno de los preceptos más serios del sindicato: echar una mano a quien tenga problemas. ¿Estaré relativizando algunas cosas? Puede ser, pero ya empiezo a estar jartico de algunos catamañanas. En todo caso, aceptaré la sanción que estatutariamente me imponga el sindicato.  

domingo, 17 de mayo de 2015

La huelga de los futbolistas


Que un servidor considere disparatado el auto de la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional –la suspensión “cautelar” de la huelga convocada por los futbolistas--  podría ser calificado como cosa de un conocido indocumentado. Que dos juristas de la talla de Antonio Baylos y Jaime Cabeza hayan mostrado su desagrado tiene ya otro cariz (1).  Así es que no es solamente un disparate sino algo inquietante. ¿O acaso no lo es que un derecho fundamental como la huelga, y más concretamente de esta huelga, sea objeto de dicha suspensión cautelar?  

La Sala Segunda de lo Social de la Audiencia Nacional ha sentado un grave precedente para otras huelgas de otros sectores. Pues no hace falta ser excesivamente lerdo para entender que los empresarios usarán y abusarán de este auto en exigencia de que cualquier huelga sea suspendida cautelarmente. Con lo que se estaría mareando de manera sostenida la perdiz del conflicto. Más todavía, un derecho fundamental como éste iría empequeñeciéndose hasta resultar inane. Y todo por arte y gracia de un auto que, queriendo o sin querer, deteriora no sólo el derecho del trabajo sino uno de los pilares de la democracia.

Permítanme un desahogo personal: posiblemente hay alguna relación entre este auto y el cursus honorum de algún miembro de la Sala. A mis ochenta años uno tiene derecho a ser aproximadamente un tanto malage.


viernes, 15 de mayo de 2015

SOBRE LA SENTENCIA DEL TRIBUNAL SUPREMO SOBRE EL ASUNTO COCA COLA




EL PROTAGONISMO DE LOS ESPARTANOS DE FUENLABRADA EN LA NULIDAD DEL DESPIDO COLECTIVO.

Enrique Lillo

La sentencia confirma la importante resolución judicial adoptada por la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional de fecha 12 de junio de 2014, Autos 79/2014, en la que se fallaba que: “Se declaraba la nulidad del despido colectivo recurrido y el derecho de los trabajadores afectados a la reincorporación a su puesto de trabajo, condenando solidariamente a las empresas demandadas a la inmediata readmisión de sus respectivos trabajadores despedidos con abono de los salarios dejados de percibir”.

El pronunciamiento confirmado por el Tribunal Supremo implica que la actuación legal que deberían observar las embotelladoras de Coca Cola condenadas, integrantes del grupo CCIP, es proceder cada una de ellas a reincorporar en sus respectivos puestos de trabajo a los despedidos y abonarles los salarios dejados de percibir, puesto que la sentencia del Tribunal Supremo confirma también lo que estableció la sentencia de la Audiencia Nacional, es decir el carácter de sentencia de condena y de obligación de readmisión inmediata y efectiva y abono de los salarios de tramitación.

Sobre este extremo de carácter de condena y ejecutivo de la sentencia de la Audiencia Nacional, la sentencia del Tribunal Supremo confirma que en este tipo de sentencias de despido colectivo en él que se declara la nulidad del mismo, resulta un requisito procesal de cumplimiento inexorable el que las empresas afectadas por la condena a la readmisión y al abono de los salarios de tramitación efectúen una consignación judicial del importe de los salarios de tramitación o presenten un aval bancario que responda por el importe de los citados salarios.

En este caso concreto, y dada la potencia financiera de las embotelladoras, éstas presentaron ante la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional presentaron un aval bancario por cuantía indeterminada y ejecutable en cualquier requerimiento.

