martes, 31 de marzo de 2015

Puentes de diálogo entre las izquierdas: itinerarios de amistad.



Un grupo de amistades de toda la vida nos hemos encontrado en Pineda de Marx, una ciudad de la costa próxima a Barcelona: Javier Aristu, Paco Rodríguez de Lecea, Javier Tébar y un servidor de ustedes, que sólo tenemos tras las espaldas nuestras responsabilidades en blogs como En Campo Abierto, Punto y contrapunto, Segle XX: revista catalana d'història y Metiendo bulla.

 

Dos eran los objetivos de nuestra reunión: primero, analizar si, con el paso de los años, todavía estábamos de buen ver; segundo, si la respuesta nos parecía, después de una valoración severamente crítica, que era de esa manera, ver si podíamos poner en marcha una modesta operación cultural. Comoquiera que acordamos, con un cierto puntillo triunfalista, que todavía estamos en condiciones de decir algunas cosas, nos interrogamos sobre un asunto que podría ir más allá de nuestras fuerzas: propiciar un diálogo entre exponentes de las izquierdas desde el campo reformista hasta el maximalista, por utilizar términos que, aunque sobados,  parecen inteligibles; un diálogo desprejuiciado que, andando el tiempo, rompa los compartimentos estancos entre las diversas familias de las izquierdas españolas y europeas. Entiéndase bien, no se trata de una instancia orgánica de la izquierda, simplemente es un foro de diálogo sin las apreturas de la acción política cotidiana ni –menos todavía— de los encorsetamientos de la posición ideológica. El objetivo, reincidimos en la caracterización, es hablar, dialogar desparpajadamente. La segunda cuestión que se nos ha aparecido es sobre qué hablar. No lo hemos dudado ni un segundo: preferentemente sobre el trabajo –mejor dicho, sobre los trabajos, partiendo de su valoración social.  

 

Esta aventura no la planteamos en clave aldeana. Como mínimo apuntamos a que el diálogo tenga como protagonistas a exponentes de las izquierdas europeas, y como mínimo hemos hecho un elenco de personas a quienes queremos convocar. Vale decir que apuntamos a gentes que conocen el paño.

 

¿En qué se concretará todo ello? Ya lo iremos viendo sobre la marcha. Lo que sí podemos decir es que ustedes serán los primeros en saberlo cuando acabemos de ensartar las variables que tenemos pendientes.  Lo dicho, vamos a lo nuestro: puentes de diálogo e itinerarios de amistad.           

 


 

sábado, 28 de marzo de 2015

Nuestro homenaje a Pietro Ingrao



Pietro Ingrao cumple cien años el próximo día 30 de marzo. Imposible resumir en unas pocas líneas su trayectoria política en el Partido Comunista de Italia y en las formaciones que le han sucedido, se necesitaría un libro voluminoso; y sus aportaciones a la teoría política han ido incluso más allá de su talla de dirigente. Como homenaje al luchador y al maestro, los blogs hermanos Desde mi cátedra, En Campo abierto, Metiendo bulla, Punto y Contrapunto  y Según Baylos hemos creído oportuno volver a airear el discurso que pronunció en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona el 4 octubre de 2002, en la ceremonia en la que recibió la distinción de Doctor Honoris Causa de dicha institución académica.




11S: un amargo presente
Pietro Ingrao


Era el mes de julio de 1936. Había cumplido 21 años. Era estudiante de la Facultad de Derecho de la Universidad de Roma, en la plenitud de mi juventud. La agresión del gobierno fascista italiano a la joven República española fue el trauma, la ocasión desconcertante que me orientó (diré: me obligó) a la conspiración antifascista: a aquel empeño en la batalla política que después ha marcado toda mi existencia. Empezó para mí, en aquellos años, una confraternidad con el antifascismo español en el exilio, que se prolongó en el tiempo, y se acompañó con el encuentro de la fascinante poesía española del siglo XX: Machado, Lorca y Rafael Alberti.

En este largo camino de mi vida he esperado ardientemente que los horrores, las masacres, la pila de víctimas que han marcado la época que he vivido, fueran solamente un amargo recuerdo: casi como la culminación de una locura a la que nos llevaron el capitalismo en su fiebre de la época fordista y, por su parte, los errores fatales del estalinismo. Después me engañé cuando, tras la caída de la URSS, pensé que se podía abrir un espacio nuevo para frenar la carrera de armamentos. No fue así. Cuando cayó el Muro de Berlín en pedazos, vimos que volvía la guerra en una zona crucial del mundo: en la península arábiga, que es un punto de juntura entre Europa, Asia y África. Hoy la cuestión de la guerra ve otro capricho. Ante todo ha sido un turbio y ambiguo pasaje orientado a relegitimar la intervención de las armas en nombre de un deseo de justicia. Recordad: fue la grave acción militar de la OTAN en Serbia, justificada en nombre de la democracia y la liberación de los pueblos destrozados por el déspota Milosevic. Vinieron los sermones de la "guerra justa". Y alguno en Europa se lanzó incluso a evocar un término supremo y antiguo. Habló de "guerra santa".

