miércoles, 31 de julio de 2013

DEL ANATEMA AL DIÁLOGO

Gabriel Jaraba*

Querido tío Pepe Luis:

Ciertamente, como dices Francisco ha dado un paso al margen del constantinismo que muchos añoran y que Karol Wojtyla quiso recuperar, y con el que sueña gran parte de la conferencia episcopal española. Aunque posiciones semejantes estaban recogidas ya  en la constitución pastoral de la iglesia en el mundo de hoy, emitida durante el Concilio Vaticano II. Tengo en las manos el libro que la recoge, publicado en catalán en 1965, por la editorial Estela de nuestros añorados Alfonso Carlos Comín y Josep Verdura y me doy cuenta de que hay que explicar a los jóvenes que actualmente se sitúan en la izquierda que un día existieron en nuestro país revolucionarios que se reclamaban “comunistas en la iglesia, cristianos en el partido”, según la frase memorable de Comín.  Los actuales gestos y palabras de Francisco ponen en una situación difícil a los ultras de su parroquia –valga la redundancia— y pondrían también en ella a los reanimadores del anticlericalismo de izquierdas si no fuera porque aquellos tienen mejor oído para detectar las amenazas a su status quo.

¿Cuánto durará ese inesperado “aggiornamento”? Muchas gentes laicas creen que no se trata más que de gestos, porque la estructura jerárquica y su autoritarismo no pueden permitir que la iglesia de Roma cambie. Pero yo considero que el rasgo principal de las personas progresistas es precisamente la confianza en que las cosas pueden cambiar.  El “cuanto peor, mejor” conduce siempre a lo peor. Aunque lo de Francisco fueran gestos, en la sociedad compleja (la sociedad de la comunicación) no se da puntada sin hilo: los gestos han abierto nuevos horizontes a menudo insospechados (Gorbachov, Mandela, Obama) y lo que unos consideran mera apariencia otros lo analizan como indicaciones para el diálogo.

Las fuerzas resistentes al cambio suelen identificar mejor la naturaleza de lo que algunos progresistas consideran mera gesticulación. Las sentinas ultramontanas han colocado a Francisco en el punto de mira, y muchos de sus habitantes no tienen empacho en hablar de “sede vacante”, es decir, que no le reconocen como papa. Le consideran entregado a la teología de la liberación e incluso líder de la mítica logia masónica vaticana, en unos delirios basados en el  género literario cultivado por Leo Taxil, los Protocolos de los Sabios de Sión y el supremacismo blanco de la ultraderecha estadounidense. Pero a  ningún progresista le conviene que Francisco fracase, por el mismo motivo que hoy celebramos que Juan XXIII triunfara en cierta medida y por lo menos marcase distancias considerables con Pio XII.

Francisco no es lo que se suele llamar “un cristiano progre” aunque es progresista en ciertos aspectos, como el que ha motivado la información que reproduces, y conservador –o muy conservador— en otros, como él mismo ha aclarado en la última rueda de prensa celebrada durante  vuelo de regreso de Brasil a Roma, respecto a la ordenación de las mujeres, el aborto o la contracepción. Pero ha renunciado a la retórica de enfrentamiento, en esos asuntos y otros, limitándose a reclamarse de la ortodoxia (la ortodoxia actual, provisional). En el caso de las personas gays, por ejemplo, y su renuncia a juzgarlas o rechazarlas, ha sido consecuente con su llamada al diálogo como actitud central. Y es esa actitud dialogante y no beligerante la que puede terminar provocando cambios en las capas más duras de la estructura, pues los partidarios de esos cambios se encuentran dentro de ella. La acogida a los negros que malvivían en naves abandonadas del Poblenou por parte de una iglesia del barrio ha funcionado como una seda, y su rector, el cura periodista Francesc Romeu se ha acogido a la actitud de Francisco para justificarla, sin que del arzobispado haya surgido el menor reparo. Recuérdese lo sucedido hace años con los sin papeles que ocuparon Santa Maria del Mar y los pescozones que sufrieron los rectores de la basílica, mossèn Vidal  y mossèn Bigordà, otrora puntos de referencia de la parroquia de Sant Medir cuyo papel en la fundación de las CC.OO. catalanas fue importantísimo.

La iglesia de Roma deberá cambiar en lo referente a sus ideas sobre la concepción y contraconcepción, el sacerdocio (y episcopado) femenino y tantas otras cuestiones que se presentan como fruto de su magisterio pero cuya justificación teológica es problemática o incluso endeble. Tales cambios no vendrán concedidos desde la cúpula sino inducidos por los miembros de la estructura y por el abandono de la feligresía y, lo que es más importante, por la pérdida de influencia cultural. Y ese proceso de cambio va a beneficiar a todos. No solamente a los laicistas, que se librarían de presiones indebidas sobre el legislativo y el ejecutivo, sino a los propios creyentes de otras denominaciones, puesto que una consideración más positiva del catolicismo por parte del cuerpo social atraería la atención del público sobre la fe cristiana.

Los “soldados derrotados de Montini”, como se definió Jordi Pujol respecto a su condición de católico en pleno wojtylismo, nos alegraremos de una evolución semejante, incluso, como es mi caso, desde referentes católicos no romanos. Los beligerantes del integrismo lanzarán, de momento, una guerra de guerrillas para hacer tropezar a Francisco con sus propias palabras y acciones. Es de esperar que los puristas de la izquierda laica no ayuden, con la amplitud de miras que les caracteriza, a la tarea de zapa que se elabora en las sentinas ultramontanas. Para ello hay que confiar en el cambio y apoyarlo, porque no puede hacer más que beneficiarnos a todos.