La novedad jurídica que introduce la sentencia dictada del Tribunal Supremo consiste en que la misma desestima las revisiones de hecho planteadas por el grupo CCIP, donde se pretendía desvirtuar el contenido del informe de la Inspección de Trabajo sobre prácticas de sustitución de cargas de trabajo que deberían haber sido desempeñadas por los trabajadores de Casbega Fuenlabrada, y que ante la huelga masiva de los mismos no se hicieron, con lo cual las mercancías que debería haber producidos estos, fueron producidas por trabajadores en sustitución de huelguistas pertenecientes a otras embotelladoras y así se acredita que en la plataforma logística de CCIP en Madrid, denominada Ecoplataform la misma comenzó a surtirse desde mitad del mes de febrero con productos procedentes de otras embotelladoras de CCIP, de manera que en la semana del 14 de febrero habían entrado entre 5 y 6 trailers con mercancías procedentes de otras embotelladoras y el día 18 de febrero entraron 13 camiones, uno procedente de A Coruña y 6 procedentes de Sevilla y 6 de Burgos.

Asimismo, hay que tener en cuenta que estos hechos que se ponen de manifiesto en el acta de la Inspección de Trabajo y en el contenido de la sentencia recurrida de la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional la producción en la fabrica de Casbega en Fuenlabrada se detuvo completamente y antes de la fecha de 20 de febrero en que había previsiones de stock, concretamente en la semana del 14 de febrero ya habían entrado los 5 ó 6 trailers con productos elaborados en otras factorías del grupo CCIP en la plataforma logística de CCIP en Madrid.

Además hay que tener en cuenta también el hecho relevante de que el funcionamiento de las distintas embotelladoras y en la distribución de los productos elaborados se mantenía una regulación territorial especifica, de manera que aunque todos los embotelladores que se fusionaban eran competidores potenciales, realmente entre ellos no se producían ventas pasivas o de ventas no solicitadas procedentes de otros territorios (resolución de la Comisión Nacional de Competencia de 15 de febrero de 2013).

La sentencia señala literalmente: “También sabemos que el 18 de febrero entraron 13 camiones mas con productos fabricados en otras plantas, para hacer frente a esta rotura de stock en Madrid, consecuencia de la paralización de la producción en Fuenlabrada, de forma que esa ausencia de producción de la planta en huelga durante el periodo central de consultas fue sustituida por la fabricación de los productos elaborados en otras embotelladoras de CCIP que no abastecían nunca hasta entonces la zona centro” (pág. 53 y 54 de la STS).

Por ello, la cuestión jurídica que ha de resolverse entonces es si realmente esos hechos suponen una vulneración del derecho de huelga, contenido en el art. 28.2 de la CE y si además interfirieron de manera relevante en el proceso de negociación de la condiciones del despido colectivo que se debatía en la correspondiente comisión constituida al efecto de conformidad con lo previsto en el art. 51.3.

Por ello la clave jurídica del pleito es resuelto por la sentencia de la Sala de lo Social del Tribunal Supremo comentada, al establecer que la respuesta sobre estas dos cuestiones ha de ser afirmativa, dado que la vulneración del derecho de huelga mediante las practicas de sustitución que se realizaban de los efectos de la huelga masiva de Casbega Fuenlabrada se produjo dentro del periodo de negociación del despido colectivo y, por lo tanto, incidió de manera directa y frontal en este periodo de negociación, hasta el punto de que la minimización o eliminación de los efectos nocivos que el desabastecimiento de productos había de producir con ocasión de esa huelga privo a su vez de cualquier eficacia o fuerza a la posición que en la mesa pudieran tener los representantes de los trabajadores durante el periodo de consultas, que han de realizarse, no se olvide, para analizar las posibilidades de evitar o reducir los despidos colectivos (art. 51.2 Estatuto de los Trabajadores y 2.2 de la Directiva 98/79).

El Tribunal Supremo avala la interpretación jurídica que la Audiencia Nacional realizó sobre el denominado esquirolaje y el alcance del art. 65.4 del Real Decreto Ley 17/77 de 4 de marzo, que dispone: “En tanto dure la huelga el empresario no podrá sustituir a los huelguistas por trabajadores que no estuvieran vinculados a la empresa al tiempo de ser comunicada la misma, salvo incumplimiento de las obligaciones contenidas en el apartado número 7 de este artículo”

Por ello la sentencia del Tribunal Supremo confirma las interpretaciones jurídicas de la Sala de lo Social de la Audiencia Nacional.

