viernes, 30 de diciembre de 2011

RECORDANDO A JUSTO DOMÍNGUEZ


Cuando miraba a Justo Domínguez me entraban ganas de pedirle un consejo; su semblante sereno, de hombre tranquilo y juicioso me incitaban a ello. Justo era un hombre bueno en la acepción machadiana del término.

Le conocí a principios de los ochenta. Cuando fue elegido secretario general de UGT de Catalunya intuí que se abría una fase nueva en su sindicato. Y así fue en realidad. Pronto se vio que se iniciaban los primeros esfuerzos por la autonomía sindical ugetista y unas mejores relaciones con nosotros, Comisiones Obreras. Recuerdo nuestras largas conversaciones cenando en el Bar Los Ancares, muy cerca de su casa en el barrio barcelonés de la Sagrada Familia. De hecho en aquellas tertulias Justo, Pachón, Joan Coscubiela, Alfons Labrador y un servidor fuimos reconduciendo, sobre la base del debate –a veces áspero, pero siempre fraternal--  la vida unitaria de los dos grandes sindicatos confederales. A nuestros amigos ugetistas no les fue fácil pero trazaron el camino que condujo a una consistente y duradera unidad de acción. Y cuajó una amistad tan fuerte que favoreció mucho las cosas.

En puertas de su larga enfermedad, al ser internado en el Hospital del Mar fuimos a visitarle Paco Puerto (otro de los grandes sindicalistas que también nos dejó hace ya tiempo). Econtramos a Justo sedado y, de buenas a primeras, me dice: “Oye, me vas a hacer un favor. Sácame de aquí, escóndeme en tu casa, que estoy del hospital hasta las narices”. Le contesté: “Eso está hecho, primo”. Y a continuación dimos parte a su hijo, al compañero Pachón y al médico. Tras la visita, Paco Puerto partiéndose de risa comentó: “Menuda se hubiera liado si nos pillan secuestrando a Justo”.

Cuando cumplí cincuenta años hicimos una fiestecilla en Sant Vicenç de Montalt. Justo y su compañera, Isabel, se presentaron con una inmensa olla de gazpacho que hizo las delicias de todos nosotros. Y allí nos dijimos que nos casaríamos al alimón: él con Isabel, yo con Roser. Pero como él daba siempre largas yo tiré por la calle de en medio y me descolgué del convenio. Al final, un año más tarde se casó y le acompañamos un buen número de sindicalistas de Comisiones Obreras.

… Y recuerdo la preparación de la gran huelga general del 14 de diciembre famoso. Participamos en centenares de reuniones y asambleas conjuntas a lo largo y ancho de Catalunya. Justo siempre conducía, amaba llevar el coche: había sido conductor de autobuses de Barcelona. Y en aquellos largos viajes hablábamos de estrategia sindical: ¿debe el sindicato instalarse en el monopolio por ley de la negociación colectiva? ¿estamos cómodos con el sistema de representación? ¿es posible incrementar la estabilidad de las buenas relaciones entre ambos sindicatos? ¿cómo quitarle irascibilidad a los momentos de elecciones sindicales? ¿de qué manera ampliar la representación en los nuevos colectivos asalariados emergentes? Unos diálogos que tenían su prolongación en Los Ancares con un Justo siempre austero en la comida y nosotros atracándonos de cecina y morcillas.

La última vez que ví a Justo fue hace cosa de un mes. Me llamó Coscubiela: “… que Justo vuelve a estar pachucho”. Efectivamente, así era. (Hacía años que pasaba largas temporadas en el Hospital. Lo que no le impedía organizar charlas y conferencias en un grupo que él fundó, Ágora Socialista). Me recibió, como siempre, elegantemente vestido y, animosamente, pasamos cuentas al resultado electoral. Antes de irme le planteé que un amigo historiador, Javier Tébar, quería hacerle una larga entrevista sobre su vida. Convenimos en que la primera sesión sería después de Reyes. No ha podido ser. Y es una verdadera lástima porque nos hemos perdido el testimonio de un sindicalista de primera; de un hombre de gran formato, como diría Thomas Mann; de un militante socialista que siempre pensó con su cabeza.

        

miércoles, 21 de diciembre de 2011

LA LEGISLATURA TERMIDORIANA

Homenaje a Ángel Rozas



Mariano Termidor en su discurso de investidura habló de acercar las pensiones de jubilación a todo el periodo laboral de cotización a la Seguridad Social. Todas las izquierdas se manifestaron en contra. Así que es legítimo esperar que quienes se han manifestado de ese modo (empezando por los socialistas) sean consecuentes cuando llegue el momento de la verdad termidoriana: algo de ello dijimos ayer en  LO QUE HA DICHO RAJOY


¿Cuál es el objetivo de tal medida? Sólo y solamente éste: provocar que el personal se apunte a los fondos privados de pensiones. Así las cosas, no haría falta que tales fondos fueran obligatorios en la línea de lo que apuntó el consejero catalán sanidad, el Enviado del Cielo de las Mutuas en la Tierra. Se trata de poner otra pica en el Flandes de lo que Duran i Lleida llamó en su discurso del lunes la sociedad del bienestar. Esto es, un constructo cuyo fondo es el adelgazamiento  progresivo del elenco de protecciones sociales que redistribuye y administra el Estado. Por cierto, no se dejen engañar por el voto de la cofradía nacionalista de Duran en el discurso de investidura: su no se irá difuminando, a lo largo de la legislatura termidoriana en los terrenos económicos y sociales: la pela és la pela. Y las coartadas de ambos –de convergentes y sedicentes populares-- serán una asociación de socorros mutuos. En fin, cosas veredes.

Dicho lo dicho y visto lo visto, les dejo a ustedes con las primeras declaraciones de don Lluis Casas tras levantarse de la silla al acabar el discurso termidoriano de investidura. Habla don Lluis:

Con el paso del tiempo y con la degradación del formalismo democrático los debates importantes en el Parlamento tienden a convertirse en aburridos e inconsecuentes encuentros entre amigos, conocidos y futuros consuegros, independiente mente de la acidez aparente del verbo y a pesar de los esfuerzos de insignes parlamentarios de ciertas minorías, todo hay que decirlo.

