lunes, 27 de febrero de 2017

Cómputo de la jornada de trabajo de los trabajadores que no cuentan con un centro de trabajo fijo o habitual. Sentencia del Tribunal de Justicia (sala 3ª), de 10 de septiembre de 2015

Escribe Francisco Trillo Párraga

1      1. Legalidades europeas y tiempo de trabajo. 2. Los hechos que motivan la cuestión prejudicial: organización empresarial y cómputo de la jornada de trabajo. 3. Los fundamentos de derecho y la corrección de la visión empresarial del tiempo de trabajo. 4. Un fallo relevante. Posibles repercusiones.

1.--  Legalidades europeas y tiempo de trabajo

La incidencia jurídica proveniente del ámbito supranacional europeo está resultando cada vez más determinante a la hora de conformar las distintas legislaciones internas de los Estados Miembros en materia de relaciones laborales. Los principios de primacía y de eficacia directa de la normativa comunitaria no dejan lugar a dudas a este respecto. Sucede, además, que con ocasión de la gestión de la crisis en la que se ha visto envuelta la Unión Europea se asiste a un proceso de intensificación de la actividad legiferante en el ámbito europeo que condiciona aún más las regulaciones jurídicas de los distintos ordenamientos nacionales.

Ahora bien, este proceso de intensificación de la intervención europea en la ordenación de las relaciones laborales padece, en ocasiones, de una insuficiente legitimación democrática en cuanto a los procedimientos y materias sobre los que finalmente actúa[1]. La acción derivada de la denominada nueva gobernanza económica está arrojando como resultado la construcción de una legalidad europea paralela que en no pocas ocasiones introduce distorsiones respecto de aquella legalidad cimentada sobre la base de los Tratados. Con ello, se asiste inevitablemente a un fuerte contraste sobre la percepción política de la Unión Europea y a la vez a una reformulación y reconstrucción dinámica de determinados ámbitos de las relaciones laborales, cuyo resultado al día de hoy es incierto por estar librándose una pugna jurídica y política que da cuenta de este proceso bipolar en el que se encuentra la ordenación de las relaciones laborales en la Unión Europea[2].

Un buen ejemplo de este fenómeno bipolar lo constituye la regulación jurídica del tiempo de trabajo que, por un lado, ha encontrado en la nueva gobernanza económica un espacio de intensa intervención con el objetivo de adecuar dicha condición de trabajo a los designios de las políticas de austeridad, en el sector público, y de devaluación salarial, en el sector privado. Por otro, a través fundamentalmente de la acción del Tribunal de Justicia, se consolida una visión de la regulación del tiempo de trabajo favorable a la protección de los derechos de los trabajadores en relación con la seguridad y salud en el trabajo.

Además, el territorio del tiempo de trabajo, pese a no declararse en estos términos, resulta estratégico para empresarios y trabajadores como lo indica el impulso que la Comisión Europea está dando desde marzo de 2015 para modificar la Directiva 2003/88/CE. La propuesta de modificación de la Directiva 2003/88/CE[3], presentada por la Comisión Europea, ha sido encauzada a través del art. 155 del Tratado de Funcionamiento de la Unión Europea, habiéndose superado en estos momentos la fase de consulta a los interlocutores sociales, sin acuerdo. Cabe destacar a estos efectos, la inacción de la Confederación Europea de Sindicatos que no ha promovido ningún tipo de acción a este respecto pese a que la consulta pública dispuesta a tal efecto finalizó el pasado día 15 de marzo.

Las propuestas concretas presentadas por la Comisión parten de la premisa de que tanto el sector privado como el público necesitan de manera urgente una regulación más flexible del tiempo de trabajo con los objetivos, en unos casos, de alcanzar mayores cotas de competitividad empresarial y, en otros, de mejorar los servicios públicos de atención continuada de 24 horas -sanitario y bomberos, fundamentalmente-. De este modo, la Comisión Europea se presenta como la garante de las demandas de las patronales europeas en la materia, canalizando las “necesidades” de dichas patronales y presentándolas como exigencias ineludibles que en ningún caso afectarían, bajo su criterio, la adecuada protección de la seguridad y salud de los trabajadores.

Aspectos tales como el concepto de tiempo de trabajo, los tiempos de descanso, el período de referencia o la cláusula opt–out forman el grueso del eje patronales europeas/ Comisión Europea. Cabe llamar la atención a este respecto sobre el hecho de que las propuestas realizadas prescindan de cualquier referencia al contexto actual, de efectos socio–laborales devastadores como consecuencia de la gestión de la crisis, donde los distintos marcos estatales presentan situaciones de altas tasas de desempleo y de desmantelamiento de servicios públicos.

Merece la pena detenerse a destacar los aspectos más relevantes de la propuesta de la Comisión, pese a que su contenido excede del objetivo de este trabajo.

En relación al concepto de tiempo de trabajo, la Comisión ha llamado la atención, con un lenguaje bastante agresivo, sobre la necesidad de “derogar” buena parte de la jurisprudencia del Tribunal de Justicia en lo atinente al concepto de tiempo de trabajo de las guardias de atención continuada con presencia en el centro de trabajo (SIMAP Y JAËGER). A ojos del eje patronales/Comisión Europea debería producirse una diferente forma de computar estos tiempos en los que los trabajadores se encuentran en el centro de trabajo, a disposición de su empresario, aunque no en el ejercicio de sus funciones. Como resulta fácilmente imaginable, la propuesta no se detiene a analizar el impacto que ello podría provocar a la salud de los trabajadores, pese a que los efectos de dicha propuesta resultan contrastables no solo en términos de afectación de la salud de los trabajadores, sino también en lo que al desvalor de este tiempo de trabajo se refiere, además de un notable empobrecimiento injusto al que se podrían ver expuestos los trabajadores de tener éxito dicha propuesta de modificación.

Relacionado con esta concepción estrictamente mercantilista de la regulación del tiempo de trabajo, se propone igualmente “derogar” la jurisprudencia del Tribunal de Justicia en lo relativo a la necesidad de que los tiempos de descanso sean disfrutados por los trabajadores inmediatamente después de la realización de su jornada de trabajo. El desprecio por la salud de los trabajadores en esta materia resulta especialmente evidente en aquellos casos donde su jornada de trabajo haya experimentado alguna intensificación, ya que en lugar de descansar después de la realización de una prolongada jornada de trabajo, lo que la propuesta de modificación plantea es la posibilidad de que se pueda comenzar una nueva jornada.

