lunes, 5 de diciembre de 2016

Urkullu y el nacionalismo catalán



Al independentismo catalán le salió ayer una roncha de grandes proporciones: la declaración de Urkullu en cierto diario de ámbito español.  Traerá cola, sin lugar a dudas.  

  “En un mundo globalizado, la independencia es imposible”, ha dicho el lehendakari. Lo dice quien conoce el paño. Ciertamente el mojicón que han recibido el presidente de la Generalitat y sus msoveros es considerable. No podrán decir que ese sartenazo venga de los enemigos de Cataluña. Desde luego, podemos sacar muchas virutas de las declaraciones del lehendakari vasco. Por ejemplo, que los dirigentes del independentismo catalán están fuera de la realidad del paradigma de la globalización. Y que, por ello, la acción política que emprenden no lleva a ningún puerto. Mientras tanto, el «coste de oportunidad» de dicha acción política se va incrementando a marchas forzadas. Vale decir que el lendakari no se ha ido con paños calientes: ha utilizado un lenguaje contundente, sin metáforas de cortesía. Eso sí, se ha permitido llamar indirectamente decimonónicos a sus colegas catalanes. Algo insoportable para éstos. En concreto, ha venido a decir que, para determinadas aventuras políticas, no cuenten con él. Mazazo, pues, en las covachuelas del Palau. Asentando más el clavo: el PNV no es un aliado del independentismo catalán.


Post scriptum.--  De momento Europa ha amanecido un poco mejor que ayer. Austria nos ha aliviado un poco.   


domingo, 4 de diciembre de 2016

Formación, promoción y cualificación profesional.



Pedro López Provencio


 El conocimiento y la información conforman la base del Poder. Desde siempre. Ahora, aún más. Con el uso de máquinas electrónicas y programas digitales se pueden recopilar, almacenar, procesar y transmitir información y datos en cantidades y velocidades inimaginables no hace mucho. De poca utilidad si no se poseen los instrumentos que los discriminen, los interpreten adecuadamente y puedan hacerse valer en beneficio propio. Se cede solo una parte disgregada y parcial. Para que la usen quienes han de servir, con su trabajo, a la oligarquía de turno. Y para que se vayan acomodando a las pautas prediseñadas a fin de encajar mejor en el sistema. Mientras se distraen con nimiedades y juegan al absurdo. Y se aíslan hasta para comunicarse.

 Formas de organizar el trabajo con enajenación del conocimiento del trabajador.

 “Haz lo que te diga ese nuevo de la oficina” me dijo el encargado. Al poco, se me acercó un señor con corbata, tablilla y reloj. Me dijo que continuase haciendo mi trabajo habitual. Mientras lo hacía, vi como tomaba notas y accionaba constantemente los pulsadores del reloj. A los pocos días me llegó un papel en el que se describía, de forma simple, parcial y esquemática, el trabajo que yo había realizado. Y se señalaba el tiempo en el que lo había hecho, mientras ese señor me observaba. Entonces me pareció increíble que “a ese nuevo de la oficina” le pagasen tan buen salario por esa tarea. Tiempo después nos facilitaron unos impresos en los que debíamos anotar, nosotros mismos, todos los trabajos que íbamos haciendo y el tiempo que empleábamos en hacerlos. Nos incomodó mucho. Eso sucedió a mediados de 1964. Unos años después, en un seminario en la escuela Profesional del Clot, de la mano del ingeniero Comín, empecé a entender que eso era el pilar sobre el que se asentaba la organización “científica” del trabajo. 

Entre 1963 y 1967 trabajé de oficial ajustador en un pequeño taller situado en los bajos de un edificio de la Ronda de San Pablo. En él construíamos maquinaria para laboratorio. Antes de irme a la "mili" había varios grupos de ajustadores. Cada grupo construía y montaba por completo un complejo de máquinas. Y con lo que aportaban torneros, fresadores, mandrinadora y proveedores externos. Los complejos eran variados y adecuados a las necesidades del cliente. Habitualmente consistía en transporte mecanizado, llenado de envases con líquidos, o con pastillas que previamente se prensaban en un complejo matricial dosificado, etiquetado, etc. Cuando el complejo de máquinas se ponía a punto en el taller y en marcha en el local del cliente no solían haber problemas. Y si los había se solucionaban inmediatamente. Todos los ajustadores conocían perfectamente el sistema que habían construido. Cuando volví de la "mili" se había dividido el trabajo. Unos ajustadores construían piezas, otros montaban el sistema de transporte, otros el de llenado de líquidos, otros los sistemas de prensado, etc. Producía tristeza ver las dificultades que aparecían en la puesta a punto y en la puesta en marcha. Tal vez se habrían abaratado costes, pero se había perdido calidad. Y sobre todo conocimiento e información en los trabajadores. Ya no éramos tan imprescindibles como antes. El control, la información y el conocimiento del trabajo cambiaba de manos.

 Entre 1972 y 1974 trabajé en una consultora de ingeniería. En la sección de organización industrial. En diversas empresas diseñé distribuciones en planta, sistemas de métodos y tiempos, programación, cálculo de costes, control de stocks, etc. Viene al caso una tornillería de Anzuola. En el taller habría unas 70 máquinas. Cada operario tenía a su cargo cinco máquinas automáticas. Instalaba las matrices y demás utillaje de estampación y roscado cuando cambiaba el tornillo o la tuerca a fabricar, alimentaba de material cuando se acababa y se ocupaba de solucionar las posibles averías e imprevistos. Cuando, por cualquier causa, una de esas máquinas cesaba de producir, se decía que estaba en paro, y el operario atendía la causa. Si se paraba más de una a la vez se decía que la primera estaba en paro, atendida, y la otra u otras, que no podían atenderse, se decía que estaban en interferencia. Cuando al principio estudié el taller, vi que las maquinas en interferencia eran atendidas, en ocasiones, por operarios cuyas máquinas se encontraban todas en funcionamiento. El control y la producción estaban en manos de los operarios. El cálculo de interferencias de máquinas y la programación centralizada vino a corregir esa situación. Pasando el control y la exigencia de productividad a manos del empresario. Para obtener las variables que influyen en el cálculo y en la programación tuve que apoderarme de los conocimientos y de la experiencia de aquellos trabajadores. A los que se les “compensó” aumentándoles la carga, la saturación de su tiempo de trabajo y despojándolos del poder de gestionar las interferencias.