El debate de investidura, iniciado ayer, no es más que un nuevo paso en este proceso degradatorio del parlamentarismo.

Es evidente que don Mariano tiene poco que decir, lo hemos aprendido a lo largo de múltiples legislaturas en las cuales su figura parlamentaria, de ministrable, de ministro, de candidato y finalmente de futuro presidente nos ha dado pocas alegrías y ninguna sorpresa. El hombre esconde su verdadera insignificancia en su carácter gaélico y la barba, poco dado a la expresión y a la palabra comprometedora y más dado a la maniobra oculta, pero lo cierto es que nunca ha tenido mucho que decir y ahora tampoco. De hecho, su verdadera carrera empezó el día en que don Manuel le recomendó con voz de ordeno y mando lo siguiente: “cásese y márchese a Madrid don Mariano y no me líe más en Galicia, donde todo se sabe. Allí tendrá el futuro asegurado.”

Del discurso de ayer de don Mariano no hay nada que pueda significarse, no hay novedad, no hay compromiso y no hay modelo más allá de lo obligado por las nuevas autoridades gubernativas de la UE. Don Mariano aboca por cumplir los compromisos sobre el déficit público y nos enreda en un mar de palabrería respecto a la ocupación, es decir el crecimiento económico. Se mete en berenjenales educatorios y advierte de lo mal que está el asunto y de lo optimistas que hemos de ser respecto al futuro. Tal que un horóscopo, si eres sagitario tendrás un buen asunto económico entre manos, pero no debes salir de casa por riesgo de accidente.

No hay novedad, ni siquiera en la forma de plantear su discurso, con papeles y con pérdida ocasional de orientación en cuanto la brújula preescrita se extravía. Para no decir nada, es mucho lo que necesita de muletas y muletillas. Incluso los datos manejados son inciertos o, tal vez, provinentes de alguna fundación aznariana. Ni en eso, el manejo de datos conocidos, ha demostrado solidez.

No quiero decir con ello que el hombre no tenga un largo recorrido, ya saben, a base de decidir más bien poco y dejar hacer al tiempo, algunos consiguen ser enterrados con el cargo al modo del comunismo hereditario coreano. Aunque hoy por hoy más parece necesaria una oferta de gobierno clara, realista e imaginativa, huyendo de prescripciones ideológicas sin fundamento económico.

Nada de esto habrá y si mucho más de lo mismo y a trancas y barrancas. Don Mariano deberá contentar de un modo u otro a los que le presentan las facturas del poder, intentará hacerlo con el disimulo propio de la mafia gallega y no con el bronco descarte vallisoletano, pero habrá de hacerlo. La banca, las patronales, los avariciosos del negocio están a la espera, mientras tanto cumplirá, en lo que el país pueda, con la receta de caballo alemana, por cierto siguiendo el plan de su predecesor. Un brillante modo de empezar.

Los cambios atenderán a los modos, estando como está el PSOE postrado y entregado no es de prever una oposición corsaria al modo de estas dos últimas legislaturas, ni siquiera al modo que sufrió don Adolfo cuando al PSOE le apretaba la ansiedad. Esto no es malo si permitiera centrar los debates y clarificar posiciones, resultados y entendimientos, si, por el contrario, se convierte en un duelo de sordos con el volumen al mínimo entiendo que el público preferirá ir a ver a Tintín al cinematógrafo.

Tal vez, una vez investido, el anuncio de la composición del gobierno diga alguna cosa de mayor claridad o entidad. La clave está en dos o tres cuadriculas del tablero, el ministro de economía, el gobernador del Banco de España y el defensa central, el de interior. Los primeros en clave económica, la parte más que fundamental de la legislatura, el segundo en clave ETA y de agitación callejera. No es una predicción provinente de Delfos hurgando en los hígados de un pollo, es la receta para tiempos de paro, simplemente y entendiendo que el gobierno federal ya no gestiona, lo hacen bajo insuficiencia financiera las CCAA y los ayuntamientos, que será, los pringados en el asunto, como ya vemos en Catalunya.


lunes, 19 de diciembre de 2011

MÁS SOBRE EL SINDICALISMO EN LA TRANSICIÓN ESPAÑOLA



Nota editorial. Tal como decíamos en EL SINDICALISMO EN LA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA dentro de muy poquito se publicará el libro “Conversaciones en Colomers, reflexiones sobre sindicalismo y política durante la transición a la democracia en España”. Publicamos ahora el prologo, a cargo de Joan Carles Gallego, con la idea de picar la curiosidad del público. Este es el prólogo.



Recuperar debates sindicales “inconclusos” puede ser un ejercicio hoy oportuno. Sin duda es desde la memoria reconstruida e interpretada que podemos aproximarnos a este presente de incertidumbres e indagar como el movimiento sindical establece sus estrategias para seguir siendo sujeto activo en la construcción de los equilibrios sociales, en la empresa y en la sociedad, que permitan hacer compatible progreso y equidad, creación de riqueza y seguridad, desarrollo y sostenibilidad.

Creo que nos toca felicitar la iniciativa de nuestra Fundación Cipriano García de CCOO de Catalunya que fiel a sus objetivos fundacionales de difundir y preservar la memoria de los trabajadores y trabajadoras y del movimiento obrero catalán, a través entre otras actividades de la elaboración de una potente colección de fuentes orales que nos debe permitir superar una cierta tendencia existente a creer que vivimos en un presente perpetuo que se explica por si mismo, al margen de un pasado olvidado y caduco. Esta publicación, a mi entender es un magnífico ejemplo de ese propósito en forma de reproducción de las conversaciones de tres sindicalistas, de visión profunda y absolutamente vigente, que fueron protagonistas de un pasado próximo pero determinante para explicar la reconstrucción del movimiento sindical en Catalunya y España.