Por lo tanto, aun cuando el despido colectivo es anterior al ejercicio de la huelga, puesto que esta se produce dentro del periodo de consultas, y no puede considerarse como represalia frente a la huelga, debe entenderse que las prácticas antihuelga realizadas por las empresas pretendían neutralizar y aminorar indebidamente los efectos perseguidos por la huelga, cuyos objetivos estaban estrechamente vinculados a la intención empresarial de llevar a cabo un despido colectivo, con lo cual la neutralización de los efectos del conflicto en el centro de trabajo de Fuenlabrada se llevo a cabo mediante una irrupción directa que implica una quiebra del necesario equilibrio en la negociación del periodo de consultas, privando a los trabajadores que los efectos de la huelga pudieran tener en ese proceso, que por tal motivo se vio evidentemente alterado por la actuación empresarial, de manera que el despido colectivo resultante se efectuó utilizando prácticas de vulneración de derechos fundamentales y, por lo tanto, por aplicación del 24.11 de la LRJS el despido es nulo, sin que resulte necesario entrar a conocer los restantes motivos de infracción legal denunciados por las empresas.

En definitiva el protagonismo de los trabajadores de Fuenlabrada secundando masivamente la huelga y toda la movilización inherente a la misma ha sido el factor decisión en la declaración de nulidad del despido colectivo que afecta a ellos y a otros de otras embotelladoras.


Enrique Lillo Pérez (Exclusiva para Metiendo bulla
Madrid, 14 de mayo de 2015.


jueves, 14 de mayo de 2015

Sobre el pacto salarial CEOE - Sindicatos

No han pasado ni veinticuatro horas de la firma del acuerdo salarial cuando la patronal empieza a relativizar y a desdecirse de lo firmado. «No es un acuerdo, se trata sólo de recomendaciones» tanto en lo atinente a la cláusula de revisión salarial como en la prolongación de los convenios (ultractividad). Nos preguntamos si Joan Rosell firma con la mano derecha lo que está empeñado en negar con la izquierda; nos preguntamos si este caballero tiene representatividad en las estructuras empresariales o bien ocupa un cargo, que no un liderazgo, por imperativo estatutario; nos preguntamos si las estructuras empresariales son tales o un tropel de corpúsculos cantonalistas; nos preguntamos si CEOE tiene un proyecto que no sea el de cada cual a lo suyo.  Así las cosas, es harto difícil que las relaciones industriales y  laborales puedan tener solvencia en vez de ir, como desde hace tiempo, a salto de mata.

Joan Rosell es formalmente un dirigente empresarial que carece de autoridad. O, rebajando el planteamiento, que no tiene la autoridad suficiente para transformar los taifatos en una organización diga de ese nombre. Rosell, cada vez que firma un acuerdo o una serie de recomendaciones, necesita recordar a sus agremiados que él es un tipo duro. Ahora ha vuelto a las andadas. Ayer mismo, Paco Rodríguez de Lecea –un antiguo sindicalista bregado en mil convenios--   nos recordaba en http://vamosapollas.blogspot.com.es/2015/05/privatizar-los-servicios-publicos.html la querencia del primer espada de la patronal hacia las privatizaciones a machamartillo tras la firma del acuerdo salarial. Que, halando en plata, son cinco duros de ideología que va a contrapié de lo que sucede en la vida real. Como, por ejemplo, el caso de las prótesis caducadas.

La santa Biblia de la información –es decir, La Vanguardia--  nos informa del caso de   la empresa de Reus, Traiber: unos tres mil pacientes podrían llevar en Cataluña una prótesis caducada de cadera o rodilla. Lo repito para quienes tienen el vicio pijo de leer en diagonal: tres mil prótesis caducadas. No es una denuncia de una octavilla de tres al cuarto; es La Vanguardia, a quien se le atribuye esta característica: lo que no se publica en ella, no existe.