 Del expolio y de la utilización espuria de la información y de los conocimientos de los trabajadores podría relatar decenas de casos flagrantes. Porque así como a los artesanos se les arrebató la posibilidad de adquirir directamente la materia prima y de vender su producto acabado, a los obreros se les viene arrebatando el conocimiento y el control del trabajo. "El brazo en el taller y el cerebro en la oficina". Pero transmitiendo conocimiento del taller a la oficina continuamente. A fin de obtener el control total de la producción. Tendiendo a que el trabajador se convierta, cada vez más, en un simple apéndice del sistema, prescindible y de fácil sustitución. Por lo que no es necesario que tengan más formación que la que precisen para servir al puesto de trabajo. A la espera de ser sustituido por un robot el obrero o por un algoritmo el técnico.

 Formas de organizar el trabajo con el protagonismo del trabajador. 

Pero esa no es esa la única forma de organizar el trabajo. Cuando empecé a colaborar con la asesoría jurídica de Albert Fina y Montserrat Avilés en 1975 me di cuenta de que estaban desbordados de trabajo. Eran cuatro abogados y seis administrativos. En una semana hubo que presentar más de 12.000 demandas en la Magistratura del Trabajo, por sanciones a trabajadores de la SEAT. Se organizó con la ayuda de sus sindicalistas y la colaboración de todos. Sin jefes y con absoluta descentralización. Con un orden y una pulcritud esmeradísima. Con los documentos que habían diseñado los abogados. Finalizado ese conflicto vi que, en los días de visita, los trabajadores del despacho acababan de trabajar después de la 12 de la noche, cuando los clientes desistían de la espera. Y que la gran cantidad de trabajo que tenían pronto les podría provocar el colapso. Les ofrecí mis servicios de organización. Aceptaron. Cambiamos de despacho y se diseñó la distribución en planta para atender adecuadamente todas las funciones. Pronto superamos la docena de abogados, dos economistas, dos médicos, cuatro sindicalistas y cinco administrativos. El trabajo en los días de visita se acababa sobre las 8 de tarde. No existían los ordenadores personales. Para el mecanografiado de los escritos, demandas, recursos, adquirimos unas máquinas que memorizaban las partes comunes, a las que se añadían las particulares que decidían los abogados y demás facultativos. Todos participaban, además de realizar el trabajo, en las tareas de dirección, programación, coordinación y control de la actividad. Aquel despacho funcionó como un reloj. Con asamblea los sábados por la mañana. Sin más autoridad y centralización que la orientación jurídica y la supervisión, poco más que moral, de Albert y de Montserrat. Todo el funcionamiento estaba en manos de los trabajadores, de su solidaridad y profesionalidad. Evidentemente se les habían facilitado los instrumentos organizativos adecuados para ello. Claro, eran personas a las que no se les pretendía limitar su conocimiento utilizable sino impulsarlo al máximo. 

La primera tarea de envergadura a la que hubo que hacer frente, cuando entré a trabajar de administrador de centro en la UAB en 1988, fue el traslado de la Facultad de Veterinaria a su nuevo edificio. Sus dependencias estaban repartidas entre la Facultad de Ciencias y la de Medicina. Animales vivos estabulados en laboratorios de investigación. Animales muertos y huesos en Anatomía. Maquinaria y mobiliario de todas clases, incluso alguna en la que se podían utilizar isótopos radioactivos. Más de mil alumnos, más de cien profesores, unas cincuenta personas de administración y servicios. El reparto de espacios entre los departamentos se hizo en una Junta de Facultad. Solo hubo que codificar los distintos laboratorios, despachos, aulas, planta de tecnología de alimentos, granjas, hospital clínico, entregar los planos y diseñar un impreso de coordinación del traslado. Con la cooperación autónoma de todos, incluidas las empresas de transportes contratadas al efecto, el traslado se realizó sin un solo inconveniente. Solo se perdió un día de docencia. Si se hubiese intentado una dirección centralizada y controladora, en vez de la autonomía, la cooperación, la responsabilidad y la profesionalidad de las personas, hubiese sido un auténtico caos. Claro, la formación de esas personas debía tender a la excelencia, que no se podía limitar porque, precisamente, su misión es crear y transmitir conocimiento.

 Dos formas de organización del trabajo. Una la que impide el crecimiento profesional del trabajador, apropiándose de los saberes que tiene. Otra la que fomenta y utiliza los conocimientos, las capacidades y la experiencia de los trabajadores, haciéndoles participes de la dirección, la coordinación, la programación, la ejecución y el control.





sábado, 3 de diciembre de 2016

¿Qué no puede imponer el PSOE a los socialistas catalanes?



Homenaje a Norberto Bobbio

La gestora del PSOE no descarta excluir a las bases del PSC de la elección del secretario general.  Lo dicen mentideros de Madrid y Barcelona. Lo que visto desde los tendidos del coso socialista parece ser un disparate. O tal vez es un globo sonda–antiguamente llamado Radio Macuto--  para tantear desde Ok Ferraz a los levantiscos socialistas catalanes.