Consecuentemente, acercarnos a la explicación e interpretación de lo que ha sido ese pasado sobre el que nos asentamos, debe ayudarnos a entender que este presente, lo que en él se resuelve, es también la anticipación del futuro. Sin duda este pasado recuperado en las primaverales conversaciones intercambiadas en la rectoría de Colomers, animadas por Javier Tébar, han puesto a nuestra disposición algunos de los debates –de buen seguro entonces inconclusos y aún hoy en buena parte abiertos- que José Luís López Bulla, Isidor Boix i Carles Navales protagonizaron en su momento y que hoy reinterpretados, desde el propio subjetivismo de quien ha protagonizado su desenlace, puede ser para nosotros, que hoy afrontamos nuestros (no sé si nuevos) retos, un instrumento útil para entender este presente y definir estrategias para anticipar ese futuro que queremos construir desde el compromiso ético que trasciende en esta memoria colectiva que se asienta en unos valores que seguimos reivindicando.

Los años de la transición política han sido ampliamente historiados e interpretados. Pero en muchas ocasiones las referencias al movimiento sindical han aparecido de soslayo, como anécdota de un cambio institucional, el paso de la dictadura a la democracia, que en determinada tradición se nos publicita como protagonizada por los gestores aperturistas del antiguo régimen, incluyendo un destacado papel de la monarquía, dejando así en un plano oscurecido el largo proceso de conflicto y mobilización democrática que fue determinante para desbloquear lo que hubiera podido ser un simple proceso de liberalización con limitaciones democráticas. Tal y como nos recordó acertadamente Nicolás Sartorius en su libro “El final de la dictadura”, «la democracia española no fue otorgada, sino conquistada por el pueblo», donde destaca que nada hubiera sido posible sin el activismo de la clase trabajadora, y especialmente de CCOO principal fuerza de choque contra el régimen.

Sin duda las conversaciones entre los tres sindicalistas protagonistas de aquellos años pueden ayudarnos a repensar la actualidad del movimiento sindical. Si convenimos que determinadas insuficiencias de la actual democracia -sea el sistema electoral o el marco autonómico, por citar algunas de las comúnmente referenciadas- pueden obedecer a las particularidades en que se desarrolló el proceso de transición política, podemos también intuir que el propio proceso de transición sindical, de aquellos mismos años, encierre algunas claves interpretativas del presente sindical –sea el papel del sindicato en la empresa, sea la unidad de acción-. Con toda seguridad que acercarnos a ellas puede ayudarnos a orientar estrategias de futuro.

Sin duda el movimiento sindical hoy en día se encuentra delante de importantes retos. La profundidad de la actual crisis económica, que implosiona en la segunda mitad del 2007 con la quiebra del sistema financiero internacional y que aún hoy día sigue colapsando nuestra capacidad de crecimiento y desarrollo económico y social, está generando nuevos requerimientos al sindicalismo de nuestro país para hacer frente a los problemas, elaborar alternativas y demostrarnos útiles en la defensa de los derechos e intereses de los trabajadores y trabajadoras. La crisis muestra como en el actual mundo globalizado la falta de reglas y controles aumenta las ineficiencias del sistema y por ello se hace más perentorio superar el marco de la acción local para establecer estrategias globales, sea estableciendo instrumentos y reglas para la gobernanza mundial, sea reforzando las organizaciones sindicales internacionales. La crisis económica no es solo el producto de la quiebra del sistema financiero ya que en la misma podemos observar como la crisis climática, la alimentaría y la energética están todas ellas interrelacionadas y son interdependientes en un mundo global y enormemente financiarizado..

Las políticas con que se enfrenta la actual crisis están soportadas por la hegemonía del discurso neoliberal. Se acentúan medidas y políticas económicas dirigidas a la reducción del déficit público, vía contención del gasto público social, tanto por la vía del recorte en la provisión de servicios y en la dotación de recursos humanos y materiales, como de las privatizaciones. Se abunda en la reducción de los derechos y garantías de los trabajadores y se presiona a la baja las condiciones laborales, buscando la disminución de los costes laborales que se define como atajo (inútil!!!) para aumentar la competitividad empresarial. Y se cuestiona, cuando no impugna, la función de las organizaciones sindicales, tanto en su representatividad como en su reconocimiento de sujeto activo en la consecución y defensa de derechos.

El contexto en que el sindicato realiza hoy su acción es muy distinto de la década que envuelve las “Conversaciones en Colomers” alrededor del proceso de reconstrucción sindical a la salida de la dictadura y que avanzó en paralelo a la institucionalización de la democracia en nuestro país. La transición sindical fue rica en debates que en la práctica han ido dejando poso en el movimiento sindical actual.

Debates recuperados sobre las relaciones del PSUC con CCOO y la apuesta por la independencia y la autonomía sindical; la huelga general política o la huelga nacional como constructo político que evidencia un papel social central del movimiento obrero y que está en la base de las alianzas estratégicas que el sindicalismo confederal establece para garantizar amplio apoyo social a las reivindicaciones relacionadas con el reparto de la riqueza; libertad sindical y la tensión entre esta y la unidad sindical como respuesta orgánica imposible (no posible) en un contexto político determinado y la instrumentación de la representación unitaria en la empresa que condiciona el propio desarrollo pleno del hecho sindical; los cambios en el mundo del trabajo, en la clase trabajadora, en las formas de auto-organización, en el carácter de las reivindicaciones, etc., como referencias necesarias en la aproximación al proceso de reconstrucción y desarrollo del sindicalismo en nuestro país.

La relación partido-sindicato, es seguro un elemento referencial que puede explicar algunas de las claves de la materialización institucional de la reconstrucción del movimiento sindical organizado en nuestro país. Un debate que sin duda está detrás de las respuestas organizativas que se van dando y que nos transportan a la actualidad. El debate de la unidad sindical y el de los organismos unitarios de los trabajadores, tiene de buen seguro parte de su explicación en la toma de posición de los distintos sujetos políticos que actuaron en aquellos años. Buena parte del diálogo se dedica a recuperar algunas de sus claves, desde las vivencias protagonizadas en primera persona y desde su reinterpretación subjetiva.