En verdad, en aquella ocasión de los Balcanes también se lanzó y alimentó (al menos por parte de algunos autores) la esperanza y la imagen de una purificación de la guerra: como si, apartándose del fango del territorio y moviéndose en la pureza de las grandes alturas de la atmósfera, pudiese y se quisiera golpear solamente (con la sabiduría de las técnicas modernas) los medios militares del adversario. Es lo que he llamado la ilusión (o el engaño) de la "guerra celeste". Brotó (¿lo recordáis?) aquella consoladora representación del piloto americano atravesando las orillas atlánticas, allá en la calma solitaria de los cielos lanzó la bomba inteligente, volviendo a casa, a la patria americana, limpio de manchas.

¡Qué horror! Sin embargo, vino la guerra de Afganistán y el ataque del cielo se ha mezclado con la cancelación de la ciudad, con los estragos civiles, con la máquina de las armas, dirigiéndose a los altiplanos y a los pliegues de la tierra. Y, paso a paso, cayeron amargamente las justificaciones éticas, las representaciones salvíficas, los sermones moralizantes.

Verdaderamente hasta ahora no han sido cancelados los vínculos formales que, en muchas Constituciones europeas y en la Carta de las Naciones Unidas, limitan el recurso a las armas. Todavía siguen ahí tales vínculos, escritos en leyes solemnes. Simplemente sucede que se han descabalgado o, de hecho, hechos trizas. El artículo 11 de la Constitución de mi país, que consiente sólo la guerra de defensa, se ha roto, sin que sobre ello haya sorpresa, ni escándalo, ni siquiera una discusión en el Parlamento o algunas aclaración del Presidente de la República, que observa sobre tal violación un religioso silencio.

Y hay algo que me espanta todavía más. Es el hecho amargo que, en nuestros países, el sentido común no se alarma, no tiembla. Hay que decir esta amarga verdad. Ojead los libros, oíd las palabras de los gobernantes, echadle un vistazo a los debates parlamentarios. Veréis que ha desaparecido la palabra "desarme". Ya no la usa nadie. Es, en este sentido amplio y angustioso que yo hablo de "normalización de la guerra". Se ha liquidado el espanto, el horror que sobrecogió a mi generación, que en aquel mayo de 1945, nos hizo jurar que nunca más debería volver la masacre.

¡Cómo mentíamos! Mirad hoy, mirad cómo se discute ahora, en estos días, abiertamente de un ataque a Irak y se invoca la "guerra preventiva". Quien habla no es un político descerebrado o un gacetillero fanfarrón. Hoy lo propone al mundo, como obligación ineludible y urgente, el Presidente de los EE.UU., el jefe de la potencia más grande de la Tierra. Y eso sucede sin escándalo. No se reúnen con angustia los parlamentos. No suenan las campanas de las iglesias, Los sindicatos no convocan huelgas. Atención: se ha convertido en normal la "guerra de prevención", invocada por el país que se considera el guía del mundo.

¿En qué se funda esta revalorización y normalización de la guerra, y, por qué el pacifismo tiene hoy una restringida minoría?

Quiero, solamente, aludir a una explicación que, por comodidad y brevedad, llamaré "técnica". La verdad es que no entra en mis conocimientos la criba de las grandes innovaciones tecnológicas y de los nuevos saberes que han dilatado y revolucionado los sistemas de alarma, la trama de los conflictos, la combinación de las estrategias entre tierra, mar y aire. Sin embargo, tengo "in mente" los fuertes cambios acaecidos en la relación políticosocial entre la vida del hombre sencillo y las masas de civiles, de un lado, y, de otra parte, en lo que se ha convertido la guerra en este cambio de siglo.

Me parece indudable que, en los últimos decenios, se está desarrollando (¿o retornando?) la connotación "especializada" de la práctica de la guerra. Parece que ha desaparecido o empalidecido aquella connotación totalizante que viene clamorosamente desde principios del "Novecento": aquel camino que, a partir del conflicto mundial de 1914, vio alinearse a millones de hombres en los frentes de varios continentes. Durante años y años, y en una condición humana radicalmente diversa del vivir civil: aquella guerra de masas en el fango de las trincheras que pronto fue dilatándose hasta atrapar al conjunto de las naciones, las ciudades lejanísimas del frente, la vida de los desarmados, las mujeres y los niños. En suma, la guerra de masas. La guerra mundial como la llamábamos.

Hoy las obligaciones prevalentes, el núcleo central de la acción bélica parecen nuevamente confiados a los soldados de oficio: a ciudadanos y ciudadanas que aceptan (o incluso piden) ser llamados a practicar la ciencia de la guerra, con sus tecnologías refinadas y sus riesgos de muerte. El matar colectivo, en nombre del poder público, vuelve a ser una tarea noble y ambicionada, bajo el aspecto de las retribuciones, del rango social y del reconocimiento público. Y la existencia de estos cuerpos especializados en el matar, en nombre de la comunidad pública, aparece como una nueva división de responsabilidades que permite a los civiles garantías de protección y sabiduría especializada para dedicarse (digámoslo de ese modo) serenamente al objetivo de la paz. Así, el soldado Ryan (¿recordáis la famosa película?) puede quedarse tranquilamente en su ciudad, ya que un adecuado "ejército de oficio" echa sobre sus espaldas el cruento y "nuevamente" noble oficio de la guerra.