Entiendo que es un dislate. Que a un servidor no le afecte dicha medida, si es verdad, no excluye que lo considere algo sencillamente disparatado. Soy del parecer que la Gestora no puede hacer dicho planteamiento porque rompería el carácter  federal del PSOE. Tampoco el PSC puede aceptarlo, ya que no puede invadir, suprimiendo, los derechos de sus militantes. Estos derechos no son propiedad de ningún grupo dirigente sino de cada afiliado. Es un derecho, por así decirlo, uti singuli

Por otra parte, hay observaciones contundentes del maestro Norberto Bobbio que aclaran que determinados derechos, individuales y colectivos, no pueden ser laminados por ningún organismo que, para entendernos, llamaremos “de arriba”.   A eso el maestro turinés le llama la «indecibilidad». O lo que es lo mismo: estos derechos son un coto ininviolable. Sin lugar a dudas, elegir a la dirección del partido es uno de esos derechos. Ni siquiera los Estatutos pueden ir en contra de ello. La Gestora –es un consejo gratuito— haría bien en estudiar para lo que estamos comentando (y para lo que sea menester)  estudiar a fondo el libro de Bobbio El tiempo de los derechos, que editó la Editorial Sistema (1991) con prólogo de Gregorio Peces-Barba. Digamos, pues, que la Gestora debería recurrir a la fuente sapiencial de Bobbio, aunque tuviera el riesgo de crear un peligroso antecedente. Quiero decir, un beneficioso precedente.

En resumidas cuentas: ni el PSOE puede plantearlo al PSC, ni éste puede pedirlo a sus afiliados. 

viernes, 2 de diciembre de 2016

El pobre Hollande



François Hollande ha anunciado que no se presentará a la reelección como presidente de la República francesa. Los motivos están claros: su popularidad está a la altura del betún. Se trata, ciertamente, de un fracaso personal del alto magistrado. Pero, sobre todo, hay algo más: es el creciente desprestigio del Partido Socialista Francés que desde hace tiempo, perdonen el sarcasmo, no da una a derechas. Ni a izquierdas tampoco, podríamos añadir. Sin duda, los comillos retorcíos de Manuel Valls han ayudado lo suyo apretando la garganta al melifluo Hollande para que no opte por un segundo mandato.

En todo caso, lo importante no es el fracaso personal del todavía primer mandatario francés. El PSF no puede coger el rábano por las hojas y endilgarle a Hollande su propia crisis. Una crisis doble: de proyecto y de liderazgo. De una crisis que va más allá de las propias fronteras francesas. Es la crisis de la socialdemocracia europea, que viene de muy atrás. Lo que no sabemos, en el caso francés,  es si se trata de una crisis de ir tirando o  ya definitiva. Sea como fuere, los grupos dirigentes franceses han despilfarrado un capital considerable. Hollande y Valls han confiado más en las recetas de derechas que en poner en marcha políticas progresistas: frente a la crisis económica impusieron unas medidas autoritarias enfrentándose a los sindicatos, mediante los recortes más drásticos y el corte de uñas al famoso Code du Travail, al tiempo que iban deconstruyendo los valores republicanos de la libertad, igualdad y fraternidad. En suma, por perder han perdido hasta la tabla de logaritmos.


Voy a darle a don Manuel Valls un consejo completamente gratis. Si quiere salvar los muebles, aunque sea la mesita de noche, proponga a Anne Hidalgo, la alcaldesa de París como candidata. Usted, don Manuel, tiene muchos alifafes.


jueves, 1 de diciembre de 2016

Marx, más allá de la teoría del valor



Nota de la Redacción.--  El presente escrito del profesor Juan—Ramón Capella tiene una carga profunda y propone a los sindicalistas –también a la izquierda--  una serie de reflexiones concatenadas. Ya me contarán.  

Juan-Ramón Capella

Un esbozo

I


Ya no es fecunda para todo la teoría del valor de Marx, por haberse cumplido exacerbadamente algunas lúcidas previsiones suyas.

La tercera revolución industrial —informática, nuevos materiales, nuevas formas organizativas empresariales, nuevas ramas industriales— ha dado lugar a una preeminencia inédita hasta nuestro tiempo de los medios productivos de naturaleza intelectual. Medios incorporados en las máquinas y en los cerebros de científicos y técnicos.

En un pasaje poco conocido señalaba Marx: "[...] en la medida en que la industria se desarrolla, la creación de la riqueza real se vuelve menos dependiente del tiempo de trabajo y de la cantidad de trabajo utilizado que del poder de agentes que son puestos en movimiento durante el tiempo de trabajo, y cuya poderosa efectividad no está en relación alguna con el tiempo de trabajo inmediato que cuesta su producción, sino que depende más bien del nivel general del desarrollo de la ciencia y del progreso de la tecnología, o de la aplicación de esta ciencia a la producción ".

Dicho de otro modo: Marx cree que la riqueza real, en ciertas condiciones de producción científica, evolucionada, depende menos del tiempo de trabajo que de agentes puestos en acción en la producción que no guardan relación con el tiempo de trabajo que cuesta producirlos.

Eso describe muy bien lo que ha sucedido y sucede con la revolución industrial de la informatización. Marx, en los Grundrisse, anticipándose a los tiempos, retrotraía el efecto descrito al industrialismo desarrollado de su época, crecientemente basado en el capital fijo.

Escribe Marx hacia 1858: "El robo de tiempo de trabajo ajeno, sobre el que descansa la riqueza actual, se presenta como una base miserable frente a esta base recién desarrollada, creada por la misma gran industria [...] El plustrabajo de la masa ha dejado de ser condición para el desarrollo de la riqueza general, así como también el no trabajo de los pocos ha dejado de ser condición para el desarrollo de las fuerzas generales del cerebro humano [...]" [1].