* Profesor de la Universidad Autónoma de Barcelona y periodista.  


Radio Parapanda. Gabriel Jaraba y José Luis López Bulla en EL PAPA FRANCISCO DEFIENDE EXPLÍCITAMENTE LA LAICIDAD DEL ESTADO

martes, 30 de julio de 2013

EL PAPA FRANCISCO DEFIENDE EXPLÍCITAMENTE LA LAICIDAD DEL ESTADO



Gabriel Jaraba*

Francisco, en las últimas jornadas de su viaje a Brasil, ha hecho una declaración que no  tiene precedentes en la historia del papado: una defensa explícita de la laicidad del estado, que reconoce a todas las religiones y no adopta ninguna posición confesional. Francisco sostiene que la convivencia entre religiones se ve beneficiada por la aconfesionalidad de las instituciones.

Francisco dijo que “la convivencia pacífica entre las diferentes religiones se ve beneficiada por la laicidad del estado, que, sin asumir como propia ninguna posición confesional, respeta y valora la presencia del factor religioso en la sociedad”. Con ello, el obispo de Roma y primado de la iglesia católica romana se sitúa plenamente en el campo de quienes han venido defendiendo la concepción totalmente democrática del estado y al margen de las posiciones más ultramontanas de la iglesia de Roma, sostenidas aún por algunas conferencias episcopales, entre ellas la española.

Francisco se refirió también a la necesidad de que la política y la economía sean también democráticas: “El futuro nos exige una visión humanista de la economía y una política que logre cada vez más y mejor la participación de las personas, evite el elitismo y erradique la pobreza. Que a nadie le falte lo necesario y que se asegure a todos dignidad, fraternidad y solidaridad”.

Hay que notar que las dos declaraciones, tomadas conjuntamente, remiten al lema democrático y republicano “Libertad, Igualdad, Fraternidad”, ostentado como divisa por los movimientos revolucionarios ilustrados, a los que la iglesia de Roma se opuso continuadamente.

Francisco se refirió también a la tolerancia, bajo la forma del diálogo: “Diálogo, diálogo, diálogo. El único modo de que una persona, una familia o una sociedad crezca es la cultura del encuentro, una cultura en la que todo el mundo tiene algo bueno que aportar y todos pueden recibir algo bueno a cambio. El otro siempre tiene algo que darme cuando sabemos acercarnos a él con actitud abierta y disponible, sin prejuicios. Sólo así puede prosperar un buen entendimiento entre las culturas y las religiones, la estima de unas por llas otras sin opiniones previas gratuitas. Hoy, o se apuesta por la cultura del encuentro, o todos pierden”.

Si bien desde el Concilio Vaticano II la Iglesia Católica Romana había adoptado la mayor parte de los principios que inspiran las sociedades democráticas –sin aplicarlos en su propia estructura– esta es la primera vez que un Papa declara explícitamente su adhesión a los principios de la revolución democrática.

Foto: los zapatos viejos que usa Francisco.



Conversando con Gabriel Jaraba


Querido Gabriel, estoy de acuerdo con lo que escribes sobre Francisco. Y diré algo más: creo que, desde el campo de los intelectuales de izquierda, has sido el primero en situarnos, desde los primeros andares de Bergoglio como Pontífice (el que construye puentes)  –sin papanatería alguna—  el carácter de la personalidad de este hombre. 

Francisco ha llamado a la juventud a «armar lío», y como no es un Capitán Araña predica con el ejemplo organizando una fenomenal zapatiesta. Es posible, pues, que veamos cosas interesantes.

A mi juicio, Francisco ha abierto una potente cesura con la doctrinal tradicional de la Iglesia en sus declaraciones sobre la «laicidad del Estado». (¿Te imaginas la cara que pondría Palmiro Togliatti si lo hubiera oído?) Es, por tanto, una ruptura en firme de los vestigios del constantinismo que siempre estuvo en estado de latencia. Más todavía, la relación entre laicidad del Estado y el diálogo inter religioso es además una interferencia contra el resurgir agresivo de los movimientgos fundamentalistas que campan también en el corazón de Europa.

¿Dónde quedan ahora las tesis de Ratzinger, suscritas por Rouco y sus hermanos, acerca del acomodo y supeditación de las leyes civiles a los planteamientos de la Iglesia catóica? ¿Dónde quedan ahora aquellos que voceferan para asegurar su fe?

Y, comoquiera que todavía hay mucho de qué hablar (y más que se hablará porque Francisco dará seguramente mucho más de sí), me pregunto sobre el destrozo que este hombre ha hecho a todos los que, durante siglos –católicos, luteranos, anglicanos, etcétera--  han demonizado al maestro de Sant Andrea in Percussina, Nicolás Maquiavelo.

Querido Gabriel, ¿durará mucho este «nuevo ciclo» que se abre, al menos en Roma y sus amplios alrededores? Te saluda, con repiqueteos en la espalda, JLLB


jueves, 25 de julio de 2013

¿UNA AMNISTÍA PARA LOS CORRUPTOS?

Oigo en una tertulia vespertina de la Cuatro el siguiente comentario de un opinador: «Dentro de dos años se va a conmemorar el cuarenta aniversario de la coronación de Juan Carlos. Un grupo de empresarios, que se ha reunido con Rajoy, ha planteado que una forma de celebrar tal fausto sería la promulgación de una amnistía para aquellos delitos fiscales y, más en concreto, de la corrupción que están afectando a la mayoría de los partidos políticos». Ni quito ni poco rey; es lo que escuché con estos oídos que se va a comer la tierra.