En este breve repaso por las principales propuesta de la Comisión se ha de destacar también la intención de la Comisión de prolongar aún más el período de referencia con el que computar la jornada de trabajo, para situarlo más allá de los doce meses de duración. Lo cual tiene un impacto más agresivo en los trabajadores temporales, dadas las reglas generales de limitación del tiempo de trabajo por contrato y no por trabajador. De igual manera, la Comisión entiende “crucial” el mantenimiento de la cláusula opt–out, por la cual los trabajadores convenientemente informados renunciarían libre y voluntariamente a la limitación de las 48 horas semanales, incluyendo horas extraordinarias. O lo que es lo mismo, se sigue apostando por la Europa del dumping social y de los derechos sociales a la carta frente a la aplicación sin fisuras de las libertades económicas.

Pues bien, en este contexto, el fallo del Tribunal de Justicia que se comenta a continuación cobra una especial relevancia jurídica y política, dado el reequilibrio que impone en la concepción de la regulación de una condición de trabajo tan trascendental como el tiempo de trabajo frente al asalto de aquella legalidad paralela generada a partir de la nueva gobernanza económica y de los intentos de la Comisión de rentabilizar el momento político y económico en el que nos hayamos para satisfacer todas aquellas demandas empresariales en la materia, que toma como único objetivo el ahorro de costes olvidando la única finalidad de la normativa comunitaria en la materia: la protección de la seguridad y salud de los trabajadores.



domingo, 26 de febrero de 2017

La Justicia investiga las braguetas de los viejos convergentes catalanes

La Justicia vuelve a poner los ojos en la doble contabilidad de los viejos convergentes catalanes. Vuelven a estar en el ojo del huracán Artur Mas, el tesorero y algunos masoveros. Es el famoso 3 por ciento. Que según dijo Carod Rovira en su día podía ser incluso el 4, o 6 o incluso más. No es que eso le diera mayor credibilidad al feo asunto, pero efectivamente dejó sin habla a las viejas cohortes de la derecha nacionalista. La podredumbre estaba instalada en todo lo alto y desde allí se desparramaba verticalmente en todas las direcciones de la vieja Convergència y sus alrededores.

Así pues, desde la sala de máquinas había que reaccionar. Y aprovechando que iba tomando grosor el independentismo catalán, en buena medida propiciado por Esquerra Republicana de Catalunya, Artur Mas y sus mesnaderos organizaron la gran operación del transformismo que se haya visto hasta entonces en Cataluña. Aplicaron, pues, el famoso «¿dónde va Vicente?» y ellos mismos aplicaron la receta. Donde va (alguna) gente. Abrazaron desparpajadamente la teología independentista, también para que las importantes dosis de neoliberalismo –en Sanidad y Enseñanza, por ejemplo--  pudieran camuflarse como buena compañía. Es decir, vieron que había que crear un cordón sanitario entre los negocios oscuros del 3 por ciento y la posible intervención de la Justicia que ya empezaba a oler las braguetas de los dirigentes de la vieja Convergència.

Más todavía, arreciaron en dicho quehacer porque los chavales de Esquerra empezaban a ocupar un preocupante cacho de la centralidad de la política catalana. Y esto era –y sigue siendo--  lo intolerable.


En resumidas cuentas, la reacción del rey (también emérito) Artur recuerda determinadas poses del Partido Popular. Todos, así pues, se ponen de largo con su particular banderita. Y, en cierta medida, ambos han contagiado a quienes nunca se hubiera sospechado de seguidismo. O, si se prefiere, en una nueva edición del viejo baile gatopardesco. 


sábado, 25 de febrero de 2017

El centro de trabajo es lo primero. La calle es la guinda

Isidor Boix, maestro de sindicalistas, aprovecha su ´diálogo´ con Francisco Louça y Rafael Poch para hablar de las cosas europeas. De paso, aprovecha la ocasión, y propina un merecido cogotazo al secretario general de la CES allá donde puede doler más a un dirigente sindical. Lo uno y lo otro lo verá el paciente lector en “El sindicalismo europeo puede responder, debe responder”:  http://iboix.blogspot.com.es/2017/02/el-sindicalismo-europeo-puede-responder.html.


En un momento dado del mencionado artículo, Isidor nos dice: «En este proceso a la acción sindical del día a día, desde el centro de trabajo, debería incorporarse la componente transnacional, global, de los intereses individuales y colectivos, lo que supone entender y traducir que el objetivo del “trabajo decente” en el mundo es del interés inmediato, individual y colectivo, de cada trabajador y cada trabajadora del planeta, del Norte y del Sur». (La cursiva es mía). En concreto, sitúa el epicentro de la acción sindical en el centro de trabajo. Alguien se preguntará qué hay de novedad en esa formulación en ese “desde el centro de trabajo”. Ninguna, pero…

… Pero lo cierto es que el sindicalismo confederal español da la sensación de que su epicentro está en otro lugar, en la calle. Más todavía, que «la calle» es su lugar natural. Si mi percepción fuera real no dudaría en decir que es un error. Un error de bulto. Máximo cuando llevamos demasiado tiempo con un estancamiento general, salvo excepciones, de la negociación colectiva. Máximo cuando la cuestión salarial tiene su lugar preferencial en el centro de trabajo. O, por decirlo con Isidor, desde el centro de trabajo.  Es decir, la casa donde está realquilado el sindicato es el centro de trabajo. No lo es la calle. Me dirán algunos que no hay que abandonar la calle. Cierto, cuenten conmigo para acompañarles ahí. Pero aquí estamos hablando de que el lugar preferencial de la acción reivindicativa es el centro de trabajo. La calle es un lugar de paso para exhibir lo que se hace en el interior de la casa.

Es en el centro de trabajo donde nace la fuerza afiliativa. La fuerza establemente organizada. En el centro de trabajo se piensa; en la calle se agitan las banderas. En el centro de trabajo se estructura el conflicto social, en la calle se luce la comitiva. Y digo más, cuando se dice que ambas cosas no son contradictorias, yo añado que pueden serlo si las comitivas de calle no tienen la partida de nacimiento del centro de trabajo. Y si quieren un argumento más castizo diré que la calle es la guinda; el centro de trabajo es el pastel.



viernes, 24 de febrero de 2017

Pobreza energética y pobreza salarial, dicen.