Paralelamente se ha formado una especie de intelecto general [2] social mundial, que produce innovación permanentemente. "El desarrollo del capital fijo indica hasta qué grado el saber social general, el conocimiento, se ha convertido en fuerza productiva inmediata y, en consecuencia, las condiciones del proceso de vida social han pasado a estar bajo el control del intelecto general" [Marx, Grundrisse, el capítulo del capital, "Contradicción entre el fundamento de la producción burguesa (medida del valor) y su mismo desarrollo. Máquinas, etc."; la cita en OME 22, pág. 92, Barcelona, Ed. Crítica].

Pues bien: el capitalismo contemporáneo se caracteriza por su capacidad de apropiación del producto de ese intelecto general social. Apropiación en el sentido de utilización incluso sin necesidad de "apropiación jurídica" (lo que no es una cuestión menor). El momento intelectual de la actividad productiva mundial queda separado de los productores directos, y, por otra parte sus elementos portadores vivientes (científicos, técnicos, gente con elevada formación) hoy no son capaces de utilizarlo sin recurrir al capital; sin embargo el intelecto social general está objetivado sobre todo en los modernísimos medios productivos (programas informáticos, máquinas automáticas, etc.).

La automación informática expele de la producción a masas ingentes de trabajadores [3].

Aquella capacidad productiva del intelecto social general es apropiada por el capital en su conjunto empezando por sectores particulares suyos, por los entes más dinámicos.

La capacidad de apropiación va ahora más allá de las nociones jurídicas de propiedad, por mucho que éstas sean necesarias para la estructuración del mundo del capital que conocemos.

Las categorías marxianas habituales para describir la acumulación capitalista (plusvalía absoluta y relativa, etc., que tomaba en consideración el marxismo tradicional) no sirven en la nueva situación por mucho que sea válida la base elemental de la teoría del valor de Marx, esto es: que la riqueza sólo la crea el trabajo humano, o si se quiere la Naturaleza en combinación con el trabajo humano. No obstante, esas categorías habituales pueden ser aplicadas a los comportamientos de la empresa capitalista, y también se manifiestan en la tendencia a pagar a los asalariados tan poco como se pueda. Al respecto señala Marx: "el capital quiere medir estas enormes fuerzas sociales así producidas por el tiempo de trabajo, y mantenerlas dentro de los límites necesarios para conservar como valor al valor ya creado" [4]. El valor se mantiene, dicho en plata, con calzador [5]: conservar como valor al valor ya creado [6].

La economía neoliberal se caracteriza por no compartir el empresariado con los trabajadores las riquezas derivadas de las ingentes mejoras en las técnicas de producción.

Muy importante: la mencionada capacidad de apropiarse y utilizar el intelecto social general por parte del capital permite explicar que éste ya no necesita explotar, como en el pasado, al mayor número de trabajadores posible, esto es, ampliar el círculo de la explotación a través del empleo asalariado. Por el contrario: puede prescindir de gran número de trabajadores, reducir a otros a trabajadores a tiempo parcial, y propiciar la existencia de grandes masas de personas a las que ni siquiera se les dan las condiciones necesarias para trabajar; coexiste con un elevado paro estructural permanente [7]; en las condiciones de hoy, lo necesita.

Ese grupo social de trabajadores en paro o subutilizados ha de ser sostenido por alguien: sus familias, la solidaridad privada o la solidaridad fiscal pública (salvo que el sistema capitalista prefiera exterminarlos periódicamente).

II

La existencia de paro estructural amplio y permanente, y de reducción de la parte del producto social asignado a la mano de obra empleada, en esta etapa de paroxismo neoliberal, aparece como uno de los problemas centrales de la época. Las nuevas tecnologías posibilitan producir riqueza con relativamente poco esfuerzo humano. Sin embargo el capitalismo trata de evitar por todos los medios la redistribución socializadora de la riqueza producida (y también el reparto del reducido tiempo de trabajo que sigue siendo necesario).

El paro estructural neotecnológico, junto con el recorte de los derechos laborales y sociales, plantea para toda la sociedad un problema nuevo de gran magnitud.

Parece manifiesto que la resolución de este problema se cifra en un objetivo importante de concepción muy sencilla: la redistribución.

La redistribución de la producción social ya no se puede dar sólo en el interior de las empresas —el ámbito de acción esencial del sindicalismo en su forma tradicional—, sino que se trata de crear una redistribución que afecte a toda la sociedad: también a las personas sin trabajo, a las que experimenten dificultades particulares, y además a bienes colectivos como la sanidad, la educación y la obra pública.

La solidaridad pública via fiscal es una necesidad. Sin excluir que se deba recurrir a otras técnicas de redistribución de la producción social para convertirla en riqueza colectiva.

De todos modos, es evidente que ningún cambio redistributivo se materializará afianzadamente si no es internacional, si no va más allá de los límites del "estado-nación". Lo que remite a los cambios que han experimentado las instituciones principales en este período de vorágine innovadora: a un gravísimo problema político y jurídico cuyo análisis debe hacerse en otro lugar.

Todo ello en un contexto en que la producción de riquezas tropieza con sus límites ecológicos: con los daños a la Naturaleza, con un gigantesco problema energético, y otros. Sin embargo precisamente el carácter científico de la producción contemporánea podría ayudar a resolver los problemas sociales sin recurrir al crecimiento —agravador de los daños ecológicos—, que está exigido por la forma capitalista de la producción, pero que no tiene por qué estarlo en formas de producción y consumo basadas en la solidaridad social.