Ignoro si el opinador va teledirigido o está aproximadamente bien informado; desconozco si la cosa tiene una pizca de fundamento o es un bulo consciente o inconscientemente amañado. Y, por no saber, no sé si esos boletines soi disant confidenciales lo están difundiendo o, cosa distinta, propalando. Si es una patraña, no hemos dicho nada. Pero el caso es que entra dentro de lo posible.

Entra dentro de lo posible que alguien haya hecho el siguiente razonamiento, aparentemente bien intencionado o con oscuros propósitos: el proceso político español, que viene desde 1977, corre el peligro de entrar en crisis definitiva con las cárceles atestadas de gentes de alta cuna y baja cama o de manos largas amonedadas. Así pues, borrón y cuenta nueva. Amnistía, pues como dejó cantado el coplero «la mancha de la mora con otra verde se quita».

Ahora bien, en el caso de que sea cierto y se produzca, aquí podría armarse la mundial. El beato Bárcenas y sus cohortes de oficio (unos de babor, otros de estribor) en la calle podría significar la consagración del Estado de cohecho y la demolición del Estado de derecho.

¿Es apropiado decir aquí el famoso sintagma renancentista  «paciencia y barajar»? Según y cómo. Mientras tanto sigamos a Tirso de Molina que dejó dicho:

Pues paciencia y barajar,
que poco puede tardar
de Sevilla quien desea
desenmarañar este enredo
y damos a conocer.  


[La villana de Vallecas]



lunes, 22 de julio de 2013

MICHELIN: trabajar menos para trabajar todos

Nota editorial. Quim González, como verá el lector, hace una propuesta a este blog. La acogemos con entusiasmo y así lo haremos. El resultado positivo de ello estará en función de las colaboraciones que recibamos. Por nosotros no quedará. Y, sin más preámbulo inauguramos el "espacio" Sindicato en el centro de trabajo

Frutos del árbol sindical  

Joaquím González Muntadas


Hace justo un año escribí y se publicó en este blog un artículo titulado "Que el árbol no impida ver el bosque" referido a la acción sindical y sus prioridades. Un año después, no estoy seguro de que hayan cambiado mucho las cosas, más allá del incremento del paro, más cierres de empresas, más falta de crédito, estrangulamiento y empeoramiento del I+D, asfixia de los centros e instituciones encargadas de desarrollarlo y desesperación de nuestros investigadores. Podríamos llenar páginas con los déficits que reclaman la atención del Sindicalismo Confederal, sin olvidar, por supuesto, los recortes en sanidad, enseñanza, incluso de algunos derechos civiles, lo que unido al deterioro del clima político y social, añade mayor carga a las ya débiles alas para el despegue económico necesario para la salir de la crisis.


Junto a todo ello, los centros de trabajo seguirán demandando de la acción sindical una atención del día a día. Atención a la organización del trabajo, a la profesionalidad, a la salud, a la igualdad.  Seguirán demandando respuestas, unas respuestas que parece que no se oyen, pero que seguro que en silencio se están dando ya día a día. En silencio, porque en pocas jornadas, seminarios, o cursos de verano, son materia central de estudio, de reflexión y formación. Y es algo que llama la atención, en comparación con otros países, como particular es el hecho de los escasos trabajos científicos, así como en comparación con otros países, la reducida edición de materiales de estudio e investigación sobre temas relacionados con la organización del trabajo, la salud laboral, la RSC y las políticas de igualdad, o las salariales, generadas por la acción sindical y la negociación colectiva.


Hay muy pocos ámbitos y foros que expresen como el blog “Metiendo Bulla” el interés por la contractualidad y la organización del trabajo. Los artículos de Miquel Falguera o los dedicados a Bruno Trentin y la Ciudad del Trabajo, son buenos ejemplos de ello. Por esto, sugiero al amigo José Luis López Bulla que considere la posibilidad de impulsar un espacio que recoja  experiencias, acuerdos, pactos y convenios que expresen que la realidad de la acción sindical es mucho más rica de lo que refleja la formalidad de los órganos de dirección de las organizaciones sindicales, las cátedras de derecho o las escuelas de negocios, y más rica que lo relatan algunos medios de comunicación. Un espacio que pueda ser un escaparate donde exponer experiencias que hoy quedan en la sombras del desconocimiento general, y que permita a los interesados conocerlas y profundizar en ellas. Porque hay cientos de ejemplos que merecen ser conocidos.  


Y para predicar con el ejemplo de dar a conocer experiencias y acuerdos que permitan resaltar el valor de la acción sindical y la negociación colectiva en muchas empresas, que nos certifican que, más allá de las leyes regresivas y los serios esfuerzos por debilitar el valor de la representación colectiva y de la acción sindical en el espeso bosque del mundo del trabajo, hay árboles que dan muy buenos frutos.

Paso a explicar junto con José Ignacio Léniz uno de estos frutos que la acción sindical ha construido, con especial protagonismo en este caso de CCOO, y en particular de su Sección Sindical en la empresa Michelin España.


MICHELIN: TRABAJAR MENOS PARA TRABAJAR TODOS

José Ignacio Léniz Azkárate  (Secretario General S. Sindical de CCOO Michelin)
Joaquim González Muntadas (Ex Secretario general de FITEQA-CC OO)


Michelin es una empresa dedicada principalmente a la fabricación y distribución de neumáticos. Su matriz se encuentra en Clermont Ferrand (Francia) y cuenta con un plantilla a nivel mundial en torno a 110.000 trabajadores. En  España tiene 4 plantas de fabricación situadas en Aranda de Duero (Burgos), Lasarte-Oria (Gipuzkoa), Valladolid y Vitoria-Gasteiz; una división comercial con su sede principal en Tres Cantos (Madrid) y tres grandes almacenes en Burgos, Subirats (Barcelona) y Seseña (Toledo), además de un centro de experimentación en Níjar-Cabo de Gata (Almería). En total alrededor de 8.000 trabajadores, con alta de afiliación  a algún sindicato.