Ciertamente, no estamos afirmando que Rosell esté interesado en inundar el país con prótesis caducadas. Estamos simplemente recordando sus propias palabras: «Tenemos las dos grandes partidas de gasto, que son la Sanidad y la Educación, que seguro que si estuviesen gestionadas por empresarios, con criterios empresariales, yo creo que podríamos sacar mucho más rendimiento y podríamos hacer cosas de mucha mejor manera  ¿Negará alguien que Traiber ha gestionado el asunto sin «criterios empresariales»?

Pero volvamos al asunto central. Siempre se dijo que los pactos o acuerdos –pacta sunt servanda--  eran extremadamente útiles para evitar una conflictividad que fuera innecesaria. Tras las palabras de los dirigentes empresariales, reconstruyendo el pacto salarial, emergerá la litigiosidad para que las llamadas recomendaciones no sean un cuento chino sino algo a cumplir a carta cabal.



martes, 12 de mayo de 2015

CC.OO. y su primer intento de ingresar en la CES


El otro día me dejé involuntariamente en el tintero otra de las características de Cipriano García, uno de los padres más representativos del nuevo movimiento obrero catalán y fundador de Comisiones Obreras: su europeísmo. Me fastidia no haberlo dejado sentado en  http://lopezbulla.blogspot.com.es/2015/05/cipriano-garcia-padre-fundador-de.html.  

 

Cipriano García venía insistiendo, siendo el “responsable” de la Coordinadora General de CC.OO. de España tras la detención en Pozuelo de Marcelino Camacho y sus compañeros, en oficializar nuestra petición de ingreso en la Confederación Europea de Sindicatos, fundada en 1973. Cipriano era consciente de las dificultades: de un lado, UGT lo vetaba y, de otro lado, los dirigentes de la CES tampoco estaban por la labor, hecha la excepción de los sindicalistas italianos. Por otra parte, Cipri había resistido la enorme presión que nos hacía la Federación Sindical Mundial, conformada especialmente por las organizaciones sindicales de matriz comunista, para que ingresáramos en ella. Toda una paradoja en un personaje que había mamado el comunismo desde su primera juventud y, además, miembro de las direcciones del PSUC y del PCE.  

 

A principios de 1974 nos reunimos el secretariado de CC.OO. de Catalunya. Allí discutimos la propuesta de Cipriano: hacer una visita a la sede de la CES, en Bruselas, para pedir oficialmente el ingreso de Comisiones Obreras en el sindicato europeo. Dicho y hecho: la delegación la componíamos Tono Lucchetti y un servidor. Lucchetti pasó legalmente la frontera con su coche, un legendario Citröen dos caballos; un servidor en tren con un pasaporte más falso que Judas. En Bruselas nos entrevistamos con altos dirigentes de la CES que nos dieron largas; tan largas fueron que sólo se produjo el ingreso muchos años después, bajo el primer mandato de Antonio Gutiérrez.  

 

En realidad la mayoría de organizaciones europeas eran partidarias de nuestro ingreso en la CES. No así la DGB que, poderosamente influenciada por la UGT y recelosa de nuestro comunismo no tenía ningún interés en ello. Ni siquiera bastó la actitud positiva de las Trade Unions inglesas ni la influencia del sindicalismo italiano. Cipriano lo sabía, pero no podía dejar de intentar poner, nunca mejor dicho, una pica en Flandes.

 

Lo que siempre me resultó chocante es que en los libros y documentos de los grupos dirigentes confederales nunca se hizo mención a la idea de Cipriano García. Un servidor siempre insistió en ello, fracasé siempre en mi intento de que se le reconociera que el primer intento fue cosa de Cipriano.

 

Nota bene:  esta entrada tiene un doble interés. Por un lado, dejar sentado quién fue el pionero de la relación entre Comisiones Obreras y la CES; por otro lado, molestar a quienes se han empeñado en silenciarlo, sabiendo de antemano que, tal vez, seguirán dando la callada por respuesta.   

 


 

domingo, 10 de mayo de 2015

Una patología social



Una voz responsable y poco amiga de chismes me pone un ejemplo que ha vivido personalmente. Mientras me lo explica la voz le tiembla ligeramente porque está conteniendo a duras penas su indignación.

