lunes, 8 de diciembre de 2008

LA "CRISIS ORGÁNICA" DEL SINDICALISMO





Mateo 5:13 “Vosotros sois la sal de la tierra; pero si la sal se desvaneciere, ¿con qué será salada? No sirve más para nada, sino para ser echada fuera y hollada por los hombres”.



1.-- Estamos ante unos tiempos muy complicados. Dos grandes situaciones se entremezclan en el panorama socioeconómico y trae por la calle de la amargura al movimiento organizado de los trabajadores. De un lado, la “gran transformación” (en el sentido que Karl Polanyi describió en sus días) y, de otra parte, la crisis económica que ha puesto su complejo campamento en los cuatro puntos cardinales del planeta. La “gran transformación” es algo que no tiene vuelta de hoja; la crisis económica pasará más tarde o más temprano, pero sea como fuere no dejará las cosas tal como estaban antes de que estallara el temporal. En todo caso, aunque la una (la gran transformación) y la otra (la crisis actual) sean cosas diferentes, lo cierto es que ambas –en esta confluencia de situaciones— complican las condiciones de vida y trabajo del conjunto asalariado y de las capas medias más modestas.


Lo cierto es que tantas emergencias de golpe han pillado al sindicalismo a contrapié. Los que antaño ejercimos responsabilidades sindicales debemos ser los primeros en reconocer que “de buena nos hemos librado” y, desde esa constatación tal vez egoísta, reconocer la valentía y la pasión de las nuevas generaciones de dirigentes que no sólo no se arrugan a pilotar el Arca de Noé sino que afrontan tesoneramente su cometido: no lo tienen fácil y, sin embargo, no pocos de ellos están dando un ejemplo de espíritu temperado. Es el caso del flamante secretario general de Comisiones Obreras de Catalunya, Joan Carles Gallego, tanto en el discurso de clausura del reciente congreso del sindicato como de las primeras declaraciones que ha dado a los diversos medios de comunicación. Sin ir más lejos, las entrevistas que ha concedido a “El País” y “El Periódico” el pasado domingo 7 de diciembre.


Los sindicalistas no lo tienen fácil, pero ahí están, ahí están, viendo pasar el tiempo como la Puerta de Alcalá. No lo tienen fácil porque el trabajo heterodirecto es local y el capital es global. Porque las demandas son locales mientras que (repito) los capitales son transhumantes. Porque la economía lleva mucho tiempo globalizándose mientras que el nuevo sujeto sindical, la Central Sindical Internacional, está todavía en sus primeros andares, aunque a pesar de ello ya cuenta en su biografía la gran movilización mundial por el “trabajo digno” del día 7 de Octubre. (A partir de ahora seguiré la expresión que utiliza Eduardo Saborido, trabajo digno, porque me parece más adecuada que “trabajo decente”). Ahora bien, tengo para mí que la tan repetida consideración de que los sindicalistas no tienen las cosas fáciles es un punto de partida no de una definitiva llegada.


2.-- Pues bien, hace unos días que vengo recomendando la lectura del libro de Guido Baglione “L'accerchiamento - Perché si riduce la tutela sindícale” [El asedio. ¿Porqué se reduce la tutela sindical?]; también hemos venido hablando de la `recensión” que un atento Pierre Carniti ha publicado:
Il sindacato tra accerchiamento e concorrenza [“El sindicato entre el asedio y la competencia”]. Carniti, en lo atinente a la situación italiana, sostiene que el sindicalismo está en declive; Baglione dice otra cosa: el sindicalismo está en repliegue. Es posible que haya quien piense que se trata de una pejiguería semántica, pero bien mirado se trata de dos miradas que formulan conceptos diversos y que, a su vez, proponen conclusiones muy diferentes. Yo veo las cosas de otra manera. Tomando prestada una categoría gramsciana diré que el sindicalismo tiene, desde hace tiempo, una crisis orgánica. Para nuestro amigo sardo crisis es cuando lo viejo ya murió y lo nuevo aún no termina de nacer. La crisis puede ser funcional; digamos que para resolverla basta con arreglar aquello que no funciona bien para que todo vuelva a la normalidad. Ahora bien, la crisis puede ser orgánica; para resolverlas hay que pensarlo todo de nuevo. Dicho lo cual…