De ahí que se podría pensar que esta revalorización de las armas y su relanzamiento como nervio y recurso central de la política se apoyen sobre operaciones de desagravio de masas de civiles y sobre eso de la lejanía (de su horizonte) del peligro a una vuelta de las pruebas terribles vividas en dos trágicas guerras mundiales (y aún, otra más). Y se puede pensar que Bin Laden y la feroz masacre de las Torres Gemelas (intencionadamente y con una espectacular audacia) han querido e intentado volver a lanzar al horno de la guerra de masas a "los civiles" del enemigo americano para sembrar en su ánimo nuevamente el espanto de la guerra, el miedo de masas de las masacres de masas. ¿Fue ese el feroz reto? No lo sé. Sé que los terribles acontecimientos a los que me he referido y el hecho de que nosotros queramos atrapar los acontecimientos reabren ásperas preguntas sobre el sentido y las formas que asume la política cuando se abre el Tercer Milenio y en la época de la globalización: un momento en que el capitalismo (desagregados a escala planetaria los momentos del producir y del consumir) vuelve a desorientar y dividir las nuevas subjetividades sociales que, en el curso del trágico "Novecento" habían puesto en discusión sus poderes y parámetros. Sin embargo, para sorpresa de muchos, de esta victoria no brotan ni la primavera del Tercer Milenio ni la calma de una estación segura de sus reglas íntimas. Retorna también sobre el trono, con arrogancia (y con una duda interior) la ciencia del matar; y vuelve, además, incluso sobre aquel vértice del mundo occidental donde (tras la trágica derrota de los "rojos") parecía que florecería una calma sabiduría irrefutable.

Entonces, en aquel 1936, el fragor de las armas sobre vuestra tierra y la masacre de Guernica cambiaron mi existencia, metiéndome dentro del conflicto. No pensaba, nunca lo habría pensado que habiendo tenido la fortuna de vivir casi un siglo, habría tenido finalmente que volver a la pregunta elemental sobre el derecho y sobre la forma del matar colectivo a nuestros semejantes; y que ese arte viniera hoy presentado, incluso, como instrumento de "educación" del mundo, de sabia "prevención".


Intervención de Pietro Ingrao en el Paraninfo de la Universidad de Barcelona en su nombramiento como doctor Honoris causa el 4 de octubre de 2002


La traducción del italiano es de José Luis López Bulla.



jueves, 26 de marzo de 2015

Sindicato, el libro y la innovación tecnológica




A lo largo de toda mi vida he frecuentado librerías que me han servido de mucho. La primera, siendo yo mocito, fue una librería de viejo en Granada: al final de la calle Párraga, muy cerquita del cine Aliatar, en un sotanillo. Ya en Mataró fui asiduo, primero del Baloo sport, a mediados de los sesenta, donde se vendían libros clandestinos; después del Cap Gros. En Barcelona fue la legendaria librería Documenta. Y, desde hace unos quince años, en La Llopa de Calella.

Ir a las librerías –me refiero a mis experiencias con las que he citado— fue una parte muy importante de mi formación cultural. El diálogo con los libreros, gente de gran cultura, y sobre todo sus enseñanzas me han servido de mucho. En la librería granadina compraba las obras de teatro de Shakespeare; eran libros de segunda mano que tenían un sello que ponía “Biblioteca municipal de Fuentevaqueros”, el pueblo natal de Federico García Lorca, que –tras la guerra--  alguien desvalijó o vaya usted a saber qué. El viejo librero me decía que estaban traducidas por don Luis, naturalmente se refería a Astrana Marín, como dando a entender, pícaramente, que eran íntimos de toda la vida.  

Ir a la librería era en mi caso todo un acontecimiento que se repetía a menudo. La consulta al librero, la charla, el manoseo cuidadoso de otros libros, y ese acto tan sensual de salir de la tienda con un libro en la mano. Sigo con esa manía con la consciencia de que estoy haciendo algo importante.

El último libro que he comprado es España / Reset: Herramientas para un cambio de sistema. Sus autores son Joan Subirats y Fernando Vallespín. Lo edita Ariel. En un momento dado leo algo en el libro, me sobresalto y casi se me cae el cigarrillo de la comisura de los labios. ¿Será posible? Está en la página 55, y dice textualmente:

«Amazón está trabajando con un sistema que le permitirá enviar con un dron un libro a las pocas horas de que su cliente lo haya pedido. Si este sistema triunfa, tendremos los libros más de prisa en casa, pero se resentirá toda la cadena de distribución.»

Así las cosas, la librería –tal como la hemos conocido— tiene todas las trazas de que «la barra el viento de la historia». De hecho está siendo desplazada a marchas forzadas por las grandes superficies de libros. Las pocas veces que las he visitado he salido con la cabeza como un timbal. Si preguntas por un libro, te indican administrativamente en qué sección se encuentra y poca cosa más. Luego tienes un problema: encontrar la sección.  ¿Con quién hablas? Se ignora. En cierta ocasión el dependiente confundió a Ian Gibson (preguntaba por la biografía de García Lorca) con el actor Mel Gibson; no cuento otros desaciertos porque se me pone la cara colorá.  

Ahora bien, ahí está el hecho tecnológico que, en el caso de Amazón, no ha hecho más que empezar. Y si la vieja intermediación que es la librería de toda la vida desaparece habrá que hacerse a la idea de que un dron llame a tu puerta.