Notas

[1] Marx, Grundrisse, el capítulo del capital, "Contradicción entre el fundamento de la producción burguesa (medida del valor) y su mismo desarrollo. Máquinas, etc.". Respecto del tema lateral que aparece en la cita, el "no trabajo de los pocos": Marx se refiere a una época en que la condición del desarrollo de la ciencia estaba condicionado a la existencia de una clase ociosa, época que da por acabada.
[2] Marx veía el intelecto general esencialmente objetivado en las máquinas, etc., sin prestar demasiada atención a su concreción en las consciencias de ciertas personas que intervienen en el proceso productivo.
[3] En función de ello han empezado a surgir interesantes sugerencias de que por las máquinas automáticas (por ejemplo, cajeros automáticos, etc.) se cotice impuestos especiales o directamente a la seguridad social, dado que en las condiciones de hoy el trabajo asalariado no cotiza lo suficiente para sostener por sí solo el sistema de seguridad social, etc.
[4] Marx, Grundrisse, el capítulo del capital, "Contradicción entre el fundamento de la producción burguesa (medida del valor) y su mismo desarrollo. Máquinas, etc.
[5] Ese calzador es el sistema jurídico existente, la cultura económica hegemónica, las instituciones existentes, los sistemas políticos correspondientes.
[6] Estos interesantísimos desarrollos de Marx en los Grundrisse (Líneas fundamentales de la crítica de la economía política), en OME 21 y 22 (Obras de Marx y Engels, Crítica, Barcelona), pueden resultar sorprendentes para muchos lectores ya que —en mi recuerdo— no se encuentran en el volumen primero de El Capital, el único preparado para la imprenta por Marx, ni en los volúmenes segundo y tercero, preparados por Engels, donde hubieran podido tener un lugar adecuado —sobre todo en el volumen tercero—. La explicación de la omisión de estos desarrollos en El Capital podría consistir en que Engels precisaba ante todo defender la teoría del valor frente al problema de la transformación de los valores en precios, una crítica a la teoría del valor de Marx a la que éste no pudo dar una respuesta definitiva; el cálculo matricial, que hubiera permitido hacerlo, no quedó establecido hasta 1878.
[7] En abril de 2015 la tasa media de paro en la Unión Europea era del orden de 9,8%, siendo de 10,6% en Francia y de 23,2% en España. Estas cifras contrastan con el "paro tecnológico" (quizá de personas que cambiaban de empleo) en los Estados Unidos en la época de las políticas keynesianas: un 3% o un 4%, datos de paro fuertemente criticados por los economistas de izquierda de la época, al no alcanzarse el pleno empleo.
11/2016


La CGIL y el Referéndum Constitucional italiano



Si quieren pueden llamarme presuntuoso, seguro que no exageran. Pero es el caso que Metiendo bulla cuenta con lectores italianos. Italianos que viven en el país donde florece el limonero; también italianos que residen en España;  sabemos de muy buena tinta que muchos de estos se reúnen en Barcelona, Madrid y otras ciudades para discutir qué hacer ante el referéndum que se va a celebrar en Italia el próximo domingo. De ahí que a esas decenas de miles de personas les recordemos la posición que ha adoptado la CGIL. O sea, un No tan rotundo como el Duomo de Milán y el Coliseo romano. Las razones están en este sitio: http://www.cgilfermo.it/Allegati/2016/20161013_ragioni_del_no.pdf


miércoles, 30 de noviembre de 2016

Las variables del Pacto por la Industria




En estos días se está hablando mucho sobre la necesidad de un Pacto de Estado por la Industria. En este mismo blog la autorizada voz de Joaquim González Muntadas dejó dicho cosas que se deben tener muy en cuenta (1). Lo suscribo de cabo a rabo. Lo que plantea Joaquim me permite hacer unos planteamientos que considero necesarios.

En primer lugar, este acuerdo es, en el fondo, un pacto por la innovación tecnológica y, por tanto, un salto cualitativo con el tipo de industria que hemos tenido y con el carácter de los pactos interconfederales que en nuestro país han sido. En segundo lugar, el pacto debe inscribirse inexcusablemente en el nuevo paradigma de la reestructuración—innovación de los aparatos productivos, que representa lo que llamamos, por pura comodidad expositiva, el post fordismo. En tercer lugar, su naturaleza y contenidos deberían ser un potente ajuste de cuentas con el modelo productivo que, por decirlo con brevedad, se ha llevado a la buena de Dios. O de manera más laica: a estilo compadre.

Ahora bien, el pacto por la industria no puede ser sólo un acuerdo por arriba. Menos todavía, un documento orientativo. Ni menos, todavía, un papel meramente orientativo. Por supuesto, debe tener las orientaciones necesarias. Pero es fundamental que adquiera fisicidad, es decir, que toque pelo. Un pacto que se precie debe tener mandamientos concretos; la retórica, habitual en no pocos casos, sería en este caso pura filfa, ganga retórica.

Mandamientos concretos, decimos. Un pacto de este estilo no es un código de buenas prácticas. Así pues, debe contar con los necesarios mandamientos concretos a poner en marcha directamente. Por ejemplo, en materia de derechos laborales y sindicales. Por ejemplo, en todo lo atinente a las grandes cuestiones de la organización del trabajo, que hoy están legislativamente en las manos exclusivas del dador de trabajo. También en todo lo que atañe a los procesos formativos y a la reordenación de los salarios. Ni que decir tiene en el ineludible problema que debe abordar el pacto: la calidad del empleo. Es una quimera pensar que sean beneficiosas las consecuencias de dicho pacto sobre la base de la actual degradación del empleo. Téngase en cuenta que, desde Alemania, nos viene un mensaje nítido: la solución de la cuestión industrial no tiene una sola componente tecnológica; es fundamental resolver la papeleta laboral.

La negociación colectiva puede –y debe--  jugar un papel de primer orden en la mayor concreción del pacto industrial. A condición, claro está, de que sus cláusulas respondan al carácter del nuevo paradigma. Es en ese territorio donde el acuerdo alcanzará su enraizamiento. En caso contrario los hipotéticos beneficios del pacto industrial no alcanzarían concreción en el centro de trabajo. De ahí que sea exigible una nueva contractualidad. En honor a la verdad hemos de decir que, aunque escasos en número, hay ejemplos luminosos que encajarían perfectamente en la novedad de un pacto industrial de las características que preconizamos.