La distancia temporal permite afirmar claramente que el movimiento sindical, en general, ha recorrido, no sin algunos traumas, el camino a la independencia y autonomía sindical. Podemos decir que en unos sindicatos más que en otros, seguro, pero en cualquier caso hay un claro asentimiento que el sindicato es un sujeto político per se, que se autoreferencia en los intereses que quiere representar y desde ellos construye su posición de sujeto conflictual, de sujeto político en definitiva. Es esta capacidad de independencia en la elaboración de la propuesta que le permite la relación autónoma con la contraparte, sea el poder económico, sea el poder político. Creo intuir que en las conversaciones ya hay una clara reivindicación de la independencia sindical desde el primer momento constructivo de CCOO, cuando se establece la diferencia entre la voluntad del Partido de situar su centralidad política interfiriendo en la línea del sindicato y el convencimiento que la línea del sindicato nace desde el lugar exacto en que se genera el conflicto, la empresa, el sector, la sociedad. El sindicato no aparece subordinado a un poder externo, sino que autoconforma su posición desde la presencia directa en el mundo del trabajo, a través de la práctica representativa y dando respuesta al conflicto capital-trabajo.

Ciertamente el sindicato ha asumido funciones representativas más allá del ámbito de la empresa o del “mercado” de trabajo. CCOO intervienen de manera activa en la disputa social que se deriva del proceso de creación y redistribución de la riqueza. El debate de si somos un sindicato sociopolítico o socioeconómico, no puede esconder la necesidad de representar los intereses de los trabajadores en el reparto social de la riqueza. De poco sirve conseguir mejores condiciones de trabajo si las condiciones generales de vida arañan las conquistas. ¿Para que un buen incremento salarial si no hay política de control de precios o si los derechos de ciudadanía dejan de ser universales, gratuitos y de calidad? ¿Para que mejor jornada si el acceso al lugar del trabajo no es personal y socialmente sostenible? La independencia del sindicato y la capacidad de construcción autónoma de propuestas permiten al sindicato ejercer como sujeto activo tanto en el diálogo y concertación social como en el conflicto, la representación de los intereses que agrupamos. Estabilidad laboral, políticas salariales, derecho a la negociación colectiva han configurado buena parte del quehacer sindical en los años de la transición y en buena parte siguen formando parte del núcleo duro de la acción sindical del presente.

Pero sin duda disputar la redistribución de la riqueza, en la consecución de derechos de ciudadanía que doten de pleno sentido la finalidad de nuestra función de lucha y defensa de las mejores condiciones de trabajo y de vida de los trabajadores y trabajadoras, hacen necesario que la acción del sindicato encuentre un marco de trabajo en el que establecer amplias alianzas con otros sectores sociales que doten de mayor fuerza a las reivindicaciones y arropen socialmente al movimiento sindical. La defensa de una fiscalidad justa, progresiva y sostenible, la apuesta por la vivienda digna y contra los abusos de la ley hipotecaria, la exigencia de una salud y una educación pública de calidad, etc., son cuestiones que tienen a ver con las condiciones generales de vida de los trabajadores y trabajadoras, de manera especial en el actual contexto de crisis donde estas son propuestas orientadas a facilitar la reactivación económica, la creación de empleo y evitar la depauperación de las condiciones de vida. Sobre estas cuestiones y otras debemos establecer propuestas y acciones. Son campos de trabajo en los que el sindicato confluye con otras organizaciones y movimientos sociales con los que comparte objetivos y formas de trabajo y facilita así el ejercicio de la función social que nos es propia, sin caer en una forma de pansindicalismo, ya que en ese caso podría ser contraproducente al confrontarnos con algunos sectores sociales con los que debemos confluir necesariamente.

La actual normativa de libertad sindical se asienta en aquella transición sindical y en lo esencial mantiene como principio la primacía de la representación unitaria de los trabajadores frente a la presencia de las organizaciones sindicales. De siempre este ha sido un elemento de debate y reflexión cruzado ¿este modelo favorece o perjudica al movimiento sindical organizado? Sin duda la LOLS obedece a un momento histórico determinado en que la necesidad de derribar el edificio del sindicato vertical y construir el sindicalismo democrático forzó determinadas respuestas institucionales. Algunas claves se apuntan en las conversaciones, entre ellas las dificultades para abordar con éxito un proceso constituyente de una organización sindical unitaria, así veremos como no cuajo el congreso constituyente o como lo que debería ser su embrión, la coordinadora de organizaciones sindicales (COS) tuvo una vida lánguida y no en exceso productiva. Podemos buscar explicaciones más o menos maniqueas o intuir interferencias externas al propio movimiento sindical, lo cierto es que la LOLS fue fruto de esa realidad y este es el modelo que hasta hoy viene funcionando. Las amplias competencias de los comités frente a las escasas de las secciones sindicales van en detrimento del hecho sindical. De ahí podemos inferir una desincentivación a la afiliación cuando sabes que el Comité te va a representar por el mero hecho de votarle.

Este debate, una de los “inconclusos” con que empiezan la conversación, está siendo abierto en los últimos tiempos en relación a los cambios que se operan en la negociación colectiva. La actual economía globalizada y los entornos empresariales cambiantes empujan al sindicato a asumir el gobierno de los elementos centrales de la relación capital trabajo. Cuando hablamos de flexibilidad interna negociada como alternativa al abuso de la flexibilidad externa unilateral, como concepto que permita establecer mayores garantías para el trabajo en contextos complejos y cambiantes como los que hoy definen la actividad económica, es preciso dotar de mayor capacidad de intervención a la representación de los trabajadores. Es en este sentido que el sindicato, como organismo colectivo que trasciende en experiencia y análisis el ámbito concreto de una empresa o sector, es un sujeto más dotado de capacidades de intervención en la empresa por su conocimiento complejo y global de realidad económica frente a la parcialidad limitadora que puede tener en determinado momento el comité o delegado de personal.

La estructura productiva ha cambiado mucho desde aquellos años 70 del siglo XX, hemos asistido a un importante crecimiento del sector terciario y al avance de la sociedad del conocimiento. Una realidad que dibuja nuevos perfiles profesionales, nuevas categorías, una diversidad de expectativas vitales frente al mundo del trabajo, que genera sin duda mayores dificultades al sindicalismo confederal que pretende no ser una mera suma de intereses individuales, particulares o corporativos para estar presente en la representación de los intereses del conjunto de la población asalariada. Se abre la necesidad de repensar como intervenimos y organizamos a la multiplicidad de nuevos colectivos laborales emergentes.