En todo caso, esta es una cosa que desafía también al sindicato: el hecho tecnológico como elemento central de un paradigma, radicalmente nuevo, que no solo zarandea abruptamente el ecocentro de trabajo sino que llama a tu puerta con un libro bajo el brazo. Por lo demás, todas las librerías que he citado arriba o han desaparecido o han hecho una excursión hacia la periferia de la city. Con la excepción de La Llopa de Calella. Con sus empleados todavía puedo pegar la hebra hablando de literatura y de sus novedades. En cambio, poco –más bien nada--  podría decirle al dron, ni siquiera invitarle a un café.
  


miércoles, 25 de marzo de 2015

Un cáncer en las elecciones andaluzas




Carlos Arenas arranca sus Reflexiones encadenadas en relación al 22 M, analizando los comicios andaluces  (https://encampoabierto.wordpress.com/2015/03/24/reflexiones-encadenadas-en-relacion-al-22-m/) con los niveles de abstención:  el 36% de los votantes andaluces no ha votado –9 puntos más que en las elecciones autonómicas de 2008-- y casi el 3% por ciento lo ha hecho en blanco o nulo. Estamos, una vez más, ante el cáncer de la abstención.

Hace bien don Carlos, doctor en Historia, en recordarlo porque todavía es hora de que alguien solvente nos traiga a mano tan importante dato, especialmente quienes  esperaban una participación electoral fuera de serie. Lo cierto es que dicha participación ha subido un modestísimo 3 por ciento.

Yendo por lo derecho: también en estas elecciones, en un contexto de gran tensión política, de movilizaciones sociales y de notables expectativas, una gran cantidad de ciudadanos no han acudido a las urnas. Una enorme masa que les ha dicho «no nos representan» a todas las candidaturas. ¿Se puede hablar de nihilismo de masas? Pues claro que sí, y no sólo a las fuerzas tradicionales sino también a las emergentes.

Una primera conclusión provisional: el nivel de participación política todavía no es suficiente. Mejor dicho: es insuficiente para hacer cambiar las políticas de regeneración democrática y alternatividad a las derechas. Lo que, hablando en plata, quiere decir que el malestar social, expresado en las calles, de un lado, no es suficiente y, de otro lado, lo que se mueve en ese terreno no se traduce en alternatividad política clara.

Hay algo más: la unidad social en el ejercicio del conflicto está acompañada de la dispersión política de quienes ejercen el conflicto. No sólo en la dispersión política sino en el enfrentamiento político de quienes se atribuyen ser el cambio, bien en solitario o bien acompañando a los partidarios de ese cambio.  Ciertamente siempre fue muy complicado que la política –me refiero a las izquierdas-- fuera un agente eficaz de intermediación de las reivindicaciones sociales. Máxime si las formaciones de izquierda compiten entre sí de manera desaforada por el monopolio de la representación del conflicto. De modo que el estilo unitario de la movilización social choca abruptamente con el método de confrontación de la competición política. Con lo que lo que ocurre en realidad es que se consoliden las líneas paralelas entre el conflicto social y el político sin encontrar momentos de encuentro.

Así las cosas, mayoritariamente el voto del conflicto social se ha redistribuido, ha pasado de unos caladeros a otros, dejando intacta la enorme bolsa del nihilismo abstencionista. De manera que el «no nos representan» es más profundo de lo que ingenuamente algunos creían.


Quién sabe qué proyección tendrá este problema en el curso electoral de este año, pero lo más seguro es que si no se corrige inmediatamente  el tipo de relaciones entre los que se atribuyen –con o sin razón--  el protagonismo del cambio, los resultados no serán tan satisfactorios como piensan los que repican las campanas llamando a una fiesta que está por ver.  

miércoles, 18 de marzo de 2015

Que no, que no veo la «coalición social»



Tres amigos en Lyon: Jeanmaud, Baylos y Pérez Rey


    Mi querido amigo Paco Rodríguez de Lecea me atribuye una «cautela» a la hora de opinar sobre Maurizio Landini y la coalición social que él mismo preconiza. Así lo dice en «COALICIÓN SOCIAL» Y CAMBIO DE BASE, comentando mi escrito La «coalición social»: ¿qué es eso? (1)

No, lo mío no es cautela; es que no estoy de acuerdo. Creí haberlo dejado claro. Lo diré otra vez: no es cautela sino ninguna amistad hacia el proyecto tal como lo ha planteado Landini.

Dicho lo cual quiero dejar claro los siguientes aspectos: nada tengo en contra de que la izquierda política pruebe, tantee, experimente nuevas formas así en Italia como en cualquier otro punto. Más todavía, todo ello le es exigible. Me remito a mis modestos escritos que, en este mismo blog, he publicado.  Ahora bien,  no me parece conveniente mezclar la ropa sindical con la ropa política en la misma colada de la lavadora.

He defendido desde siempre la independencia de los sujetos políticos y de los sindicales respectivamente: de los unos con los otros, y de los otros con los unos. Lo que puede comportar que, desde la personalidad de cada uno de ellos, se llegue a acuerdos en torno a reivindicaciones comunes. Pero el sindicato, al menos el europeo, no puede ser el sujeto que supla las carencias de la política. Y esto es a lo que conduce el planteamiento de Landini que, en toda esa operación, aparece como el más destacado dirigente y, diríamos, como padre fundador.