Escribe El dómine Cebra

Hay un afán desmesurado por acuñar conceptos. Yo diría desmesurado. En eso se llevan la palma ciertos sociólogos que rivalizan entre sí en ver quién la dice más estridente o más novísima. Hay que convenir que se están saliendo con la suya. Primero crearon el constructo «pobreza energética» y ahora la «pobreza salarial». Como si la pobreza necesitara ser adjetivada. Pues bien, la una y la otra se ha extendido como un reguero de pólvora en tertulias, artículos de opinión y hasta en las declaraciones de la mayoría de los políticos, politólogos, talabarteros y demás oficios. Hasta prestigiosos sindicalistas se han sumado a esta exhibición del lenguaje, amenazando con figurar en la pancarta.


¿No basta con decir pobreza? ¿No tiene rotundidad decirlo así, a secas? ¿Necesita la pobreza tener más contundencia con un inútil adjetivo?  En fin, tenemos dos problemas: el de la bulimia de acuñar términos sin ton ni son y el del seguidismo de ellos, es decir, esa contumacia en hablar de prestado.  

jueves, 23 de febrero de 2017

¿Podemos? Democracia o cesarismo



Escribe Javier Terriente

La excepcionalidad como norma

Las razones por las que un grupo humano renuncia a una parte de su libertad, voluntaria y democráticamente, en favor de la autoridad y la autonomía de un líder, son difíciles de entender. Sólo la sensación de peligro inminente ante una amenaza real para la seguridad procedente del exterior, o el riesgo inmediato de una gravísima eclosión interna, pueden explicar situaciones semejantes.

En todo caso, ese tipo de fenómenos solo se produce en determinadas condiciones excepcionales, que justificarían una desregulación general o particular de las reglas democráticas, con consecuencias graves sobre las relaciones de convivencia. La aprobación de leyes especiales por un tiempo determinado, es una de sus características.

Podemos ha vivido una breve travesía triunfal, a caballo de una contradicción prevista para un ciclo electoral corto e intenso: derechos restringidos de los inscritos a cambio de eficacia política, limitaciones democráticas internas por democracia avanzada para los ciudadanos. Sacrificios hoy, en función de un mañana radiante. Sin esas premisas habría sido inimaginable la proclamación de un liderazgo fuerte, con tanta carga simbólica como la que personifica Pablo Iglesias.

La cuestión ahora radica en que la nueva mayoría de Vistalegre 2 se ha constituido sobre varias paradojas complementarias:
En el plano organizativo: la continuidad en líneas generales, de forma indefinida, de un conjunto de reglas específicas concebidas, en principio, para afrontar con éxito un periodo electoral breve y complejo. La llamada Máquina de Guerra Electoral.

En el plano de las estrategias: la configuración de una secretaría general presidencialista, pero obligada en cambio a federalizar y redistribuir el poder interno y compartir estrategias y decisiones con los diferentes aliados territoriales.

En el plano doctrinal y político:el propósito de construir un ambicioso Bloque Histórico (sic), de largo aliento, pero que pivotaría sobre una relación privilegiada con fuerzas de la izquierda dogmática, al borde de la desaparición.
En el plano de la cotidianidad: la  divergencia entre los déficits de participación de los inscritos en el gobierno real del partido, en sus diferentes instancias territoriales y sectoriales, y las atribuciones extraordinarias de la secretaría general en su funcionamiento regular.

Y por encima de todo, en el plano ético-moral: la capacidad del líder de disciplinar conductas y conciencias hacia una meta común que las sobrepasa y las unifica, en contraste con la disponibilidad de un estatus prácticamente incontrolable.

Normalizando lo excepcional, homogeneizando lo diverso: ¡Unidad, unidad, unidad!

Probablemente,  estos hayan sido algunos de los principales daños colaterales, no deseados ni previstos, inherentes al funcionamiento  de la “Máquina de Guerra Electoral”. Sin embargo, Vistalegre 2, lejos de reformarla en un sentido más participativo, plural y transparente, ha decidido que se convierta, en lo esencial, en un modelo estructural permanente.

De este modo, la singularidad organizativa en la que se desenvolvió Podemos en el pasado inmediato (“correr atándose los cordones”), ha pasado a ser un método duradero,a pesar de que el país ha entrado en una nueva etapa más o menos convencional. Más aún, la Máquina ha acabado devorando a la mayoría del grupo fundacional y se ha distanciado del destino previsto, transformándose en un arma formidable de eliminación de disidencias y de blindaje del líder. Especial trascendencia tiene el alcance de la verticalización burocrática de los poderes internos en el entramado organizativo. La homogeneización extrema de todos los núcleos/nudos de poder entra dentro de lo posible. Como exclama el coro en la obra Los Horacios y los Coriáceos de Bertolt Brecht, alabando las virtudes de un remo que tanto vale para navegar por aguas turbulentas través del desfiladero o como un arma de guerra, “muchos objetos hay en un solo objeto”.

Hay pocas dudas de que los reiterados llamamientos a la unidad en Vistalegre 2 han hecho las veces de conjuro exorcista contra cualquier intento de cuestionar el modelo organizativo, la estrategia y el liderazgo moral del Secretario General. Como tampoco es irrelevante que, hasta sus oponentes, hayan exaltado su figura por encima de las controversias, intentado capitalizar en vano, o al menos compartir, los réditos de su liderazgo. Craso error. No había margen para una finta inverosímil en esa batalla feroz por el futuro de Podemos.

Incluso es posible que el dato reiterativo de la mala imagen de Iglesias en las encuestas  haya jugado como una espoleta en el sentido contrario, provocando en determinados sectores la defensa numantina del líder. Da la impresión de que el mundo real camina en una dirección distinta a la mayoría de Vistalegre 2.