En el comedor de la escuela un chavea de diez años se dirige a la camarera y con voz pausada le exige: «Quítame ese moco del tenedor». La veterana camarera mira y remira el tenedor; no hay tal moco; el resto de los chiquillos de la misma mesa tampoco ven moco alguno. Ni siquiera un átomo de moco.

El arrapiezo insiste, ya con los ojos extraviados, en que hay un moco. Y sigue exigiendo a la camarera.  Esta, al final, le espeta que si hay un moco que lo quite él mismo. Es entonces cuando se produce una salida de tono asaz estrambótica y extrañamente autoritaria del mocoso: «Tú quitas ese moco, porque pa eso te pago». La camarera veterana se pone roja como una amapola. Y muerta de miedo –me dice mi informante—coge una servilletilla de papel y le quita un moco inexistente a un tenedor. El demediado chavea toma el tenedor y, ufano, saborea su triunfo.


Repito, esta es una historia verídica, tan real como irreal era el moco. En todo caso, empiezo a cavilar y soy incapaz de enhebrar una explicación al autoritarismo de ese sujetillo de diez años ni por supuesto, a los orígenes de dicha actitud. Sólo se me ocurre una explicación tan irrelevante como esta: una de tantas patologías sociales. Con todo, me avergüenzo de no poder sacarle más punta al lápiz. Lo único que se me viene a las mientes es que ese mocoso no llegue a concejal o alcalde. Que ni siquiera pueda ser jefe de escalera. A menos que se ponga de rodillas ante la veterana camarera y ante todos los que estuvieron ese día en el comedor le pida mil perdones. Esta es una condición necesaria y, tal vez, no suficiente.    

miércoles, 6 de mayo de 2015

Cipriano García, padre fundador de Comisiones Obreras

Nota bene.— Próximamente se conmemorará el veinte aniversario de la muerte de Cipriano García. CC.OO. de Catalunya prepara para el día 18 de este mes un acto de homenaje y recordatorio de su figura. A continuación expongo aquí el primer redactado de mi intervención en dicho acto. Es un borrador para amigos con la idea de perfilar mejor mi participación en tal acontecimiento.

José Luis López Bulla


Primer tranco


De la «clase probable» a la «clase movilizada»


La generación fundadora de Comisiones significó una gran transformación en los movimientos sociales europeos a mediados de los años sesenta. Esta transformación ha sido, a mi entender, la más importante del sindicalismo antes de las que se operaron tras el otoño caliente en Italia, en Inglaterra con la de los shop  stewards o en Polonia con Solidarnösc. Cipriano García fue una de las personas más representativas de aquella generación.

Los rasgos esenciales de aquella generación fueron los siguientes: a) puso en marcha un movimiento de trabajadores abierto en las empresas –esto es, no clandestino— en plena represión de la dictadura franquista, que aprovechó las posibilidades e instrumentos de aquella ´legalidad´  combinándola con formas paralegales y extralegales; b) el centro de decisión del conflicto era la asamblea de todos los trabajadores; c) esta unidad social de masas se correspondía con la naturaleza unitaria de aquella generación, que no hacía distingos políticos ni confesiones religiosas; d) en esa praxis unitaria está el germen de la búsqueda tendencial de la independencia sindical, no sin altibajos, de ese sujeto social nuevo, al que no dudamos en calificar de «acontecimiento».   

Digamos que estos rasgos esenciales no eran el resultado de unos planteamientos teóricos sino de una praxis asumida con naturalidad. Estos rasgos explican la génesis de aquel movimiento que se traduce en convertir la «clase probable» en «clase movilizada», una categoría de la que habló en su día Pierre Bordieu.  El secreto de aquel acontecimiento fue situar la acción colectiva en el centro de trabajo y estudio: el bidón, el andamio y el pupitre, como dije en cierta ocasión. Esa fue la ortopraxis de las nacientes comisiones obreras, así en minúsculas todavía. El comisionado era el dirigente real y formal, elegido participativamente en la asamblea. 