Entiendo, además, que si la CGIL entrara en esa vía la unidad social de masas se resquebrajaría porque nadie sabría si está representado por un sujeto político o por un sujeto social. Y, sobre todo, dicha operación –tal como está concebida--  sería otro lastre añadido para articular un proyecto unitario con la CSIL y la UIL, los otros grandes sindicatos italianos. Sería chocante que se abriera una coalición social dividiendo al sindicalismo confederal.

Ahora estamos ante algunas novedades: aunque tarde, Susanna Camusso (y el grupo dirigente de la CGIL) ha hablado claro. No vamos por ahí, le han dicho cortésmente a Landini.  Esta tardanza en hablar claro, en salir del don tancredismo  ha podido embrollar el asunto. Por cierto, más chocante todavía sería que Landini insistiera en la coalición abriendo una grieta en la CGIL, su casa madre.

Concretando: nada impide que se haga esa coalición social. Si Landini quiere liderarla, ¡miel sobre hojuelas!. Pero debería dejar la dirección de la FIOM. Estar en misa y repicando es mala cosa.  Mucho celebraré que se abra paso esa coalición, con o sin Landini.  


 

(1) «COALICIÓN SOCIAL» Y CAMBIO DE BASE

      La «coalición social»: ¿qué es eso?

 

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domingo, 15 de marzo de 2015

La banca y el blanqueo de capitales




¿Exactamente cómo gestiona sus prerrogativas y responsabilidades el Banco de España? Da la impresión de que reinciden en estar a la luna de Valencia. En la época de Miguel A. Fernández Ordóñez fue a remolque de todo, excepto en su montaraz actitud de recomendar demoliciones y derribos sociales. Ahora con Linde mantiene algunas de sus más viejas tradiciones de mirar hacia los sitios más irrelevantes.

La pregunta que nos hacemos es: la intervención del Banco Madrid, vinculado a a la Banca Privada de  Andorra,  ha llegado a rebujo de la notificación de los americanos sobre actividades de (presuntas) actividades de blanqueo de capitales de dicha banca andorrana. Hasta ese momento el Banco de España estaba en la inopia. ¿Estaba Linde al corriente de tales negocios o sus dirigentes, distraídos, jugaban a la rayuela cantando «el patio de mi casa es particular». Está claro que en ambos casos merece algo más que un juicio severo. Y que para mayor concreción no cuesta trabajo alguno decir que Linde y los suyos se han pasado el in vigilando por la cruz de los pantalones.

Y qué decir de la tortícolis del gobierno, empezando por de Guindos y Montoro. Más todavía, ¿a qué fue exactamente Rajoy hace unas semanas al Principado de los valles y de qué habló con las autoridades andorranas? No tardaremos mucho en saberlo. Lo sí sabemos es que de Guindos sólo está preocupado por retorcerle el pescuezo a las autoridades griegas; Montoro busca que busca por los rincones al pobretariado de los autónomos; y Rajoy haciendo los penúltimos esfuerzos para paliar el vendaval que se le viene encima. 

Y en medio de esa batahola los tres citados, junto a Linde, devanándose los sesos acerca del magnífico resultado de Comisiones Obreras en las recientes elecciones sindicales del sector financiero.   


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sábado, 14 de marzo de 2015

Podemos y la reforma laboral



En diversas ocasiones el PSOE ha reafirmado su propuesta de eliminar la reforma laboral en el caso de que gane las elecciones generales. Lo más seguro es que lo haga por la vía de una novación legislativa del Estatuto de los Trabajadores. Yo lo iremos viendo. Lo que verdaderamente chocante es que Podemos sobre ese particular todavía no ha dicho nada. Por supuesto, rectificaré con mucho gusto si no es así.

Parto de dos premisas: Podemos tiene suficiente información sobre el carácter de la reforma laboral y los estropicios que está causando en toda la geografía humana del trabajo asalariado. No voy a extenderme en ello por ser suficientemente conocido y denunciado.

Ahora bien, Podemos no nos ha ofrecido todavía un discurso sobre la relación entre reforma laboral y poder dentro y fuera del ecocentro de trabajo; entre reforma laboral y empleo, a pesar de los numerosos estudios de sociólogos y analistas laborales; y entre el «coste de oportunidad» que se acumula manteniendo la reforma laboral. En definitiva, entre reforma laboral rocosa y el centro de trabajo que, tras la reforma, se ha hecho más «líquido», si hemos de atenernos a la expresión de Zigmunt Bauman, que realmente se orienta a un centro de trabajo gaseosamente tóxico. Y, sobre todo, Podemos conoce perfectamente lo que ha dejado escrito Bauman: «la desigualdad de poder es la madre de todas las desigualdades» (Daños colaterales, desigualdades sociales en la era global, Fondo de Cultura Económica, 2011, página 61). Y ¿qué mayor desigualdad de poder que la establecida por la reforma laboral?


Por lo demás, a Podemos le es exigible –porque ha declarado que va a por todas, esto es, que aspira a gobernar--  salir de ese déficit de proyecto: decir públicamente qué se propone sobre tan relevante cuestión.  Y, comoquiera que el asunto se lo merece, estaremos dando la tabarra hasta que veamos alguna señal.