Luego entonces, no es de extrañar que un Congreso, que se convoca para dirimir las diferencias entre proyectos diferentes y hasta contrapuestos en cierta medida, se convierta en la simple caja de resonancia  de una ceremonia colectiva de exaltación de la unidad interna(cuando intervenía Errejón, sobre todo), tapando, en cambio, por ejemplo, la discusión sobre el retroceso de Podemos en las elecciones del 23 de Junio, o el plan de reconvertirlo en un partido siamés de IU, en versión 2.0.

Visto lo visto, Vistalegre 2 no fue un espacio idóneo para la disputa ideológica ni programática. Las amenazas reiterativas de dimisión no hacían sino acentuar la vertiente dramática de una representación cargada de fuertes emociones y escasa controversia política. Mientras, un importante sector del público, educado en la vieja escuela, tan secular y tan nuestra, tan hispánica por otra parte, de la intransigencia hacia quienes piensan diferente, reclamaban un Podemos piramidal, uniforme, homogeneizado en torno al líder, que lo alejara del peligro de la contaminación derechista, de la inmersión en el pantano reformista y de las amistades peligrosas, encarnadas en la malvada, alargada y desgarbada figura de Iñigo Errejón. Todo el poder para Iglesias. Unidad sin ataduras. Unidad sin fisuras.

Podemos frente al mundo

Porque solo bajo la premisa de concentrar poderes extraordinarios, aceptaría el desafío titánico de no dimitir y de conducir a Podemos hasta la tierra prometida de las victorias electorales de 2019 y 2020, en un combate frontal, heroico, por desigual, contra la Trilateral de los partidos del sistema. Desde esa perspectiva, el antagonismo directo entre las multitudes y el Poder a través de la movilización social, no necesita de intermediarios institucionales relevantes. Las instituciones pierden peso. Es la hora del pueblo en marcha y de los liderazgos fuertes. El momento de tomar los cielos por asalto. Un escenario teóricamente ideal para el sorpasso. Un mensaje este que goza de un fuerte apoyo entre las bases, aunque de porvenir incierto entre el electorado.

Y así, sin apenas disputa, casi sin esfuerzo, Iglesias ha logrado aprobar su proyecto de giro hacia el resistencialismo neoizquierdista, oculto tras la bandera de la Unidad, con la que se ha golpeado sin piedad a los oponentes durante todo el proceso pre y congresual. En coherencia, al identificar centralidad democrática con derechización, la nueva mayoría ha infravalorado el valor de las instituciones representativas en la construcción de un eje común a los anhelos de la gente, escogiendo situarse en la esquina de la calle primera a la izquierda. Nada nuevo bajo el sol. Al fin,listos para la batalla final. Podemos sólo frente al mundo.

En estas circunstancias extremas, y con un sistema electoral manifiestamente mejorable en muchos sentidos, sin disponer además de un censo de votantes, que el equipo de Errejón no haya ganado el Congreso no debería interpretarse de manera simple como un fracaso. Por el contrario, puede ser determinante para el futuro de Podemos que Errejón haya sido el tercero de la lista al Consejo Ciudadano(muchos de la nueva mayoría lo han votado) y que el 37% de éste corresponda al equipo Recuperar la Ilusión (una minoría potencialmente con futuro en una España y una izquierda en transición).

¿De Madrid al cielo? Ya se verá. Por ahora, larga vida a la tesis gramsciana de construir una nueva hegemonía política, social y cultural, como paso clave para ganar el gobierno. Hay partido. Siempre, claro, que no haya desmayos por el camino.



miércoles, 22 de febrero de 2017

En Cataluña, mentiras a manta

Desconfíen ustedes de los gobernantes que no lleven un polígrafo portátil. Ese chisme que, según dicen las películas norteamericanas, detecta si quien habla es un mentiroso consumado o no. Naturalmente, los gastos deberían ir a cargo del gobernante en cuestión. Lo decimos porque finalmente se ha aclarado lo que dijo el versátil Delegado del gobierno en Cataluña, Enric Millo, con relación a los contactos –a todos los niveles, dijo--  entre “Madrid” y “Barcelona”. A algunos no se nos pasó por alto ese enfático «todos». Intuimos que también en los llamados altos niveles. O sea, Rajoy y Puigdemont se habían visto las caras, según indiciaba Millo. De ello hemos hablado en Cataluña y sus posverdades.

Tras la información de Miquel Iceta, una persona bien avisada, de que efectivamente había habido contactos al más alto nivel, La Vanguardia, nos informa que los hubo. Ya se sabe: Vox La Vanguardia vox Dei. Pero antes de ello los masoveros de Puigdemont y de Rajoy afirmaron que ni hablar del peluquín. Que las espadas seguían en alto. Ninguno de ellos se sometió al polígrafo. Alguien, con más celo de lo debido, pongamos que hablo de la vicepresidenta de la Generalitat, Neus Munné, fue taxativa. Aquello era otra agresión a Cataluña.

Sin embargo, se descubrió el pastel: hubo reunión con comida incluida. Sabemos ahora el desconcierto en las filas de los grupos dirigentes del partido de Artur Mas y de la turbación en las filas del independentismo, siempre partidario de que «al enemigo, ni agua». Mientras tanto, Puigdemont aplica los métodos arteros de sus mentores: doble moral y doble contabilidad.

Cambiamos radicalmente de tema, pero seguimos con lo del polígrafo. Mi editor me dice: «Tu libro, No tengáis miedo de lo nuevo, aparecerá a principios de junio». Le respondo: «Debes pasar la prueba del polígrafo». Y me responde: «Palabrita del Niño Jesús». Sea, pues. El libro a principios de junio.


Otra cosa: La foto que preside este post nada tiene que ver con el contenido. Es sencillamente un homenaje a Horacio Fernández Inguanzo y Juan Muñiz Zapico (Juanín). Dos hombres de palabra veraz. La  foto es de la Fundación Primero de Mayo.

  

martes, 21 de febrero de 2017

El «esquirolaje tecnológico»

¿Han leido ustedes la entrada en el blog de Antonio Baylos sobre la sentencia de Tribunal Constitucional sobre el «esquirolaje tecnológico»? Ahí la tienen: http://baylos.blogspot.com.es/2017/02/esquirolaje-tecnologico-y-tc-habla.html. Imprescindible leer esta entrada.