Los comunistas y el nuevo movimiento obrero

Que Cipriano García fuera un destacado dirigente del comunismo español, al igual que su querido compañero Ángel Rozas, nos vuelve a proponer la necesidad de revisitar las relaciones entre el PSUC, el PCE y Comisiones Obreras. En primer lugar, es obligado decir que la insurgencia de Comisiones fue el resultado de una práctica original, propia de los trabajadores en las principales empresas fordistas del país. En esos momentos, los dirigentes comunistas de ese movimiento de trabajadores tenían, por así decirlo, una doble  actividad: de un lado, en una organización clandestina, la Oposición Sindical Obrera, que –para decirlo coloquialmente--  eran cuatro y el cabo; de otro lado, en esas nacientes comisiones obreras. Las charlas con el maestro Ángel Rozas son un rico testimonio de esa militancia bífida.

Cipriano García --y aquella generación— entendieron, en un momento dado, que aquella «clase movilizada» ya no cabe en la Oposición Sindical Obrera que, por lo demás, poco o nada tenía que ver con aquel movimiento de trabajadores. La primera consideración es: supo romper con aquel cachivache, la OSO, y volcarse en el estímulo de lo nuevo, poniéndose a la cabeza de lo que tendencialmente era un movimiento unitario, de masas, y para ello debía ser abierto, no clandestino.

Nadie podrá reprochar al comunismo español que teorizara e, incluso, interviniera en lo que estaba sucediendo en esos primeros andares de aquel movimiento de trabajadores. Que le propusiera una teoría y le prestara lo mejor de su intendencia. Lo supieran o no estaba haciendo algo similar a lo que pusieron en marcha Giuseppe Di Vittorio en Italia años atrás en tiempos de la lucha contra Mussolini. Tampoco nadie podrá reprochar al PSUC que inspirase a Comisiones Obreras lo que en su día llamamos la cuestión nacional de Cataluña. Sin ningún género de dudas fue nuestro Cipri quien más y mejor se empeñó en ello, y quien más visiblemente se enfrentó a otras componentes de Comisiones Obreras que tenían una posición radicalmente contraria.

La historia antigua de Comisiones Obreras está marcada por diversas fases en las relaciones entre el partido y el sujeto Comisiones, que coinciden con la presencia activa de Cipriano García: 1) una fase inicial de tutela por parte del comunismo español, 2) un periodo de búsqueda de la independencia sindical, y 3) de la asunción plena de dicha independencia. Digamos, pues, que hay un primer Cipriano que ve, como cosa natural –y sin ni siquiera planteárselo--  esa relación de tutela y cordón umbilical; y, a la vez, un segundo Cipriano que va compartiendo la necesidad de, al principio, una resituación de ese problema y, después, una solución definitiva basada en la mutua independencia de ambos sujetos, el político y el social.
De hecho, podríamos decir que fueron los dirigentes sindicales de militancia comunista quienes más utilizaron su  influencia en el partido para romper aquella prótesis de la correa de transmisión. Digamos que tres cuartos de lo mismo ocurrió con líderes como Marcelino y Nicolás Sartorius, al igual que lo hicieran Di Vittorio, Lama y Trentin en Italia.

En todo caso, parece oportuno plantear lo siguiente: a medida que Comisiones Obreras avanza en su planteamiento de ser sindicato --algo relativamente tardío y nunca suficientemente claro hasta poco antes de la legalidad— va apareciendo con más claridad la necesidad de ser un sujeto independiente. Esa tendencial búsqueda de la independencia es, en buena medida, la consecuencia de observar que las ventajas aparentes de la dependencia del comunismo español son menores que la independencia. Lo que no representa desdoro alguno para el PSUC ni para el PCE. Lo que explicaría que la opción de UGT por escaparse del PSOE es mucho más tardía, también porque no es igual ser independiente de un partido menor que de una organización, en aquellos tiempos tan poderosa, como el PSOE.  

Cambiando de tercio, me interesa traer a colación algo referente a Cipriano del que se ha hablado poco. Un año antes de la famosa asamblea de Barcelona de Comisiones Obreras de toda España, en el verano de 1976, Cipriano fue insistiendo en la necesidad de proceder ordenada, pero rápidamente a la transformación de aquel movimiento de trabajadores en sindicato. UGT estaba apareciendo de manera abierta y la patronal se estaba estructurando: nosotros seguíamos deshojando la margarita. Tampoco lo hicimos en la asamblea de Barcelona que concluyó con gran ambigüedad. Lo tuvimos que hacer en el otoño de una manera casi vergonzante y un tanto administrativamente. Cipriano estaba que se le subían los demonios. Con toda la razón del mundo.