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viernes, 13 de marzo de 2015

La política catalana y el asno de Buridán




Dos alcaldes catalanes convergentes –de Mataró y Figueras-- han pedido que Josep Anton Duran i Lleida no encabece el cartel electoral de CiU de las próximas elecciones generales,  dada su postura contraria a cómo se está llevando en Cataluña el llamado procés. O los primeros ediles de ambas ciudades actúan por libre o es un “encargo” de alguien con mando en plaza. No hace falta ser becario de primero de Fernán Gómez para entender que, en ese guiñol,  la declaración de los munícipes convergentes tiene los siguientes objetivos.

Primero. Es un potente aviso dirigido a Duran: o enmiendas la plana o pon tu alma en manos de Jesucristo, Nuestro Señor.

Segundo. Es, además, un mensaje a los sectores tibios de Convergencia democrática de Cataluña (el partido de Artur Mas) para que no se anden con paños calientes con relación a la independencia de Cataluña.

Tercero. Lo es, en menor medida, a Rajoy: te vas a quedar todavía más solo en Cataluña.

Como es natural, el Gotha de Uniò democrática de Cataluña (el partido de Duran) no ha tardado en poner el grito en el cielo. Y sin coger carrerilla han puesto de chupa de dómine a ambos ediles y a quines, directa o indirectamente, les apoyen. Todo un quebradero de cabeza para el “astuto” Artur Mas antes de que el asunto vaya a mayores. Ahora bien, ¿de qué «mayores» se trata?

Antes de establecer alguna hipótesis medianamente plausible habrá que valorar el fracaso de Duran: intentó, a finales de verano, poner en marcha una operación política orientada a estructurar un movimiento de personalidades centristas no soberanistas. Hasta donde sabemos el elenco no llega ni a cuatro y el cabo. Al mismo énfasis que se puso en organizar ese movimiento le corresponde el silencio por sus resultados.

Por otra parte, Mas y sus parciales saben (al igual que Duran) que en caso de darse una ruptura  en la coalición se producirá una fuga de demócrata--cristianos hacia   los abrevaderos de Convergencia y sus franquicias.  Pero de igual manera, todos son sabedores de que, si hay ruptura, el descalabro electoral de Convergencia está más que cantado con el beneficio subsiguiente de Esquerra republicana.  Ese es el problema de Artur Mas que, a fuer de astuto, puede devenir en asno de Buridán.

En resumidas cuentas, falta mucho pescado por vender en los mercados de Cataluña.  Y como diría el famoso inglés: «Nada está escrito en las estrellas». Todavía, a lo largo de este año, veremos muchas idas y venidas, muchas vueltas y revueltas. Pues de hecho nunca ha habido tantas variables en liza como ahora. Ya queda poco: las elecciones andaluzas están a la vuelta de la esquina; algunos indicios nos darán, digo yo.    


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miércoles, 11 de marzo de 2015

«¿España sin Cataluña?»




La caótica –y, a veces, esperpéntica— historia del periodo comprendido entre los días 11 de Septiembre y el 9 N (la gran manifestación barcelonesa y el día de la consulta) ha sido relatado periodísticamente por Joan Tapia en su libro ¿España sin Cataluña? crónica personal  de sesenta días de discordia: del Once de Septiembre al 9--N (Península, 2015).  Nuestro autor  es una persona moderada como lo demuestra su biografía, cuyo punto más relevante es haber dirigido La Vanguardia.  La obra en cuestión está escrita a modo de diario personal, y de manera sabia relata los acontecimientos de todas y cada una de las jornadas, principalmente los catalanes dentro del contexto de todo el Estado y de Europa.

El autor nos dice en el prólogo que se propuso escribir cada jornada por la noche y sin cambiar nada a posteriori. No me cuesta ningún trabajo creerlo. De manera que no hay motivo alguno para pensar que nos ha dado gato por liebre. A buen seguro que Joan Tapia se ha ganado las iras de los romanos y los cartagineses, porque aparecen descabezados  todos los títeres de ese guiñol: unos por su quiero y no puedo, otros por ni puedo ni quiero.

Vale la pena leer a Joan Tapia. Seguro que su libro será un referente para futuras investigaciones. Por lo demás, no tiene nada de particular que haya suscitado muy pocas recensiones o comentarios de los medios de allende y aquende el río Ebro. Es natural, a nadie le gusta que le señalen que sus calzoncillos están llenos de palominos.

No hace falta que diga que esto no es un anuncio publicitario. Es más, mis buenos 17 euros me ha costado. Claro, sisándolos en casa.  

Radio Parapanda.--  MUJERES FUERTES EN LA IZQUIERDA

Parapanda insurgente en http://ferisla.blogspot.com.es/

martes, 10 de marzo de 2015

MANUELA CARMENA Y PODEMOS POR MADRID



En la batalla por las municipales en Madrid ha irrumpido Manola Carmena en la lista por Podemos. La biografía de esta gran dama de la izquierda es sobradamente conocida. Siendo ella muy mocita venía con la crema de los abogados –Josep Solé Barberà, Agustí de Semir, Albert Fina, Montserrat Avilés… -- a visitarnos a los presos en la Cárcel Modelo de Barcelona. Manola era la abogada de Ángel Rozas, legendario fundador de Comisiones Obreras.  También ha sido una de las grandes abogadas laboralistas. Y más tarde Magistrado, una gran Magistrada. En fin, toda una vida dedicada apasionadamente al mundo del Derecho y la democracia.   