«Esta sentencia, la 02/02/17  es tan importante como lamentable para los derechos fundamentales de los trabajadores». No lo dice una pancarta sindical sino don Carlos Hugo Preciado Domènech, Magistrado de lo Social del Tribunal Superior de Justicia de Catalunya. Una sentencia que contradice los planteamientos anteriores del Tribunal Supremo. Lo que indudablemente complicará más el ejercicio del derecho de huelga en el centro de trabajo innovado.

Las nuevas complicaciones se sumarán a las que venimos observando desde 1977 cada vez que hemos reflexionado sobre las interferencias que el hecho tecnológico provoca en el ecocentro de trabajo. Vale decir que el sindicalismo ha sido bastante remolón sobre el particular. Sigue ejerciendo la huelga en el nuevo estadio de innovación y restructuración de los aparatos productivos como en la etapa anterior. La sentencia del Tribunal Constitucional llueve sobre mojado. De ahí que volvamos a la carga con nuestros planteamientos.

Decíamos ayer que «Históricamente el ejercicio del conflicto se ha caracterizado por un acontecimiento rotundo: si la persona dejaba de trabajar, la máquina se paralizaba por lo general; este detalle era el que provocaba la realización de la huelga. Hoy, en no pocos sectores, la ausencia de vínculo puntual entre el hombre y la máquina (esto es, que la persona deje de trabajar) no indica que la máquina se paralice. Más aún, gran parte de los conflictos se distinguen porque las personas hacen huelga (dejan de trabajar), pero las máquinas siguen su plena actividad. Podemos decir, pues, que la disidencia que representa el ejercicio del conflicto no tiene ya, en determinados escenarios, las mismas consecuencias que un antaño de no hace tanto tiempo. Esto es algo nuevo sobre el que, a nuestro juicio, vale la pena darle muchas vueltas a la cabeza. Parece lógico, pues, que el sujeto social se oriente en una dirección práctica de cómo exhibir la disidencia, promoviendo el mayor nivel de visibilidad del conflicto. En otras palabras, la visibilidad del conflicto tendría como objetivo sacar la disidencia del espacio de la privacidad para hacerla visiblemente pública. En suma, para una nueva praxis del conflicto, apuntamos los siguientes temas de reflexión: 1) el carácter y la prioridad de las reivindicaciones, tanto generales como aquéllas de las diversidades; 2) la utilización de la codeterminación; 3) los mecanismos de autocomposición del conflicto; 4) la utilización de las posibilidades reales que ofrecen las nuevas tecnologías para el ejercicio del conflicto; 5) nuevas formas de exhibición de la disidencia, dándole la mayor carga de visibilidad en cada momento.» Así lo decíamos el 5 de abril de 2015, como síntesis de nuestras observaciones desde 1977, en http://lopezbulla.blogspot.com.es/2014/09/la-parabola-del-sindicato.html.

De manera que mantener el viejo estilo cuando todo ha cambiado es un derroche de ineficacia. La sentencia del TC es otra llamada de atención. En suma, la combinación de la rutina  y esta sentencia pueden ser letales para el ejercicio del conflicto social. Digamos, pues, que  si se habla –y se está empeñado--  en el repensamiento del sindicato, ¿acaso hay que hacerse el distraído en torno el ejercicio del conflicto social? Doctores tiene la Iglesia.


lunes, 20 de febrero de 2017

Cataluña y sus posverdades


Enric Millo, delegado del Gobierno en Cataluña, declaró hace días a la televisión autonómica catalana que había «conversaciones discretas» entre Madrid y Barcelona. Para darle mayor verosimilitud lo acompañó con un sugerente lenguaje corporal como indicando a la audiencia ¿estás en lo que es. Y amplió lo dicho a un enigmático «a todos los niveles», sin precisar cuáles. ¿Posverdad?  Antes de que el susodicho Millo entrara en el coche oficial ya había respuesta de las autoridades autonómicas. De eso nada, respondieron. Aquí no hay conversaciones ni nada que se le parezca. ¿Posverdad? En todo caso, tenemos un problema: ¿qué ocurre cuando chocan dos posverdades, una que mira a babor y la otra a estribor? Todo un problemón, cuya forma de despejarlo no aparece en los tratados de lógica de Bertrand Rusell.  

Ahora bien, podemos abundar en el tema partiendo de las siguientes consideraciones: Millo siempre fue una persona reñida con decir la verdad. Pero también las autoridades autonómicas que han desmentido la noticia tampoco tienen buenas relaciones con la verdad. Así es que estamos ante un trilema: o ambos dicen la verdad o ambos mienten o, finalmente, hay uno que miente desparpajadamente. Ciertamente, sigue la complicación. Por lo que todavía no estamos en condiciones de saber quién es el que organiza esa chuminada de la posverdad. “Aproximadamente” quiere decir en este caso a estilo compadre.

De manera que debemos seguir con el escardillo y hurgar en los textos de lo que declaran Millo y sus detractores. De Millo no podemos decir nada más, tiró la piedra y escondió la mano. La indagación nos lleva, pues, a interpretar las declaraciones de otro posverdadero, Carles Puigdemont.  Lo haremos siguiendo, aproximadamente, el andamiaje de los juegos del lenguaje de  Ludwig Wittgenstein.  

El president vicario de la Generalitat de Catalunya ha declarado a los periodistas que «la oferta del Estado es como el Espíritu Santo, todo el mundo habla de él, pero nadie lo ha visto». Aquí, en esta frase está el problema. Todo indica que nadie ha visto al Espíritu Santo, y por lo que se ve tampoco los ex convergentes lo han visto. Sin embargo, son miles los independentistas que sí creen en la Blanca Paloma. Que siguen la máxima famosa de «Credo quia absurdum», que el filósofo de Parapanda tradujo como creo porque es absurdo. Mira por dónde no ver y creer al Espíritu Santo introduce algunas dudas acerca de la posverdad de Puigdemont. De esa chuminada de la posverdad.


Sugiero, en todo caso, que para detectar si se dicen posverdades, a partir de concejal para arriba deberían someterse a un polígrafo. Ante cada declaración o discurso. Costeado, naturalmente, por quien habla.     

domingo, 19 de febrero de 2017

Barcelona es mucho Barcelona. Por ejemplo, ayer

Barcelona sigue siendo mucho Barcelona. Ayer volvió a dar la talla. A las cuatro, a las cuatro en punto de la tarde no cabía un alfiler en el lugar indicado y sus alrededores.  Una marcha inacabable. Centenares de miles de personas camino de la mar mediterránea. Con una fuerte exigencia moral. Con una denuncia política de altos decibelios. Barcelona, archivo de solidaridad y casa de acogida.