Es un empresa con una larga historia de luchas sindicales y acuerdos, algunos de especial relevancia, lo que ha permitido construir unas relaciones laborales maduras que han representado una fortaleza en la extrema competencia interna de la multinacional, como lo demuestra que, tras la globalización de los mercados, la descolonización productiva, la profunda renovación tecnológica y las sucesivas crisis, España mantenga altos niveles de empleo con unos costes salariales similares o incluso mayores en algunos grupos profesionales que Alemania o Italia, pero con menor coste unitario, y por tanto con unos trabajadores más competitivos.


Michelin España es una empresa que pasó de, en el inicio de los años 80, no reconocer prácticamente el derecho a la negociación colectiva, a ser una de las más innovadoras en la gestión de las relaciones industriales y laborales.


Fue la primera que incorporó el contrato relevo como herramienta de rejuvenecimiento de su plantilla, resolviendo en el Ministerio de Trabajo muchos problemas de reglamento de una ley pensada para su uso individual y no colectivo, y que se extendió rápidamente a otras muchas empresas.


Innovador fue también el “Contrato fijo con jornada variable” pactado hace 15 años  cuando en las empresas de la automoción y sus auxiliares, se conocían porcentajes del 30 % y 40% de eventualidad para hacer frente a las fluctuaciones del mercado. Se trataba de un contrato fijo con base del 100% de la jornada, que en el caso de una bajada productiva importante, previa justificación a la representación social, la empresa se reserva una flexibilidad del 30% de la jornada. Una innovación contractual que ha supuesto un éxito total hasta la actualidad, favoreciendo la realización de más de cuatro mil contrataciones indefinidas en los 15 años que lleva aplicándose.


Innovador fue asimismo el “Plan de Reindustrialización y Recolocación” contemplado en el Plan Social del Acuerdo Sindical de cierre de la planta de fabricación de llantas en Aranda de Duero (Burgos). Respondiendo a criterios de Responsabilidad Social se comprometieron importantes esfuerzos en  personas, técnicos y económicos, que permitieron atraer a nuevas empresas a la misma ubicación que tenía la empresa cerrada, generando tanto o más empleo que el perdido. Con ello se dotó de sentido lo que a menudo se califica de Plan Social de Compromisos de Recolocación, que, como permite la Reforma Laboral, no pasa de ser un trámite administrativo más, en el que la empresa no espera gastar más que la ayuda en la confección del curriculum de la persona despedida.


A mediados del 2012, se agotaron los mecanismos internos de flexibilidad y Michelin planteó un ERE temporal, asumido por la representación sindical con el objetivo de "ganar" algo de tiempo, pero con la voluntad de intentar evitar que la gestión de la flexibilidad de jornada fuera siempre el recurso del ERE temporal. Tiempo que sirvió para proponer y promover una negociación, que se inicia, como era previsible, con una primera propuesta empresarial de sistema de 4 equipos, para facilitar una corredera de unos 70 días de flexibilidad en su apertura, y más capacidad de reacción ante posibles variaciones durante el año. Esta propuesta era muy poco original y muy cómoda de gestionar, conocida por estar muy extendida en la mayoría de empresas industriales para afrontar la gestión de la organización de la producción en los valles y los picos de la demanda, flexibilizando la jornada o el empleo.


La representación sindical la rechazó por las posibles consecuencias negativas en el empleo, que finalmente soportaba toda la propuesta y sobre el que gravitaba la flexibilidad de la crisis.


La Sección Sindical de CCOO, consciente que sólo el NO a la propuesta empresarial no era alternativa a las exigencias de flexibilidad horaria, construyó una alternativa que precisó tiempo, esfuerzo y mucha discusión, para persuadir a la empresa de que era posible regular y atender las necesidades de flexibilidad salvaguardando lo más valioso, el empleo, bien tan escaso en nuestro país.


CC.OO trabajó con sus afiliados y éstos con el conjunto de los trabajadores en círculos de discusión, reclamando aportaciones, ideas, sugerencias. Se inició la negociación con la empresa y ésta acepto el reto, valorando la propuesta sindical como un mayor esfuerzo para la mayoría de los trabajadores y trabajadoras de Michelin al no descansar, como sin duda hubiera sido lo más fácil, en los colectivos de trabajadores más jóvenes y en la contratación temporal.


La organización y la acción sindical, junto a la iniciativa y la participación, dan sus frutos y en abril de 2013 se firma el Acuerdo que la empresa ha denominado “Acuerdo Nuevo Sistema Variable, Evolución de los Sistemas de Trabajo”, pero que los sindicatos han decidido llamar “ACUERDO PARA EL REPARTO DEL TRABAJO Y EL MANTENIMIENTO DEL EMPLEO”, que expresa mejor el contenido de que, en una situación de crisis y tomando como punto de partida la flexibilidad de la jornada, se logre el mantenimiento de TODO el empleo existente en MICHELIN.


Un Acuerdo que mantiene los parámetros “tradicionales” de la producción, sin apenas repercusión sobre los trabajadores, quienes sólo en el caso de una situación de extrema  falta de actividad, empezarían a dejar de ganar una parte de su salario a la vez que reducen su jornada.


El Acuerdo ha recibido el apoyo de la mayoría de los trabajadores y trabajadoras de Michelin España, valorando que mejora la productividad y la competitividad de nuestras plantas, porque al optimizar la rapidez de maniobra en la gestión de los pedidos de fabricación, podría favorecer la asignación de más volúmenes de fabricación y por ello de más empleo.