No hace falta ser un lince para intuir que la «batalla por Madrid» será apasionante. Desde luego mucho tendrán que esforzarse los candidatos de otras formaciones para la alcaldía de Madrid, empezando por la señora Condesa consorte de Bornos, doña Esperanza Aguirre. Por otra parte, esta importante noticia nos propone algunas reflexiones.

Primero, la inteligente opción de Podemos a la hora de proponer una candidata independiente frente al dogma de que sólo en el interior de los partidos está la salvación. Segundo, el espíritu de servicio público de esas personas que, tras un cursus honorum brillante –como también es el caso del profesor Gabilondo--  no optan por la descansada vida de quien «huye del mundanal ruido» y se mete de lleno en la vorágine de la política, tal vez porque están hasta el cielo de la boca del fangal en el que se ha convertido la cosa pública. En todo caso, estoy por apostar que está garantizada una intensa actividad participativa hasta el día de las elecciones.

Y como hipótesis cabría añadir: ¿no será que todo este proceso –el que se va a desarrollar durante todo este año--  que va a tensionar a la sociedad puede representar cambios culturales en la sociedad? Si es así, desde Madrid, el testimonio de Manola Carmena, entre otras más personas, sería importante: el de la civilidad democrática frente a la más rancia chabacanería; el de la honestidad frente al fango  de la España «de charanga y pandereta».


Radio Parapanda.--  VIEJA Y NUEVA POLÍTICA



lunes, 9 de marzo de 2015

Algunas argucias de los discursos políticos



Escribe Tito Ferino


¿A mi qué me importa la opinión del partido A sobre la del partido B? Nada. ¿Qué interés tiene que A afirme que B es un tal y cual? Irrelevancia pura. Sin embargo, una gran parte de los discursos de los dirigentes políticos –aquí sin distinción de colores y olores--  se orientan a opinar lo que son los zutanos y perenganos.  Es una forma de decirnos “¡por si no te habías dado cuenta!”. En el fondo es una actitud paternalista que entiende al hipotético votante bien como ignorante o como sospechosamente garrulo. Por lo demás, tal vez sea una manera de intentar que el votante evite opinar sobre el emisor del mensaje o recado. En fin, a un servidor de ustedes le parece que dicha retórica es una forma de decirnos: puede que nosotros no seamos muy de fiar, pero esos son todavía peor, caca de la vaca.

Ese estilo es –digámoslo sin pelos en la lengua--  una manera de desviar la atención ante la falta de proyecto  de quien lanza el recado. Es en el fondo una manera de lanzar el famoso «y tú, más». Y, por supuesto, se orienta a que el receptor no valore convenientemente la gestión de A en el gobierno o la de B en la oposición. Esa retórica –dicho granadinamente--  es pollas en vinagre. (Recordamos a nuestros lectores que el sentido de este idiolecto es el siguiente: comoquiera que las pollas –o sea, esas gallinas gruiformes--  tienen un sabor que deja mucho que desear--  necesitan mucho vinagre para despistar el gusto).

Por otra parte, ese «pollas en vinagre» es demasiado responsable del encanallamiento de la política, ya que cada emisor aludido se ve obligado a elevar el diapasón del susodicho estilo. Desde luego, parece insertarse en la vieja máxima del “¿para qué razonar si puedo dejar en cueros sin decir nada a mi contrincante?”. Pero sobre todo es una expresión –y no menor--  del progresivo deterioro intelectual de quienes razonan de ese modo. Que no son pocos. Y quién sabe: bien podría encarnar las características del bipartidismo, basado en un conflicto técnico, que no de modelos de sociedad.

En resumidas cuentas, razonar siempre es sospechoso de algo anómalo. Lo sabemos desde que Zlatan Ibraimovic dejó dicho despectivamente que Pep Guardiola era «un filósofo». O sea, peor que la tiña.


Lectura sugerida: Parapanda Insurgente

CAPÍTULO CUARTO


domingo, 8 de marzo de 2015

Podemos y el hombre más poderoso del mercado




Nota. Este blog se une al celebrado homenaje al amigo Gianni Bombaci.


Es conveniente leer las páginas del suplemento sepia de El País. Es una recomendación que hago a los sindicalistas pues su información puede servirle para sus quehaceres. En esta ocasión, en el suplemento de este domingo, aparece un artículo sobre “el hombre más poderoso del mercado”, Larry Fink. Este caballero dirige la Black Rock, la mayor gestora de fondos del mundo con unos 4,2 billones de activos (con b de Barbate). Con la misma intención descriptiva que el periódico le decimos al lector que el caballero cobra 24 millones de dólares al año y –se supone--  que no pasa agobios. Pero, por si las moscas, cuenta con una participación en la empresa del orden de 420 millones de dólares. Añadamos, además, otro dato significativo a la biografía del caballero: en el año 2011 firmó un contrato con el gobierno griego en calidad de asesoramiento económico. Nos abstenemos de hacer comentarios porque, precisamente ahora, estamos en horario infantil

En todo caso, no es por estos datos por lo que es noticia.