Por otra parte,  poco se ha hablado del impulso que dio personalmente al cambio generacional en la dirección del grupo dirigente. Con cincuenta años de edad nos empujó –más bien nos obligó-- a un grupo de veinteañeros a asumir la dirección de Comisiones Obreras de Cataluña. Nunca nos sentimos vigilados; es más, cuando le reclamábamos el consejo nos repetía: «volad, volad con vuestras alas».


Segundo tranco


La situación ha cambiado radicalmente desde, podríamos decir, los tiempos de Cipriano García.  Hoy, lo sabemos bien, nos encontramos en un paradigma radicalmente distinto: el de la reestructuración—innovación de los aparatos productivos y de servicios en el cuadro de esta globalización asimétrica, presidida por el capitalismo financiero. Nos parecen claros los objetivos: generar una nueva acumulación capitalista. Para lo cual le sobran los poderes,  controles y derechos, los sujetos críticos y todas las interferencias que suponen para lo anterior los sistemas públicos de protección. En suma, los elementos básicos de la democracia. De ahí que se esté consolidando el proceso de subordinación de la política a la economía y a los intereses de los grandes capitales especulativos, desapareciendo –al menos en nuestro país— los espacios de la autonomía de la política.  

Si todo ha cambiado (y ese cambio no ha hecho más que empezar) en el centro de trabajo, en la relación entre centro de trabajo y territorio vale la pena prestar algo más que atención a las palabras de Ignacio Fernández Toxo: «Si el sindicato no se reinventa se lo llevará el viento de la historia por delante». A decir verdad, un servidor nunca ha oído unas palabras tan valientes y certeras en el sindicato. Salvando las distancias ese llamamiento me recuerda lo que Cipriano hubiera dicho con relación a la Oposición Sindical Obrera: «Esto no pita». Dicho y hecho: se pusieron manos a la obra y arrimaron el hombro a la novedad de aquellas comisiones obreras que ellos mismos iban creando.

Ahora bien, hay una enemistad a esta gran operación que propone Toxo. Él mismo ha señalado: «No podemos seguir haciendo lo mismo para conseguir los mismos resultados». Unas palabras que podrían haber sido suscritas por la generación fundadora de Comisiones Obreras en aquellos tiempos lejanos. Entiendo, por otra parte, que lo que plantea Toxo no está  bien acompañado. Diré sin protocolo que apenas si se producen voces de apoyo concreto y con hechos concretos al planteamiento del secretario general de la Confederación. Por otra parte, me ha producido una cierta perplejidad lo manifestado por un dirigente confederal que ha afirmado que «el sindicato necesita un cambio de imagen». No es que sea, como lo es, una banalidad; es que un cambio de imagen no garantiza absolutamente nada. Como tampoco darle a la casa una mano de pintura. Así pues, es la hora de hincarle el diente a la propuesta de Toxo.

Para una pormenorización –tanto de los argumentos como de las propuestas concretas--  yo sugeriría lo que he expuesto en La parábola del sindicato (http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html) que, resumido al máximo, se concretaría en lo siguiente:

n        La conversión del sindicato en un sujeto «de clase y global»;
n        La asunción de que estamos en un nuevo paradigma del capitalismo al que hay que seguir combatiendo;
n        La adecuación de la representación en el centro de trabajo sobre la base de que el sindicato sea el sujeto principal;
n        El establecimiento de normas para ejercer la participación y, entre ellas, que cada convenio o acto contractual sea el resultado de prácticas referendarias;
n        El Código de autorregulación de la huelga en los sectores esenciales de la comunidad;
n        …  y las que se verá en el mencionado estudio de La parábola.

Sea como fuere, el caso es que cada tiempo que pase sin entrar de lleno en el planteamiento de Toxo es una considerable pérdida de tiempo. Y de poder sindical.