Por último, aprovecho la ocasión para dar unos pespuntes sobre algo que considero de la mayor importancia. A saber, la reforma de la empresa. Entiendo que es de la mayor importancia porque el territorio fundamental del pacto industrial es el centro de trabajo. El sindicalismo confederal necesita una profunda reflexión sobre «la empresa», sobre el centro de trabajo. Especialmente porque es su territorio natural.

Parto de dos consideraciones: uno, la empresa tiene diversos tapones que obturan su competitividad; dos, la democraticidad, humanización y la eficiencia. Los tapones referidos son: el déficit tecnológico y sus procesos formativos finalistas a superarlo, los elevados índices de precariedad de los empleos y los accidentes laborales. Abordar a fondo estas cuestiones en el nuevo paradigma es todavía una asignatura pendiente. Quien esté interesado en una mayor concreción de todo ello no tiene más que conectarse con el trabajo que publicamos en A CONTRACORRIENTE (2).    






martes, 29 de noviembre de 2016

Efervescencia electoral en el PSOE



Informan los mentideros que Susana Diez prepara un acto multitudinario en Jaén. Añaden que estaría acompañada por Zapatero. Nada dicen de la participación del secretario general permanente del partido. Naturalmente, todo intento de relacionar esta convocatoria con la reaparición de Pedro Mártir en Xirivella –dice el patio de vecindones del socialismo meridional--  es o pura fantasía o ganas de sacar la lengua a pasear sin ton ni son.

Pero lo que es innegable es que las diversas cofradías del PSOE han entrado en otra fase: una campaña electoral interna. Es decir, lo fundamental no parece ser el debate para reorientar la acción política del partido sino su jefatura. Porque, como es natural, una campaña electoral sólo necesita que se llenen los espacios físicos con la presencia del público y rotundas ovaciones para animar el cotarrillo. El debate es otra cosa. Lo decimos para que esta vieja palabra no quede en el olvido como otros tantos vocablos que en la lengua han sido. Un debate es la deliberación con punto de vista fundamentado sobre, en este caso, un proyecto y un trayecto. No nos duelen prendas en repetir algo sobre lo que hemos insistido siempre: un proyecto no es un zurcido de retales. Eso es, en mi opinión, lo que más necesita el viejo partido.

Ahora bien, un servidor sería un golfo si no señalara una novedad: el PSOE ha anunciado que apoyará las movilizaciones sindicales que se han convocado para mediados de este mes. Es una novedad positiva. ¿Veremos a Pedro Mártir desfilando por las calles de Madrid –o de cualquier otro lugar— ese día? ¿Estará Susana Díaz haciendo acto de presencia en Sevilla? ¿Veremos al presidente de la Gestora? Yo si me los encuentro no se lo echaré en cara.  

Postdata. La foto que preside esta entradilla se corresponde con un día de la tradicional festividad "La merendica": 515 años de tradición en Santa Fe. Es una gentileza, que se agradece, de don Rafael Rodríguez Alconchel.  





lunes, 28 de noviembre de 2016

«Historia, trabajo y sociedad»



Acabo de recibir el número 7 de la prestigiosa revista Historia, trabajo y sociedad. Es una publicación de la Fundación 1º de Mayo, que dirige José Babiano. La revista expresa, pues, la colaboración de la Fundación con los historiadores profesionales. Está especializada en historia social contemporánea y trata de ser un puente con otras disciplinas como la Sociología y la Antropología, la Economía y el Derecho, etc. Se trata de una revista por todo lo alto.

Cada vez que recibo un número de Historia, trabajo y sociedad me vienen a la cabeza tres cosas. 1) El alto nivel de las publicaciones de este tipo que cuenta Comisiones Obreras, por ejemplo la Gaceta Sindical y esta que comentamos; a mi juicio están entre las mejores del sindicalismo europeo. 2) ¿Cuántos sindicalistas, dirigentes o no, tienen el placer de leerlas y estudiarlas. 3) ¿Están visibles en las sedes sindicales facilitando su conocimiento para amigos, conocidos y saludados de Comisiones Obreras?

Por otra parte, la calidad de esta revista (profesional, tipográfica y de regularidad en su aparición) representa un gasto financiero considerable. ¿De qué manera hay que amortizarlo? Parece claro que aumentando el número de suscriptores; de otro lado mediante el intangible de su lectura y estudio. Porque, obviamente, a más suscriptores hay más seguridad en la sostenibilidad de esta revista; y a más lectores podemos presumir que se incrementa el nivel de conocimientos y saberes de la afiliación.


De ahí que, así las cosas, me permita una observación contundente: una organización, cuyos miembros no tienen una relación caliente con sus publicaciones, le falta un algo, un no sé qué. Dicho lo cual, acabo este elogio a Historia, trabajo y sociedad. Y me dispongo a leer el trabajo que ha hecho Úrsula Piñero: Benedict Anderson, una vida y una obra más allá de las fronteras. Después le meteré mano al resto de los trabajos publicados.  

domingo, 27 de noviembre de 2016

Zapatero y la fe del carbonero




El ex presidente Zapatero es preguntado por un periodista en Toledo. Dicen los medios que su respuesta fue exactamente la siguiente: «Yo, lo que diga la Gestora». Lo que podría interpretarse de esta manera: no corren en Ok Ferraz vientos propicios para que cada cual exhiba sus propias ideas. En estos casos, siguiendo la doctrina Zapatero, es menos enojoso recurrir al alcanfor de los viejos tiempos. O, si se prefiere, al alcanfor del discurso circular. De ahí que traigamos a colación el más famoso antecedente de la respuesta de Zapatero a un periodista.   