Los trabajadores y trabajadoras de MICHELIN saben mejor que muchos gurús de la economía, que para lograr estas ventajas competitivas, la mejor fuente es la acción sindical y la negociación colectiva, y que desde el equilibrio en la interlocución entre empresa y trabajadores, y no desde leyes que desmotivan el diálogo, se puede alcanzar un Acuerdo como éste, cuyo resumen podría ser: "se trata de una idea muy simple, aunque con desarrollo complejo: TRABAJAR MENOS PARA TRABAJAR TODOS”.


viernes, 19 de julio de 2013

OFICIO DE TINIEBLAS EN CATALUÑA: NACIONALISTAS Y SOCIALISTAS

Sepan nuestros lectores que diversas familias políticas de Cataluña –CiU, los socialistas y los republicanos--  se han coaligado en el Parlament para que Agustí Colom no pueda ser miembro de la Sindicatura de Comptes, el organismo que fiscaliza las cuentas financieras. Un conchabeo inaudito, desde luego (1).

Que CiU no quiera a Agustí Colom cae dentro de la lógica. Que a ERC haya votado en contra puede ser explicable por su intercambio de mercancías con CiU, o sea, que tiene una aproximada explicación. Y entra en el campo de la retórica interrogarse sobre la postura del Partido Popular. Ahora bien, ¿cuál es el motivo de la postura de los socialistas catalanes? Hasta ahora tanto su grupo parlamentario como la cúpula dirigente no han abierto la boca. Como diría sir Alfred Hitchcok: «Silencio, se rueda».

Pero, a falta de lo que se llama explicación de voto no tenemos más pistas o indicios que bucear en la personalidad de Agustí Colom. Este caballero es profesor de Teoría Económica de la Universidad de Barcelona. O sea, profesionalmente tiene todas las trazas de estar preparado con suficiencia. Pero, ¿qué digo? Eso ya lo demostró a carta cabal en el ejercicio de sus responsabilidades como síndico anteriormente. ¿Entonces, cuál es el problema? La cosa está en que este caballero es asaz pejiguera: cree en la tarea que debe cumplir este tribunal de cuentas y, a lo largo de sus anteriores responsabilidades en la institución, ha emitido informes que provocaban ictericia en los poderes. Hablando en plata: no dio cuartelillo a ciertos escándalos financieros que se dieron en el campo de la sanidad pública catalana donde estaban implicados ciertos exponentes de la diversa zoología política catalana. Es decir, Colom no sólo era un aguafiestas sino una interferencia y la lejía contra ese barrizal al que técnicamente hay que llamarle «presunto».

Fíjense hasta qué punto este Agustí Colom es un personaje chocante que, cuando fue propuesto como síndico, hizo un comunicado público, coram populo, renunciando a su adscripción a Iniciativa per Catalunya. Esto es, lo contrario de lo que hizo Francisco Pérez de los Cobos en su comparencia en el Senado cuando fue propuesto como Presidente del Tribunal Constitucional. No contaba este Pérez que su militancia sería desvelada por los papeles del Beato Bárcenas.

Así las cosas, esta democracia está demediada por la corrupción de ciertos partidos políticos, de un lado, y por la corrosión del carácter de los organismos de control, que aparecen como prótesis de acompañamiento de tales partidos. No es,  por tanto, una crisis política sino esencialmente institucional.

Pero algo empieza a cambiar. Las manifestaciones de estos últimos días frente a algunas  sedes provinciales del Partido Popular expresan, todavía de manera incipiente, que algo empieza a moverse. En resumidas palabras, algo se mueve contra el burladero de la auto impunidad política.

Apostilla. En este caso concreto de la Sindicatura de Comptes, los socialistas han actuado de monaguillos de ese Oficio de Tinieblas liderado por Convergència i Unió.   




jueves, 18 de julio de 2013

¿TÚ TAMBIÉN, PRESIDENTE DEL TRIBUNAL CONSTITUCIONAL?

Que la derecha había tomado el Parlamento por el pito del sereno era cosa que ya sabíamos. Pero lo que ignorábamos es que algún que otro factótum del Estado hacía tres cuartos de lo mismo. Pongamos que hablo del presidente del Tribunal Constitucional, Francisco Pérez de los Cobos. Este caballero ocultó al Parlamento que estaba inscrito en el Partido Popular y, como tal, pagaba su correspondiente cotización de afiliado. Las preguntas que me hago son las siguientes: ¿por qué no lo mencionó? ¿acaso lo consideraba irrelevante?    

No seré yo quien impugne que un miembro del Tribunal Constitucional, antes de tomar posesión de ese cargo, sea o no magistrado o juez, haya militado en un partido político; tampoco impugnaré que tenga mayores o menores simpatías por tal o cual ideología. Lo que aquí se ventila es el ocultamiento de un dato de la biografía de Pérez cuando éste comparece en el Parlamento. Es sobre este detalle sobre el que se le deben pedir explicaciones.

Las Cortes, efectivamente, llevan el camino de ser ninguneadas. Reiteradamente lo ha hecho el presidente del gobierno y, en esta ocasión que comentamos, la primera autoridad del Tribunal Constitucional. Otro personaje que se las verá moradas para poder dar explicaciones sobre el mencionado ocultamiento. Si no lo hace contaminará al conjunto de la institución que ya, de por sí, anda en demasiadas coplas. Otra se añade ahora: en la toga de Pérez hay algunas manchas. ¿Habrá suficiente lejía para quitarlas?

