miércoles, 2 de junio de 2010

GRACIAS POR TODO, CAMARADA. Homenaje a Ángel Rozas



Miquel Ángel Falguera i Baró (Magistrado del Tribunal Superior de Justicia de Cataluña)


Siempre he tenido la impresión de que, en el último momento, he fallado a mis referentes personales. Pasó con Josep Solé Barberá, a quien no fui a ver al hospital en su día por problemas de trabajo y amoríos, aunque por esta última causa seguro que él me perdonó (el viejo socarrón en un funeral católico solemne, enterrado con su cazadora de comisario político, desternillándose de risa). Pasó también en el entierro de Luís Salvadores: aún recuerdo el comentario que hicimos con Elvira Posada: no se cantaba La Internacional y no nos atrevimos a iniciar nosotros el canto (a veces, aún se me aparece Luís por las noches y me lo reprocha).


En tu caso, querido maestro, siento no haberte ido a ver más veces en tus últimos días. Aunque sí he estado contigo pocos minutos antes de tu muerte. Y he podido abrazarte. Y despedirme de ti.


Luego, volviendo a casa, antes que Javier Tébar me llamara para darme la noticia (esperada, pero aún así terrible), he estado pensado en todas las cosas que vivimos juntos hace más de treinta años. En nuestros viajes, en tus historias de viejo militante antifascista (que tanto deslumbraban a aquél casi adolescente imberbe que era un servidor). Pero, sobre todo, he estado pensado en tu sentido de la dignidad. Y en la dignidad de tantos como tú. Porque, diga lo que diga el poema de Cernuda que tanto te gustaba, los testigos irrefutables de toda la nobleza humana no fuisteis uno. Fuisteis muchos.


Y andando por las calles en esas cuitas, no he podido menos que constatar el fracaso de mi generación. Porque, querido maestro, tú –y aquellos otros dignos-- nos entregasteis un mundo lleno de esperanza. Nosotros entregamos a los que vienen un mundo lleno de mediocridad, oprobio y falsedades. Vosotros pudisteis cambiar el orden de las cosas –¡faltó tan poco!-; nosotros no podemos ni cambiar con nuestro voto las políticas que imponen organismos oligárquicos que nadie ha votado, ni votará jamás. Tú y aquellos otros dignos fuisteis libres, aunque vuestra libertad os llevará a la cárcel. Nosotros creemos ser libres en la mayor alienación colectiva de la Historia.


Vosotros os llamabais comunistas –con orgullo, aunque ello estuviera prohibido-. Nosotros no sabemos ni cómo llamarnos. Sin embargo, yo sigo afirmando con orgullo y aunque suene desfasado que soy comunista. Es lo menos que os merecéis como homenaje Solé, Luís, tú mismo y aquellos otros, tantos, dignos. Aunque también en esa denominación existe un motivo oculto: dar sentido a la vida cuando uno llega a la madurez.


Recuerdo que aquél joven que yo era le preguntó al maestro qué era ser comunista. Y el maestro –tú mismo, Angel- enarcó la ceja y frunció los labios (como hacías siempre antes mis preguntas necias) y soltó: “a veces pienso que ser comunista consiste en poner la cara por los demás, sabiendo que te la van a romper”. Nunca lo he olvidado: me han partido la jeta muchas veces. Y eso –esas heridas de solidaridad con los otros- han dado sentido a mi existencia.


Por eso comprendo –y envidio- tu entereza ante la muerte. Porque tu vida ha sido plena y llena de sentido. Y cuando uno, al final de los días, ha hecho lo que tenía que hacer, la muerte no es más que una anécdota.


Gracias por tu ejemplo, compañero, amigo y maestro. Gracias por todo, camarada.


Radio Parapanda. En la voz de Andrés Querol: Ángel Y Prado Alberdi en: Ángel Rozas, un pequeño gran hombre. Antonio Baylos en: HA MUERTO ANGEL ROZAS, FUNDADOR DE LAS COMISIONES OBRERAS CATALANAS

2 comentarios:

Jara dijo...

Muy buena la definición de comunista "“a veces pienso que ser comunista consiste en poner la cara por los demás, sabiendo que te la van a romper”. Me recuerda a mi abuelo

El Maçó Aprenent dijo...

No sabéis como recuerdo a Ángel Rozas, independientemente de su ejemplo de militancia, tenia un calor humano que recuerdo con profundo cariño. Incluso una vez hace unos 15 años -andaba yo con una profunda "neura"- me vió por "Via Laietana" y me mandó a un neurólogo muy "amigo" de todos nosotros que me dirigió hacia otra especialidad. Me fue de gran ayuda.

Así era Ángel...HUMANO. Fue un honor conocerle.

Salut company!

Jordi Martí