La exigencia moral: que se rompan todos los obstáculos que impiden que los refugiados sean acogidos y puedan vivir con dignidad. La denuncia política a los países de la Unión Europea que lo impiden de facto. Por supuesto, también al gobierno de Mariano Rajoy. Eso fue ayer, nuevamente, Barcelona. La Barcelona de Salvador Seguí, Noi del Sucre y Joan Peiró; de Gregorio López Raimundo y Joan Reventós; de Franscesc Casares y Cipriano García; de Mossèn Vidal y  Manuel Vázquez Montalbán. Y de muchísimos más.


La manifestación barcelonesa sugiere unas reflexiones obligadas. De un lado, es la derrota estrepitosa de los intentos –unos sutiles, otros directos--  de convertir la solidaridad en un delito. Es decir, cuando los comportamientos de la aceptación del inmigrante son considerados como ilegítimos y, llegado el caso, previendo sanciones. De otro lado, la masiva reacción barcelonesa sugiere que la solidaridad sigue siendo un valor profundamente enraizado. Ciertamente, tampoco es irrelevante el volumen de sus adversarios y la crispación de quienes la combaten. Así están las cosas, pero de momento ahí está Barcelona y sus buenas gentes. De las que quieren abrirse al mundo y, sobre todo, a la problemática de los más desfavorecidos. No escondemos las dificultades, pero ahí hay mantillo para robustecer la solidaridad y mimbres para llevarla a cabo.


sábado, 18 de febrero de 2017

¿Todos somos iguales ante la Justicia? Anda ya

El dómine Cebra

Quienes dicen que «todos somos iguales ante la justicia» deberían tener más comedimiento. Esta es una frase cuyo contenido abstracto es quizá imbatible. Pero cuando se concreta en las cosas de la vida la cosa es mucho menos cierta. Es más, puede ser una falacia tranquilizante para las almas de cántaro. Porque los mecanismos concretos que intervienen en la concreción de la justicia son impepinablemente desiguales. Esto puede sonar a grupuscularmente anti sistema, pero es cierto. Muchos casos que se han dado en la historia lo avalan.

Ayer los espectadores del programa televisivo  8 al dia, que dirige, presenta, rueda, entrevista y responde Josep Cuní, el abogado defensor de la señora Cristina Borbón y Grecia, Pau Molins (bufete Roca i Junyent), nos informó que el rey Juan Carlos encargó personalmente a Miquel Roca la defensa de la infanta. (Quedamos agradecidos por la noticia, que nunca se había hecho pública). Naturalmente papá no se dirigió a un vulgar picapleitos de barriada. No le ocurrió lo mismo al padre de Alejandro Fernández, joven granadino, que sin antecedentes penales fue juzgado y sentenciado a 6 años de prisión por estafar cerca de 80 euros con una tarjeta falsa cuando tenía 18 años. Naturalmente, el padre de Alejandro, parado, no podía pagar a un abogado de altos pelendengues. De manera que no sabemos si la Justicia es ciega, pero –con toda seguridad--  tiene tortículis en no pocas ocasiones según quienes sean los encausados. Ni siquiera en la aplicación del indulto. La familia del joven Alejandro ha pedido el indulto. Este joven fue condenado varios años después de haber cometido el delito y ya haciendo una vida completamente honrada.  Hay más ejemplos.

En resumidas cuentas, la Justicia sigue teniendo importantes zonas grises. Pero, al igual que digo una cosa digo la otra: en muchas ocasiones los tribunales han actuado con una gran dignidad. En los terrenos sociales, económicos y de lucha contra la corrupción. No verlo también de esa manera sería injusto y erróneo. Sobran los ejemplos.



viernes, 17 de febrero de 2017

La Infanta tontuela

El dómine Cebra


Todavía queda mucho trecho para hablar de igualdad real de la mujer en comparación con los hombres en España. En todos los ámbitos: en el trabajo asalariado, en la dirección de las empresas, en la política… Tan cierto como decir que el rio Genil atraviesa lentamente la Vega de Granada. Incluso a pesar del salto de cualidad que, de un tiempo a esta parte, está teniendo la presencia de la mujer en la vida social, cultural y política española. Y la conquista (todavía insuficiente) de la mujer en los espacios de la sociedad. Una conquista fatigosa y, según cómo se mire, heroica.

No es este el caso de Cristina de Borbón y Grecia, que las  convenciones al uso la hacen ser infanta de España. Tras la sentencia del Tribunal que ha visto el llamado caso Nóo´s ha quedado como una tontuela e ignorantona. A pesar de su titulación como licenciada en Ciencias Políticas, según consta en los registros académicos. Nunca supo nada de las barrabasadas de su cónyuge. Sólo estaba allí: «del salón en el ángulo, de su dueño tal vez olvidada, silenciosa y cubierta de polvo, veíase la infanta». Que diría el poeta sevillano.  

Habrá que convenir que esta señora no es sociológicamente representativa de la mujer española, de lo que está siendo la mujer española. Es el pasado tontuelo. Es lo que definitivamente se está yendo. Esto es lo que sin decirlo ha manifestado la sentencia. 


jueves, 16 de febrero de 2017

EL BANCO DE… ¿ESPAÑA?


Lluis Casas

La interrogación añadida es una inicial respuesta prudente a una sospecha consistente.
El Banco de España con un estatuto que blinda su independencia “política” tiene unas obligaciones que se mueven en el ámbito monetario y financiero. Principalmente debe ocuparse de que el sistema bancario funcione adecuada y correctamente de acuerdo a las leyes, normativas y consideraciones técnicas financieras, entre las que se cuenta la honradez.

Esa cualidad inspectora es enormemente importante, tanto desde el punto de vista de las garantías necesarias que debe ofrecer un banco o equivalente, como de la estabilidad económica que puede desprenderse del funcionamiento financiero. La autonomía aludida pretende que el “poder” político e institucional no se inmiscuya en los deberes establecidos para el Banco. Se incluye en esa protección, el exigible aislamiento frente a los intereses del propio sector financiero.