Según parece la noticia ha saltado por unas anotaciones en los papeles del Beato Bárcenas. ¿Cuál será la próxima?      


viernes, 5 de julio de 2013

BIENES DEMOCRÁTICOS Y REFORMA DE LA CONSTITUCIÓN

El profesor Gerardo Pisarello define las conquistas del Estado de bienestar como «bienes democráticos». Esto es, les da un tratamiento similar a los derechos que –como las libertades políticas, civiles y sociales--  están contemplados en la Constitución. Quedamos, pues, en que unos y otros son bienes democráticos. Lo que me lleva a la siguiente consideración y, posterior, propuesta.

Sería impensable (al menos por ahora) que un gobierno, por muy termidoriano que fuera, intentara abolir o “privatizar” determinados derechos constitucionales –ciertos bienes democráticos como, por ejemplo, la libertad de expresión o el ejercicio de la huelga--   sin modificar la Constitución. Pues bien, siguiendo a Pisarello ¿por qué los gobiernos tienen manga ancha y discrecional para proceder a privatizaciones, a golpe de decreto, al devastamiento de amplias parcelas del Estado de bienestar y sus bienes democráticos?


Así pues, la Constitución requiere se modificada: necesitamos que los «bienes democráticos» del Estado de bienestar sea blindados al igual que los otros de naturaleza, digamos, inmaterial.      

jueves, 4 de julio de 2013

EL PRESTIGIO DE LOS SINDICALISTAS

Joaquim González coge el toro por los cuernos y, sin contemplaciones, afirma: «Pocas entidades y organizaciones sociales y políticas como nuestros sindicatos confederales están llamadas a analizar los bajos niveles de valoración que la sociedad española muestra hacia su trabajo y su función. Así lo expresa con toda crudeza la última encuesta del CIS y, lo que resulta más grave, así lo percibe en primera persona la militancia sindical cuando escucha de manera algo desmoralizante y con  gran decepción la opinión de muchos vecinos y amigos sobre el papel de los sindicatos y la imagen de los sindicalistas. No debería haber tarea más urgente y necesaria que restaurar la moral y la autoestima de los miles de hombres y mujeres que hoy sienten sus ideales agredidos y despreciado su trabajo cotidiano» (1). Nada que objetar a quien conoce, de primera mano, el paño.


Primer tranco


Una primera observación: nada hay nuevo bajo el Sol. Esta situación que puede espantar a las nuevas generaciones de sindicalistas se ha repetido ad nauseam a lo largo de la historia del sindicalismo. El sindicalismo, en efecto, ha sido un sujeto incordiante (y sigue siéndolo) y ello le concita no pocas enemistades. La primera y principal razón está en el  carácter de su personalidad: ser un sujeto independiente de todos los poderes económicos y políticos.  Sólo y solamente cuando ese carácter se ha diluido se ha mirado al sindicalismo de una manera con mayor o menor benevolencia. Por lo demás, vale la pena recordar a las generaciones veteranas y hacerlo saber a las nuevas que también desde ciertos sectores de la izquierda –desde las de matriz socialdemócrata hasta las más radicales— se ha contribuido en no pocas ocasiones a mermar o embadurnar el prestigio del sindicalismo. No nos estamos refiriendo a la crítica razonada sino a la gratuita acusación con los arreos espirituales del libelo panfletario.

Ahora bien, hay que decir con meridiana claridad que también el sindicalismo ha contribuido indirectamente a que su autoridad y su auctoritas estuviera en precario. Pongamos tres ejemplos concretos: 1) nunca explicamos, en los textos que editamos con los contenidos de los convenios firmados, la «biografía» de ese proceso, con los detalles de la negociación y la movilización, esto es, con la valoración que nos merecía el resultado final de los conseguido y la participación de los trabajadores en el conflicto; 2) nunca conseguimos que, en las sucesivas negociaciones sobre pensiones, apareciéramos como parte fundamental de los incrementos de ellas; y 3) no he visto el sindicalismo explicara, ni siquiera sobriamente, que los niveles alcanzados en los sistemas públicos de bienestar fueron fruto de la intervención del sindicalismo confederal. En suma, nunca se valoró el vínculo sindicato – trabajadores – sindicato como «religación» entre unos y otros, como en definitiva generador de las correlaciones de fuerza que condujeron a una conquista determinada.

Esta religación no explicada ha llevado a centenares de miles de trabajadores a considerar que aquellos derechos que disfrutan son el fruto de “relaciones institucionales” o, peor todavía, de cabildeos entre el sindicalismo y los poderes (ya sean empresariales o institucionales). Conclusión: lo que hay es fruto de un apaño, no de una acción colectiva en pos de unos objetivos.  Así las cosas, casi es de cajón –ante la ausencia de pedagogía pública--  que se mantengan bolsas de indiferencia y de hostilidad en importantes sectores asalariados, procedentes o no de lo que podríamos llamar populismo social.

O hay cambio cultural en ese sentido o nuestro prestigio quedará estancado.


Segundo tranco


Hasta ahora hemos hablado (parcialmente) del «ser sindicato». Vienen ahora unas pinceladas del «estar  sindicato».  Hace tiempo que me pregunto qué pinta el sindicalismo en determinadas instituciones. Pongamos por caso que hablo de la presencia del sindicalismo en ciertos consejos de administración. Yendo por lo derecho: nada. Peor aún, es una fuente de problemas. Creo que, ya lo dijo Toxo con relación a lo ocurrido en Bankia, que se está estudiando la retirada del sindicato de esos lugares. Pues bien, ¿se ha discutido ya? ¿a qué conclusiones se ha llegado?   