¿Cómo estar presente en este vasto universo compuesto por microempresas que mantienen relaciones laborales con altas dosis de individualización y que no pueden elegir representantes sindicales? ¿Cómo organizar las personas, mayoritariamente inmigrantes, que se dedican a la atención a las personas? ¿Cómo intervenir en los sectores de servicios caracterizados por altos niveles de precariedad y alta tasa de rotación? ¿Como organizar los colectivos profesionales susceptibles de prácticas corporativas? ¿Como construimos acción sindical colectiva que conjugue legítimas necesidades personalizadas que no acabe expresándose en soluciones individualizadas y a través de formulas corporativas? ¿Cómo organizar a trabajadores que a lo largo de su vida van a cambiar con alta frecuencia de empresa y sector? ¿Cómo intervenimos y organizamos a los trabajadores y trabajadoras que o no tienen o han perdido su puesto de trabajo? ¿Cómo organizamos a los trabajadores asalariados que han pasado a la situación de autónomos dependientes? La dinámica económica y los cambios en los sectores de actividad, con las repercusiones que conlleva en los colectivos de trabajadores y trabajadoras y en el aumento del paro y la precariedad, junto al cuestionamiento de la función y representatividad del sindicalismo confederal, nos obliga a responder a estos (y otros) interrogantes si queremos evitar que el debilitamiento del sindicalismo de clase favorezca la individualización de las relaciones laborales o la representación corporativa de intereses. Entendemos como imprescindible consolidar al sindicalismo, una de las pocas referencias sólidas en la actualidad, como instrumento útil y contrapoder social real y efectivo en un contexto adverso y de batalla por la hegemonía en las ideas y en la distribución política de la sociedad del presente y futuro.

Debemos repensar el valor social del trabajo, las formas de hacer sindicalismo, de representación y de negociación, de ejercer el conflicto. Debemos actuar en un contexto de globalización en el que el sindicato debe ser consciente que las respuestas locales deben incardinarse en estrategias globales y por ello la necesidad de referenciarnos en las propuestas, debates y acciones del sindicalismo internacional, la Confederación Europea de Sindicatos (CES) y la Confederación Sindical Internacional (CSI) que debemos reforzar para materializar la estrategia de avanzar en una gobernanza global democrática que tenga en cuenta los derechos de los trabajadores y trabajadoras de todo el mundo.

Sin duda las conversaciones de José Luis, Isidor y Carles nos harán repensar algunas cosas, entender algunos porqués, conocer algunos procesos. No podemos copiar fórmulas, obedecen a sus contextos, ni podemos añorar pasados, estos ya no vuelven. Pero podemos saber como hemos llegado aquí y mirar cómo hacemos las cosas y cómo debemos hacerlas para poder escribir el siguiente capítulo de esta historia.



Joan Carles Gallego
Secretari general Comissió Obrera Nacional de Catalunya

domingo, 18 de diciembre de 2011

¿ESTAMOS EN DEPRESIÓN O EN RECESIÓN?




Con Josep Benet, un político que hilaba delgado.





“Ha llegado la hora de empezar a llamar a la actual situación por su nombre: depresión”, afirma Paul Krugman en las páginas sepia de El País. Por otra parte, Antonio Lettieri escribe en Ora tocca al lavoro: avanti gli ipocriti que “la política impuesta por el eje Frankfurt – Bruselas nos condena a la recesión”. Así las cosas, me pregunto en qué estadio nos encontramos porque no se trata de nominalismos sino de situaciones concretas. Esto es, no es lo mismo un herpes zóster que un herpes. Profesor Krugman: ¿acierta Lettieri en su diagnóstico? Estimado Tonino: ¿da en el clavo Paul Krugman en su severo diagnóstico? Más luz, caballeros.

Aquí me tienen ustedes devanándome los sesos como Hamlet cuando se preguntaba metafísicamente acerca del ser o del no ser. Y ahí tienen ustedes a los socialistas catalanes que, en su reciente congreso, no han considerado conveniente hacerse esa pregunta sino más bien preocuparse por algo tan limitadamente importante como quién es el piloto de la nave sin tener en sus manos un adecuado parte meteorológico.

De momento, mientras alguien da en la tecla y precisa con exactitud en qué fase nos encontramos –si depresión o antesala de la recesión— vale la pena traer a colación lo que Lettieri recuerda en su trabajo de referencia: en los años treinta, Franklin Roosvelt combatió la crisis no sólo con la reforma del sistema bancario, con la creación del sistema público de pensiones y los subsidios de desempleo, sino también con la creación de un nuevo sistema de relaciones industriales (la famosa Ley Wagner) que se orientaba a hacer del sindicato un difuso y fuerte contrapoder ante las empresas (1). Sepan ustedes que este Roosvelt nunca repartió octavillas de la Internacional ni de Comisiones Obreras.


(1)
National Labor Relations Act - Wikipedia, la enciclopedia libre


Radio Parapanda. Escribe Antonio Baylos:
SOBRE LA LIBERTAD DE LOS MODERNOS

viernes, 16 de diciembre de 2011

LOS FUNCIONARIOS COMO COARTADA

Con camisa blanca, mi primo Justo Domínguez. Al fondo se encuentra Emili Penado, en su lugar descansen.




Los datos son tozudos: en nuestro país el número de trabajadores públicos por habitante está por debajo del de los países más avanzados de Europa. A pesar de ello no pocos insisten en que nuestras administraciones públicas están muy abultadas en personal. No pocos de estos comentaristas conocen perfectamente los datos, y sin embargo se mantienen erre que erre en ello. Para argumentar tamaña gilipollescencia afirman que en los últimos tiempos el número de empleados públicos ha crecido más que en el resto de países. Lo que sólo indicaría, afirmamos nosotros, que ello expresaría los bajísimos niveles de empleo que existía antes en dicho sector.

Los gilipollescentes no hacen un razonamiento económico sino expresamente ideológico. Su punto de mira es: adelgazar las plantillas hasta conseguir, también por esa vía, un Estado anoréxico. Por otra parte, ya a corto y medio plazo, la intentona es aprovechar la ocasión para proceder a despidos en masa como indicación para hacer tres cuartos de lo mismo en el sector privado.