La noticia es las opiniones que da sobre el proceso electoral español de todo este año y  su referencia explícita a Podemos. Y para recordarnos que tiene bastón de mando declara:

                
«Si gana Podemos puede haber un cambio en el sentimiento del mercado lo que significaría una subida de la prima de riesgo»


Chocante, porque no sabíamos que el mercado tuviera «sentimiento». Pero dejemos las cosas ahí; respetemos el sobrevenido sentimiento poético de este caballero: nada impide que los ricos sean poetas o incluso filósofos. En todo caso, barrunto que don Larry ha dado el pistoletazo de salida para meter jindama en el “sentimiento” popular a la hora de las votaciones. Lo que indicaría el canguelo de sus cofrades y, por supuesto, de Mariano: sí, ese hombre que va donde le llevan.


Ahora bien, dejemos las cosas claras: don Larry y los suyos cumplen, para nuestra desgracia, con su obligación que no es otra que la defensa cerrada de sus intereses. Y lo hace desde una atalaya global. El problema está en si nosotros –la izquierda social y política-- somos capaces de dejar de ser parroquianos de aldea, sujetos de campanario.  En caso de no hacerlo, las reclamaciones deben dirigirse al Maestro armero. 

sábado, 7 de marzo de 2015

Sindicato, renovación y viento de la historia




Ignacio Fernández Toxo lleva tiempo exigiendo que la organización que dirige, Comisiones Obreras, dé un salto hacia delante y proceda a su renovación. Su argumentación en el máximo organismo de la casa, el Consejo confederal, ha alcanzado el clímax. «O Comisiones Obreras se reinventa o se la lleva el viento de la historia», ha declarado de manera rotunda. Poca broma con lo que ha manifestado. ¿Habrá que insistir mucho para que se tome conciencia de lo que ha expresado el secretario general de CC.OO.?

De entrada, su tesonero planteamiento ha llevado a la elaboración y aprobación de un Código ético que regula el funcionamiento interno (1). A mi juicio es un significativo avance que es preciso valorar sin ningún tipo de ambages. Más todavía, el discurso de Toxo se concreta ahora en un paso adelante estableciendo un vínculo visible entre la ética de los instrumentos y medios con la de los fines y objetivos. Por lo demás, es destacable la rapidez con la que el sindicato ha abordado una situación delicada como las últimas coplas en las que se ha visto envuelto. Sin duda es un (acertado) primer paso. Del coraje del mismo Toxo y de todo el grupo dirigente depende ahora la continuidad de ese camino emprendido.

Ahora bien, lo que se ha aprobado en Madrid no es exactamente una reinvención o renovación del sindicato. Es una racionalización de lo que hay en toda la regla. Lo que no es poca cosa: son unas normas obligatorias y obligantes para toda la confederación. En todo caso, una cosa parece clara: tras la resolución de Madrid es indicativa de que existe un clima renovador, que enlaza la racionalización ya aprobada con un proyecto de renovación integral del sindicato. Alerto, por lo demás, que no podemos estar sin definirlo concretamente durante mucho tiempo. No sea que los acontecimientos viajen a mil por hora y nosotros lo hagamos en las nobles –aunque ya ineficaces--  tartanas de antaño.  Más todavía, seamos consecuentes con el argumento que exige dicha renovación, que ha formulado el mismo Toxo: «No podemos seguir haciendo lo mismo para conseguir los mismos resultados». Porque podría ser que haciendo lo mismo consigamos peores resultados o ningún resultado. En resumidas cuentas, lo que plantea Toxo no parecen ser obras menores, ni –menos todavía--  una mano de pintura.  Ánimo, pues.





Debate sindical

Isidor Boix:  A vueltas con el PROCESO SINDICAL CONSTITUYENTE

Antonio Baylos: REFLEXIONES SOBRE EL DERECHO DE HUELGA

Isidor Boix / JLLB:  Hacia un Congreso Sindical Constituyente CONGRESO SINDICAL CONSTITUYENTE

JLLB. El valor del Congreso Sindical Constituyente; el mérito de un proceso

Paco Rodríguez: SINDICATO, SOLIDARIDAD, VISIBILIDAD

Francisco J. Trillo:  Representando a los trabajadores: ¿qué trabajo, qué trabajadores?

Jaime Cerezo. ¿DÓNDE ESTÁ EL SINDICATO? RÉPLICA PARCIAL Y DESORDENADA

Antonio Baylos: NO VEMOS NI OIMOS A LOS SINDICATOS

Quim González:  No hay sindicato sin emoción de la militancia

Isidor Boix:  (2) DEBATE SINDICAL PARA SABER DÓNDE ESTAMOS, DE DÓNDE PARTIMOS

Javier Aristu:  El sindicato y el nuevo proyecto social

Paco Rodríguez: A VUELTAS CON LOS SINDICATOS

Ramón Alós: A PROPÓSITO DEL DESCONCIERTO DE LOS SINDICATOS

Soledad Gallego-Diaz: Ni se les ve ni se les oye

Paco Rodríguez:  HABLEMOS DE LA AFILIACIÓN SINDICAL

JLLB: SINDICATOS Y EL MONOPOLIO DE LA NEGOCIACIÓN

Magdalena Nogueira y otros: Sindicatos: De la concertación (social) al desconcierto (general)

Quim González: ¿TIENE CABIDA EL SINDICALISMO EN LA EMPRESA ABIERTA?

JLLB: LA PARÁBOLA DEL SINDICATO