(1) SINDICALISTAS: pongo la mano en el fuego por vosotros



Radio Parapandahttp://www.1mayo.ccoo.es/nova/NNws_ShwNewDup?codigo=4311&cod_primaria=1168&cod_secundaria=1168: «Huelgas y conflictos en el siglo XX» por Helios Babiano y Javier Tébar. 

miércoles, 3 de julio de 2013

«EL EJE DE LA POLÍTICA SE HA DESPLAZADO A LA CALLE»

Nota del blog. Javier Terriente responde a las inquietudes que se le plantearon  en EL «NUEVO SUJETO POLÍTICO» SEGÚN JAVIER TERRIENTE.


Por Javier Terriente

Agradezco muy sinceramente a José Luís López Bulla que plantee varias preguntas clave en relación con mis artículos “En la Izquierda”, que reclaman aclaraciones de una cierta extensión. López Bulla se interroga y nos interroga: a) ¿todos los partidos políticos de izquierda han agotado su ciclo histórico, su impulso, definitivamente, sin posibilidad de auto regeneración?, b) la denominada “subpolítica” (entrecomillado mío. U. Beck define con este término a los movimientos sociales con influencia desde abajo) está llamada a sustituir a la política, es decir, el ámbito tradicional de los partidos, aun teniendo en cuenta el carácter parcial y efímero de estos movimientos?

En mi opinión, la respuesta a ambas cuestiones está estrechamente relacionada, y así lo he intentado exponer en el artículo, no solo con el deterioro gravísimo de los partidos, sino, sobre todo, con las contradicciones y las características regresivas de un periodo nuevo cargado de amenazas. Creo que estaremos de acuerdo en que cada momento histórico concreto exige, y hace emerger, formas diferentes de contestación de masas, nuevas propuestas y alternativas canalizadas por expresiones políticas (y sindicales) originales. 

Este que vivimos, ha alterado todos los estatus y equilibrios de épocas precedentes, pulverizando los pactos sociales de postguerra y los consensos constitucionales de la transición. Hoy, los partidos de la izquierda tradicional han sustituido la forma-partido, en el sentido que lo entiende la ideología clásica de organizadores de la sociedad civil, educadores y representantes de la voluntad popular, por formaciones controladas por castas clientelares que aspiran a perpetuarse indefinidamente mediante el control interno y de las candidaturas electorales. Esa ruptura de los  modelos históricos tradicionales ha derivado en estructuras corporativas o en grupos de intereses bajo el formato de partido. Formalmente utilizan los rituales y la retórica de los partidos de masas pero, tanto su práctica organizativa (corporativa) como su acción política real (ajena a las dinámicas sociales y/o circunscrita a los circuitos de poder), han acabado por convertirlos, sociológicamente hablando (versionando a U. Beck), en una nueva categoría de partido a la que llamaría subpartido. Ello quiere decir que,  aunque se piensen así mismo como tales, o residan en el ámbito de la política, han ido diluyendo, sin embargo, los rasgos de la forma-partido en espacios herméticos, blindados a la “calle”, pero sensibles a las demandas del sistema. Por lo demás, habría que añadir, como refuerzo a esta tesis, que su relación con los movimientos sociales oscila entre una visión utilitarista de los mismos o su simple rechazo, en cuanto que los sitúa como competidores, pese a que pertenezcan al extrarradio de la política. Por lo tanto si hay que hablar de actas de defunción, fin de ciclo, etc, creo que lo correcto por mi parte sería aclarar que me refiero a este tipo concreto de estructuras homologadas como partidos, aunque en realidad no lo sean en los hechos. Insisto, es a ellos, y en el momento actual, a los que denomino subpartidos. Pese a todo, ¿es irreversible semejante situación, o pueden refundarse desde lo que son en una dirección democrático- social y de izquierdas? ¡Ojalá! Pero es una hipótesis remota. Para que ello se produzca tendrían que surgir referentes internos que permitan albergar esperanzas en esos cambios y/o fuertes presiones externas que contribuyan a ese objetivo. Respecto a lo primero, cierto que han surgido contestaciones internas pero ninguna se sitúa en el campo de las alternativas (discurso, programa, referentes propios), en el sentido de que no se plantean claramente superar los discursos y los marcos internos actuales, sin lo cual un proceso de refundación no sería posible ni creíble.  Y, por otro lado, es altamente improbable que el sistema de castas dominante se autoinmole en el altar de su perestroika particular. Otro asunto muy distinto es si estos partidos desaparecerían por el efecto ascendente de la “subpolítica”. No creo que ocurra, y si se extinguieran no tendría que ser necesariamente por esta causa. De todos modos, la historia está llena de tumbas políticas. Tampoco sería deseable. Ahora bien, en la medida que se abra paso una nueva organización política, es evidente que su influencia se reduciría, salvo que, preservando su autonomía,  decidieran formar parte de ella constituyendo una nueva identidad plural, conformando una gran alianza entre la política y la “subpolítica”.

En resumidas cuentas, en mi opinión, el desarrollo de nuevas opciones no está determinado en exclusiva por el hecho de que los partidos actuales se refundan o no. Si no lo hacen, el proceso será más difícil, más lento y complejo. Si lo hacen, mejor. Pero al ser una consecuencia provocada por las luchas sociales que acompañan a este cambio de época, trasciende el presente del socialismo/comunismo realmente existente.  De ahí nace su verdadera necesidad. 