El discurso tiene una lengua bífida: unas administraciones atiborradas de personal y un personal repleto de privilegios ad personam. Precisamente en unos momentos en que los empleados públicos son los colectivos asalariados que tienen ahora una gran vulnerabilidad. La intencionada confusión entre prvilegios (etimológicamente: leyes privadas) y derechos sociales es la punta de lanza, un potente mensaje para provocar la reaparición del tradicional desprecio de una parte de la sociedad a los que están en la ventanilla. Algo que pudo verse ayer cuando un grupo de parados increpó en la Plaça de Sant Jaume a los dirigentes sindicales de la Función Pública cuando reclamaban información al Gobierno catalán. Una situación parecida a la de aquella vieja infeliz que añadía más leña a la pira que abrasaba a Jan Huss en tiempos menos propicios que éstos: O sancta simplicitas!

Rectifico porque se me ha ido el santo al cielo: no se trata de gilipollescentes sino de una actitud minuciosamente organizada. Es el contumaz ataque de quienes parten de una consideración que, tiempo hace, hemos descubierto: de los que están a favor de la eliminación de los derechos de los otros y en contra de que se eliminen sus propios privilegios.



jueves, 15 de diciembre de 2011

NACIONALISTAS Y POPULARES: Un abrazo aristrocrático


Algunos opinan que Convergència i Unió, la coalición conservadora de Catalunya, se está entregando de pies y manos al Partido popular. La gota que puede llenar el vaso podría ser la susurrada noticia de que los populares entrarían en el equipo de gobierno del ayuntamiento barcelonés. No obstante, yo veo las cosas de otra manera. No se trata tanto de una entrega como de un abrazo aristocrático entre dos fuerzas políticas que, tal como van las cosas, tienen más cosas en común que las que aparentemente les separan.

Veamos. El nuevo itinerario del nacionalismo conservador catalán se ha desplazado –con el mandato de Artur Mas-- hacia el neoliberalismo tal como indicábamos en NEOLIBERALES A FUER DE NACONALISTAS EN CATALUNYA. Esta es una señal distintiva preferente sin ningún tipo de subterfugios tanto por el tipo de medidas económicas –unas ya en marcha, otras anunciadas-- como por la manera de justificarlas. Ahora es notoria la intención del gobierno catalán de convertir los hospitales públicos de Lleida y Girona en empresas privadas.

Naturalmente el nuevo núcleo duro debe estar aderezado por algunas tapas variadas que, en este caso, es un nacionalismo cada vez más disimulado. Pero este nacionalismo convergente es un solo término y no ya un término-concepto en el que está comprometida toda la endogamia de CiU: unos con fervor y otros, todo sea dicho, con fastidio.

El objetivo de ese abrazo aristocrático es la construcción de un firme bloque conservador en Catalunya, ahora que el Partit dels socialistes de Catalunya se encuentra bajo mínimos y el resto de la izquierda en una situación agridulce. Repito: no es una entrega de los nacionalistas sino una opción explícitamente asumida. Naturalmente, el Partido popular, cada vez con más mando en plaza catalana, recibe esta miel sobre sus hojuelas.

No es nueva esta situación: cada vez que vinieron las cosas mal dadas la derecha catalana apaciguó sus furores para pactar con Madrit. Que hay abundante literatura historiográfica al respecto lo saben quienes se dedican a esas labores. Pero lo nuevo es que aquel catalanismo de antaño era tan sólo un perifollo comparado con el que ha existido hasta hace bien poco. Aquel catalanismo se entregó; el nacionalismo actual se ha abrazado. Esta, pienso desde mi talabartería pueblerina, es la diferencia. Ahora bien, ¿este epifenómeno de la crisis es la causante del abrazo? No tal: Artur Mas ya anunció la nueva singladura en aquella conferencia en la London Scholl of Economics hace un par de años. Lo que no acaba de entenderse es que el Congreso socialista del próximo fin de semana no tenga en cuenta estas cuestiones y sólo parezca importarle quién es el masover de la masía.

Radio Parapanda. 5º Congreso de la Federación Sindical Internacional de la Química, la Energía y la Minería (ICEM) Informa Isidor Boix.

jueves, 8 de diciembre de 2011

EL SINDICALISMO EN LA TRANSICIÓN POLÍTICA ESPAÑOLA

Carles Navales (qed)




Nota editorial. Este es el adelanto o primicia del próximo libro sobre el sindicalismo en la transición política española. Se trata de la introducción que hizo el profesor Javier Tébar, doctor en Historia Contemporánea.

Javier Tébar Hurtado


ISIDOR BOIX, JOSÉ LUIS LÓPEZ BULLA, CARLES NAVALES, JAVIER TÉBAR (ED.), Conversaciones en Colomers Reflexiones sobre sindicalismo y política durante la transición a la democracia en España. Fundació Cipriano García de CCOO de Catalunya, Materials d’Història de l’Arxiu 3. Germania, València, 2011.

SUMARIO

Prólogo, Joan Carles Gallego Herrera

Presentación y propósito, Javier Tébar Hurtado

Conversaciones en Colomers,

Isidor Boix, José Luis López Bulla y Carles Navales

PRESENTACIÓN Y PROPÓSITO

Javier Tébar Hurtado

Los días 15 y 16 de abril de 2009, Carles Navales nos recibió en su casa, una antigua rectoría del pueblecito de Colomers, en Girona. A todos nos pareció aquel un lugar ideal para reunirnos unas horas y conversar sobre algunos de los episodios del pasado protagonizados por el sindicalismo, concretamente por algunas de las personas que formaban parte de él, desempeñando diferentes responsabilidades, durante los años del período que ha venido a denominarse “transición” política de la Dictadura a la Democracia en España. Se trataba de hacerlo con tres protagonistas de los acontecimientos, Isidor Boix Lluch, Carles Navales Turmos y José Luis López Bulla, todos ellos dirigentes obreros antifranquistas durante los años setenta.