Esa independencia, presupone desde mi punto de vista que el Banco de España no se inmiscuya, recíprocamente a su protección estatutaria, en asuntos de índole política e institucional, dado que es un organismo técnico. Estoy convencido que el Banco de España nunca ha sido consecuente con su estatuto y mucho menos con la reciprocidad señalada. La historia de consejos, y recomendaciones sobre política económica, social, etc. que el Banco, o mejor su presidente, hace periódicamente al país, a su gobierno y a sus instituciones es infinitamente larga. La recomendación última sobre la edad de jubilación y el sistema de pensiones no es más que una reiteración de lo ya dicho por el banco y/o su presidente desde hace años.

Hay que resaltar que las posiciones “técnicas” en las que se presuntamente se basan las “sabias” recomendaciones del Banco no son compartidas por todo el orbe ideológico. Hay en ellas una gran carga ideológica, política y de interés de clase evidente, cosa que convierte al Banco de España en objeto político estándar, por lo que debería modificar su estatuto y pasar por las Cortes, como mínimo.

Resulta curioso que, por otro lado, el Banco de España ha sido pillado in fraganti en el incumplimiento de sus obligaciones inspectoras y protectoras del buen funcionamiento financiero, es el caso de la salida de Bankia al mercado (a la bolsa). Caso excepcional pues ha sido la judicatura la que ha puesto en cuestión el funcionamiento del Banco a partir de ciertos informes técnicos internos que señalaban con acierto la verdadera situación de Bankia y el enorme riesgo de su salida al mercado de valores. El asunto es un misil nuclear sobre la actividad, la dirección y la honradez del Banco.

La acción judicial es en sí misma una enorme prueba del mal funcionamiento del Banco (dejó al lado el “paquete” de la Comisión nacional del Mercado de Valores, solo porque es menos dada a hacer recomendaciones). Simplemente con la confirmación de la existencia de los informes internos que señalaban los riesgos ciertos de la operación Bankia, el Banco de España debería revisarse y renovarse de arriba abajo.

Este hecho de tanta importancia, me lleva a recuperar las sospechas sobre el papel que ha jugado el Banco de España en la auto inmolación de las cajas de ahorro. Sabiendo que el banco supervisa in situ las cuentas y las normas de gestión bancarias, resulta sorprendente que los riesgos brutales que asumían las cajas en la burbuja inmobiliaria y sus variados sortilegios inversores y de apalancamiento, no fueran oportunamente puestos en evidencia y corregidos por la autoridad del Banco de España. La situación no era desconocida en absoluto para quien tuviera interés en esos asuntos, por lo que debería serlo mucho menos por quien estaba al cabo de la calle en la información detallada de cada caja.

Ese absurdo, un banco central que no se entera del gravísimo incendio bancario, no es creíble. El Banco de España lo sabía todo o casi todo. Y no hizo nada más que alentar (por acción u omisión) la profundización de los riesgos. El objetivo, pienso que está claro. La monopolización bancaria del país con la eliminación del 50% del sector en manos de las cajas (una especia de propiedad pública). Se consiguió un éxito absoluto, con unos costes brutales que el país (o un sector) pagará durante decenios.

No cito más que de pasada, como corolario, la falta de autoridad ejercida sobre los bancos y las cajas en asuntos de productos financieros, piensen en la crisis hipotecaria. Ha sido también en eso necesaria la intervención judicial, de los tribunales europeos esta vez. Una acción reiterada, puesto que ni el gobierno, ni el Banco de España se daban por aludidos.

Pienso que, si la revisión judicial de la salida a bolsa de Bankia se hace consistente, no sería absurdo ir pensando en que la acción del Banco de España antes de la crisis y después de la crisis fuese también revisada. He ahí un asunto verdaderamente importante respecto al equilibrio de poder entre la ciudadanía y los poderosos financieros.

Lluís Casas en plena iluminación.


miércoles, 15 de febrero de 2017

A Pablo y a Íñigo. Contra el olvido en la "nueva política". A las trabajadoras de la limpieza

Escribe, Carlos Espejo

No conozco ni a uno ni a otro. No soy de la generación de ninguno de los dos. No soy de su barrio ni estudié en la misma universidad que ellos. No soy del mismo “momento político”, si se puede decir así, que Iglesias y Errejón. No soy producto de la misma crisis, sino de crisis anteriores, que tambiém existieron. Soy de la generación del “baby boom”. Es decir, soy en buena medida producto de la dictardura, como diría Javier Pérez Andújar, y del corto siglo XX. Ni siquiera soy un seguidor ciego de la etiqueta de la “nueva política”, aunque estoy convencido de la necesidad de una “política nueva”.
Sin embargo, la experiencia, para la no que no sirven los adjetivos de “nueva” o “vieja”, me hace pensar que la enemistad suele tener su principal base en una amistad que se siente traicionada. Hay viejos dichos que dicen que el odio une más que el afecto. Es una forma de desgaste, estúpido, como otro cualquiera. Por esta razón, desde la “periferia” de todos los “centros” quiero decirles a "unos" y a "otros2 -porque la cuestión no se reduce a “Pablo e Íñigo”, con esa aparente confianza de personas conocidas con que se les suele presentar- que entierren los jamones de Bigas Lunas; que piensen en las consecuencias que la grasienta contumacia del garrotazo puede darnos a los que seguimos pensando que hay posibilidades -ni fáciles ni rápidas; por pasos más que por zancadas- de construir alternativas al estado actual de las cosas.

Sinceramente.

Firmado: El hijo de la trabajadora de la limpieza.  
Aclaración necesaria: digo “hijo de la trabajadora de la limpieza” y no de la “fregona”, como algunos se regodean en presentarse hoy, no sé si por inconsciencia o bien por simple broma estúpida, contribuyendo a que todas las madres dedicadas a esta actividad y ellos mismos pierdan eso que se conoce como dignidad obrera.