Bueno, José Luis, acerca de la propuesta de una “nueva formación política” creo que la expongo bajo un doble prisma:

1- La dimensión electoral / Elecciones Europeas. Hay experiencias históricas, y actuales, dentro y fuera de nuestro país, que invitan a tomar iniciativas unitarias de amplio espectro democrático. Por otra parte, estoy convencido de que frente a lo que nos está cayendo, las opciones partidarias son claramente insuficientes y, además, tienen escaso crédito. Por el contrario, una gran convergencia democrática (o como se quiera llamar) no hegemonizada por los partidos, plural, donde participen en pie de igualdad interlocutores sociales de distintas procedencias, con programas y candidatos elegidos en primarias, y el apoyo de los sindicatos, movilizaría a las masas de ciudadanos, sobre todo a los jóvenes, con garantías de derrotar a la derecha. Sin duda, sería un gran paso en la buena dirección. Pero, ¿estarían en condiciones PSOE/IU (Estado) de formar parte de una nueva propuesta que suponga su dilución electoral, al menos provisional, en una asamblea social supra partidaria?

2- La dimensión político-organizativa. Parece claro que el eje de la política de izquierdas (y democrática) se ha desplazado a la calle. Hay vida y política más allá de los partidos. Más intensa, más útil, más influyente y más gratificante. Guste o no, las reclamaciones e iniciativas que emergen de la “calle” están marcando la agenda política. La razón estriba en su radical novedad programática y en la originalidad de sus formas de lucha. La “calle”, es decir, las dinámicas sociales plasmadas en movimientos y foros de diferentes signos, se han convertido en la nueva centralidad democrática ante la desafección de los partidos y la crisis de representación de las instituciones. Estos movimientos apuntan desde hace años a las causas de fondo del malestar social y se orientan hacia la exigencia de cambios estructurales y democráticos. Al señalar una pérdida de derechos concretos abordan toda la problemática general del Estado social de derecho, y todos los derechos al completo. Por ello, ya no se ajustan al viejo perfil de “parciales” o de “corta duración”. 

Hace mucho tiempo que los movimientos llegaron para quedarse y sus efectos son duraderos. Su carácter general tiene mucho que ver con el de un movimiento sociopolítico novedoso de gran envergadura, confrontado con el corazón del proyecto ultraliberal. Con mayor o menor fuerza, están ahí, se expresan en la acción sin intermediarios y gozan de una creciente credibilidad por su combate insistente ante la vulneración de derechos …  Dicho esto, creo que el principal problema de estos movimientos es la combinación de un cierto antipoliticismo (en retroceso) junto al temor a superar los límites del propio movimiento (ser víctimas de la manipulación política, también en retroceso) para encarar nuevos retos políticos. No hay atajos.  A diferencia de otras épocas en que las clases trabajadoras necesitaban de la mediación de un partido (exterior a ellas y portador de la verdad histórica, de ahí su justificación inapelable) para transitar desde el “momento de la consciencia en sí al de la consciencia para sí”, hoy están demostrando ser capaces de autogenerar, junto amplios sectores de ciudadanos,  iniciativas de reformas fuertes, de producir alternativas y señalarles el rumbo a la izquierda política. Lo demás, es decir la construcción de una nueva “cosa política”, será cuestión de tiempo. Todo proceso de fermentación tiene su propio ritmo. Por eso, insisto, no hay atajos y sí muchísimas incertidumbres. Incertidumbre, quiero insistir, preferible a las antiguas y falsas certezas confortables del partido-guía, partido-proyecto autónomo, partido/Frente de convergencia de los movimientos sociales… Dice un refrán ruso: si tomas el camino de la izquierda perderás la vida, si tomas el de derecha perderás el caballo. Solo hay un camino en medio y no es seguro hacia donde conduce. Estimado José Luis, ¿acaso, no es mejor explorarlo?


lunes, 1 de julio de 2013

¿QUÉ ESTA OCURRIENDO CON LA NEGOCIACIÓN COLECTIVA TRAS LA REFORMA?

No es aventurado pensar que en los estados mayores del sindicalismo confederal se está en un proceso de reflexión sobre qué ha significado concretamente la reforma laboral que, tras ser impuesta unilateralmente, ya cuenta con un año de vida. Y, como es de suponer, es de cajón que se haga público -–como siempre se hizo--  el balance de la negociación colectiva de este año.

Ya hemos hablado en anteriores ocasiones de los dos grandes rasgos que presumíamos una vez realizado el diktat de la mencionada reforma: ni por asomo se ha producido el efecto taumatúrgico que los redactores y los exegetas de dicho texto le pronosticaban. No sólo no se ha creado empleo sino que se sigue destruyendo a mansalva. No sólo se ha eliminado la litigiosidad y el recurso a los tribunales sino que también se ha incrementado. Que, sin duda, irá en aumento con la indeterminación que producirá el disparato agujero negro de la ultractividad.  Pero estas son cosas sabidas…  Así es que estamos a la espera del balance de lo que ha pasado este año de reforma laboral.

Por ejemplo, ¿qué elementos concretos se han dado en el terreno de los convenios colectivos? ¿qué mecanismos de freno se han producido? ¿qué cláusulas, sin embargo, contrarias a la reforma –o de interferencia a la misma--  se han producido?  Y, a tenor de ello, ¿qué proyecto factible, con cara y ojos, es capaz de enhebrar el sindicalismo para desbordar gradual y eficazmente la reforma laboral? Esta es una exigencia que tiene más sentido, si cabe, en esta situación de crisis, de una serie de crisis superpuestas a la que el sindicalismo debe enfrentarse con sus propias alternativas.    


En resumidas cuentas, un proyecto que pueda sacarnos de la actual indefinición que preside nuestras cosas más directas. No quisiera ser mal educado, pero los trabajadores nos juzgarán por nuestras preocupaciones sobre las cosas que más directamente les afectan y no porque se aplaudan iniciativas de otros sujetos políticos de las que somos meramente espectadores.