A los posibles lectores que esperen encontrar en esta publicación una interpretación del sindicalismo durante esos mismos años en los términos que le son propios a la disciplina histórica, se les debe advertir de buen principio que no la encontrará. Este no es su propósito, su ánimo es otro. Lo que sí podrán encontrar es un conjunto de materiales, de reflexiones, de intuiciones fruto de la memoria personal, es decir, del juego entre el recuerdo y el olvido. Y esto sí que, tal vez, pueda estimular precisamente el que otros lleven a cabo esa interpretación histórica en base a estas y otras fuentes. En definitiva, aquí se presentan unos materiales para la historia, un conjunto de testimonios para su análisis, y seguramente también un buen puñado de pistas de cara a la investigación. Decir lo contrario sería deshonesto, pero además impediría valorar críticamente el volumen considerable de entrevistas a personajes o a grupos que habitualmente han venido publicándose y presentándose como la “historia” de este o aquel asunto relacionado con el trabajo, la clase trabajadora y el movimiento sindical. Si lo que digo no se advirtiese, no podría cuestionarse el hecho de que en ocasiones se emplee la afirmación de un testimonio –ya sea a partir de una entrevista o bien a partir de las memorias publicadas de un personaje- como prueba irrefutable de una determinada interpretación de fenómenos o procesos históricos de enorme complejidad. Porque a pesar de la buena fe que mueve al investigador en algunos de estos casos a los que me he referido, cuando se nos asegura que aquella es una manera de defender la “memoria”, en realidad de esta forma se contribuye a dejar de la lado la tarea fundamental que requiere el trabajo, examen crítico e interpretación de los testimonios, por tanto, aquello que da sentido al oficio de historiador. Desde la historia con fuentes orales, a partir del uso de la técnica de la entrevista, esto es algo obvio, por ya planteado y debatido. Como lo es, por cierto, desde hace décadas para los antropólogos, conscientes de que los argumentos ofrecidos por los protagonistas no explican, sino que deben ser interpretados y explicados por el investigador. A todo ello, por último, se deben añadir las dificultades que entraña trabajar con los recuerdos de los testimonios, los riesgos y finalmente los resultados, en ocasiones pobres, en que pueden traducirse al dárseles forma de publicación escrita.

Algunos de los problemas que he señalado pueden tener relación, aunque sea sólo en parte y de manera tangencial, con el hecho de que el mismo género de la “conversación” o de las “conversaciones” haya sido escasamente valorado entre nosotros, como forma de reunir un conjunto de materiales que sirvan como base para posteriores trabajos históricos. Digo escasamente valorado en comparación, por ejemplo, con la atención que ha recibido este género en otros países europeos, como Italia o incluso como Francia. A pesar de ello, existen algunos antecedentes muy reseñables que es necesario referir. Uno es una publicación, realizada por Isidor Boix y Manuel Pujadas –por otro loado, varias veces mencionada a lo largo de este texto- aparecida en 1975, por tanto contemporánea a una buena parte de los acontecimientos sobre los que aquí se habla. Poco después, se editaría otro texto –también de sobras conocido por los especialistas dedicados a las cuestiones del movimiento obrero durante aquel período- que eran el resultado del debate organizado allá por el año 1978 por el “Centre de Treball i Documentació”, poco después de iniciar su andadura; el primer y único número de la revista creada por el CTD, Quaderns, recogía las intervenciones de algunos de los militantes obreros que habían participado en la creación durante los años sesenta de las Comisiones Obreras y en la definitiva reconstrucción de la resistencia obrera antifranquista. La trascripción y publicación de las mesas redondas organizadas dio como resultado un producto en el que se nos ofrecía un discurso con discrepancias, algunas serias, entre sus participantes, que era además, y este constituía un elemento valioso, un discurso colectivo sobre unos mismos acontecimientos.

Esta iniciativa de las conversaciones en Colomers, que tuvo en José Luis López Bulla su principal animador, se planteó como una reunión de carácter informal, en la que inicialmente el debate se focalizaría en torno a la cuestión de la “transición sindical”, a los procesos que afectaron la búsqueda de la solución que finalmente se encontró en el terreno del sindicalismo durante el cambio político en nuestro país. El propósito de la reunión no era otro que establecer a tres bandas un relato dialógico. A mí se me encargó ordenar más o menos las palabras y guiar, en la medida de lo posible, el hilo de cuantas cuestiones plantearan allí algunos de los protagonistas de la historia más reciente del sindicalismo confederal. Para la conversación se les planteó a los participantes que reflexionaran particularmente sobre su vinculación con las Comisiones Obreras nacidas durante la Dictadura, y sobre sus recuerdos y experiencias durante los años cruciales de lo que ha venido en denominarse “transición” política a la democracia en España. Mi papel, por tanto, ha sido el de moderador de sus conversaciones, si bien, en algún momento he tratado de introducir preguntas que estimularan la evocación de determinados episodios o fenómenos que iban siendo relatados por ellos. En un momento posterior, y a partir de la trascripción realizada por el historiador Lluís Úbeda Queralt, he hecho el trabajo de edición y anotación del texto. Ambas cuestiones las he tratado de cumplir manteniendo la autodisciplina necesaria, aunque no siempre fácil de cumplir, de situarme en el límite del mero intermediario del discurso, finalmente escrito, de un libro cuya autoría pertenece a otros.

Adelanto que el lector de este texto tendrá la sorpresa de encontrarse con algunas reflexiones que habitualmente no son realizadas por los protagonistas respecto a sus propias experiencias públicas. Por lo general, lo que suele predominar en este tipo de discursos publicados es la contención, incluso la reconstrucción mitigada, con el fin de reducir la acrimonia sobre personajes o acontecimientos, o incluso la argumentación auto-justificativa del testimonio,… O, por lo menos, así parece desprenderse de la lectura de las entrevistas y memorias publicadas de gentes, con mayor o menor protagonismo en aquellos años, que procedían de la “derecha” y de la “izquierda”, y de las que hoy disponen los historiadores. En estas “Conversaciones en Colomers”, sin embargo, se encontrarán con algunas afirmaciones que, sin ser irreverentes hacia algunos de las imágenes del pasado, sí contienen elementos de fuerte crítica y de autorreflexión sobre el papel de cada uno de los personajes que desfilan a lo largo de los relatos que se van trenzando al hilo de las intervenciones.