En el siglo XV hubo en Ávila un obispo llamado Alonso Tostado de Madrigal (el Tostado), alto exponente del pensamiento de su tiempo. Escribió muchísimo sobre lo divino y lo humano. De ahí que, de los que escriben mucho, se diga aún que «escriben más que el Tostado». Algunas de sus opiniones, que no preocupaban al Papa, resultaban demasiado audaces y sospechosas para algunos. Se cuenta que quienes se ocupaban de ayudarle a bien morir cuando se le aproximaba el lance, querían asegurarse de que amaneciera en el otro mundo con la fe ortodoxa y sin mancha; éstos, por lo visto, marearon la perdiz de tal manera que, sacando fuerzas de flaqueza, el Tostado exclamó: --Yo, ¡como el carbonero!, hijos, ¡como el carbonero!. El carbonero aludido por el buen obispo era muy conocido en Ávila. Se cuenta que en cierta ocasión le preguntaron: --¿Tú en qué crees?. --En lo que cree la Santa Iglesia. --¿Y qué cree la Iglesia?. --Lo que yo creo. -Pero ¿qué crees tú?. --Lo que cree la Iglesia... Y no había modo de apearle de semejante discurso.


El Tostado o el dominio del discurso circular, que otros menos doctos llamarían el mareo de la perdiz. Me imagino que el precavido obispo no quería complicaciones con el brazo quisquilloso de la Inquisición. 

viernes, 25 de noviembre de 2016

La formación sindical informal



En anteriores ocasiones hemos dedicado un tiempo a celebrar los blogs de los profesores Eduardo Rojo y Wifredo Sanguineti, cuyos domicilios son http://www.eduardorojotorrecilla.es/ y https://wilfredosanguineti.wordpress.com/. No hace falta a estas alturas señalar la valía profesional de estos juristas del trabajo ni la calidad de sus bitácoras. No obstante, sí es necesario recordar la vinculación de estas publicaciones con lo que podríamos llamar la formación sindical informal que contienen. Esto es, aquella que se procura cada sindicalista –dirigente o no--  tras la lectura y estudio de los trabajos de los profesores Rojo y Sanguineti. Porque cada persona, además de los cursos convencionales de las escuelas de formación sindical, debería imponerse la obligación –entiendo que moral—de auto formarse.

Queremos señalar otra bitácora tan necesaria como las anteriores. Se trata de un blog especializado en las cuestiones de la Seguridad social, que alimenta un sindicalista, gran experto en la materia: el alicantino Miguel Vicente Segarra. Estas son sus señas: http://nuestraseguridadsocial.blogspot.com.es/p/objeto-del-blog.html.

El blog del amigo Segarra tiene además una gran importancia y actualidad. Importancia porque desentraña con pelos y señales cada árbol de ese bosque; actualidad, ya que tan notable asunto vuelve a estar de rabiosa actualidad.

Y, de ahí, llegamos a esta escueta conclusión: un grito no argumentado es solamente un desahogo. Necesario, pero no suficiente.




jueves, 24 de noviembre de 2016

En la muerte de Rita Barberà



La presidenta del Congreso de  los diputados, Ana Pastor,  nos debe una explicación sobre por qué decidió que se hiciera en la sesión plenaria el minuto de silencio por la muerte de Rita Barberà. Debe explicar, además, qué le motivó a crear un precedente, que objetivamente discrimina a otros –diputados o senadores— que fallecieron estando en el uso de su cargo. El caso más reciente es el de Labordeta,  aunque es improbable que el aragonés hubiera estado a gusto con ese homenaje.

La muerte de Barberà ha iniciado un estilo que la vida política española tenía pendiente: el carroñeo fúnebre. De un lado, los más conspicuos dirigentes del Partido Popular almorzaron ayer –unos insinuando, otros afirmando al pie de la letra--  que la muerte de Barberà era una consecuencia del asedio de los medios de información; de otro lado, esos mismos jerarcas (y otros más) arremetieron contra Podemos por su negativa a secundar el silencio y abandonar el hemiciclo. Lo primero es inadmisible, pues lo que busca es un intento de amordazar a los medios en su denuncia de la corrupción. Lo segundo es, sencillamente, una macabra lucha política.

Este blog ha mostrado, en no pocas ocasiones, su antipatía por los desplantes y toreo de salón de Pablo Iglesias el Joven. No lo haremos ahora. La decisión de la presidenta del Congreso, imponiendo el minuto de silencio, era una ruptura de los protocolos del Parlamento, que no quiso aceptar Podemos. Un minuto de silencio que, objetivamente, se convertía en un homenaje a la doble moral y la doble contabilidad. Las cosas claras: el Congreso es una institución política y sus gestos son obviamente políticos. El minuto de silencio en el Parlamento intenta honrar la memoria de Rita Barberà, cuya biografía en determinados aspectos es poco honorable. Háganle ese homenaje sus amigos, no las instituciones. Sobre todo aquellos que están ya aliviados por su desaparición personal y el archivo de la misma.


miércoles, 23 de noviembre de 2016

La mascletà de Pedro Sánchez



Hasta los más viejos socialistas de todo lugar afirman no haber vivido una situación tan áspera como la que están padeciendo desde el tristemente famoso Ok Ferraz. Más todavía, todo el mundo se teme que lo peor está por venir. De un lado, los que se sienten agraviados empiezan a organizarse, alentados por el instrumento de organización de la revuelta que ha puesto en marcha Pedro Sánchez con su web; dicen que a Sánchez se le espera en Xirivella a bombo y platillo como primera mascletà de una campaña que recorrerá los cuatro puntos cardinales de la piel de toro socialista. De otro lado, la Gestora pone el ojo en avizor y organiza eso que ahora llaman su posverdad. Sea como fuere, tengo la impresión que, en esas condiciones,  en vez de poner en marcha un debate abierto y constructivo veremos una descomunal zahúrda, tirándose los unos a los otros (y viceversa) los textos sagrados del viejo Pablo Iglesias. O sea, pugnando por la posesión y pertenencia de las siete llaves del sepulcro del padre fundador.