3.— … Dicho lo cual, pienso que (sin restarle importancia a las diferencias entre Pierre Carniti y Baglione) lo fundamental no es tanto “el declive” o “el repliegue”, sino la crisis orgánica del sindicalismo confederal, en la caracterización que indica Antonio Gramsci. Veamos las defunciones que se han producido y la no aparición de emergencias en esa crisis orgánica:


3.1. Ha desaparecido, estamos hablando de Occidente, las paredes maestras del sistema fordista. Sin embargo, todavía no ha emergido una praxis sindical –ni política tampoco— propia de la nueva galaxia. Ni en las conductas negociales, ni en las formas de representación de la casa sindical confederal. De esta situación, el sindicalismo saldrá pensándolo todo de manera radicalmente nueva.


3.2. Han desaparecido las paredes maestras de toda una serie de poderes económicos de los tradicionales Estados-nación a través de dos mecanismos: la fagocitación de la economía por parte de las grandes compañías transnacionales (o, tal vez, sería mejor decir las empresas globacionales) y la aparición de estructuras políticas sobrenacionales. Sin embargo, el sindicalismo sigue siendo en su praxis negocial y de representación un sujeto nacional. Lo que es realmente visible en la actual situación de crisis general, donde –peor todavía— están apareciendo dos situaciones asaz negativas: de un lado, la incapacidad para urdir un proyecto, por coyuntural que sea, para afrontar el temporal y, de otro lado, uno indisimulada vuelta a la renacionalización de sus conductas. De esta situación, el sindicalismo saldrá pensándolo todo de manera radicalmente nueva.


4.-- Sostengo, pues, que las miradas de Baglione y Marini no apuntan a lo esencial. Que es, mil perdones por la repetición, la crisis orgánica del sindicalismo. Pero, de igual manera, sostengo que hay elementos –tanto si es “declive” o “repliegue”, como si se trata de “crisis orgánica”-- que parecen inducir a no tener un escepticismo al por mayor. Se trata de algunas prácticas contractuales que, aunque no suficientemente extendidas, indican que, si bien fatigosamente, contienen gérmenes de indicaciones de futuro. Y se trata también de formulaciones novedosas en la literatura de algunos congresos sindicales. La cuestión es que la permanencia de rutinas e idiotismos de oficio siguen ahogando, más bien impidiendo, la extensión de las cesuras ya abiertas (aunque muy parcialmente) en determinadas prácticas contractuales y en tránsito del papel congresual a la vida real. O, si se prefiere, en que el peso agobiante del “sindicalismo de los antiguos” es un elemento que tapona los susurros del “sindicalismo de los modernos”. Por cierto, mi admirado Antonio Baylos ha hecho ver que esta formulación tiene más que ver –naturalmente que sí— con Umberto Cerroni que con el viejo Benjamín Constant.


5.-- En resumidas cuentas, aunque el sindicato de hoy no es, afortunadamente, el de ayer, también es verdad que no lo es suficientemente de hoy. Me permito a este respecto la explicación de un sucedido que viví personalmente. Cuando estábamos discutiendo, hace muchos años, la distribución de las salas en el nuevo edificio de CC.OO. de Catalunya (en Vía Laietana de Barcelona, tras la recuperación de esa parte del patrimonio sindical), es decir, hablando de las cosas de intendencia, el inolvidable Paco Puerto clamó y dijo, más o menos, lo siguiente: “Estáis hablando en base a las necesidades de ahora mismo, de ahora mismito, pero no a las necesidades que van surgiendo y que surgirán”. Y no dijo más. De un Paco Puerto que, con toda seguridad, hubiera aplaudido a rabiar lo que recientemente ha dejado enseñado Aris Accornero. O sea…


O sea, [los sindicatos] “sufren porque una parte creciente de los trabajadores tiene un poco menos necesidad de él, mientras que otra gran parte tiene mucha más necesidad, pero no alcanza a encontrarlo”. Cuando esas dos líneas converjan habrá empezado el itinerario del sindicalismo de los modernos.