Una de la cuestiones centrales abordadas en estas charlas son las relaciones entre el PCE y el PSUC y las Comisiones Obreras, el símbolo y significado de la “huelga general” como instrumento para conseguir la “ruptura democrática”, la polémica comunista sobre el sindicato unitario y los debates en torno a la “unidad” y la “pluralidad” sindicales, de la “libertad sindical”, que se produjeron durante aquellos años. También, aunque aquí lo mencione sumariamente, se ofrecen opiniones y en algún caso interpretaciones retrospectivas sobre el mundo del trabajo, la sociología de la clase trabajadora, de su evolución, de las formas de auto-organización y el carácter de las reivindicaciones que fueron planteadas en los grandes movimientos de protesta de los años setenta. En definitiva, se hace, a modo de inventario, un repaso a las principales características, desde el punto de vista de los protagonistas de las conversaciones, del sindicalismo como movimiento y fuerza social clave durante los años de transición política, pero también, antes y después.

Este género de conversaciones en torno a cuestión más o menos definida nos parecía que podía ser útil de cara a facilitar no solamente una reflexión sobre el ayer, una forma de re-visitación de ese pasado, sino también de cara a reflexionar sobre la evolución del sindicalismo en su conjunto. De manera, que el planteamiento hiciera posible o, cuando menos, estimulara el conocimiento sobre las raíces históricas de determinados fenómenos y procesos actuales que afectan tanto al mundo del trabajo, al valor social del trabajo, como a las formas de hacer sindicalismo, de representación y de negociación en un mundo en el que las grandes transformaciones ya están asociadas al proceso de la “globalización”.

martes, 6 de diciembre de 2011

A LAS IZQUIERDAS DE MIS AMIGOS, CONOCIDOS Y SALUDADOS

Daniel Martín, Justo Domínguez y un chaval con gafas.



El rasgo distintivo de la izquierda ha sido históricamente la relación entre política y trabajo. Vale la pena decir que, por lo general, dicho vínculo estuvo presidido, a lo largo del siglo XX, por una especie de subalternidad al tipo de trabajo que concibieron los estrategas del fordismo-taylorismo. En ese estadio teórico y organizativo se movieron, aunque de manera desigual, las izquierdas europeas. Que nunca contestaron el uso sino el abuso de dicho sistema (fordista-taylorista) y ahí radicó su debilidad de proyecto emancipatorio. Ello no quita, por supuesto, el plantel de conquistas sociales del compromiso firme de las izquierdas durante los últimos cien años con la cuestión social. Ahora bien, repito: el talón de Aquiles fue la subalternidad a un paradigma que, radicado en la granempresa, recorrió casi todo el espacio de la vida social.

La profunda transformación del trabajo, que no ha hecho más que empezar, ha puesto en crisis el patrimonio histórico de las izquierdas; simultáneamente a tan gigantescos cambios, el neoliberalismo ha traducido en políticas concretas su potente mensaje que ha calado en todos los intersticios de la sociedad. Todo ello en el cuadro de la globalización, “el trabajo es local, el capital es global”: una asimetría que juega a favor de la empresa transnacional que puede moverse libremente en la dimensión global combinando los factores de la producción, mientras que el trabajo no tiene la misma elasticidad, hecha la excepción de la altas profesiones. ¿Este es el punto de llegada que fatalmente deben anotar las izquierdas en sus agendas? Ustedes perdonen, ¡de ninguna de las maneras! Es sólo y solamente el punto de partida. Y así como …

… y así como las izquierdas, en mayor o menor grado, fueron sulbalternas al fordismo-taylorismo, ahora deben escoger entre construir la alternativa a lo nuevo o seguir (unas contagiadas y otras distraídas) en el viejo error de la supeditación a lo dado. Porque esto último es lo que espera el neoliberalismo: hacer creer a las izquierdas que estas novedades son definitivamente dadas y que, por tanto, no hay alternativa. Tan sólo, en esa tesitura, cabría la corrección de algunos flecos secundarios.

Quede claro: cuando estamos hablando de la centralidad del trabajo nos estamos refiriendo al realmente existente en todo momento, al trabajo in progress. No veo otra salida que las izquierdas vuelvan a definir sus proyectos en base a la centralidad del trabajo. O hace eso o se transforma en un placebo político con independencia de los éxitos electorales que pueda alcanzar en cada coyuntura. Pero, si la izquierda se convierte, unos, en un placebo –y otros en una vistosa anomalía de “los últimos mohicanos”-- la derecha ampliará todavía más la estructuración de su bloque social.

Naturalmente todo ello es más complicado que ponerse a discutir si Tulio Anneo debe dirigir el PSOE o, en cambio, debería ser Anneo Tulio. E igualmente es más difícil que estar a la espera de los errores de los dos Tulios para intentar atrapar, a través de un optimismo inconsciente, las plumas que pierden ambos gallos.

viernes, 2 de diciembre de 2011

LA RADICALIDAD DEMOCRÁTICA DE ANTONIO BAYLOS



El blog de Antonio Baylos ha superado las cien mil visitas. Celebro el reconocimiento público de esta bitácora tan autoexigentemente rigurosa en sus contenidos como pedagógica y alegre en sus exposiciones. Que leen sindicalistas y operadores jurídicos, y estudian atentamente las cabezas más dispares a la espera de la opinión del profesor Baylos (1).

El blog de Baylos toca un sinfín de asuntos: la exégesis jurídica, la praxis del sindicalismo en todos los confines del mundo, la política y la sociología desde la mirada perspicaz de un militante cosmopolita comprometido hasta el cielo de la boca en las causas emancipatorias de la humanidad. Nuestro hombre es la radicalidad democrática hecha alegría siguiendo, tal vez, el noble apotegma de instruir deleitando. Es, por supuesto, la palabra de la izquierda de regadío. Tan feraz como las tierras que baña el río Genil a su paso por Parapanda, la ciudad global de los sueños: de los sueños realizados y los que, son muchos más, restan por conquistar. Es, en definitiva, una palabra refolucionaria: la palabra reformadora y la palabra revolucionaria. Cien mil visitas: la razón inquietante de la democracia que empieza (que debe empezar, mejor dicho) en el interior de los centros de trabajo, en el interior de la casa de cada cual, en el interior de las conciencias de todo quisqui.

(1) http://baylos.blogspot.com/