Rodrigo Rato y Fernández Ordóñez

Escribe, El dómine Cebra



En tiempos de antañazo vivieron literariamente Rinconete y Cortadillo, cacos al por menor, de la mano de don Miguel de Cervantes. En estos nuestros tiempos viven realmente –y han hecho de las suyas--  los epígonos de aquella pareja: Miguel Ángel Fernández Ordóñez, llamado tecnocráticamente MAFO por sus allegados, y Rodrigo Rato, que en los mentideros madrileños le conocen como Manos Ligeras. Cacos al por mayor.Si hubiera un escritor que relatase los Episodios Nacionales bis no haría ascos a escribir un episodio que hablara de MAFO y Manos Ligeras. Si Carlos Zanón va a sacar un nuevo Carvalho, no veo el inconveniente que otro escritor haga lo mismo con los viejos Episodios galdosianos. O la misma Corte de los Milagros.

MAFO (el hombre sigla), en su tiempo de gobernador del Banco de España, dedicó mayoritaria y celosamente su tiempo a sugerir las más drásticas políticas de recortes, disminución de los salarios y desestructuración del mercado laboral. Una actitud febril y paroxística, se diría. Manos Ligeras fue más directamente al grano, y con las técnicas más arteras –las que mamó desde que le salieron los dientes de leche— fue amasando caudales en el ejercicio de todos sus cargos. Ambos casos merecen un episodio nacional.

Manos Ligeras fue designado por Mariano Rajoy para que dirigiese la loca operación  de la fusión de unas cuantas cajas de ahorros desguazadas y dar a luz Bankia. MAFO estaba al tanto de las averías mayúsculas de dichas entidades financieras. Bankia declaró unos beneficios de 309 millones de euros, cuando en realidad tenía un descomunal agujero de 3000 millones. Pero el caballero  MAFO no podía intervenir –o no quiso--  porque el tiempo lo dedicaba a tronar contra los sindicatos y las reivindicaciones de los trabajadores. Tanta distracción voluntaria le llevó a intentar engañar a tirios y troyanos ocultando posteriormente la bancarrota de Bankia.  Sépase que algunos inspectores del Banco de España le avisaron con tiempo suficiente. Pero MAFO iba a lo suyo. Después vino lo que vino. Las preferentes, la bancarrota y el rescate financiero. Un forraje considerable para la Audiencia Nacional. MAFO está imputado, que ahora llaman investigado.


Ustedes sabrán dispensarme si me excedo en mis atribuciones: espero que la justicia estruje a estos dos tipos. 

martes, 14 de febrero de 2017

Mr. Donald Trump, son los robots y no los mexicanos

Joaquim González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL


"La próxima ola de dislocación económica no provendrá del extranjero. Nacerá del implacable ritmo de la automatización que convierte muchos buenos trabajos de clase media en obsoletos". Discurso de despedida 10 de enero 2017 Barack Obama.



El nuevo presidente de los Estados Unidos de América, Donald J. Trump, repite cada día a los trabajadores y trabajadoras de las industrias de su país que él, con su política nacionalista y proteccionista, conseguirá recuperar el empleo que la globalización y la inmigración han “robado” a los trabajadores americanos.

Es indudable que la globalización, y con ella la deslocalización de empresas y producciones, es la causa de la pérdida de millones de empleos en EEUU y en Europa, en particular de los sectores más intensivos en mano de obra de las industrias manufactureras, debido a los cambios vividos en las últimas décadas, entre otros el comercio con China y los países asiáticos o México.

Pero también sabemos, así lo confirman la mayoría de los expertos, que tanto en EEUU como en Europa la causa más importante en estos últimos años de la destrucción de empleo ha sido la automatización. Y más lo será en el futuro. Nos lo recuerda el estudio del Center for Business and Economic Research de la Ball State University que indica que “en el pasado año, el principal factor en la desaparición de empleos  en EEUU fue la automatización en el 88% y la deslocalización el 12%” y lo confirma el economista laboral del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT, EEUU) David Autor, quien afirma que "la automatización es un factor mucho más decisivo para la desaparición de puestos de trabajo en la industria manufacturera que la externalización o los acuerdos comerciales internacionales”.

Pero es más fácil y útil políticamente y, sobre todo, más rentable para los poderes económicos que representa Trump, buscar las razones del desempleo y la precarización del trabajo en enemigos externos, en este caso México o China, y con ello esconder el debate social sobre los riesgos y oportunidades que representa la automatización, la digitalización y la robótica. Por esto, como afirma  Thomas H Davenport  (Harvard Business Review en español 19-1 2017), “‘Trump no le prestó ninguna atención a la automatización durante la campaña electoral, ni tampoco tuitea nada sobre ello”.

Y así se elude del debate los efectos aún imprecisos de la digitalización, la inteligencia artificial y la robótica, y sobre todo se presiona para que el mercado privado se implante sin ningún tipo de reglas ni políticas públicas que lo condicionen. Se pretende que miremos hacia otro lado sacando del foco político, social y mediático, la necesaria discusión, en la sociedad y en las empresas, de una transición justa para aquellos colectivos cuyos empleos van a ser desplazados por la revolución tecnológica que estamos viviendo.

Pero Trump lo sabe, como también lo saben esas otras figuras de todo el mundo que  como él sacan partido de la banalidad y la rabia, que azuzan los sentimientos nostálgicos y nacionalistas, que encuentran el apoyo de gente que se identifica como excluida del sistema, y señalan chivos expiatorios en los eslabones más débiles de la sociedad. Saben que no son los mexicanos quienes quitan el trabajo a esos americanos que le han votado como presidente de EEUU. Serán más bien los robots, y eso es más difícil de gestionar. Esos robots que su Secretario de Trabajo, Andrew Puzde, ha descrito como: “Ellos siempre son educados, nunca toman vacaciones, nunca llegan tarde, nunca tienen un desliz, ni una caída, nunca son causa de discriminación por razón de edad, sexo o raza”.

Un nacionalismo al que el movimiento sindical de EEUU y también las Federaciones Sindicales Internacionales deben dar respuesta, una respuesta contundente profundizando en la solidaridad, la cooperación y el internacionalismo. El sindicalismo, ahora más que nunca, está llamado a ser el principal muro que impida que progrese el rancio nacionalismo y sus políticas proteccionistas de cierre de fronteras como la solución a la crisis y al paro. Porque ni los mexicanos, ni los marroquíes, ni los turcos o los chinos son los que nos quitan el trabajo.