En esa situación las cosas están así: unos ponen la rabia y otros disponen de la intendencia; unos cuentan con san Pedro Mártir; otros disponen de medios e instrumentos. Sin embargo, ¿qué es la sola rabia cuando se enfrenta a la física de los instrumentos? Más todavía, ¿Pedro Mártir podrá encauzar pro domo sua ese complejo movimiento de insurgencia que existe en centenares de agrupaciones socialistas? Porque si no lo hace, ese hervidero puede convertirse en pólvora mojada. De hecho, sabemos desde el viejo Claudio Eliano, famoso retor latino (170 – 235), en sus Historias curiosas, que «las arañas ni conocen ni quieren conocer el arte de tejer, ni su práctica, que son dones de la diosa Ergane». Como todos sabemos, el arte de tejer es una disciplina mayor que el de la costura, que corresponde a otra diosa menor.

O sea, si la efervescencia de esas agrupaciones respondonas no adquiere fisicidad, Pedro Mártir no se saldrá con la suya. De momento, el monopolio de la costura está en los telares de Ferraz.


En resumidas cuentas, la marcha al inevitable congreso será una logomaquia, con los siguientes adobos: brazos de madera, candados y otras pipirranas. Yo conozco esas situaciones: estuve en algunas de ellas.   

martes, 22 de noviembre de 2016

28 NOVIEMBRE, POR UN PACTO DE ESTADO POR LA INDUSTRIA




Joaquim González Muntadas
Director de Ética Organizaciones SL


Abrimos una nueva legislatura que debería ser determinante para corregir políticas y afrontar en serio las reformas que tenemos pendientes, pero seguimos, parece que por mucho tiempo, en un clima político preñado de desconfianzas y en una batalla permanente de todos contra todos, lo que añade serias dificultades para acometerlas con un mínimo de éxito. Seguimos con la demostrada incapacidad de los protagonistas políticos e instituciones para escucharse, dialogar y sumar compromisos y voluntades necesarias para  afrontar los desafíos que reclaman respuestas en  la actual situación y en tantos campos.

En contraste con este ambiente general de falta de diálogo, el próximo día 28 de noviembre, en la sede del Consejo Económico y Social, tendremos un buen ejemplo del valor de la suma de voluntades y el acuerdo entre diversos, con la firma de la ‘Declaración de los Agentes Sociales por la Industria’ por parte de siete organizaciones empresariales que representan a los sectores industriales de la química, automoción,cemento, papel, petróleo, alimentación  y la siderurgia (FEIQUE,ANFAC, AFICEMEN, ASPAPEL, AOP, FIAB,, UNEDIS)y las Federaciones Sindicales del ámbito industrial de CCOO y UGT.

Esta iniciativa exige cambios, reformas y acción política en los campos de energía, infraestructura y transporte, formación, empleo, I+D+i, internacionalización, unidad de mercado nacional y europeo en materia de regulación en el ámbito industrial y ambiental, financiación, sostenibilidad, etc. Políticas, en definitiva, que potencien la industria, que es la condición indispensable para generar crecimiento económico y empleo de calidad necesario para mantener y ampliar nuestro Estado del Bienestar.

Nada nuevo, si se quiere, porque la mayoría de estas demandas son propuestas y exigencias que se vienen repitiendo por todas las fuerzas políticas, económicas y sociales; las vienen reiterando los medios de comunicacióny los profesionales en la materia. No hay un solo discurso, debate o exposición que haga referencia a las urgentes necesidades como país que no nos recuerde la necesidad de potenciar la industria y reclamar el repetido y necesario cambio de modelo productivo. Y ahora, más recientemente, ante la acelerada transformación tecnológica, no añada también la demanda de iniciativas, recursos y atención política para acompañar e impulsar la digitalización y la Industria 4.0 en nuestra economía y empresas. 

Por ahora, solo llegamos a repetir eslóganes, pues la cruda realidad es que se reduce la inversión en I+D+i; se cierran centros tecnológicos; se sigue deteriorando el mercado de trabajo, avanzamos poco, por no decir  prácticamente nada, en la formación profesional; y seguimos a cuestas con la siempre pendiente reforma educativa, que debe ser la base de cualquier transformación y cambio productivo. De igual forma que seguimos, profundizando cada día más, en una total y absoluta falta de coordinación de recursos, objetivos y estrategias entre el Gobierno Central y las Comunidades Autónomas, y éstas entre sí, a la hora de dirigir los recursos y afrontar sus políticas industriales o  sus particulares iniciativas en torno a la Agenda Digital.

Por esto, el principal valor  de la  Declaración de los Agentes Sociales que se firmará el próximo 28 de noviembre -y esperemos no se convierta en un papel mojado más-, por los representantes de empresas y trabajadores de los más importantes sectores industriales, es la acertada reclamación de un Pacto de Estado por la Industria que promueva la suma de esfuerzos y voluntades para convertir la apuesta por la industria en el centro de las preocupaciones de la acción política en nuestro país. Que construya los necesarios compromisos a largo plazo entre las administraciones públicas: central, autonómicas y locales; los partidos políticos, agentes económicos, sociales, la comunidad del conocimiento, en definitiva, del conjunto de la sociedad.

Un Pacto de Estado que responda a los nuevos retos que nos exige la acelerada transformación tecnológica y digital de la industria, la economía y la sociedad. Que sitúe la mejora competitiva de la industria y la creación de empleo de calidad en una de nuestras principales prioridades, también en los ámbitos que les son propios a las organizaciones firmantes como es la negociación colectiva. Que convierta esta nueva legislatura que empieza, en la Legislatura de la Industria. Y para ello, debemos pasar, sin más dilación, de las palabras a los hechos, antes que se nos vuelva a escapar, una vez más, el tren del futuro.